En medio de la fría noche del Desierto de la Perdición, bajo el cielo estrellado de Arlenia, el oasis escondido, una joven mujer y un chico platican. Acostados boca arriba en el techo de una humilde morada, más que madre e hijo, parecen dos hermanos hablando de la vida.

- Aisa- El chico de cabellos rubios y ojos penetrantes preguntaba a la mujer, de ojos azules y mirada seria- ¿Por qué soy yo el que tiene que cuidar la piedra?

- Pues- respondía ella, cubierta por una túnica larga de género barato-, porque demostraste lo necesario para cuidarla

- Pero por qué ahora, por qué no hace 20 años- volvió a preguntar él. La mujer hizo una larga pausa antes de decir

- ¿De verdad quieres saberlo?

- Seh… por eso te estoy preguntando, nena

- Nah… eres muy pequeño para saberlo- dijo de forma despectiva

- Oh, vamos- reclamaba él- Ya tengo 8 años

- Jajaja- rió Aisa- 8 años, con eso puedes ser general de Regia- El niño miró a la mujer molesto; ella lo notó queriendo rectificar- Está bien, Jack, te lo voy a decir. Pero no debes decírselo a nadie o causarás un caos enorme

- Bueno

- Bien- Aisa miró al cielo, respiró profundo y volvió a mirar al muchacho- La piedra reaccionó a ti, y probablemente las cinco piedras restantes también están reaccionando a otras personas. Y eso es malo, porque quiere decir que Ariet entrará en guerra con una cosa que ni el Ejército de Regia entero podrá vencer

Ante tal declaración Jack quedó boquiabierto. Aisa ni se inmutó.

- Por eso tus papás me contrataron, porque quieren que aprendas a defenderte cuando llegue el momento

- El… el momento de qué- preguntó Jack

- El momento de la guerra- respondió ella- Pero no te preocupes, 6 personas más vendrán a ayudarlos. 6 de allá- dijo apuntando a la luna

- ¿De la luna?

- No- respondió finalmente- Más allá de la luna. Vendrán de nuestro planeta gemelo: Teira


Ariet//Teira

Capítulo 1: Un encuentro no muy esperado

-Al fin estoy en casa

Era lo que dijo Sara Gutiérrez al llegar a su casa en Santiago de Chile, después de 7 años de ausencia. Había viajado a Francia a principios de los 90 gracias a que su padre era profesor de historia y fue enviado a una universidad a impartir clases. Ahora estaba de vuelta en el país que la vio nacer, y pensaba quedarse todo el tiempo que quisiera. Probablemente no volvería a ver a sus amigos de antes, pero Sara había vuelto por una razón más: quería buscar al amor de su niñez.

A veces pensaba que buscar a "esa persona" que le aceleró el corazón una vez era senda estupidez, "Tal vez es el destino" se decía. Había decidido no buscarlo, y que si las cosas se daban y lo volvía a encontrar trataría de hacer lo que no pudo cuando pequeña: darle un beso. Sinceramente no le importaba si le correspondía o no, o lo que pasara después, pero quería despejar las dudas y ver qué sentiría si lo besara… sólo para despejar las dudas.

Revisó de pies a cabeza su hogar, y se dio cuenta que todo estaba tal como lo había dejado antes. Incluso algunos de los juguetes que usaba cuando tenía 7 años todavía estaban amontonados en el canasto de la esquina de su pieza. Dejó su maleta y se tiró en la cama, pensando en cómo sería su vida de ahí en adelante. En una semana empezaba la jornada escolar, así que tenía que conseguir el uniforme y hacer el ritual de siempre: dibujar una estrella de David en la tapa de cada cuaderno, por suerte según ella. Siempre le gustó aquella figura, no sabía por qué. Y aquella figura era la misma que tenía en la medalla que le había regalado su abuelo antes de morir, así que llevaba esa medalla como una especie de amuleto todos los días.

A la semana siguiente, día lunes, Sara entró a la sala 12 de la escuela Estrella Azul, donde esperaban sus compañeros de 1º medio. La maestra hizo que se presentara frente a toda la clase, como acostumbraban a hacer con los muchachos nuevos. De cabello castaño claro y ojos azul oscuros era bastante llamativa adelante.

- Hola- empezó- Mi nombre es Sara Gutiérrez, tengo 14 años y vengo de Francia.

- Sara era una de las mejores estudiantes de su colegio allá en Lyon - explicaba la maestra- estuvo ranqueada dentro de los 5 mejores…

- Ja, otra matea- se escuchó murmurar en los puestos de atrás. Aquello molestó a Sara

- Disculpa, ¿tienes algún problema con que tuviera buenas notas?

