Alison cruzaba los brazos a la altura del pecho mientras se mecía en la silla. Dylan se veía demasiado pasivo fumando su cigarrillo frente a ella, exhalándole el humo de tanto en tanto.

Ella lo sabía, estaba consciente que todo eso era su culpa. Ambos habían actuado impulsivamente, pero haber asesinado a los padres de Dylan en su propia casa había tenido resultados desastrosos. Pero, si lo consideraba, todo habría salido perfecto de no haber sido por la intervención de ese detective. Cualquier otro habría volcado la vista a los rivales financieros del señor Hoffer, no en su hijo.

Dylan meditaba las cosas con cuidado. Tenía los mejores abogados que el dinero pudiese comprar, quienes ya se estaban encargando de solucionar el problema y de paso defendían el caso de Alison.

Sí… no había nada de qué preocuparse. Alison había empeorado las cosas, pero él saldría del paso como siempre. Cuantas veces su padre había salido de situaciones tan escabrosas sin un solo registro a sus espaldas…

—Estúpida —le reprochó de pronto—. Si no fuera porque tienes a mi hijo ahí dentro que ya me las habrías pagado.

La chica hizo un respingo y se mantuvo en silencio, Dylan tenía toda la razón para estar enfadado con ella.

— ¿Por qué no me castigas? —después de un momento sugirió con una hermosa sonrisa.

Dylan resopló apagando la colilla de su cigarro en la mesa de la cocina. Lo mejor era olvidarlo todo. Las cosas saldrían perfectamente bien. Tenía una buena coartada, todas las empresas y el dinero de su padre a su disposición y a su hermosa Alison bajo su dominio.

***

— ¡¿Cómo que no me darán al orden judicial?! —Gritó el detective—. Necesito registrar ese departamento, ¡estoy seguro que Theodor Muntz fue asesinado ahí!

—No recogiste la evidencia mediante las vías correctas. El abogado de Alison Muntz tiene mucha influencia y está rebuscando cada detalle para evitar que impliques a la joven en el asesinato de su padre.

— ¿Abogado? —preguntó extrañado—. Esa chica no tiene abogado, prácticamente vive en un basurero, no podría pagar uno.

—Pues lo tiene —le dijo su superior—. ¿Adivina quien lo está financiando?… Dylan Hoffer.

El detective Nicholson empujó la silla sobre la que se apoyaba hacia un lado, estropeándola con furia contra la pared. Dylan se le hacía la burla cínicamente, brindando protección legal a la joven. Eso lo corroboraba, Hoffer tenía alguna relación con la chica Muntz, y ambos estaban implicados en los asesinatos.

—Tranquilo Nicholson. Concéntrate en tu caso asignado, busca las evidencias y tráeme sospechosos del caso Hoffer, necesito tranquilizar a los medios. Creen que no hacemos nada por esclarecer el caso, y en cierta medida tienen razón.

— ¡El caso Muntz era mi mejor arma! ¡Ese caso implica directamente a Hoffer con tres asesinatos! ¡Posiblemente con cuatro!

—Nicholson, es mi última palabra, deja de empecinarte en el otro caso, habla con el abogado mañana y tráeme un sospechoso diferente a Dylan Hoffer para desviar la atención de los medios sobre mi departamento —ordenó cortante.

El detective salió injuriando de la oficina. Su asistente lo esperaba cerca, con una idea.

***

Dylan tenía a Alison amarrada por las muñecas a la cabecera de su cama. Deslizó las manos suavemente delineando el cuerpo de la joven, desde sus pechos hasta su entrepierna y con furia empezó a penetrarla con los dedos, metiéndolos y sacándolos acompasadamente, lastimándola, pero al mismo tiempo sobrecogiéndola de placer. Cesó de masturbarla y sacó la navaja del bolsillo de su pantalón. Jugó un momento con ella, sacando y guardando el filo a escasos centímetros del rostro de la muchacha.

