Tiempo:

—Sabias donde estaba.

—Casi siempre lo sé.

Te sentaste a mi lado como siempre. Pasaste los brazos por mis hombros para darme calor.

— ¿Por qué te fuiste del hospital?— susurraste en mi oído.

—No valía la pena quedarme en esa habitación.

Pase los dedos despreocupadamente por la arena blanca y mullida. El mar estaba en relativa calma. Poco a poco el sol se hundía en el, mostrando sus hermoso rayos, naranja, ocre… tantos otros.

Volviste a estrecharme con más fuerza que antes.

—No digas eso… tienes que recobrarte… tienes…

—Eso es imposible.

Tu cara tomo el color de la tiza, pude incluso sentir como tu corazón daba una carrera loca hasta tu garganta. Intentaste balbucear una que otra excusa más te detuve.

—Descuida… no pasa nada— intente calmarte con una sonrisa falsa.

Volvimos a hundirnos en el silencio.

—Te arrepientes de algo— exclamaste con semblante serio.

— ¿Acaso hay algo de que arrepentirme?

—Tal vez… si hubiese podido.

Hubiese, que forma verbal tan inútil para circunstancias como estas.

—Hiciste todo lo que pudiste— me arrimé a su pecho, buscando la protección, amor y cobijo que siempre encontraba.

Tú me abrazaste aun mas fuerte, casi como intentarle doblarle la mano al destino.

Ninguno de nosotros quería mostrar sus debilidades en ese momento.

Pero si hubiese una cosa que pudiese llevarme contigo seria esa sonrisa mágica que siempre supiste dedicarme.

Me llevaría tu nombre escrito en mi alma.

Pero lo más importante me llevaría tu dolor para que nunca sufras por mi causa.

Acaricié tu rostro, tu mandíbula temblaba, pero mantenías tus labios apretados para no asustarme.

—Creo que si hay algo— dije suavemente.

Abriste los ojos con un poco de sorpresa. Tu cara era el reflejo de tu duda que no te atrevías a decirme.

Sonreí, te amaba tanto, no necesitaba palabras para entenderte.

—Tiempo— susurré con la vista en la orilla del mar— quiero más tiempo.

Ese era mi deseo, tener el tiempo suficiente para demostrarle cuanto lo amaba. Dentro en mi mente, la vida que pudimos vivir juntos se mostraba como una fotografía cruel.

Y casi como si pudiese verla con toda claridad él dijo con voz queda.

—Sería… tan hermoso.

—Cierto que sí— tenía la voz desfigurada por el llanto.

Las lágrimas empezaron a bajar con rapidez por mis ojos. Con la vista borrosa pude observar como te acercabas a mí, apoyando tu frente a la mía.

— ¡Esto no es justo!— Empecé a tiritar— ¡Quiero estar contigo! ¡Quiero quedarme junto a ti!

Tú me seguiste abrazando, acercaste tus manos a mis parpados, barriendo suavemente las gotas saldas que escurrían por mis ojos sin poder controlarlos.

— ¡También yo! ¡Quiero tenerte siempre a mí lado!

Entonces me besaste suavemente en los labios. Sentí todo tu amor derramándose en una sola caricia que me rompía el alma a pedazos.

—Nunca te olvidaré— dijiste sobre mi boca.

—No digas eso si no puedes cumplirlo.

— ¡Por supuesto que lo haré!

—Bobo, no me importa si me olvidas— la molestia cruzó por tu rostro, quisiste interrumpirme pero no lo permití— tan solo prométeme que serás fuerte, y estarás feliz aunque no sea conmigo.

No quisiste responderme…

—Te amo— esa fue tu respuesta.

—Y yo…

Entonces un dolor agudo cruzó por mi pecho, sentí como perdía la vista con rapidez y todo se ponía negro.

Desesperada, comprendí que el tiempo se me estaba acabando. La hora de mi muerte, tal como los doctores me ocultaron llego sin previo aviso. Empecé a quedarme sin aire y a hundirme más dentro del velo negro de la parca.

"Por favor— le grité a la oscuridad— dame tiempo, necesito decirle…"

Y dejé de respirar.

Fin