A tale of two lost souls:

Ugly.

"You don't care, I don't care,You love you, just like me.
I blame you, you blame me. I'm bitter, you're angry."

Ugly } The Exies.

Rosie se tomó todos los chupitos y coqueteo con todos los chicos que tenía a su alcance. Era la mejor fiesta de su vida. Bueno, al menos lo era, hasta que vio a Alex entrar acompañado por su novia —puta— de turno; pero ella tenía demasiado alcohol en la sangre como para poder pensar racionalmente, así que siguió bailando, tomando y seduciendo a los que estaban más buenos.

Realmente era la envidia de toda chica. Allí estaba, rodeada por Paul, Christian, Daniel y otros más, soltando risotadas, moviendo sus caderas contra las suyas, sonriendo de forma audaz, como si ellos realmente pudieran aspirar a tirársela en el baño o el cuarto de huéspedes.

Alex no entendía como Rosie podía pasar de ser la persona más agradable del mundo a comportarse como una completa zorra.No sentía celos, claro que no. El quería el premio mayor, quería tenerla de todas las formas posibles, aunque fuera por un instante; eso no le importaba. De nada le servirían promesas vacías, sonrisas cautelosas, si nada se concretaba. Por eso, cruzó el salón abriéndose paso rápidamente entre la multitud para cogerla de un brazo y sacarla por la puerta de atrás cuando vio el disturbio que se había armado a su alrededor. Christian y Daniel se golpeaban en medio de una discusión sin sentido, donde solo se oían voces pastosas interrumpidas por el crujir de los nudillos o de algún hueso de sus cuerpos.

Rosie apenas se daba cuenta de lo que sucedía a su alrededor, hasta que el frío de la noche la azotó sin piedad y los juegos de luces en su mente cesaron.

—Déjame, quiero ver como termina— se quejó, fuera de si. Él no soltó su agarre y se mantuvo firme en su posición.

—¿Dejarte? Ni de broma. ¿Me puedes explicar que hacías allí adentro?—le preguntó. La sacudió un poco, parecía colocada y se comportaba como tal.

—Vamos, eres un amargado— se rió de la forma más angelical que alguna vez alguien se hubiese reído. Se apartó el pelo de la cara, torpemente y le sonrió con conocimiento de causa. Le habló susurrando, de tal forma que pareció que el fin de cada palabra estaba rematado por cuchillas. —¿Qué, ya no te gusto? Ahora soy fea. Fea como tú.—