Capitulo 13

El segundo perseguido

Lo que sucedió luego fue exactamente lo que Samantha había visto en los ojos de Jude, solo que peor. Originalmente, la rubia había profetizado que los alumnos se cubrirían casi simultáneamente sus rostros con los brazos no bien se produjera el estallido del los cristales, e inmediatamente luego de esto comenzarían a gritar atemorizados y a correr hacia las puertas cual débiles animales. Sin embargo, Sam no había visto que muchos de los susodichos estudiantes comenzarían a golpearse entre ellos para poder salir primero, ni mucho menos que las luces se cortarían.

El salón, de un segundo a otro, se había convertido en un verdadero caos. Los grandes trozos de vidrio causados por los poderes mentales del perseguidor estaban esparcidos por todos lados, aterrando a todos los estudiantes mucho más de la cuenta; Por todos lados se escuchaban inocentes chillidos de mujeres y bruscas maldiciones de hombres. Algunos de los maestros presentes intentaban en vano calmar a la enorme multitud, gritando para hacerse escuchar y persuadiéndolos a que estuvieran tranquilos y evacuaran en gimnasio lo más organizadamente posible, pero esta tarea se les hacía muy difícil puesto que apenas si se los diferenciaba en la oscuridad.

Mientras toda la gente corría y se empujaba a su alrededor, el menudo cuerpo de Samantha, una vez más, se había quedado congelado. Con el rostro pálido y su labio inferior temblando involuntariamente, sintió unas inmensas ganas de comenzar a gritar –como casi todas las mujeres lo estaban haciendo- pero su voz parecía haberse apagado. Sus alterados ojos viajaban de un lado al otro, como si estos en cierta forma necesitaran verlo todo para corroborar que lo que acababa de suceder había sido real.

"Oscuridad, gritos, lagrimas, temor…"

-¡Samantha! ¡Sam!- Entre todo el alboroto, la joven se sorprendió al sentir una de las manos de su gemelo en su hombro izquierdo, sacudiéndola fuertemente para sacarla del shock al tiempo que exclamaba su nombre una y otra vez -¡Sam! ¡Despierta!-

En lo más profundo de su subconsciente, la joven procesó estas palabras e intentó separar sus labios para responder, pero su voz aún parecía estarle fallando. Al notar esto, Ian permitió que un rugido emergiera de su pecho; esto era lo último que necesitaba en estos momentos.

-¡Vamos Samantha, reacciona! Claire se desmayó de nuevo- Gritó zarandeando a su hermana con más fuerza, al tiempo que le hacía señas con la cabeza para apuntar a la inconsciente castaña quien, en la oscuridad, yacía en sobre su otro hombro con peso muerto -¡Tenemos que sacarla de aquí ahora, está en peligro! ¡Vamos idiota! ¡Concéntrate!-

Las últimas palabras de rubio parecieron milagrosamente despertarla de su trance hipnótico. Un segundo después, Sam pestañeó con fuerza y sus ojos de repente se vieron conectados a la realidad. La joven entonces dirigió su mirada a su hermano y frunció el seño:

-¡Hey! ¡¿A quién le dices idiota, idiota?- Reclamó molesta. Al verla reaccionar, Ian profirió un suspiro medio aliviado y alejó su mano del hombro de la joven para poder sostener mejor a la inconsciente Claire.

-Bien hecho, hermana- Le dijo, refiriéndose a su regreso a la realidad, al tiempo que se daba media vuelta para vislumbrar una salida conveniente en la oscuridad –Vámonos de aquí. Si el perseguidor sigue cerca, Claire no está segura. Sígueme- Agregó, y sin más preámbulos comenzó a abrirse paso entre la multitud para llegar a una de las puertas (o lo que quedaba de ella) que se encontraba a su izquierda. Segundos más tarde, y tras darle una última mirada al oscuro y atestado salón, Samantha corrió tras él.

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-¡¿Alguien puede decirme qué demonios acaba de suceder?- Exclamó con una mezcla de molestia y shock Noelle Breatch, a nadie en particular, mientras Tag la ayudaba a pasar por una de las ventanas bajas del gimnasio, para descender sobre el césped del campus de la escuela.

-Créeme Noelle, no creo que nadie lo comprenda- Replicó lentamente el castaño en respuesta, al tiempo que recorría su atareada mirada por el jardín donde, al igual que ellos, muchos alumnos que ya habían salido decidían establecerse para poder darle una mirada al ahora destrozado lugar.

–Realmente no tiene sentido…- Agregó el joven unos segundos después, aunque más para él que para la pelirroja a su lado. Y era cierto, lo que acababa de ocurrir simplemente no era lógico. Es decir, ¿Cómo podía ser que hacía casi un minuto él estaba tranquilamente sobre el escenario, esperando –aunque sin mucho entusiasmo- que nombraran al esperado rey del baile y ahora tenía que salir del lugar por una mínima ventana, cuyos vidrios estaban de más destrozados, para evitar lastimarse?

¿En qué momento exactamente el mundo se había vuelto tan loco?

-¿Crees que alguien se haya lastimado?- Inquirió Noelle, interrumpiendo los pensamientos del castaño con una casi imperceptible pizca de temor en su voz. La vista de la joven también estaba dirigida a la multitud de alumnos reunida en el jardín, que cada vez parecía ser mayor.

Sin molestarse en volverse a ella, Tag se encogió de hombros:

-Ni idea. No creo…espero que no- Dijo, de repente encontrándose temiendo lo mismo que su mejor amiga –Demonios…estoy harto de los accidentes sin sentido- Suspiró luego, una vez más para él mismo, sin embargo Noelle se volvió a él para dedicarle una irónica sonrisa.

-También yo. Pero al parecer estos no se hartan de nosotros dos. Es nuestra maldición: las desgracias nos persiguen- Dijo riendo amargamente al final. Al oírla, Tag también se volvió a ella y también profirió una risa.

-Las desgracias nos persiguen…- Repitió las palabras de la pelirroja a modo de concordancia, elevando las cejas –Muy cierto. Lamentable, pero cierto…-

De repente, recordando algo, añadió:

–A propósito…visto y considerando que nadie más se tomó la molestia de decírtelo: felicidades por tu triunfo en las elecciones, su majestad- Tag apuntó con el dedo índice directamente a la corona de plástico plateada que aún descansaba sobre la cabeza rojiza de la joven.