Sara esperaba dejar callado al que hubiera dicho eso. Por el contrario, un joven de cabello negro como el ébano y ojos cafés cruzó sus piernas sobre el asiento vacío de al lado y con cierto desdén respondió:

- Sí, me molesta la gente que se destaca sólo por unos números

- Eduardo, basta con esta discusión- interrumpió la maestra- Ehh… Sara, te voy a pedir que te sientes en un puesto vacío por favor

La muchacha miró a su alrededor, pero el único puesto vacío era justo al lado del chico que le dirigió la palabra momentos atrás. Cuando llegó allí levantó las cejas esperando que el joven bajara las piernas, y lo hizo, no antes hacer una mueca con su rostro.

Al terminar la primera hora de clases, que fue principalmente de presentación e información, Sara se disponía a salir cuando otra muchacha le tocó el hombro, de ojos casi rojizos y pelo igual.

- Hola, así que eres la nueva aquí- Tenía la tez clara como la leche, y la forma en que le había hablado era tan enérgica que la desconcertó- Me llamo Rebeca, mucho gusto

- Jeje, igualmente

Se besaron en la mejilla a modo de saludo y avanzaron un poco hasta salir al pasillo, y al caminar unos pasos se toparon con el muchacho antipático de antes. Sara quedó mirando hacia el suelo, pero Rebeca hizo que volviera a mirar al frente cuando le dijo a él:

- No estorbes, "oscurito"

- ¿Oscurito?- con la ceja derecha levantada y la boca deforme no se veía tan hostil- Así que ése es mi nuevo apodo para el año

- Sí, así que anda acostumbrándote

- Bah… ni que fuera gótico- Terminó diciendo y se fue caminando mientras escuchaba música en un discman

Rebeca miró con la misma cara de antes a la nueva, esperando a que dijera algo acerca del muchacho, pero como no oyó nada decidió hablar ella.

- Es guapo, ¿verdad?- Eso era lo último que Sara pensó oír sobre él- Se llama Eduardo

- Si, lo escuché de la profesora cuando me dijo "matea"

- Ah- Rebeca puso su mano en el hombro de Sara- No te achaques. Eduardo es así con todos, o casi todos

- Así cómo- Sara parecía soltarse cada vez más, Rebeca estaba empezando a darle confianza

- Pues… así: callado pero directo- respondió- A veces dice cosas que la mayoría piensa pero no se atreve a decir, cosas feas, y termina llevándose los problemas él

- ¿Siempre discute con la gente?

- Generalmente- Rebeca hizo caminar a Sara hasta el patio del liceo- Aunque la única vez que peleó con alguien el otro salió perdiendo. O eso dicen los rumores

- Jeje, ya veo

Sin darse cuenta el día se pasó volando. Había llegado la hora de almuerzo y Sara se fue a su casa a descansar, no sin antes tener una propuesta de Rebeca para "reconocer" Santiago, "En 7 años la ciudad cambió bastante" le escuchó decir; entonces habían quedado de salir el viernes después de clases.

Al llegar a su casa saludó a su mamá y subió a dejar las cosas a su habitación. Quería dejar también la medalla pero a último momento se arrepintió. La tenía en la mano, cuando de repente la medalla comenzó a brillar intensamente; Sara la soltó tirándola en la cama, extrañada. Cuando el brillo cesó, un círculo dorado se dibujó en el borde de la medalla y… comenzó a salir una voz aguda de ella

- Ahhh… ¿Ta igneia Ignacio Gutiérrez?- la voz hablaba en un idioma extraño, Sara estaba segura que aquel idioma no existía en el mundo "¿De dónde estará hablando entonces?"

- Ahhh…. ¿Alo?- Sara reaccionó como si tuviera un teléfono de manos libres

- Ah- se escuchó del otro lado- Bon Suar, c'est… le Monsieur Ignacio Gutiérrez? (Buenas tardes, está el señor Ignacio Gutiérrez?)- La persona al otro lado de la "medalla" hacía un esfuerzo increíble para poder hablar francés

Sara no sabía qué era más impresionante, que le estuvieran hablando a través de una medalla quizás de qué lugar, o que preguntaran por su abuelo. Quien fuera el sujeto (o la mujer) que estuviera hablando del otro lado de la medalla conocía a su abuelo y, probablemente, le había dado esa medalla. Si aquel sujeto no había hablado inicialmente un idioma que ella conociera… ¿dónde estuvo entonces su abuelo cuando le dieron aquel amuleto? No recordaba que su abuelo hubiera estado en alguna isla aborigen, o que hubiera viajado a un lugar fuera de la civilización… aunque, lo que estaba pasando era completamente fuera de este mundo.

