°°This Sweet Relief°°

"Dos extraños con intereses distintos. Mentiras, sueños y un momento imborrable.

¿Podrán olvidarse del primer instante que compartieron juntos o arriesgaran todo porque perdure para siempre?"

*En esta ocasión, juego con mi propia trama y personajes. Al fin.


Westley

Era mi última oportunidad.

Mi futuro pendía de un hilo y no tenía idea de lo que pasaría

Todo tendría al fin una respuesta a las cuatro de la tarde. El lugar, el restaurant más lujoso que conozco.

Por suerte, mi mejor amigo me había prestado dinero, además era la segunda ocasión que usaba su mejor traje casual. Sabía que tenía que causar una buena impresión, debían ver que no era otro simple escritor muerto de hambre incluso aunque eso fuera la verdad.

Llegué 10 minutos antes a la cita, justo como siempre me lo había aconsejado mi madre,"así demuestras tu interés y compromiso" me decía ella. Me aseguré por enésima ocasión de que llevaba el borrador en la mano, no quería olvidarlo de nuevo en el autobús o en cualquier otro lado.

Antes de presentarme con el anfitrión, me miré en el espejo rascándome un poco la mejilla, comprobando una vez más que afeitarme no era lo que más me gustaba pero de nuevo, este día tenía que impresionar.

Entré sin problemas al dar simplemente mi nombre y de inmediato me llevaron a la mesa que estaba vacía, aun no llegaba nadie. Me gustó demasiado la forma en que el anfitrión me dijo señor o la atención que me dieron al servirme un whisky en las rocas.

Traté de mentalizarme, repitiéndome una y otra vez que esa era la vida que deseaba llevar. Tal vez no basar mi existencia en los lujos que te podía dar el dinero sino en la satisfacción de ganarte el respeto de las personas por tu trabajo, por muy difícil que eso fuera.

Estaba seguro de que el hombre con el que me entrevistaría además de tener dinero y lujos, contaba también con el respeto de mucha gente en la ciudad. Eso lo hacía muchísimo más valioso que todos los millones que tenía en la cuenta del banco. Sin duda alguna, tenía que aprender lo que pudiera de él, aunque esta fuera la primera y última vez que lo viera.

Llegó justo cuando estaba a punto de pedir algo más de beber.

Me levanté para recibirlo y lo saludé de mano. Él respondió casi con el mismo entusiasmo que yo, lo cual me dio buena espina. Eso evitó que me pusiera más nervioso de lo que ya estaba. Me tranquilizó el hecho de que comenzara a hablarme de tu y que no se portara como el cuarentón millonario que era, sino al contrario, lo sentí demasiado familiar.

Como una especie de tío.

- Debo decir que tu trabajo me ha parecido ingenioso. Mucho más que otros que he visto de autores consagrados de nuestra editorial. Debo admitir que tiene algunas inconsistencias, pero nada que alguno de nuestros agentes y directores creativos no puedan ayudarte a resolver –

Hasta ese momento, sus palabras eran buenas noticias. Quería decir que la había cagado pero que alguien de su empresa podía ayudarme y si era de su empresa, ¿significaba que quería contratarme?

Lo miré con confusión a propósito mientras le daba un trago al segundo whisky de la tarde. Tercero si contábamos el que me había tomado en la casa de mi amigo para evitar los nervios previos.

- No entiendo lo que quieres decirme – me atreví también a hablarle de también.

- Muy fácil, Paige. Quiero decir que me gustaría contratarte. Me encantaron tus historias y estoy seguro de que no quisiera que la competencia llegara a desperdiciar a un talento como tú escribiendo reseñas de libros en un periodico. Escribes demasiado bien como para dejarte ir–

No pude evitar sonreír como loco.

En verdad pensé que esto iba ser muy difícil, incluso estaba pensando que tenía que suplicar para que me contratara, pero no. Supuse que después de todo, escribía bien y que mi imaginación de niño hiperactivo, a mis 25, me había traído hasta este punto: ser escritor de la editorial más reconocida del país.