-¿Felicidades?- Preguntó con incredulidad Noelle, estirando una mano para quitar la corona de su cabeza y acercarla a su rostro para dedicarle una mirada crítica. Luego chasqueó la lengua, como si recién recordara que de hecho se la había ganado:

-Oh gracias, supongo…- Dijo al cabo de unos segundos sin mostrarse muy animada, y la colocó de nuevo en su cabeza sin darle importancia. Pasaron unos cuantos segundos de silencio antes de que la joven se decidiera a volver a hablar:

–En fin…¿Qué dices si me llevas a mi casa ahora antes de que lo maestros comiencen a presionar para que nos quedemos aquí hasta que lleguen los policías? En serio no estoy de humor para quedarme despierta toda la noche soportando que me pidan declaraciones y cosas así...Han sido demasiados dramas por hoy-

-No podría estar más de acuerdo- Tag fue veloz en responder a la propuesta, y tomó la mano de Noelle para comenzar a guiarla hacia la multitud de alumnos. Un vez que lograron atravesar la inmensa masa, tomaron el camino de tierra que llevaba hacia unos arbustos, y en solo unos minutos, los dos jóvenes lograron escabullirse victoriosamente al boscoso estacionamiento del ala izquierda de Leatherfield, el cual solo se les permitía utilizar a los alumnos en ocasiones especiales. El estacionamiento se encontraba repleto de lujosos autos, cada uno dividido por líneas invisibles marcadas por los arboles y demás plantaciones, sin embargo, no se podía vislumbrar ningún alumno por los oscuros alrededores, lo cual resultaba óptimo para el escape.

Los dos amigos tardaron solo unos segundos en ubicar el coche de Tag en la oscuridad, y el castaño no tardó en comenzar a rebuscar la llave entre los bolsillos de su traje en cuanto lo lograron.

-¡Vamos, apresúrate!- Lo urgió Noelle fastidiada al notar que los movimientos de las manos de Tag eran torpes y bruscos, pues el joven claramente se hallaba temeroso de que algún maestro los descubriera si no se apresuraba.

-¡Eso intento!- Dijo Tag frunciendo el seño y estuvo a punto de añadir algo más, sin embargo, un repentino sonido a la distancia llamó su completa atención obligándolo a detener sus movimientos. Con sus manos paralizadas en sus bolsillos, el joven agudizó sus oídos solo para notar que lo que había percibido eran dos voces, una femenina y otra masculina.

-¿Escuchas eso?- Aún inmóvil, el ojigris le susurró esto cautelosamente a Noelle, quien se limitó a bufar en respuesta.

-Si. Al parecer no somos la única pareja que quiere escapar de los policías y primeros auxilios ¿Y eso qué?- Dijo cruzándose de brazos en la oscuridad –Ignóralos Tag, ¡quiero ir a casa!- Se quejó luego, pero Tag se llevó un dedo a los labios para indicarle que se callara y escuchara:

-¿Crees que en la casa de huéspedes no corra peligro?- Decía en aquellos momentos la voz femenina, cuyas pisadas sobre la fría tierra sonaban mucho más aceleradas que las del sujeto que estaba con ella. Este, como respuesta, suspiró:

-Realmente no lo sé, Sam. Pero claro está que aquí no hay posibilidades de que esté a salvo. Mucho menos si se haya inconsciente. En última instancia la llevaremos al Parque De Los Lamentos- Dijo, entre ligeros jadeos –Pero por ahora… ¿Dónde demonios estacione ese maldito auto?- Añadió a modo de queja y, para Tag, las pisadas de los dos curiosos personajes parecieron repentinamente oírse más cercanas.

Los abundantes arbustos que adornaban el lugar evitaba que los jóvenes pudieran verlos, pero igualmente Noelle se encontró a si misma tragando saliva:

-¿Son los Anwar?- Le susurró a modo de pregunta a Tag pero este, sin inmutarse, solo volvió a hacerla callar.

-Aquí Ian, junto a la palmera. Acércate lentamente, porque justo delante de ti hay un árbol con unas ramas sueltas y no quiero que lastimes a Claire ¿De acuerdo?- La voz de la chica volvió a hacerse presente en el lugar, y en cuanto sus palabras tuvieron sentido en sus oídos, el corazón de Tag se aceleró:

-Claire…- Se encontró susurrando suavemente el muchacho, al tiempo que el alarme lo invadía. Acaso… ¿Ian Anwar la estaba cargando? ¿Por qué? ¿Qué le había sucedido? ¿Estaba lastimada?

-Si lo vi, ¿Acaso me crees idiota? Muy bien, ahora saca las llaves del bolsillo de mi traje y abre la puerta de atrás- Le indicaba el rubio a su hermana mientras tanto.

-Listo- Dijo Samantha, luego de hacer sonar los resortes de la portezuela del coche.

-Bien, ahora toma sus pies y ayúdame a meterla. Con cuidado hermana, es más pesada de lo que crees- Dijo Ian, y a continuación, Tag solo pudo escuchar movimientos fuertes y jadeos proviniendo de los dos jóvenes.

Volviendo a agudizar los oídos, las dudas del muchacho continuaron aumentando, así como los furiosos reclamos de Noelle por ignorar a los gemelos e irse de una maldita vez. Pero ambas cosas fueron dejadas de lado cuando, al cabo de unos segundos de estresante silencio, la voz de Samantha volvió a hacerse audible en el oscuro estacionamiento:

-Ian…-

-¿Si?- Le respondió el rubio, aunque aún efectuando ligeros jadeos.

-Escucha: En la ventana del gimnasio yo…yo vi un hombre rubio y…-

-Sí, lo sé. Yo también lo vi. También se que hablaste con él- Afirmó Ian, interrumpiéndola –Cuidado con las piernas- Indicó luego, refiriéndose a la tarea de meter a Claire en el auto.

