Dylan Hoffer arrugó la prueba que tenía entre manos. Alison Muntz se lucía frente a sus compañeros de curso. Por primera vez en siete años, alguien que no era él sacaba una mejor nota.

La escrudiñó con la mirada, observándola con repulsión. Su cabello color ébano lo retiraba sensualmente hacia atrás, y su perfecta dentadura brillaba al sonreír.

Le borraría esa estúpida sonrisa del rostro. Nadie, ni siquiera ella, a quien había decidido añadir a su lista de posesiones, podían ser mejor que él.

Dio una calada a su cigarrillo y pisó la colilla, deshaciéndola con toda su ira retenida.

Se acercó a sus compañeros; cuánto los despreciaba… pero aparentaba tolerarlos ligeramente, en el mundo de los negocios (al que pertenecía su familia entera) siempre hay que tener cuidado de hacerse los amigos adecuados, y los enemigos también.

— ¿Qué pasó Dylan? ¿Una chica becada te ganó?— se burló Derek, su compañero, quien se atribuía el título de su mejor amigo.

—Calla imbécil.

Restándole importancia se abrió paso entre sus compañeros. Alison se abanicaba con su prueba, sentada en uno de los escalones del colegio, dejando casi completamente al descubierto sus esbeltas piernas.

— ¿Qué pasa? ¿Vas a llorar? ¿El nene riquillo hijito de papá no consiguió lo que quería?— dijo sardónica.

Él esbozó una falsa sonrisa, y a tiempo que sonaba el timbre, le habló al oído:

—Disfruta ahora, que luego voy a borrarte esa mueca imbécil.

Alison resopló, tomando a chiste su amenaza. Odiaba a Dylan, odiaba que por tener dinero creyese que podía dominar a todos en el colegio, detestaba que siempre se saliese con la suya; odiaba tener que trabajar y estudiar sin descanso para mantener a su padre alcohólico y encima conservar la beca escolar, mientras ese niño rico no necesitaba de horas de estudio, ni el más mínimo esfuerzo para obtener todo lo que el dinero pudiera comprar.

—Muérete, ve a ocultarte tras las faldas de tu madre, eso si no se la está tirando uno de tus empelados— escupió incorporándose.

Él la sostuvo fuerte, aprisionándole rudamente el brazo.

No se molestó, sonrió retorcidamente, de una forma arrogante, maléfica y despreciable, como solo le sonreía a ella.

— No juegues a la insolente conmigo, te va a costar caro— relajó su sonrisa, notándose ésta vez más encantadora—. Arreglemos esto en el siguiente recreo. En el depósito de deportes del segundo piso—la jaló torpemente hacia él, para pegarle los labios a su oído—.Más te vale aparecer.

La soltó de inmediato y subió las escaleras, volteando la cabeza para mirarla protestar.

Jugar con su orgullo funcionaría de seguro. La conocía muy bien, demasiado bien. Desde aquel día que la muchacha había llegado como tantas otras alumnas sobresalientes, pero de escasos recursos, que había decidido tenerla para él, solo para él. Le hervía al sangre cuando otro siquiera la miraba, deseaba atravesarles las entrañas con una daga a quienes siquiera pronunciaban su nombre. Cuando Dylan Hoffer posaba los ojos sobre algo, se convertía en el único propietario.


Si, algo nuevo, no esperen amor y escenas cursis. Solo posesión, obsesion y sangre.

Quienes leyeron mi fic Los sueños secretos de Sophie, notarán ciertas coincidencias, ideas similares. de hecho, esta historia la inventé antes, pero estaba guardada como tantas otras que escribiré algún día.

De aquí saque varias ideas para Sophie, que al final la historia la suavicé bastante porque era una comedia ligera, pero aca veran cosas similares a las que debieron pasar en el otro fic.

Nos vemos el sábado con otra escena!