Black diamond

Título: Black diamond.

Autor: May Abiatti.

Año publicación: Marzo 2011.

Código de registro: 1303184792754 (Safe creative)

Género: Drama.

Nº páginas: 4

Tipo: Song fic, relato único.


Sinopsis:

Song fic con la canción de Stratovarius del mismo nombre, que cuenta la historia de un chico que por problemas de peleas lo expulsan de su colegio y es trasladado a otro por su madre, en el cual conocerá a una chica y por primera vez se enamorará por completo, pero a veces la vida no es justa.

La letra de la canción Black Diamond, pertenece a sus respectivos autores en Stratovarius. A diferencia del resto de la historia que me pertenece por completo. Cualquier alcance de nombre, con personas ficticias o reales, es mera coincidencia.

Nota: Es recomendable escuchar la canción al momento de leer.


Black diamond

Camino sin ánimos por la calzada norte de la calle principal en dirección a mi nuevo colegio, aún no me creo que me expulsaran del otro, todo por darle un golpecito a un chico que se quería pasar de listo conmigo. Lo bueno es que éste me queda a unas cuadras de mi casa y puedo dormir más.

¿Cómo serán mis nuevos compañeros? ¡Bah!, qué me importa, de todas maneras ya llevan cerca de dos meses de clases y seré el nuevo bicho raro que entre por la puerta.

Llego sin problemas al enorme colegio que se divide en dos: la parte delantera corresponde a la enseñanza de los pequeños y la parte trasera a los más grandes, donde yo debo ir. No soy un estudiante destacado por mis notas, a decir verdad, pero estoy haciendo mi esfuerzo ya que me quedan dos años y todo esto se acaba.

Entro al salón que me corresponde, la profesora me presenta, luego lo hago yo. Me manda a sentar donde yo guste. Por suerte quedaban algunos asientos libres atrás: dos a los lados de chicas y uno junto a un chico. Qué problema elegir, si me siento junto a alguna de las chicas pensarán que me siento atraído hacia ella y si me siento junto al chico pensarán que me gusta él.

Dejo el bolso colgando de la silla y saludo a mi compañero de asiento a lo que éste responde con un simple y desinteresado movimiento de mano. Miro a mí alrededor, a mis nuevos compañeros de curso, algunos me observan y hablan bajito entre ellos. Qué horror, otra vez lo mismo. Dejo mis brazos a lo ancho de la mesa y apoyo mi cabeza en ellos, no me interesa escuchar a la presidenta de curso y a los demás discutir entre sí sobre lo que harán a fin de año.

o * o * o

Algunos días han pasado, he logrado congeniar con mis compañeros, no eran tan pesados como pensé al principio. No todos, pero la gran mayoría me cae bien.

Le agarré confianza a un chico en especial, compartimos gustos parecidos y me agrada estar con él, creo que podemos llegar a ser grandes amigos en este corto tiempo que nos queda en el colegio.

—¿Cómo estás el día de hoy, Andrew? —pregunta mi compañero al llegar a mi lado.

—Bien —respondo saludando con un apretón de manos.

—¿Qué dices si vamos afuera un rato? —cuestiona enseñándome una cajetilla de cigarros.

—Claro —digo poniéndome de pie.

Prometí a mi madre terminar los años de colegio aquí y eso significa portarme bien. Pero este lugar tiene sitios espectaculares para poder fumar sin ser vistos.

Nos dirigimos hacia uno de esos y allí nos sentamos en el suelo a hacer humo mientras conversamos.

—Amigo, estoy enamorado —confiesa mi compañero haciendo una aureola de humo.

—¿La conozco? —pregunto tratando de demostrar un interés que no existe, nunca me han gustado esos temas.

—No lo sé —responde con una sonrisa.

—¿La he visto contigo? —indago ya que no sabía como cambiar el tema.

—No —dijo acabando con su sonrisa—. No me atrevo a hablarle.

—Si eres torpe. —Meneo mi cabeza sin poder aguantar la risa—. Ni que te fuera a comer.

—No lo entenderías. —Mira hacia el cielo con aires de melancolía—. La veo y se paraliza el mundo.

—Te ha dado fuerte —susurro dando la última calada a mi cigarro.

—No sé qué hacer para hablarle. —Se pone de pie, el timbre había sonado y debía esconder las colillas antes que algún curioso las viera—. ¿Mentas?

—Claro —contesto sacando dos del paquete.

—Vamos por algo de comer —dice caminando por entre los alumnos que ya salían al receso—. Muero de hambre.

Lo acompaño y come.

Antes de que el receso finalice, decido ir al baño, pero al salir recibo un fuerte golpe en el estómago de parte de un brazo. No lo niego, mi primera idea fue agarrar a patadas al que lo hizo, quise decirle algunas palabrotas pero me detuve al escuchar un suave sonido.

—Lo siento —dice una chica frente a mí—. No fue mi intensión golpearte, saliste de pronto y yo estaba agarrándome el cabello y… —Detuvo su hablar, me miraba a los ojos, no sé qué cara le puse, pero ella se notaba nerviosa—. De verdad, lo siento mucho. —Se fue con sus compañeras que reían sin parar.