-¿Cómo explicas eso?- Preguntó la rubia, determinada en no cambiar el curso de la conversación –Es decir, respecto a lo que me dijo… ¿Ahora resulta que un hombre también la persigue? ¿Por qué? ¿Y qué ocurrió con la mujer de cabello negro? ¿Cómo demonios es esto posible?-

Pasaron unos segundos de silencio antes de que Tag pudiera escuchar una respuesta proveniente del joven Anwar:

-Honestamente…no lo sé, Sam. Todo esto es muy confuso, lo sé, pero ya habrá tiempo para analizar los hechos. Ahora lo primordial es llevarnos a Claire lejos de aquí; a la Casa De Huéspedes, al Parque De Los Lamentos o a cualquier lugar, pero rápido. Si por alguna razón algún maestro llega a verla desmayada, nos obligaran a que se quede hasta que lleguen las ambulancias, y no podemos perder el tiempo de esa manera. Así que apresúrate; ayúdame a meter sus piernas aquí y…-

Fue justo luego de escuchar aquellas palabras, en que una chispa de furia saltó en el cerebro de Tag, y el joven perdió el poco autocontrol que le quedaba.

–Quédate aquí. No te muevas- Le ordenó repentinamente a Noelle sin siquiera mirarla, y sin esperar respuesta procedió a abrirse camino entre una enredadera de arbustos hasta llegar al lugar exacto de donde provenían las voces de los gemelos Anwar.

-¡Hey! ¿Qué rayos sucede aquí?- Exclamó con claridad una vez que pudo vislumbrar a la lejanía a los dos hermosos rubios, ambos aún inclinados en su tarea de meter a Claire en el coche.

En cuanto la amenaza llegó a los oídos de Ian y Samantha, estos se detuvieron y levantaron la mirada casi al mismo tiempo para observar a Tag fijamente con rostros igual de desconcertados. Por un segundo, este llegó a sentirse intimidado por las penetrantes miradas que los extraños gemelos le dedicaban, pero aún así mantuvo su semblante rudo y decidido cuando exigió saber una vez más:

-¿Qué demonios le sucedió a Claire? ¿Y a dónde creen que se la llevan?-

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Samantha había escuchado una vez que una buena mentira dependía siempre de la cantidad de detalles que uno le daba al receptor. Según le habían dicho, cuanto menos fueran estos, menor era la posibilidad de crear dudas, y por ende, más credibilidad tendría la mentira.

-¿Y bien? ¡Dejen de mirarme de esa maldita forma de una vez y contéstenme!- Seguía diciendo Tag, mostrándose más furioso de lo que jamás lo habían visto. Como primera respuesta, los gemelos procedieron a mirarse entre sí. Luego, ignoraron la presencia del joven por unos segundos para terminar de recostar cuidadosamente a Claire en el asiento trasero del coche. En cuanto lograron hacerlo, Ian fue quien se volvió al castaño y le replicó:

-Hola Tag. No te alarmes, estamos llevando a Claire a la casa de huéspedes…-Espetó el rubio lentamente, al tiempo que incorporaba su torso fuera del auto y cerraba la puerta con actitud relajada –Ella vive allí…por si no lo sabías- Añadió luego con mayor determinación, volviendo a penetrar al castaño con la mirada.

-Si, por supuesto que lo sabía- Murmuró Tag en respuesta, frunciendo el seño y cerrando los puños –Lo que no sé Ian, es qué demonios le hicieron ustedes dos a Claire para que esta este inconsciente-

Levantando la mirada, Sam separó los labios y estuvo a punto de aportar algo, pero Ian le ganó de antemano una vez más:

-¿De qué hablas? Nosotros no le hicimos nada- Dijo y luego le gruñó, mostrando sus perfectos dientes blancos con ira retenida -¿Qué demonios te hace pensar que Sam y yo le hicimos algo? ¡Somos sus malditos amigos!-

Ciertamente, el rubio no estaba de humor para tener que lidiar con este tipo de situaciones ahora, tenía cosas mucho más importantes que hacer. Por otro lado, Tag se mostraba poco convencido y esto solo ayudó a aumentar el mal humor del primer joven. Samantha, por su parte, se dedicaba a pasear su mirada de un chico al otro con cierto temor en sus ojos.

Y es que si esta extraña pelea se extendía más el futuro no sería nada agradable…

-Claire se desmayó cuando estallaron los vidrios, Tag- Luego de lo que pareció una eternidad, Samantha finalmente interrumpió la guerra de miradas amenazantes que Tag e Ian estaban llevando a cabo, haciendo que ambos chicos se volvieran a ella simultáneamente.

-Si, es algo muy común en ella…se desmaya cada vez que algo la asusta más de la cuenta, en este caso el estallido de los vidrios en el salón- Dijo, mordiéndose el labio inferior y sintiéndose repentinamente invadida por las miradas expectantes de los otros dos adolescentes –Ian y yo solo queremos llevarla a la casa de huéspedes para que descanse. Solo eso-

Hubo un pequeño silencio entre los tres, momento en el cual lo único que podía escucharse era el sonido de la naturaleza alrededor y, muy a la lejanía, el de las sirenas de unas ambulancias, probablemente arribando al instituto. Tag también creyó escuchar la acelerada respiración de Noelle unos metros detrás suyo, entre de los arbustos por donde él mismo había emergido, pero no le prestó mucha atención. Al final, sin cambiar la expresión amenazante de su rostro, el castaño separó lentamente los labios para volver a hablar:

-¿Solo eso Samantha? Oh, ¿De veras? Qué extraño…por que acabo de escucharlos decir que Claire corría peligro- Al escucharlo, el corazón de Sam comenzó a latir velozmente y, atemorizada, se volvió a su hermano en busca de ayuda, pero este solo se limitaba a mantener su mirada fija en Tag mientras este continuaba.

-Y también acabo de escuchar a Ian decir que quizás la llevarían al Parque De Los Lamentos… ¿Y ahora realmente esperan que les crea que solo planean llevarla a su casa para que descanse y nada más? No me la compro. Sé que ocultan algo y como verán, Claire también es mi amiga, así que exijo que me digan verdad. Ahora-

-Escúchame Wickoff, ya me cansaste- Finalmente perdiendo las casillas, Ian avanzó velozmente hacia el castaño y lo tomó por el cuello de su traje con actitud amenazante. Tag ni siquiera se inmutó por el acto, pero eso no evitó que Ian acercara su rostro a centímetros de él y lo fulminara con la mirada una vez más.