- No- contestó Sara con un dejo de tristeza- Monsieur Guitiérrez mourut il y a cinq ans (No, el señor Gutiérrez murió hace cinco años)- Se produjo un silencio incómodo, que fue interrumpido por el grito de Laura, la madre de Sara, llamándola a almorzar

¡Sara, lávate las manos y baja a almorzar!

- ¿Usted habla español?- La voz aguda estaba haciendo esfuerzos por hablar español ahora

- Ehhh… si

- ¿Usted es la nieta del señor Gutiérrez?

- Si, me llamo Sara

- Sara… ¿Gutiérrez?

- Aja

- Debe cumplir con la misión de su abuelo- Aquella frase dejó anonadada a la muchacha "misión, ¿qué misión? Mi abuelo jamás me habló de algo así"- Encontrar los 6 guerreros elegidos y viajar hasta aquí antes de que la Guerra Oscura comience- Sara todavía no salía de su asombro- Cuando los elegidos estén señalados, viajará automáticamente a Ariet

- Pero…

- Buenas tardes- y la medalla disminuyó drásticamente su brillo hasta volver a la normalidad. La impresión de Sara era tan grande que no podía escuchar a sus papás que la llamaban un montón de veces para que bajara

"Qué acaba de pasar aquí" se preguntaba confundida; primero el brillo inusual, luego la voz y el lenguaje raro, y después una "misión" que cumplir. Nada de eso había sucedido cuando estuvo en Francia… ¿Tendría relación con su llegada a Chile? ¿Y qué diablos era Ariet? Se tocó la frente y agradeció tenerla caliente, para así darse la excusa de que estaba alucinando.

Bajó, comió y volvió a subir a su pieza en silencio. No se atrevió a preguntarle a sus padres nada por miedo a que la tomaran por loca. Ya arriba tomó la medalla, la examinó, la sacudió y le habló despacito a ver si obtenía un resultado… pero nada.

Y de pronto, de la nada, la medalla brilló un poco. Al terminar el resplandor, uno de los seis círculos en cada punta de la estrella de David, el punto superior, estaba de un color blanco amarillento.

- Dios… ¿me estoy volviendo loca?- Cerró sus ojos, volvió a abrirlos y el punto seguía marcado ahí, como si le indicara algo

Seis elegidos, eso había dicho la voz que salió de la medalla. Ahora que la miraba bien, la estrella de David tenía seis puntas. ¿Estaría indicando la aparición de los elegidos? Si su "alucinación" era cierta… ella era una de las seis personas elegidas, estaba marcado ahí, en la medalla. "Cuando los elegidos estén señalados, viajará automáticamente a Ariet", ¿Dónde quedaba ese lugar? Sara tomó un atlas y se puso a buscar si aparecía un lugar señalado como "Ariet" y al no encontrar nada se desanimó.

- Escucho voces, veo cosas que no son y creo lugares inexistentes… definitivamente estoy loca


- Su majestad. Hice contacto con Teira

- ¿Y cuál fue el resultado?

- No encontré al señor Gutiérrez. Al parecer murió hace 5 años atrás

- Ya veo

- Pero hablé con su nieta. Le dejé el mensaje a ella

A la luz de la luna, en uno de los balcones del Palacio de Astra, una mujer parecía conversar sola; aunque si alguien hubiese mirado con más detenimiento habría visto una pequeña cosa suspendida frente a ella.

- Al parecer… ella será la nueva elegida de la luz- informó el ente flotante

- Era de esperarse. A veces los puestos se heredan

- Como yo…

La mujer se acercó aún más al balcón, para hablar más bajo y mostrar misericordia.

- Todavía puedes arrepentirte- le dijo la mujer al ser diminuto, con rasgos felinos

- No lo haré

- ¿Entiendes lo que significa ser mensajero real?

- Mensajera- rectificó

- ¿Entiendes lo que implica ser mensajera real?- corrigió la mujer- No sólo eso. Serás el "Hada de la Conexión". ¿Entiendes todos los sacrificios que implica serlo?

- Si, su majestad

- Probablemente no podrás ascender a Hada Fag

- Lo sé- El hada felina hablaba con un dejo de tristeza

- ¿Vas a renunciar a eso?

- Es mi destino

- Entonces aceptarás tu destino

- Sí, su majestad

El hada iba a echarse a volar, cuando la mujer la detuvo.

- Otra cosa, Kari. De ahora en adelante… llámame por mi nombre

- Está bien, princesa Marlene. Volveré en unos días más

La mujer se quedó meditando un rato más, abrazó la bata de seda que llevaba puesta y retiró uno de los rizos que caían en su cara. Su rostro mostraba preocupación, pero un hálito de optimismo recorría su boca.

- Pronto vendrán, los 6 guerreros elegidos. Vendrán y nos ayudarán a detener esta catástrofe antes de que empiece… porque una vez que empiece será el comienzo del fin