Echo: 22/03/10- 10:19 PM.

Mejorado: 13/05/10- 15:47PM


Blanco.

El simple color blanco.
El color de la pureza y libertad.
De la paz y el bienestar.
¿Bienestar? Qué irónico.
Blancas era las paredes que me encerraban. Blanca era la cama que estaba a mi lado. Blanca era la puerta que estaba en la esquina. Blanca era mi vestimenta. Blanca era mi piel. Blanco.
¡El maldito y puto blanco! Aquí encerrada en un mundo de locos, mirándome con pena y lástima. ¿Loca? ¿Yo? Sí, claro. Pero de verdad lo estoy, según mi reporte médico. No, no estoy loca, simplemente no puedo soportar la realidad que cae encima de mí como un remolino de amargura y dolor, que sólo puedo sobrellevar cuando no pienso en eso, cuando mi mente se libera.
Suspiré pesadamente mientras me sentaba en el suelo que, obviamente, también era blanco. Miré mis largas y flacas piernas que estaban llenas de cicatrices. Llenas de esas marcas que tanto quería hacer desparecer.
Recorrí, con las puntas de mis dedos, las cicatrices echas ya hace bastante tiempo.
Las conté.
Treinta y ocho cicatrices.
Treinta y ocho veces me corté.
Treinta y ocho veces mi cuerpo se desangró.
Treinta y ocho veces morí y volví a nacer.
Treinta y ocho veces sentí placer y dolor al mismo tiempo
Treinta y ocho veces fueron necesarias para calmar el dolor que sentía en mi interior.
Una lágrima cayó de mis ojos verdes, recorriendo mi pálida mejilla, dejando un húmedo camino. ¡Dios! ¡¿Por qué lo hice?! ¡¿En qué estaba pensando?!
Sé claramente en qué estaba pensando. Estaba pensando en mi dolor. Solamente en mi dolor, sin pararme a recapacitar en los pensamientos y sentimientos de los demás. No me paré a reflexionar sobre el dolor que les causaba verme así, vulnerable, demente. No me di cuenta de que, al dañarme a mí misma, dañaba a los demás. No me di cuenta de que estaba aumentando el dolor que crecía en mí, que estaba lastimando a las personas que más quiero en el mundo. Sólo estaba pensando en mí misma y en mi dolor. ¡Qué egoísta fui! Fui una persona despreciable, mala, estúpida, pero no pude evitarlo, simplemente no pude... No pude soportar la realidad. No pude con mí misma. No pude con el mundo. No pude soportar el dolor. Fui… débil. Muy débil. Pero, de alguna manera, así debía de ser. Debía experimentar el dolor físico y psicológico. Debía… sentir.
Aún así tengo posibilidades. Puedo volver a construir mi vida, aunque esta estuvo llena de dolorosas heridas que desangraban llevándome al más profundo tormento, pero podía volver a sentir felicidad, a salir de ese hoyo negro que me tragaba. Podía… vivir.
Y con una nueva esperanza, me prometí a mi misma superarlo. No dejar el pasado atrás, no, claro que no, solamente... aceptarlo, convivir con ello. Y suspiré, con una nueva promesa en mi cabeza.


¿Review?