La contempló mientras continuaba con su juego. Disfrutó cada una de las cicatrices que tenía la joven en el pecho, las marcas que le había realizado con su navaja. De nuevo el frío metal la acarició, dejando a su paso un rastro carmín. Dylan mojó la yema de los dedos en la sangre y le coloreó con ella los pezones, para luego lamerlos y saborearlos con deleite. Continuó con la misma rutina por varios minutos: cortando su piel, manchándole los pezones y el vientre y luego degustando.

Cuando se aburrió terminó de limpiarla y se aseguró que no quedasen heridas sangrantes y se sentó al pie de la cama, colocándose de nuevo la camisa.

—Este lugar es un asco —espetó dándole un vistazo rápido a la habitación—. Vendrás mañana vivir conmigo —le avisó corta y fríamente. Ella asintió, era una orden que ni hubiese considerado incumplir—. Mi abogado actuó rápido, las cuentas de mis padres ya están en mi poder. Te cree una —continuó sacando de su billetera una tarjeta de crédito—. Tienes dinero para comprar cosas para mi hijo, una cuna y eso. Cómprate algo también, no quiero que me vean contigo usando harapos —le desató las cuerdas. Alison sintió que podía sonreír sinceramente por primera vez en mucho tiempo—. Vas a rendirme cuentas de todo, ¿me entiendes?— la tomó del mentón bruscamente, hablando con tono amenazante —. Eres mía, vas a estar siempre donde pueda vigilarte, no hablarás con nadie a menos que te lo ordene, vas a dedicarte a mí y a nuestro hijo.

—Por supuesto —respondió con una media sonrisa.

Guardó la tarjeta en su bolso y comenzó a vestirse.

— ¿A dónde vas? —preguntó Dylan viéndola ponerse ropa de calle.

—Al trabajo, se me hace tarde.

Él frunció el seño y le quitó la blusa que se colocaba.

— ¡¿Eres estúpida o acabo de hablarle a la pared?! ¡Tú vienes conmigo, no vas a trabajar! —le gritó furioso.

—Pues debo renunciar primero con una semana de anticipación, mi contrato está así, no quiero problemas —respondió de nuevo, levantando la voz también.

— ¡Tú haces lo que yo te ordeno!... ¿no es eso verdad? —De pronto, su tono de voz cambió, la miró con los ojos entrecerrados, fulminándola con su expresión, atemorizándola como pocas veces lo hacía—. ¿A quién vas a ver? —la acorraló—. ¡¿A quién?!

— ¡A nadie! —respondió sorprendida, agitando la respiración, buscando un medio para defenderse. Reconocía esa mirada en Dylan, pasaba de esa etapa de ira contenida.

—Claro que sí… vas a ver a alguien, vas a irte ¿no es así? —dijo con un deje de indignación, comportándose más errático y extraño que nunca—. Vas a irte y quieres llevarte a mi hijo— dijo con seguridad en sus palabras, dejando estupefacta a Alison, quien nunca lo había visto comportarse de una forma tan neurótica—. No vas a llevártelo, ni te atrevas a llevártelo —murmuró.

—No voy a llevarme a nadie, soy tuya, lo sabes.

— ¡Mentira! ¿Eso es lo que querías no es así? Que te dé el dinero y luego irte, luego me implicarás en todo —la tomó del cuello, comenzando a asfixiarla.

Alison lloraba por el miedo, estaba segura, esta vez sí iba a matarla, se había contenido antes, pero ahora liberaría toda esa ira irracional que lo manipulaba como a un ser inconsciente.

—No va s a llevártelo —repitió sacando nuevamente el filo de su navaja.

***

Nicolson estaba orgulloso de su subordinado, conseguir una orden mediante servicios sociales era brillante. Simplemente entrarían al departamento de Alison alegando que querían llevársela por ser una menor de edad viviendo sin supervisión adulta. Con o sin la intervención del abogado, eso le daba al menos una par de horas con la chica bajo custodia.

Tocaron la puerta un par de veces, nadie respondía, mas los vecinos les habían afirmado que Alison se encontraba en su departamento.

***

Alison luchaba con todas su s fuerzas, Dylan estaba sobre ella, con la punta de la navaja sobre su vientre.

— ¡Vas a dármelo!

— ¡Estás loco! ¡No voy a dártelo! —gritaba, impidiendo que Dylan sacase a la fuerza al niño de su vientre.