No sé qué me pasó, pero no pude articular palabra alguna para decirle que no importaba, que no había sido tan fuerte, aunque en realidad lo fuera. Aquella chica me hizo perder sentido del tiempo, no pude dejar de mirarla, se da la media vuelta y pude ver sus sonrojadas mejillas, me sonríe y vuelve su mirada al frente para continuar a su salón.

Siento mis mejillas arder, ¿qué fue lo que me pasó? ¿Por qué no pude hablar? ¿Por qué no pude dejar de mirarla?

—Es ella. —La voz de mi compañero me hizo volver en sí cuando llega a mi lado.

—¿Dónde? ¿Quién? —pregunto mostrando interés para dejar mis pensamientos de lado.

—La que te golpeó —dice con una sonrisa mientras yo siento mi mundo caer.

o * o * o

Camino lento en dirección al colegio, me faltan unas cuadras para llegar, espero que pase el Daihatsu Terios color gris, miro la hora, ya tiene que estar por llegar. Giro mi vista hacia atrás y allí viene. Se detiene como todas las mañanas una cuadra antes del colegio, la chica se despide del conductor —que yo creo es su padre— con un beso en la mejilla y se baja. Corre por la calle hacia adentro y a los pocos minutos vuelve a aparecer del brazo con su amiga, cruzan la avenida y caminan delante de mí. Dejo un espacio de como tres metros, me voy cuidándola hasta que llegamos al colegio. Ella apenas nota mi presencia.

En los recesos me voy a donde pueda verla, siempre va a sentarse al césped junto a sus amigas, la observo desde la cancha, esperando que nuestros ojos choquen.

Dejo de mirarla cuando siento a mi compañero golpearme en la espalda, me vuelve a la realidad, él la mira y sus ojos se llenan de brillo, ella lo ve y baja la mirada. Me siento mal, confundido sin saber qué hacer. Le quito una pelota de basquetball a un niño y comienzo a lanzarla a la canasta. La miro de reojo y la veo observarme, sonrío para mí y continúo lanzando la pelota, la mayoría pasa por la red.

Mi compañero me roba la bola y comienza un duelo entre los dos, botea con agilidad pero yo lo sobrepaso por altura. Se abre paso hacia la canasta, lo detengo y sonrío, vuelvo a mirar en dirección a la chica, pero ya no estaba en el césped. La busco mientras mi compañero pasa y encesta.

Me lanza la pelota con fuerza golpeándome en el estómago, pasa por mi lado y me da un empujón, sin mirarme continúa su paso en dirección al negocio del colegio. Me quedo estático pensando. Él se había dado cuenta que nos gusta la misma chica.

Agarro la pelota y se la devuelvo al niño, mi intención nunca fue robarla, sólo me quería divertir un rato y tal vez, no puedo negarlo, llamar la atención de ella.

Camino rumbo al salón, no tengo ganas de seguir en el patio, pateo una piedra que se me cruza en la ruta. Meto mis manos en los bolsillos del pantalón.

Bajo la mirada, no tengo ganas de nada en este instante, me siento mal por mi compañero, pero no entendería nunca que no fue mi intención enamorarme de la misma chica.

Siento que me jalan la chaqueta, odio que me hagan eso, me doy la vuelta preparado para decirle unas cuantas palabrotas al que lo hizo, así también descargo mi ira por lo que pasó antes. Pero me detengo.

—Disculpa —dice la chica de cabellos castaños oscuros y ojos negros que tengo enfrente—. No quiero molestarte, pero se te cayó esto. —Extiende su mano con mi pase escolar.

—Gracias —respondo mirándola a esos ojos brillosos que me observan con algo de miedo, daría lo que fuera por no causarle esa sensación.

—¿No lo quieres? —pregunta dudosa y una pequeña sonrisa se le dibuja en su bello rostro.

—Sí, sí —contesto rápidamente y algo apenado por mi estupidez. Recibo el pase y le sonrío, ella responde cambiando sus ojos a unos sin miedo que ríen junto a sus labios.

—¿Te gusta el basquetball? —cuestiona y siento que leyó mi mente, ya que quería entablar una conversación.

—Es mi pasión —respondo con entusiasmo.

—A mí también me encanta —dice sonriendo.

—¡Tessa! —escucho que gritan, ella voltea en dirección de donde proviene la voz.

—Me tengo que ir. —Muerde su labio mostrando en su rostro algo de timidez—. Me llamo Tessa, ya sé tu nombre, lo vi en el pase. —Baja la mirada apenada—. ¿Hablamos otro día?

—Claro —respondo sin poder evitar sonreír, prácticamente de oreja a oreja—. Que te vaya bien —pronuncio sin saber qué decir.

La miro hasta que llega junto a sus compañeras que la llamaban, me doy la vuelta y continúo a mi salón, esta vez con una sonrisa en mis labios y una extraña sensación que me recorre el cuerpo. Giro para mirarla de nuevo y me sorprendo al ver que ella tiene su vista fija en mí, agita su mano en señal de saludo y yo le respondo, me sonríe y es como si la conociera de toda la vida.

o * o * o

Los días pasan, hablé con mi compañero con respecto a ella, pero, tal y como lo pensé, no quiso entender que la chica no pertenece a ninguno y tanto él como yo podemos ser los dueños de su corazón.

