°°This Sweet Relief°°

"Dos extraños con intereses distintos. Mentiras, sueños y un momento imborrable.

Podrán olvidarse del primer instante que compartieron juntos o arriesgaran todo porque perdure para siempre?"

*En esta ocasión, juego con mi propia trama y personajes. Al fin.


"El más difícil no es el primer beso... sino el último"

Paul Geraldy

Olivia

En el instante en que lo vi entrar a la galería supe que debía besarlo, que debía de haber una manera de tocarlo aunque fuera una sola vez, debía comprobar que fuera real.

Desde el primer momento un instinto me dijo que lo quería para mí, a pesar de que se interpusiera en mis planes.

La curiosidad me mató desde el principio cuando lo vi entre la multitud de intelectuales de izquierda, por la expresión de su rostro se veía que estaba buscando a alguien.

Mi instinto artístico no tardó en compararlo con las esculturas hermosas que alguna vez le había vendido a la gente rica. Sus facciones tan perfectas, su cuerpo delicadamente marcado y ese cabello totalmente enmarañado, no eran cuestión de casualidad, algo superior tenía que ver con eso. Me senté fascinada a observarlo en una silla, saqué un cigarrillo para fumarlo y completar la experiencia, pero un mesero me dijo que no podía fumar dentro.

Para eso estaba la terraza.

Frustrada por lo del cigarro, decidí hablarle, después de todo, en parte era anfitriona de la fiesta: mi novio, el distinguido empresario, benefactor por excelencia de las artes, Marco Vulturi era el ausente auspiciante de la fiesta.

Me acerqué sigilosa hacía el objeto de mi nueva fijación, que ahora se sentaba resignado en una barra de bar improvisada luego de haber cruzado palabras con un mesero.

- Hola- dije tocándole el hombro sin poder evitarlo, no desapareció, si era real.

- Hola- respondió tímido y sorprendido.

- Bienvenido a la muestra de arte en beneficio de nuestras queridas ballenas grises del Pacífico. ¿Quisieras adquirir alguna obra para ayudar a la conservación de estos hermosos animales?-

Mi tono era sumamente persuasivo, estaba totalmente decidida a hablar con él toda la noche y un poco de seducción era lo que todo hombre necesitaba. Lo sabía, siempre funcionaba.

Él pareció reaccionar, pude ver cómo se sonrojaba lentamente, su sonrisa se notaba nerviosa mientras pasaba sus manos blancas por su cabello color de bronce.

- No creo que pueda costear nada de aquí. Apenas si pude pagar la entrada al evento –

Noté que aquello lo había dicho con mucha vergüenza, pero a la vez, para mí fue un pequeño gancho para estar con él.

-No te preocupes, los tragos son gratis, ordena lo que quieras. La casa invita – dije guiñándole un ojo

Nuevamente se sonrojó mientras pedía un whisky en las rocas, yo también pedí uno. Me quedé a su lado mientras lo bebíamos, aún no habíamos iniciado conversación alguna pero luego de unos segundos me encargué de eso.

- Disculpa que lo pregunte, pero si no tenías dinero, ¿por qué has venido a un evento de recaudación de fondos?. No es que me importe, es sólo curiosidad -

Curiosidad que me llenada el cuerpo desde que lo vi.

- He venido a buscar a una persona, pero me han informado que no está aquí. Todo esto ha sido una pérdida de tiempo y de dinero, creo que mejor me voy – bebió de golpe la bebida y se levantó del banco.

-No tienes que irte - le dije con urgencia, no se podía ir sin siquiera haberme dado su nombre – El hecho de que no puedas costear las obras no quiere decir que no tengas derecho a disfrutarlas – pasé un brazo debajo del suyo – Ven, te daré una amplia explicación de cada una de ellas -

Asintió levemente mientras lo llevaba del brazo por toda la galería.

Mientras estaba con él, las miradas de las mujeres se posaban sobre mí con pura y total envidia, tal vez pensaba que había dejado a mi cuarentón novio por aquella nueva adquisición sin nombre. Apenas se lo pregunté cuando estábamos ante el primer cuadro de la noche.

- Westley Paige – me retumbó su nombre en cada rincón del cuerpo, como si no quisiera olvidarlo jamás.

- Mucho gusto en conocerte Westley. Yo soy Olivia Steele– extendí la mano y luego me acerqué a saludarlo de la manera europea, un beso en cada mejilla.

Al acercarme, pude oler las notas de naranja y jabón que brotaban de su pálida piel. Aquello me produjo escalofríos, deseaba tocarlo hasta que la seda de mi vestido negro oliera de esa misma manera.