-¡Ian, suéltalo!- Exclamó Samantha colérica avanzando unos pasos hacía su hermano para tomarlo por los hombros, pero fue ignorada por ambos jóvenes. En cambio, frunciendo el seño con fuerza, Ian continuó hablando:

–Ahora Tag, escúchame con mucha atención por que solo te lo diré una vez: puede que seas amigo de Claire, pero no eres nuestro amigo ¿De acuerdo? Y nosotros dos no tenemos por qué darte explicaciones a ti, ¿así que mejor por qué no nos haces un favor y te…y te…?-

"¿…Largas antes de que te mate?" Eso fue lo que Ian había planeado decir para finalizar su amenaza, sin embargo, la voz se le cortó justo allí. Inconscientemente, y si apartar sus ojos de los de Tag ni por un segundo, soltó el cuello del joven y su profundo seño fruncido fue reemplazado por la mayor expresión de asombro, impidiéndole hablar y moverse por una centésima de segundo.

-Por…dios…- Susurró, casi sin aire en los pulmones.

Solía sucederle. Para aquellos que cargaban con la maldición de los Temper, había ocasiones en las que mirar fijamente a una persona a los ojos por demasiado tiempo causaba que, involuntariamente, se tuviera una visión con respecto a ella, la cual usualmente estaba muy alejada del tiempo presente. En cualquier otro caso, Ian simplemente la habría ignorado, sin embargo, algo extraño había sucedido esta vez:

Lo que Ian había visto en aquel instante en los enormes ojos grises de Tag Wickoff, justo a mitad de su brutal amenaza, no había sido un simple episodio de su vida en particular, sino todo lo contrario.

Ian lo había visto todo.

Literalmente, todo. Su visión había sido una especie de cortometraje de toda la vida de Tag Wickoff: Desde su nacimiento el dieciséis de febrero de 1993, pasando por los inicios de su amistad con Noelle y Marnie Breatch, su primer día en el jardín de infantes y en la primaria de Leatherfield. Luego el nacimiento de su hermano menor, Christopher, sus miles de peleas con Alan Wesbrook todos los recreos, su primer beso, el accidente que le quitó la vida a Marnie y todo lo ocurrido a partir de entonces: El distanciamiento progresivo con Jude y Noelle, el aislamiento voluntario con el resto del mundo, las múltiples peleas con sus padres, la pérdida de su virginidad con una desconocida, los meses sintiéndose culpable, el acercamiento nuevamente con Noelle y finalmente, sus sueños acerca del choque que había cambiado su vida, todas las noches, sin excepciones.

Paralelamente, también había vislumbrado las bases de su nueva amistad con Claire desde que esta había llegado al instituto, pasando por varias escenas ya vistas anteriormente en los ojos de la joven, y finalizando con la larga conversación que ambos había tenido aquella misma noche en el jardín del instituto.

En cuanto las manos del rubio lo soltaron, Tag retrocedió instintivamente unos pasos hacia atrás, y se encontró desconcertado por la forma en la que el joven Anwar lo miraba ahora. Era como si hubiera visto un fantasma, o quizás algo peor…

-Por supuesto…como no me di cuenta antes- Sin poder alejar la mirada del castaño, Ian pronunció aquellas palabras casi sin aire en los pulmones mientras, sintiendo que todo a su alrededor daba vueltas, su cabeza comenzaba a trabajar a toda velocidad.

Si el hombre de cabellos blancos que Sam y él habían visto reflejado en el cristal de la ventana del gimnasio hacíaunos minutos y el hombre del accidente con el que Tag soñaba todas las noches físicamente, según lo que este le había comentado a Claire hacía unas horas, era el mismo, entonces eso solo podía significar una cosa.

-El perseguidor de esta noche no quería a Claire, te… te quería a ti…lo intentó en el accidente y ahora lo hizo de nuevo- Exclamó el joven dando su conclusión, aún con total asombro en su aterciopelada voz –Tag, ¡A ti también te buscan!-

-¿Qué?- Preguntaron al unisonó Tag y Samantha, ambos con los ojos abiertos como platos, pero antes de que Ian pudiera si quiera intentar agregar algo más, Samantha ya había avanzado para arrojarse frente a él, separándolo de Tag para que solo pudiera mirarla a ella.

-¿Qué estás diciendo Ian? ¿Cómo…cómo lo sabes?- Sus ojos lo miraban ansiosos, pero igualmente parecían haber comprendido exactamente lo que el joven había querido decir -¿Estás seguro?-

Aún mostrándose sorprendido, Ian colocó sus manos en los hombros de su hermana antes de responderle:

-Nunca he estado más seguro de algo en toda mi vida-

-Pero, ¿Cómo es posib…?-

-Hey- Sintiéndose de repente ignorado, Tag intervino en la conversación mostrándose más que furioso -¿Qué demonios les pasa ahora? ¿Están locos? ¿Me van a decir a donde se llevan a Claire o no?-

Los hermanos se soltaron velozmente tras escucharlo, y con solo dedicarse una última mirada, parecieron acordar un sutil plan.

-Muy bien, Tag- Ian fue quien habló primero, recuperando de repente su semblante serio y conciso –Ya te hemos dicho un millón de veces que lo único que queremos es llevar a Claire a la Casa De Huéspedes, pero tú sigues sin creernos… así que ¿Por qué no vienes con nosotros? Así te aseguras que cumplimos con nuestra palabra. Luego te llevamos de vuelta a tu hogar-

-Y todos contentos- Sam finalizó por él, sonriendo con sutileza.

-¿Qué dicen?- La propuesta llegó a los oídos de Tag dejándolo más confundido que nunca. Sus pobladas cejas se levantaron en señal de incredulidad. Es decir, ¿a qué se debía el repentino cambio de actitud de Ian? ¿Por qué de repente deseaban su compañía? Claro estaba que los Anwar estaban llevando algo entre manos, y el sentido común del castaño le advertía que no se dejara engañar por las persuasivas palabras de los hermanos. Pero, por otro lado, el que los acompañara era una forma de asegurarse de que Claire estuviera bien…

Pareció pasar una eternidad antes de que Tag se decidiera a darles una respuesta:

-Bien. Solo déjenme que le entregue las llaves de mi auto a Noelle. Volveré en unos segundos-

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-Tag, ¿Te volviste loco?- No bien el joven regresó hacia donde estaba su volvo, que Noelle lo interrogó con aquella pregunta completamente boquiabierta. Al parecer, la pelirroja se había concentrado en escuchar toda la conversación, y ahora no era capaz de comprender la actitud de su mejor amigo.