Tal vez estoy equivocado, pero no tuve la culpa que su mirada me cautivara como lo hizo.

Sigo caminando tras ella todos los días; cuando me ve, me saluda y caminamos juntos hasta que la dejo en el salón que le corresponde. Con eso me gané el odio de mi compañero, me dolía, sí, pero más me dolería perderla a ella, aunque sólo sea una amiga.

—Andrew. —Su suave voz suena tras de mí.

—¿Qué pasa? —pregunto al momento de voltearme para mirarla a los ojos.

—¿Podemos hablar mientras caminamos a casa? —cuestiona apenada llegando a mi lado.

—Claro —respondo con felicidad—. ¿De qué quieres hablar?

—De algo que me dijeron —contesta bajando la mirada—. ¿Es verdad lo que dice tu amigo?

—¿Cuál amigo? —indago con curiosidad—. ¿Qué dice?

—Ése… —dice mordiéndose el labio inferior y deteniendo el paso—. Jim —responde clavando su mirada en mis ojos—, dice que quieres enamorarme para luego dejarme botada. —Sus ojos se llenaron de lágrimas al pronunciar estas palabras.

—No, claro que no es verdad. —La rabia me invade a la vez que me paso las manos por el cabello, ¿cómo se atrevía a hacer eso? Yo jamás hablé mal de él frente a ella—. Escúchame bien. —Tomo su cara entre mis manos—, jamás podría hacer algo que te haga daño.

—¿En serio? —pregunta con sus ojitos brillosos.

Asiento con mi cabeza, hipnotizado con sus labios me acerco lentamente a ellos, hasta tenerlos junto a los míos, que bien saben. Ella responde mi beso y me abraza por el cuello, poniéndose en puntillas. Sonrío, había olvidado que ella es mucho más pequeña que yo, la abrazo fuerte, atrayéndola a mi cuerpo.

Nos separamos por falta de aire, me mira y sonrío, sus mejillas coloradas hacen que su rostro se vea más bello, jamás pensé sentir algo así por una chica, se ha colado hasta el fondo de mi corazón.

Tomo su mano y caminamos lentamente, iré a dejarla a su casa y mañana pasaré por ella, eso significa que debo levantarme más temprano, ir lejos de mi casa y luego volver para ir al colegio. Pero no me importa, no sé cuánto tiempo pueda tenerla conmigo, no sé qué nos tenga deparado el destino.

Lo único que sé, es que quiero estar con ella por siempre.

o * o * o

Voy como todas las mañanas a buscarla a su casa, ya ha pasado el tiempo, mi compañero al fin entendió y volvimos a ser amigos.

Camino rápidamente, no quiero perder un segundo sin tenerla, ya casi llego a su calle y una ambulancia por poco me atropella, la miro por unos segundos y siento que el pecho se me aprieta, no sé el porqué. Me giro para ir a su casa cuando veo el Daihatsu de su padre salir, adentro su madre y hermano lloran, pero ella no está. Me ven y me invitan a subir, lo hago.

Al llegar al hospital, los doctores corren de un lado a otro, los minutos pasan y nadie dice nada, nos tienen a la espera, yo sólo quiero que despierte.

Nadie entiende qué pasó, terminamos de hablar por teléfono —como solemos hacer antes de dormirnos—, justo a medianoche, y esta mañana no despertó. ¿Por qué? No lo entiendo, si ayer estaba bien, tan llena de vida como siempre.

Varias lágrimas cubren mi rostro, me apoyo en la pared de aquel hospital y dejo caer mi cuerpo hasta quedar sentado. Cubro mi cara con mis manos y sigo llorando.

Un doctor llega, me levanto y me acerco a donde están los demás, habla y habla, no le entiendo nada, sólo quiero que diga que ya despertó y que estará bien. Pero no es así, luego de un rato pronuncia las palabras que tanto temía. Su madre da un grito desconsolador, mientras su padre la abraza con fuerza, su hermano toma al doctor del cuello de su ropa y lo insulta, lo mismo que hubiera hecho yo si sólo lograse pensar.

Salgo de allí corriendo y llego al jardín, pateo algunas plantas, bien sabía que no tenían la culpa, pero no encontré piedras. Caigo de rodillas al césped, agacho mi cabeza y lloro; lloro porque nunca más la volveré a ver; lloro porque al irse me llevó consigo; lloro porque al fin pude conocer en ella lo que es el amor y tal como llegó, se fue.

Lloro y no dejaré de llorar, quiero estar con ella, pero sé que no puedo

Daría mi vida porque volviera a respirar y poder decirle por primera vez, cuanto te amo, mi pequeño diamante negro.

Fin


Agradezco un montón que llegaran hasta aquí y espero disfrutaran la lectura.

Cualquier comentario, crítica o lo que sea es bienvenido.

Para más información pueden visitar mi blog luchsaugen. blogspot. com (deben juntar los espacios para acceder).

Muchas gracias, nos leemos y que estén muy bien.