Sin esperarlo, mi nuevo jefe ordenó una botella de Champagne para celebrar la nueva alianza escritor-editorial. Yo esperaba de todo corazón que él la pagara junto con los tragos que había pedido antes. Juro que si hubiera contado con capital suficiente, lo habría pagado yo mismo, pero los pocos billetes en mi cartera me obligaban a ser avaro, muy avaro.

Luego de que diéramos el primer trago, el móvil de mi acompañante vibró en la mesa. No pude evitar ver en la pantalla cómo aparecieron algunos corazones junto al número y a un nombre que no alcancé a distinguir. Él contestó la llamada delante de mí y por el tono en que lo hizo era obvio que se trataba de una mujer. Casi podía apostar que la que le llamaba era su esposa. Tenía la misma mirada que mi padre ponía cada que veía a mi madre, incluso con solo escuchar la voz de la mujer.

Recordé la última vez que me había sentido como él, o como mi padre. Tristemente sólo tuve una imagen en mi mente, un cigarrillo y un nombre que había querido olvidar.

No quise incomodarlo con mi presencia en ese momento y por eso me disculpe para ir al baño.

Mientras me lavaba las manos, me miré en el espejo, preguntándome cómo pude haber lucido aquel día en que una extraña preciosa aceptó que le robara un beso.

No quise pensar más en eso. Aquel arrebato inconsciente me había provocado una culpa tremenda durante varias semanas, sobre todo cada que mi novia me decía Te Quiero.

Pero a pesar de todo no me arrepentía, en lo absoluto.

Probablemente aquella noche había sido la más rara de mi vida: me había convertido en otra persona que hacía cosas diferentes a las de siempre y contrario a lo que podía llegar a creer, me había gustado. Por primera vez fui el Westley impulsivo, interesante y seductor que nunca nadie cercano a mí ha conocido. Apostaría mi reciente contrato a que si le contaba a Alex lo que pasó esa noche, no me creería y aseguraría que fue sólo un sueño. De hecho, algún tiempo yo también lo creí, pero el cigarrillo manchado de carmín en mi cartera de segunda era la prueba fehaciente de que no estaba loco.

Un hombre hablando fuertemente por teléfono me trajo a la realidad. No supe cuanto tiempo había estado como autómata recordando el pasado en aquel baño.

Nuevamente llegué a la mesa disculpándome con mi nuevo jefe que había terminado de hablar con su mujer. Tenía una sonrisa de oreja a oreja.

- Mujeres no?. Los seres más perfecto de la tierra – le dije

- Sobre todo la mía. De hecho me llamó para recordarme que comía con ella en media hora así que te dejo socio- extendió una mano para despedirse – Te espero mañana en la oficina para afinar los detalles de tu contrato. Dejo la cuenta abierta así que ordena lo que desees, Editoriales Wallace invita -

Parecía que había leído mi mente en cuanto a lo del dinero. Gracias a Dios por eso.

En realidad no deseaba aprovecharme de su generosidad una vez más así que salimos a la par del restaurant y le agradecí con toda mi alma la oportunidad que me había dado. Prometí que no lo defraudaría. De todo corazón, no lo haría.

Vi cómo su chofer llegó por él en su lujoso Jaguar y se perdió en el tráfico de la ciudad.

Yo di literalmente un salto de alegría y tomé el teléfono de monedas más cercano para darle la noticia a la persona que creí más importante para mí.

- Priscila, amor. No vas a creer lo que me pasó hoy –

Ese era sin duda uno de los momentos más significativos de mi vida, de los que en verdad importaban, no patrañas fantasiosas que duran solo un instante y que te revuelven la vida innecesariamente.

Aquel recuerdo del baño, fue el instante más perfecto de mi vida y allí terminaba su encanto.

Debía olvidarme de eso para no estropear el futuro que tenía delante de mí, aunque es difícil borrar lo que te demuestra que los sueños si existen.

Este dulce alivio.

fue de lo más inesperado

¿Será el final o sólo el principio?


Uhm...Como verán, estas han sido historias separadas, cada personaje por su lado. Espero que se vuelvan a encontrar jaja!!...Dejen su review si es que alguien lee esto vale?, eso me haría muy feliz.

xoxo