-¿Quieres irte en el auto de esos dos psicópatas? ¿De veras?- Siguió preguntando, pero Tag simplemente se limitó a ubicarse frente a su amiga y estirar su brazo para depositar las llaves de su auto en sus pálidas manos.

-Llévate mi coche- Le dijo entonces con voz neutra una vez que la confundida joven recibió el par de llaves –Yo iré a buscarlo mañana por tu edificio- Agregó, e hizo ademán de retirarse, pero Noelle fue veloz en tomarlo del brazo con una mirada repentinamente exasperada:

-¿Qué? ¿Acaso planeas irte así como si nada? ¿Sin responder a mis preguntas? No señor, estoy harta de que juegues a hacerte el misterioso conmigo-

Al ser obligado a detener su andar, Tag dirigió lentamente su mirada al camino que planeaba recorrer, y efectuó un cansado suspiro antes de cerrar los ojos:

-Nolls, de verás no quiero discutir ahora. Sabes muy bien que me voy con ellos solo porque quiero asegurarme de que…-

-¡¿De qué? ¿De que los Anwar llevarán a Claire sana y salva a su hogar?- Interrumpió una vez más la pelirroja, tan brusca y fría como siempre le gustaba mostrarse cuando estaba molesta –Vamos Tag, se coherente por una vez en tu vida. Samantha e Ian son amigos de Paigemen…¿En serio crees que podrían hacerle algo malo? Está bien que te guste y quieras cuidarla y todo…pero es ridi…-

-¡ESCUCHAME!- Tag se soltó velozmente del agarre de su amiga al tiempo que se volvía hacia ella para gritarle esto con ira retenida -¡¿Quieres dejar de intentar darme lecciones de vida todo el tiempo? ¡Ya dejame en paz! ¿Y qué si no confió en ese par de rubios maniáticos? ¡Nunca me han dado razones para no hacerlo, ¿O sí? ¡¿Y por qué debería darte explicaciones a ti? ¡Solo llévate mi maldito auto de una vez y deja demolestarme!-

-¿Moles…tarte?-

El silencio que procedió a esas palabras fue simplemente terrible. Por una porción de segundo, Noelle echó la cabeza hacia atrás y sus ojos parecieron mostrarse más dolidos que nunca, sin embargo, aquella expresión no duró lo suficiente para sacar conclusiones. Acto seguido, la joven adoptó su famosísima expresión de felino enfurecido, y mordiéndose el labio inferior, se dio media vuelta y caminó hacia la portezuela de conductor del volvo de Tag.

-¿Así que yo te molesto?- Inquirió con la voz temblando de ira mientras introducía la llave en el cerrojo, haciendo que la puerta se abriera –Muy bien, puedes dejar de preocuparte por ello ahora mismo-

El rostro congelado de Tag y sus ojos sombríos ni siquiera se inmutaron cuando Noelle ingresó al auto (cerrándolo de un portazo) y le dio marcha al motor. Luego, simplemente se dedicó a seguirla con la mirada a medida que el vehículo se alejaba a toda velocidad entre los arbustos, perdiéndose así en la lejanía. En cuanto el molesto ruido del motor dejó de hacer eco en sus oídos, el joven simplemente dio media vuelta y se marchó desinteresadamente de nuevo hacia el lugar donde se encontraban los Anwar.

Ya se disculparía luego con ella, pensó mientras vislumbraba a los dos rubios a la lejanía, esperándolo junto al coche.

Poco sabía él que aquellas habrían sido las últimas palabras que cruzaría con Noelle en los próximos tres días.

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-Sube- Indicó Ian en cuanto Tag estuvo lo suficientemente cerca para escucharlo, y sin esperar más él y Samantha ingresaron al auto con la mayor de las actitudes desinteresadas. Sin pensarlo demasiado, el joven castaño abrió la portezuela trasera y se insertó dentro también. Al hacerlo, notó que Claire, aún inconsciente, se encontraba ahora sentada en el asiento de junto, con el cinturón de seguridad puesto y su cabeza delicadamente apoyada contra la ventana del Ford.

-Cierra la puerta- Desde adelante, el joven escuchó la voz del rubio decirle esto con voz sumamente neutra, e igualmente, fue veloz en obedecer.

Tag había cometido muchos errores en lo que iba la noche, sin embargo, más tarde resolvería que aquel –el de obedecer la orden de Ian- habría sido sin dudas el peor.

No bien la puerta fue cerrada, el castaño vió a Samantha, sentada en el asiento de pasajero delante de él, estirar velozmente su brazo hacia uno de los botones que se encontraban junto a la radio, y en cuanto lo presionó, un terrible ruido resonó en los oídos de Tag haciendo que su corazón se detuviera por una fracción de segundo. Aquel ruido había sido el grave sonido del seguro del auto, descendiendo hasta el punto que Tag ya no podía verlo en su puerta, ni mucho menos sacarlo manualmente.

-Oh a propósito, Tag- Tag percibió como luego Samantha se daba vuelta para decirle esto con una voz de lo más tranquilizadora, pero no se atrevió a mirarla. Sus ojos grises estaban clavados en el seguro de la puerta, y sus pupilas temblaban incrédulas.

-Me olvidé de felicitarte por tu triunfo…- Siguió hablando la rubia, e inmediatamente Ian le dio marcha al auto y aceleró a fondo, haciendo que Tag se sobresaltara y alejara la mirada del seguro para mirar a los gemelos con temor. Solo podía ver la nuca de Ian, puesto que este estaba manejando, sin embargo, sus ojos se encontraron directamente con los de Sam, y sintió como se le helaba la sangre al observar la sádica expresión impregnada en ellos. Las pupilas de la joven estaban ahora dilatadas, casi hasta el punto de dejarla sin iris:

-Antes de que los vidrios estallaran, algo me dice que tu ibas a ser nombrado el rey del baile esta noche- Samantha completó su frase con una pequeña risita, y al mismo tiempo, Ian aceleró aún más la velocidad del coche.

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Aún encontrándose totalmente mareada y medianamente inconsciente, la efectiva lección que Samantha Anwar le había dado la noche en la que se habían conocido estaba fresca en la nublada mente de la castaña:

"Nunca debes levantarte rápido después de un desmayo, por que podrías volverte a desmayar"

Era debido a esto que Claire, si bien poco a poco podía sentir como su atrofiada cabeza comenzaba a recuperar el sentido de la realidad, se negaba rotundamente abrir los ojos en aquellos momentos, al menos hasta que estuviera segura de que si lo hacía no volvería a perder la conciencia.

