Ahora yo tengo una duda razonable, más que razonable…

¿Cuál es tu maldito problema? ¿Qué esperas para abrazarme? ¿..para besarme? ¿Acaso no te parece suficiente la espera?

Yo ya no quiero controlarme más cuando estoy cerca tuyo, no quiero, ni puedo. ¿No te das cuenta de cuánto te deseo? Quiero estar a tu lado, ahora y siempre. Quiero vivirte. ¿Acaso no era eso lo que tú también querías?

Te odio… te odio, no sabes cuánto. Me tienes atrapada, me tienes en donde quieras tenerme. Me tienes lo suficientemente distante como para que piensen que exagero, pero no lo suficiente como para que yo asuma que exagero.

Me traes perdida, y te odio por eso.. por no perderte conmigo.

-Hey! ¿hay alguien ahí?- escuché una voz a lo lejos.

Era mi profesor. Yo era la única que seguía en el salón, la clase había terminado hace unos minutos.

-La próxima clase te haré un lindo examen de la materia de hoy, lo tienes asumido, verdad?- dijo irónico.

-¿sabe?, repruébeme altiro.. no estaré en su próxima clase.- contesté sin emoción. No intentaba provocarlo, sólo estaba siendo sincera. Él así lo entendió.

Salí apresurada del salón.. corrí por los pasillos... lo busqué y me planté en frente suyo.

Las manos me sudaban (vaya manera de pasar los nervios!), y tuve que aclararme la garganta dos veces para que al fin saliera mi voz.

-explícame, por favor.

-No hay nada que explicar.

-¿Me quieres?

-Ya sabes la respuesta.

-Por una maldita vez en tu vida, respóndeme. No quiero suponer que sé la respuesta, porque no la sé.

-No, no te quiero. – mis manos tiritaron y mi corazón se aceleró.

-No te creo.

-No me creas.

-Te odio..- mentí casi en susurro.

-No, no me odias.

-Tienes razón, pero eso a ti poco te importa.

-Me importa.

-¿cuánto?

-Ya sabes la respuesta.

-Maldición! No la sé… responde.

-Más de lo que debería.

-.. pero no me quieres. – en realidad eso no se si fue aclaración o pregunta.

- No debo.

-Es tu última palabra.. – eso tampoco sé si era pregunta o no.

-No te hace bien escuchar más.

-Tú no me haces bien.- y en ese momento mi rostro se volvió inexpresivo. Se cambiaban los roles, no tengo ni idea de cómo, pero logré serenarme.

-Lo sé, lo siento.- se lamentó sincero.

-No, no lo sientes.

-¿Qué harás?

-Ya sabes la respuesta.

-No, no la sé. –dijo conteniendo la desesperación, la misma mía, la que ahora yo ocultaba bien.

-Irme.. – los ojos parecieron abrírsele y aumentar tres veces su tamaño, pero no llegó a tanto.- o quedarme..aún no lo sé.- su mirada se relajó un resto.

-No juegues.- advirtió. Já, yo ya estaba jodida hasta los huesos, no había nada que lo pudiese empeorar.

-Te amo.

-Cállate. – se apresuró en decir, pero en tono solemne.

-No quiero.

-Hazlo.

-Oblígame.- le reté, acercándome a él.

-Eres pésima en este juego..eres casi patética.- dijo sonriendo por lo bajo. Ésa era mi respuesta.

-Cállate.

-Oblígame.- dijo dando un paso hacia mí, dejando a lo más dos centímetros de distancia entre nuestros cuerpo. Dos centímetros que se sentían.

-No, no quieres.- le advertí.

-Si.. te quiero.- fue lo último que pronunció antes de besar cuidadosamente mis labios.

Yo sabía que al día siguiente, o dentro de unas horas más, quizás minutos, volvería a ser la misma persona jodida por la vida que había sido hace unos instantes, volvería a ausentarme mentalmente de las clases, volvería a reprobar… pero nada de eso tomaba peso en cuanto sus labios tocaban los míos, una y otra vez, cuidadosa y tiernamente.

Volvería… porque es lo único que sabíamos hacer. Necesitábamos necesitarnos, para luego tomar un buen bocado de la respiración del otro y seguir mintiéndole al resto. Porque era lo único que podíamos hacer.

Yo lo amaba, y se lo decía para saciar mis ganar de gritárselo al mundo. Y él me amaba, pero me mentía pretendiendo hacer menos dolorosa la despedida. A ninguno de los dos nos funcionaba. Yo seguía queriendo gritarlo, y para ambos era cada vez más difícil separarse.

Lo amaba a él, y amaba jugar. El juego de palabras era lo único que podía mantenernos cuerdos.