¡El último cap! Increíble que haya llegado hasta acá, pero ya ven.

Le faltaba un poco de sexo a esta historia tan abstinente, así que aquí la tienen.
Espero y les guste.

Así que, ¡a leer!


Canciones recomendadas: "Temple Bar" de Tiziano Ferro para el baile de Ro y Re.
"Leavin" de Jesse Mccartney para el final.


Era sábado y cerca de las ocho de la noche, todavía me estaba arreglando, bueno más bien ya estaba lista, sólo que seguía dándole a mi cabello los toques finales.

En cualquier momento llegaría Rodrigo para ir a cenar.
Mi mamá había tenido que salir de la ciudad porque mi tía Silvia, su hermana menor, tendría a su bebé y mi mamá, se encargaría de atenderla después del parto, ya que mi abuela falleció hace tres años.

Por el nuevo negocio, no pude irme con ella, y además Rodrigo, insistió mucho en salir a cenar a un lugar especial.

Tratando de estar cómoda, me puse un vestido color morado que me queda justo sobre la rodilla, los mini-vestidos no me dejan sentarme con tranquilidad, sé que le gusta mucho que me vista con faldas y vestidos, y es el único capricho que podría decirse le he cumplido. Además, lo malo de trabajar en una lugar donde venden ropa bonita, es que tu sueldo termina por convertirse en un centenar de prendas. Pero todas han valido la pena.

Aún siento acelerado mi corazón cuando veo pasar el auto de Rodrigo, espero que siempre sea así. Mi alegría fue mayor cuando vi. que en sus manos llevaba un ramo de rosas rojas.

Consejo para los caballeros: A veces no es tan importante que lleven doce rosas, sino que entreguen una rosa doce veces. Los detalles como esos, o el sólo hecho de decir "Te quiero" o un abrazo prolongado, son los que nos hacen volar hasta las estrellas.

Cursi, pero funciona. Si realmente te importa, lo harás, sino… ya sabemos que eres de la raza Almenti.

Lo besé, lo besé más que nunca como si presintiera que algo pasaría. Sólo que no sabía si era algo bueno o malo.

Me entrego las rosas con una sonrisa enigmática, esa sonrisa que siempre me ha logrado iluminar el alma. Y después de más besos, partimos hacia el restaurante.

El camino me resultaba muy familiar.

Cuando iba a preguntar donde cenaríamos, me dí cuenta de que estacionó el auto frente a su departamento. Sería muy tonto de mi parte pensar que sólo vamos a cenar, ¿verdad? O quién sabe, no es la primera vez que estamos solos en su depa, ya que cumplí la promesa de ayudarlo a escoger algunas cosas para que no fuera tan básico.

Cuando abrió la puerta y ví la ambientación, juro que casi me derretí cual mantequilla al fuego: todo estaba iluminado por velas, se había encargado de ponerle mantel, velas y rosas, al comedor, donde sólo dejo dos sillas, obviamente para nosotros.

Espero que te guste. —comentó al ver mi sorpresa.

—Está todo lindísimo. ¿A qué se debe?

—A que estamos juntos. Que mejor razón que esa. —Cursi hasta la médula, o demasiado inteligente. ¡Adoro eso de él! Adoro que piense que todo es especial, por el simple hecho de estar juntos.

—¿Has cocinado? —pregunté mientras que Rodrigo ponía algo de música.

—Lo he comprado —respondió levemente sonrojado—, la cocina nunca se me ha dado.

La música le daba el toque perfecto a la velada.

Después de tomar un poco de vino, decidimos que era hora de cenar.
Si me preguntan, la cena me importaba un comino, lo único que quería era sentir sus manos en mi cuerpo desnudo.

Cené sólo porque lo hacía él, de otra manera, estoy segura que le saltaría encima. Por cierto comimos del Trattoria.

Realmente no hablamos gran cosa, pero no parecía importar mucho, no era como muy necesario tener que hablar, porque con la compañía bastaba.

Ya casi terminando de comer, abrió una botella de champagne, muy espléndido el nene, bebimos un poco y fue cuando de repente escuché la canción que siempre había querido bailar: Temple Bar, de Tiziano Ferro, es estilo jazz lento, que a mi me fascina.

Yo creo que es muy intuitivo porque inmediatamente me pidió que bailáramos. Accedí de inmediato, me encanta que bailemos, porque nos acoplamos muy bien.

Abrazada a su cuerpo, moviéndonos lentamente, no pude hacer otra cosa más que besarlo, sentía que la canción, que por cierto está en italiano, me incitaba malévolamente a hacer cosas, que no debía.

Pareció darse cuenta de mis intenciones, porque no perdió tiempo en recorrer mi cuerpo con sus manos, estremeciéndome, provocándome… y si eso era lo que quería, yo iba a responderle. Esta vez no habría nada que me detuviera.

La canción había terminado, el silencio dominaba, pero los besos continuaban encendiéndome la piel de manera injusta. El vestido comenzaba a rogar por ser despojado de mi cuerpo, dejo de besarme y sin decir nada, me condujo a su habitación.

Encendió la luz, pero la ajusto para que la habitación quedara levemente iluminada.

En ese momento me arrepentí de haber cenado, pues mi estomago comenzó a revolverse, como si estuviera a punto de aventarme del último piso de la Torre Latinoamericana; pero traté de controlarme. ¿Acaso tenía otra opción?

Me abracé de nuevo a su cuerpo, besando su boca, su cuello, y fui desabotonando la camisa; y así sin separarnos, le quité la camisa dejándola caer al suelo.
La sensación de su piel tibia y sus brazos rodeándome, es indescriptible, aprovechando que el volvía a besarme, desabroché su cinturón, y me encontré con el primer botón del pantalón, no había vuelta atrás, sabía que al momento de bajar su cremallera sería suya para siempre, y nada ni nadie podría cambiar eso.