—Tú no vales nada, voy a sacar a mi hijo de tu inmundo cuerpo, luego podrás irte como la perra traidora que eres.

—Entiéndelo —suplicó con las lágrimas brotando como translúcidas perlas —No hay nadie más, soy tuya, toda tuya, el bebé y yo te pertenecemos…

Dylan dudó un momento, antes de volver a encolerizar.

***

—Puedo escuchar ruido dentro —Mathew apoyó la oreja contra la puerta, el ruido era difuso, mas un grito desesperado llamó la atención de todos.

La trabajadora social y su ayudante se hicieron a un lado, mientras los policías abrían la puerta a patadas.

Irrumpieron con las armas en mano hasta la habitación de donde provenían los ruidos. Dylan tenía sometida a Alison sobre la cama, intentando apuntar directo a su vientre con el filo de un arma corto punzante.

— ¡Hoffer! —gritó Nicolson, apuntándole con su arma — ¡Déjala! ¡Ahora!

El joven lo ignoró por completo, no se detendría hasta tener a su hijo en brazos.

— ¡Hoffer! No voy a repetirlo, ¡déjala! —lo amenazó de nuevo, dubitativo, no quería dispararle, pero el chico no le estaba dando más opción.

Reprochándose internamente, apretó el gatillo cuando Alison perdía todas sus fuerzas y Dylan estaba a punto de lograr su cometido.

Inmediatamente al sentir la caliente bala traspasar su piel y alojarse en su interior, Dylan soltó su navaja y balanceándose cayó al piso.

Los policías y los trabajadores sociales enmudecieron y Alison miró la escena con espanto desde la cama.

— ¡Dylan! —gritó incorporándose y arrodillándose junto al cuerpo del muchacho—. Dylan —sollozó una vez más, viendo como la vida del joven se le escapaba.

—Ante la conmoción del resto, Nicholson tomó su celular y pidió una ambulancia.

—Ven, ven conmigo cariño —le pidió maternalmente la trabajadora social, con la voz temblorosa e intentando mantener el profesionalismo. Con un vistazo al torso semidesnudo de la joven se había dado cuenta de su embarazo y podía comprender que la chica se encontraba en un estado peor de aturdimiento.

Alison negó, abrazándose a sí misma, manchándose con la sangre de Dylan que cubría sus manos.

—No, no, no —murmuró, subiendo cada vez más el tono de voz, comenzando a resoplar por la ira. Le habían arrebatado a Dylan, su única razón para vivir.

Bajó la mano lentamente y tomó la navaja con su mano derecha.

—Nicholson dejó el celular, notando que la chica había agarrado el arma del suelo.

— ¡Mathew! ¡Quítasela! —le ordenó al joven policía, quien aún no reaccionaba. Era la primera vez en su corta carrera de policía que presenciaba una muerte—. ¡Mathew! —volvió a gritar, el joven estaba más cerca de la muchacha que él.

Alison se levantó del suelo y los observó directamente, calcinándolos con la mirada a cada uno, asegurándose que la recordasen por siempre.

—Dámela —pidió el detective, aproximándose con cautela y estirándole la mano—. ¡Mathew!—gritó intentando correr hacia ella, pero Alison ya había clavado el filo en su yugular, abriendo una salida al fluido carmín que se extendió por el suelo cuando su cuerpo hubo caído sobre el de Dylan, uniéndolos para siempre en la oscura eternidad llamada muerte.


Bueno.. espero que el final haya resultado tan bizarro y retorcido como el resto de la historia.

En fin, espero la hayan disfrutado, un final trágico para variar... este final lo habia pensado desde el principio, pero mientras lo escribia se me ocurrieron otros XD es posible que en algún momento suba finales alternativos XD me gusta cuando las historias tienen más formas de terminar XP

Qué más decirles que GRACIAS! gracias por leer, gracias por los comentarios, me agradarían comentarios finales, sobre su impresión de este fics.

Y pues hacerme publicidad para mis otras historias, les invito a leerlas! :D

En fin, nos estamos viendo!!! un beso grande todas y todos!!!