21 de diciembre del 2012

Odio mi cuerpo. Siempre lo he odiado. Me daría igual si fuera más alto, delgado o descolorido. El simple hecho de estar encerrado en esta prisión de carne me hastía, me asfixia.

Hay más vida que esta.

Dicen que el cuerpo es como un navío que conduce al espíritu hacia un destino.

Yo prefiero naufragar, flotando a la deriva.

El padecer la necesidad de comer, tomar agua, estar tibio e intentar preservar la especie (usando preservativos, claro) me da flojera.

Nunca se lo había dicho a nadie. No sé porqué finalmente me decidí a escribirlo. El insomnio hace reaccioné, ya tenía este cuaderno de pasta negra entre las manos, escribiendo la fecha.

Dudo volver a usarlo. No es que no sea asiduo a llevar diarios, es sólo que no pienso durar más tiempo en esta situación.

Mi paciencia se acaba.