El sonido que hizo el metal del cinturón al chocar contra el suelo me trajo de nuevo a la tierra. Ahora sólo estaba en boxers mientras que yo seguía completamente vestida.

Me saqué los zapatos, quedando a la altura de su mentón, y sin decir ni una palabra, descubrió mis hombros y comenzó a besarlos, bajando el vestido cada más, hasta que quedo enredado en mis pies y yo en ropa interior.

¡Gracias a Dios que me puse algo medianamente sexy!

A lo mejor no super sexys, pero al menos era una tanga, ya saben, de vez en cuando son incómodas pero a los chicos les encantan.
Color negro, para quien pregunte.

Me observó un momento, ahora sentía tanta vergüenza, de que se decepcionara de mi cuerpo, como dije antes, soy una mujer normal, con un poco de pancita normal y celulitis normal. Guardé silencio, esperando algún comentario, algo que confirmara mi teoría de "no soy lo suficientemente buena para ti", pero simplemente dijo:

—Eres hermosa… —se acercó y en el oído me susurro—… que suerte que eres mía.

En ese momento sentí que mi corazón estallaba de felicidad y al parecer mi sostén también, porque ya no lo traía puesto.

De nuevo me abrazó, el contacto de mis pechos contra su cuerpo, fue delicioso, tanto que me estremecí completamente y aprovecho para recostarme en la cama.

Besó mi cuello tiernamente mientras que acariciaba mis muslos, yo podía sentir su erección, rozar mi cadera, pero no quise apresurar nada, comenzó a bajar hacia mis pechos, tomándolos con ambas manos y besándolos apasionadamente, y con pena y todo, solté un gemido de placer que lo incitó a despojarme de la mini tanga que llevaba puesta, ahora acomodaba sus manos en mis trasero, mientras me besaba salvajemente en la boca.

Entonces decidí que era hora de mostrar interés en su cuerpo y eso necesitaba que su bóxer fuera a parar al montón de ropa en el suelo.

Ahora estábamos los dos recostados de lado, besándonos, tocando suavemente mi parte intima, y yo acariciando su escroto y su pene.

La temperatura ¡era insoportable! No entendía como era posible de que a pesar de que no estábamos haciéndolo en toda la extensión de la palabra, mi cuerpo temblaba y sudaba cada vez más. Se aprovecho de mis elucubraciones mentales, y se recostó sobre mí, instintivamente rodeé su torso con mis piernas, invitándolo a, de una vez por todas, a entrar en mi cuerpo.

Y así hizo, suavemente, como si se tratará de mi primera vez, prácticamente lo era, era mi primera vez con mi amor imposible, con el sueño lejano, con Rodrigo Mora.

Después de haber entrado completamente, el delicioso vaivén que se vivía dentro de mí, estaba a punto de volverme loca, el calor se hacía cada vez más insignificante en comparación al placer que sentía.

Me daba besos cortos, se las arreglaba para acariciar mi cintura y mi trasero.

La estaba pasando muy bien tal y como estaba, pero mi conciencia me reprendía por estar sin hacer nada… de modo que poco a fui levantado mi cuerpo casi hasta quedar sentado, y logré que se diera vuelta quedando ahora su espalda pegada al colchón y yo sobre su cuerpo.

Comencé a moverme rápidamente sobre su miembro, de repente dejándolo penetrarme completamente y a veces sólo un poco, y él capturaba mis senos en cada embestida.
Su rostro me alentaba a seguir, y su mirada de deseo, me daba escalofríos.

Entonces comenzó ese cosquilleo extraño que me advertía de que la explosión estaba cerca, comencé a mover mi caderas un poco más rápido para después hacerlo un poco más lento, además no sabía que tanto tiempo tardaría Rodrigo en acabar… y para ser sincera, no quería que acabara nunca.

Sujetó mi cintura con ambas manos, y empujaba su cadera con más fuerza contra mi, y comenzó a llegar…

Si… en cualquier momento explotaría.

¡Ese maldito que sólo dura unos segundos!
Pero no sólo llego, acompañado de mis incontrolables gemidos, sino que una sensación tibia se unió a la celebración y escuché un gemido ronco por parte de Rodrigo, y antes de que el orgasmo terminara, atrajo mi rostro al suyo, para darme el beso más significativo, el más sincero.

Sentía una debilidad extraña, como si mi cuerpo no me perteneciera y flotara por toda la habitación, de esa manera entendería porque me sentía así.

Me recosté al lado de su cuerpo sudoroso y me atrajo hacia él, abrazándome fuertemente.

—Te amo, te amo demasiado Regina —soltó jadeando.

—Te amo —contesté débil. Nos besamos nuevamente, y acaricié su espalda a modo de agradecimiento.

Se separó un poco y apagó la luz.
Ahora hundidos en su cama, con la oscuridad abrazándonos, nos quedamos dormidos. Como siempre había querido.

~│Se acabaron los días sin sexo. │~

© CR Sandra Luz Leyva L. 2010


Si llegaron hasta aquí, ¡muchas gracias!
Gracias a Gabys y Lady Wicked que estuvieron presentes en esta historia.
Gracias por todos y cada uno de los reviews y por las personas que agregaron esta historia a su sección de Favoritos.
Gracias Eika19, y a Shinyri, por tomarse el tiempo de dejarme un review.

No les digo "Adiós", sino "Hasta Luego", rogándoles que se cuiden y pronto nos estaremos viendo por acá.

Nota Importante:

Sara, si existe, pero en la vida real se llama Zuzu.

Cualquier parecido con la realidad es una coincidencia muy a propósito XD.

XoXo

Sandy Lee