Y es que lo último que la joven necesitaba en aquellos momentos era estar psicológicamente ausente, así que lo primordial era conseguir despertar pronto.

Su cuerpo efectuaba pequeños saltos en aquellos momentos, Claire cada vez comenzaba a sentirlos con mayor intensidad, pero no estaba segura si era debido a que su conciencia mejoraba con el tiempo o si era que los saltos en si cada vez se volvían más fuertes. Pasaron solo unos minutos antes de que la joven se diera cuenta de qué era lo realmente que ocurría: estaba sentada en el auto de los Anwar, y los saltos de su cuerpo se debían, efectivamente, a la velocidad a en la que se movía el coche. Aún en ausencia de su completa lucidez, la castaña no había encontrado problemas en definir su ubicación exacta, pues recordaba perfectamente la forma en que su cuerpo se había sacudido la última vez que Ian había conducido tal velozmente.

Esa vez había sido solo unos días atrás, cuando los gemelos habían decidido secuestrarla para contarle toda la verdad respecto a los perseguidores en el Parque De Los Lamentos.

"¿Qué podría estar ocurriendo ahora para que Ian estuviera conduciendo tan rápido?" Ciertamente, debía de ser algo serio, puesto que el joven rubio nunca conducía tan rápido a menos que se tratara de una emergencia.

"O de secuestrar a alguien…" Añadió la joven a sus pensamientos al cabo de unos segundos y -logrando recuperar medianamente el control de su cuerpo- Sonrió.

-Muy bien, esto ya no es gracioso. Detengan el coche de una maldita vez y déjennos ir- La pálida sonrisa de Claire se borró instantáneamente de sus labios luego de que aquellas lejanas palabras resonaran en sus oídos. Provenían de una persona que, al parecer, se encontraba sentada a su lado en el asiento trasero y era una voz profunda y masculina, que a la ojiazul le costó muy poco trabajo reconocer.

"Tag Wickoff"

¿Qué demonios estaba haciendo él en el auto de los Anwar?

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Una vez más, Tag debía admitir a duras penas que Noelle había tenido la razón: Los gemelos Anwar, en efecto, no eran más que un par de psicópatas.

¿Cómo había terminado Claire siendo amiga de estos dos lunáticos?

"Claire…" Su mente pensó en ella de repente y sus ojos grises se volvieron atemorizados a la inconsciente joven, cuyo menudo cuerpo ahora efectuaba saltos debido a la velocidad en la que se movía el auto. Un escalofrío invadió su cuerpo en cuanto comenzó a considerar la miles de posibilidades: ¿Y qué si los Anwar no eran tan "geniales" como la joven a menudo afirmaba?

-Muy bien chicos, esto ya no es gracioso. Detengan el coche de una maldita vez y déjennos ir- Pasaron unos segundos antes de que el joven pudiera atreverse a formular estas palabras y, lamentablemente, estas no lograron salir como él lo había querido. Tag pretendía sonar amenazante, en cambio, su oración parecía una súplica.

-Cállate Tag- Dijo Ian aún con voz neutra y luego el castaño lo vió volverse a su hermana-¿Qué te sucede?-

Samantha tenía la cabeza gacha y los ojos abiertos de par en par, y sus dos manos se habían trasladado repentinamente a sus sienes como si estas le dolieran.

-Nada, es solo que…todo comienza a tener sentido ahora- La rubia respondió a esto con el labio inferior temblando, al tiempo que su pérdida mirada se transalaba lentamente a la ventana junto a su asiento.

-¿A qué te refieres?-

-A todo, Ian. Todo tiene sentido ahora. Es muy simple, la mujer del ascensor quiere a Claire, y este hombre quiere a Tag. Esta noche el hombre me dijo "entréguenlos a ambos"…es obvio que los dos perseguidores están juntos en esto. Ambos están intentando invadirlos, quien sabe por qué o para qué, pero el punto es que están trabajando en equipo para lograrlo. Y hay más…- Sam alejó la vista del cristal para mirar a su hermano. Sus ojos parecían estar a punto de estallar -Nosotros no compartimos la misma misión, Ian-

Según lo que vió Tag, el rubio pareció sobresaltarse.

-¿Qué?-

-No lo hacemos. Verás, ¿recuerdas que hace unos meses la abuela nos habló del "Mesianismo"? ¿Esa sensación de misión instintiva que cada uno de los Temper tenemos hacía aquel ser que por derecho debemos salvar? La abuela dijo que cuando esa persona en cuestión llegara a nosotros, lo sentiríamos en nuestro ser…- La rubia respiró hondo antes de continuar:

-La noche en que conocimos a Claire yo sí lo sentí…pero tú no ¿Recuerdas? Es por eso que los días siguientes negaste a muerte que era ella la persona a la que debíamos de ayudar. No podías sentir el Mesianismo por qué Claire es mi misión, no la tuya ¿Comprendes? Ella no es tu misión: Tu misión es Tag-

-¿Él?- Por primera vez desde que se había subido al coche, Ian se volvió a Tag para mirarlo con una nada agradable expresión en su rostro. Tag intentó devolverle un gesto furioso, pero el desconcierto que tenía sumado al instintivo temor de muerte debido al hecho de que el rubio lo miraba a él en lugar de prestarle atención a la carretera, parecía impedir que su cuerpo se movilizara a voluntad.

-¡Claro que él! ¿Por qué otra razón crees que pudiste ver todos y cada uno de los eventos de su vida con solo una involuntaria mirada? ¡Eso mismo fue lo que yo sentí con Claire la noche en que la salvamos del elevador! ¡Ese es el Mesianismo Ian! ¡Nada más y nada menos que eso!-

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La conversación acelerada de los Anwar comenzaba a marearla de nuevo, haciendo que las palabras perdieran sentido en su cabeza. De a poco iba procesando algunas oraciones al azar, pero ninguna que pudiera explicar del todo por qué los Anwar estaban con Tag.

-¡¿De qué demonios están hablando ahora? ¡Cállense y detengan el coche de una maldita vez!- La voz del castaño, pudo notar Claire, irradiaba ahora genuino temor, si bien los Anwar poca y nada atención parecían estarle dando.