Luego de la gloriosa presentación, llevé a Westley por toda la galería, haciendo que se emparara de las bellas obras de arte del lugar y no sólo eso, tocándolo y haciendo que nuestros cuerpos se rozaran en cada oportunidad que hubiera. En el recorrido hice gala de mis conocimientos en artes plásticas, después de todo tenía un título sobre eso, además de que trabajaba en una de las galerías más importantes de New York. Él apenas si decía palabra alguna, sólo se dedicaba a observar hasta los detalles más mínimos de los cuadros, preguntándome algo cuando no lo entendía.

- Disculpa que sea tan ignorante. Verás, soy hombre de música y un poco de letras, el arte plástico no se me da muy bien- se disculpó con una sonrisa de lado.

Era músico, completando así el paquete del hombre perfecto. Pensé que seguramente sería sensible, tierno, soñador, amante del amor. Suspiré profundo hasta que llegamos a la última sala, discutimos la última pintura de la galería.

- Esta pintura es de un inglés reconocido en toda Europa, tanto que tuvimos suerte que donara esta hermosa acuarela, la única de la noche y la más cara de la subasta. Se puede ver que el autor muestra su admiración hacía la mujer, hacía su cuerpo desnudo. Por las contundentes pinceladas que se aprecian y el predominante azul, tengo la sensación que el pintor estaba pasando por alguna depresión amorosa. Quiero imaginar que todo esto es por culpa de la mujer del cuadro. Es hermosa a pesar de todo, ¿no lo crees?–

La observó un momento, antes de carcajearse un poco, ante mi mirada atónita que no entendía el porqué de su risa.

- Creo que este tipo entiende la belleza de la mujer a la perfección, además de que no era necesario mostrarla desnuda para demostrar que son los seres más perfectos de la tierra. Hubiera comprobado su punto aún si la chica del cuadro hubiera usado cartón de basura o incluso un hermoso vestido de seda negro –

Las últimas palabras las dijo de manera tímida, creo que no deseaba que me diera cuenta del sutil comentario. En ese momento fui yo quien me sonroje, no tenía alguna táctica seductora para evitar que aquello pasara.

Por muy extraño que pudiera parecer, sentía como si conociera a Westley de toda la vida, incluso más de lo que conocía a Marco. Pensar en él en aquel momento me produjo una ansiedad desesperante, necesitaba fumar de inmediato.

- ¿Me harías compañía en la terraza? – pregunté mostrándole mi cigarrera

En un acto de caballerismo, Westley hizo un ademán para que pasara frente a él. Subimos las escaleras de caracol de la galería y llegamos al balcón que estaba solitario, supuse que sólo yo fumaba en aquel lugar.

Le ofrecí un cigarrillo a Westley, pero sólo murmuró un no, gracias por lo bajo.

- ¿Por qué fumas?- preguntó

- Fumo porque me relaja, me tranquiliza cuando estoy nerviosa – hice una pausa, no encontraba el encendedor en mi bolso de mano– ¿Tienes fuego?- dije con el cigarro sin encender en la boca

Ignoró mi pregunta, en cambió, pude notar por el rabillo del ojo cómo se acercó hacía a mí. Estaba segura de que mi acompañante encendería mi cigarro, pero cuando acortó la distancia entre su rostro y el mío a sólo unos centímetros, mi corazón comenzó a latir como loco. Algo que no había sentido nunca en mi vida. Al menos no de esa manera.

- Sea lo que sea que te ponga nerviosa, no es suficiente motivo para que alguien fume, mucho menos alguien como tú. Además, creo que debe de haber una mejor forma de quitarte los nervios de encima, ¿no lo crees?-

Su aliento en mi rostro se sintió como una suave brisa en aquel calor del demonio que me invadía. Con sus níveos dedos me quitó el cigarrillo de la boca que estaba marcado del pitillo con mi labial carmín y lo colocó detrás de su oreja.

- Si la tienes, dímela ahora. Creo que la necesito más que nunca –

Mi voz fue apenas un susurro, estaba temblando como una hoja.

Nunca me había puesto tan nerviosa con un hombre, ni siquiera con los poderosos. Estaba acostumbrada a causar revuelo en el sexo opuesto pero ahora al lado de Westley, los papeles se invertían.

- Esta bien, pero tendrás que cerrar los ojos – dijo tomando la cigarrera de mis manos y haciéndola a un lado.

Hice lo que él me dijo mientras trataba de contener la respiración desbordada de mi pecho. Sentí como se pegaba a mi, la calidez de su aliento pegaba a la altura de mis labios.

¿El extraño estaba a punto de besarme?

¿Yo era capaz de aceptar un beso suyo?