-¿Y a dónde lo llevamos ahora?-

-¿La Casa de Huéspedes… lugar seguro?-

-No. Despertará a todos y…-

-¿…y qué hay de El Parque De Los…?-

Aquellos eran los pocos fragmentos que Claire podía procesar respecto a la conversación de los gemelos, sin embargo, debido a la cercanía le era más fácil escuchar por completo las oraciones efectuadas por Tag:

-¿De qué están hablando?-

-¿Qué quieren de nosotros?-

-¡¿A dónde nos llevan maldita sea?-

-¡Contéstenme!- Con cada pregunta la voz del joven parecía oírse más y más desesperada, hasta el punto que finalmente pareció estallar:

-¡Contéstenme de una vez, par de satánicos!-

Inmediatamente luego de esas últimas tres palabras, pareció ser que Ian giró el volante hacia la izquierda y luego pisó el freno a fondo, por que el cuerpo de Claire fue prácticamente arrojado hacía adelante hasta que el cinturón de seguridad hizo su trabajo y la devolvió bruscamente hacía atrás. En cuanto la espalda de la joven colapsó nuevamente con el respaldo, todo volvió a parecerle difuso a la castaña, y en un segundo, la joven volvió a perder la conciencia.

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-¡De acuerdo ya me canse! ¿Quieres tus malditas respuestas? Las tendrás- Ian se volvió a Tag con los ojos inyectados en furia inmediatamente luego de efectuar el repentino freno sobre una vereda al azar, junto a un terreno baldío, y el ojigris comprendió instintivamente que había tocado un mal nervio al utilizar el término "par de satánicos" en contra de sus secuestradores.

Sus ojos atemorizados buscaron entonces los de Samantha en busca de algo de ayuda, pues ella al ser la "gemela buena", en teoría debía encargarse de calmar a su hermano justo antes de que este lo matara. Pero, en cambio, se encontró con la sorpresa de que la rubia también se había vuelto hacia él, y lo miraba con igual o quizás mayor ira que su hermano.

-Muy bien, Wickoff- Luego de lo que pareció una eternidad de silencio, Ian dijo esto con voz congelada, aún asesinando a la supuesta "misión que salvaría su vida" con la mirada –Ahora este par de satánicos va a explicarte que es lo que sucede, para que así comprendas "nuestras locuras" y de ese modo logremos salvar tu patética vida. Lo vamos a decir una y solo una vez, ¿Oíste? Y tú vas a escuchar cada palabra que digamos sin hacer preguntas, o te juro que lo vas a lamentar-

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Pasaron horas antes de que la conciencia de Claire volviera a dar las señales iniciales de comenzar a despertar, pero esta vez, la joven no intentó en absoluto aplicar la lección de "levantarse lentamente". A su criterio, tenía cosas mucho más importantes que hacer.

Sus ojos azules se abrieron instantáneamente en cuanto recuperó el sentido de la ubicación, y sin preocuparse por estarse mareando de nuevo, su cabeza comenzó a trabajar a toda velocidad. Lo primero que hizo, naturalmente, fue analizar donde se encontraba. Esta tarea no le costó ningún esfuerzo, la castaña fue veloz en comprender que seguía sentada en el asiento trasero del coche de los Anwar, con el cinturón de seguridad aún sujetándola con firmeza. Notó también que el auto estaba ahora estacionado, y que se encontraba sola dentro de él. Lo segundo, fue intentar recordar toda la conversación que había creído escuchar hacía unas horas entre Ian, Tag y Samantha durante ese periodo en el que su cabeza había estado intentando en vano regresar a la realidad:

¿Qué era lo que había ocurrido entonces? ¿Por qué los gemelos estaban intentando llevarse a Tag? ¿De qué habían estado hablando los Anwar y por qué el joven estaba tan asustado?

-Ya sé que suena loco Tag, y que no tienes ninguna razón para creernos o confiar en nosotros…pero, enserio, es la verdad…- La suave voz de Samantha resonando a la lejanía en la oscuridad de la noche distrajo a Claire inmediatamente de sus pensamientos, obligándola a agudizar los oídos para poder comprender donde estaban ahora y que era lo que sucedía:

-Mira Samantha, tú y tu hermano realmente tienen problemas mentales, ¿entienden eso? Problemas mentales graves. No les creo. No les creo ni una palabra, así que ahora hazme por favor un favor y dile a Ian que suelte mis muñecas antes de que las rompa-

-Solo intenta escuchar…- Claire percibió la voz de Ian decir esto con actitud ruda, pero en cierto punto suplicante.

¿Qué demonios pasaba ahora? Estuvo a punto de preguntarse a sí misma la ojiazul, pero comprendió rápidamente que sola en aquel coche y sin poder ver los actos del lejano trío no conseguiría ninguna respuesta, así que, con mucho esfuerzo, trasladó su mano hacia el cinturón de seguridad y lo removió de su cintura de un tirón. Una vez que pudo moverse libremente arrastró su aún deteriorado cuerpo hacía el asiento delantero del vehículo –Donde Samantha había estado sentada- y sigilosamente acercó su rostro a la ventana de este, entrecerrando los ojos y guiándose por el origen de las voces para poder ubicar a los tres jóvenes en la oscuridad.

Encontrarlos no le fue difícil: Los Anwar y Tag estaban parados en el sitio baldío a no más de tres metros del coche, y sus figuras eran levemente iluminadas por uno de los tantos faros que iluminaba la carretera. Samantha se encontraba frente a Tag con su rostro a escasos centímetros del suyo, mientras que Ian estaba a sus espaldas, sujetando sus muñecas para evitar que pudiera moverse:

-Solo intenta escuchar…- Esta vez la castaña pudo ver con sus propios ojos a Ian repetir esas tres palabras, y al mismo tiempo, a Tag girar su cabeza para dedicarle al rubio algo similar a una mirada fúrica.

-¡¿Escucharlos? ¡¿Enserio? ¿Realmente pretenden que siga escuchándolos?- El joven gritó esto con todo el aire que le quedaba en los pulmones, y con un brusco movimiento finalmente fue capaz de liberarse del agarre de Ian -¡¿No creen que ya he escuchado bastante sus estupideces? Veamos: Primero me secuestran y me traen a este lugar sin responder ni una de mis preguntas. Luego, cuando intento salir del coche, ambos saltan hacia mí y me sujetan de todos lados como si yo fuese alguna especie de animal salvaje. Y finalmente comienzan a hablarme de cómo un fantasma maligno quiere robar mi cuerpo y el de Claire y de que no me preocupe por qué ustedes van a protegernos con sus "poderes sobrenaturales" o lo que sea-

El castaño se había vuelto a ambos jóvenes con una mirada que daba la impresión de que echaba chispas por los ojos:

-¡¿Y ahora qué? ¿Acaso hay más? ¿Debo soportar seguir escuchándolos hablar más insensateces con la esperanza de que en unas horas finalmente decidan dejarme ir? ¡Vamos, contéstenme! ¿Hasta cuándo deberé seguir soportándolos?-

Al escuchar estas palabras, el corazón de Claire comenzó a latir con tanta fuerza que estuvo casi segura de que en breve volvería a perder la conciencia. Sus pensamientos aún se encontraban un poco desordenados debido al primer desmayo, pero el mensaje oculto en las palabras de Tag era claro: En un momento entre el que ella había estado inconsciente, los Anwar habían secuestrado a Tag y le habían dicho toda la verdad respecto a los perseguidores y la maldición de los Temper.

Pero… ¿Por qué harían Ian y Samantha algo así?

Segundos después, Claire fue veloz en abrir la puerta del coche e incorporarse fuera de él. Los Anwar y Tag se volvieron instantáneamente hacia ella al escuchar el sonido del resorte efectuado por el movimiento de la portezuela, y por unos segundos, se limitaron a observarla con equitativo asombro.

Claire, aún pálida y mareada, se sostenía con la puerta para evitar volver a caer, sus piernas flaqueaban y su respiración estaba agitada, pero sus ojos se veían activos. Estos se intercalaban velozmente entre los tres jóvenes reflejando una mezcla de confusión con genuina incredulidad:

-Claire…- Pronunció Ian luego de lo que pareció una eternidad de silencio, y estuvo a punto de avanzar hacia ella para ayudarla, sin embargo antes de que pudiera llegar a ella, la joven separó los labios y habló:

-¿Qué sucede aquí?- Inquirió mirando a Ian con los ojos levemente entrecerrados, haciendo que el joven detuviera su andar instantáneamente.

-Claire, nosotros estábamos…- Claire escuchó la voz de Samantha decir esto unos metros atrás de Ian, pero al parecer la rubia no supo que más decir. Finalmente, la castaña se volvió hacia Tag, aún ubicado entre los dos hermanos, y notó que el joven la miraba con una expresión bastante similar a la que tenía ella: una mezcla de confusión e incredulidad.

-Ustedes…- Comenzó a decir Claire sin apartar la vista de los intensos ojos grises del joven, quien le devolvía la mirada detrás de unos cuantos mechones de cabello castaño – ¿Estaban contándole la verdad a Tag?-

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Las últimas palabras de Claire cambiaron por completo la expresión calma y confundida de Tag, transformándola en una de total y repugnante ira. "¿Contándole…la verdad?" Su oración resonó en la cabeza del joven unas tres veces antes de que él pudiera comprender lo que la castaña había querido decir: Ella de hecho creía que lo que los Anwar afirmaban era real.

Básicamente, Claire Paigemen estaba del lado de los gemelos.

-¿Tú…también, Claire? ¡¿Tú también eres parte de este circo?- Exclamó esto con voz desafinada antes de que Ian o Samantha pudieran responderle a la joven, y por un momento, observó como Claire bajaba la vista y se mordía un labio, entristecida por su actitud. Llegó a sentir lástima por ella, pero no duró mucho:

-Oh ya veo…así que eso es lo que ocultabas…- Siguió diciendo y se volvió a los dos hermanos con expresión amenazante –Todo este tiempo creí que eras normal, que me comprendías…y ahora resulta ser que estás tan loca como ellos-

-¡Hey!- Ian estuvo a punto de saltar hacia él para propinarle un merecido golpe, pero Sam fue veloz en interponerse entre ambos muchachos y sujetar a su hermano por los hombros. Al encontrarse a salvo, Tag volvió a hablar:

-¿Saben qué amigos? Yo creo que ya me voy. Creo que fueron demasiadas locuras por hoy- Antes de darse media vuelta para retirarse, le dedicó una última mirada a la debilitada Claire quien, aún sosteniéndose del auto, se había quedado sin palabras.

-No vuelvas a acercarte a mí- Sentenció por última vez si apartar la vista de su adolorida amiga, y sin más preámbulos comenzó a correr directo hacia la carretera a toda velocidad, girando en la esquina y desapareciendo así en la total oscuridad de la noche.

La ausencia del joven Wickoff procedió a un tenso silencio entre los tres adolescentes restantes, que fue roto finalmente con Claire soltándose de la portezuela del coche y, por gravedad, cayendo de rodillas al césped:

-Tag…no…- Pronunció luego, bajando la mirada y abrazándose a sí misma al tiempo que percibía como los dos Anwar ahora avanzaban hacia ella para consolarla –No…-

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Hola que tal, adivinen quien volvió!

Pido mil disculpas por la tardanza, lo cierto es que anduve con mucho tiempo libre debido a las vacaciones de verano y…bueno, me puse a aprovecharlas demasiado, casi no encontré tiempo de sentarme tranquila para ponerme a escribir.

Lamentablemente el receso se me acaba en una semana, empezaré la universidad (el horror…) y, voy a serles franca, no sé con qué me encontraré allí, así que probablemente me tarde en actualizar, pero tranquilos, no será tanto como lo que me tardé ahora.

Volviendo a la historia, espero que les haya gustado el nuevo capítulo, siento que anduvo medio flojo en el tema "acción" (tuve que meter a Ian en muchas golpizas para que el público se mantenga despierto) y la razón es que tenía planeado llegar más lejos en la trama, pero bueno, tenía que abarcar mucha información, y no pudo suceder.

¿Críticas, recomedaciones…? Todas son bienvenidas. No quiero presionarlos, pero el 26 de marzo es mi cumpleaños y…supongo que sería adorable que me den un regalito anticipado y me dejen un review (just saying…)

Jaja en fin, nos estamos leyendo!

ColdCoffee