Miles de preguntas invadieron mi romántica mente empedernida antes de sentir los labios de Westley en mi mejilla. Abrí los ojos de repente y vi como esbozaba una sonrisa.

- Un beso es la mejor manera de aliviar un alma en conflicto. Eso decía mi madre –

Estuve a punto de llorar.

No entendí por qué tenía acumulada esa sensación en el pecho en aquel momento.

Nos observamos segundos eternos sin decir nada, estaba segura que podía incluso leer la mente de Westley y él la mía.

¿Habrá sabido que me flechó desde el primer instante en que lo vi?

Creo que hubiera seguido así a no ser por el organizador del evento que llegó a interrumpir el momento más íntimo de mi vida.

- Debo irme, la subasta está a punto de comenzar. Fue un gusto conocerte Westley. Espero que encuentres a la persona que estabas buscando – extendí mi mano derecha

La sensación placentera de hacia unos minutos se convertía en la más desagradable del mundo.

Sabía que teníamos que decirnos adiós.

- El gusto fue mío, Olivia –

Tomó mi mano y la besó cortésmente.

- Gracias por la ayuda. Creo que tienes razón en cuanto al cigarrillo - dije señalando al que se había colocado detrás de la oreja - Pero de ahora en adelante necesitaré más de tus remedios contra los nervios, así que creo que tendré que arreglármelas sola sin el cigarro –

- No te preocupes, estarás bien. Me llevaré este y te lo devolveré la próxima vez que nos veamos. Probaremos si puedes aguantar tanto tiempo sin él –

En ese momento me valió un carajo el cigarrillo, ahora estaba preocupada por que no sabía si iba a poder vivir sin la sensación de las mariposas en mi estomago que me había provocado Westley.

Di media vuelta y apenas pude susurrarle un adiós, un nudo en la garganta no me dejaba siquiera hablar. Se quedó solo mirando el cielo negro.

Aquella fue la despedida más fría del encuentro más mágico del mundo.

Salí de la terraza bajando las escaleras con cuidado, tratando de retener las lágrimas que se acumulaban dentro de mí.

Luego unos pasos rápidos detrás de mí hicieron que me detuviera por un instante.

- Espera – lo escuché gritar desesperado

Volteé para ver sus ojos verdes por última vez.

No esperó, ni preguntó.

Simplemente tomó mi rostro e hizo que nuestros labios chocaran frenéticos cuando me tuvo frente a frente.

No lo creí posible pero cuando me vi invadida por el olor a naranja, supe que no era un sueño. Era verdad que él me estaba besando como nadie nunca lo había hecho, con la pasión que Marco nunca sería capaz de regalarme en un beso.

Lo toqué como loca, aprendiéndome cada rincón de su cuerpo mientras él retiraba algo de la seda de mi hombro, de mis piernas para recorrer mi piel libremente con sus suaves manos.

Nuestras respiraciones se sincronizaron como un reloj, marcando cada segundo con algunos jadeos que se nos escapaban.

Una voz a lo lejos me hizo volver a la tierra, alguien llamaba mi nombre. Miré a Westley con la complicidad del primer y último beso, con mis mejillas a punto de explotar.

No sabía si deseaba una explicación para lo que había pasado pero Westley se encargó de dármela.

- Siento haberme dejado llevar de esta manera, pero no pude dejarte ir así nada más – pasó un dedo por mis labios

Sonreí ante su confesión y ante el hecho de que él si se había atrevido a hacer lo que yo no pude.

- No importa. Recuerda lo que dijo tu madre: un beso es la mejor manera de aliviar un alma en conflicto. Ahora estaremos en paz –

No estuve tan segura de mis últimas palabras. Aquel beso no fue para nada un dulce alivio.

Nunca iba estar en paz ahora que había comprobado que mi extraño no era producto de mi imaginación. Era real, de carne y hueso.

Luego del encuentro bajamos a la galería y así como apareció, Westley se esfumó entre el mar de gente.

Un hueco se apoderó de mi pecho, evitando casi que pudiera respirar. Fue terrible pensar que nunca volvería a sentir aquella magia pero no podía hacer nada. Yo tenía mi vida y no la iba a dejar por un segundo de felicidad absoluta pero me prometí que jamás lo olvidaría.

Escuchaba muchas voces en aquel lugar pero no ponía atención alguna.

Mis ojos dejaron al fin salir las lágrimas mientras mi mente se aferraba a la imagen de Westley, de ese primer instante desde aquella noche y hasta siempre.

Este dulce alivio.

fue de lo más inesperado

¿Será el final o sólo el principio?


Hola!. Espero que les haya gustado. Dejen review si pueden jaja!!, me haria mucha ilusión. *-*

xoxo