¡Hola, Gente!

Este cuento es muy especial para mí, no tanto por la historia en sí, sino por la ocasión por la que lo hice.

Les cuento que en noviembre del 2008, empecé un proyecto en fictionpress, que se llama "De Anécdotas y Pensamientos" (y sí, son anécdotas y pensamientos de mi vida real. Algo como escribir de todo y nada)… el cual, a la fecha de hoy, tiene 96 entradas y 511 reviews, gracias a muchas personas, como mi querida y primer beta, (la cual vio este cuento y me corrigió, entre otras cosas, que "enseguida" va unido, cuando siempre lo dejo en dos palabras) ruby; junto a otros autores que conocí por esos lares y me han acompañado casi desde el principio: Vlad y Markelo, ya luego, Krista, Kair y Elendoy se unieron a nosotros. Ellos han sido los más constantes entre otros varios y, se puede decir que, gracias a ellos, es que ese proyecto sigue vivo… no por mí, que ya llevo más de un mes sin subir drabble.

Como sea, este cuento nació como "celebración" por los más de 500 reviews (que son 511, y me las manejé que saliera esa cantidad en el cuento) y es este. Un cuento irracional hecho por y para ellos:

OoOoO

24

Celular

Había hecho fila durante 11 horas frente a la tienda, sólo para ser una de los primeros en poder comprarlo y tenerlo en sus manos.

Es más: eran tantas sus ganas de poderlo comprar, que hasta había trabajado por él durante unos tres meses, en una tienda del mall; ya que sus padres se habían negado en redondo a comprarle un nuevo celular cuando ella seguía teniendo uno de los mejores del mercado, con menos de un año de antigüedad.

Pero es que ese era EL celular. El "Génesis", el más tecnológico y avanzado del mercado con mucho. No sólo tenía los aditivos de siempre: internet, teléfono, canales de televisión y radio, grabadora, juegos, CPU… sino que la tecnología holográfica estaba tan avanzada, que podía ver todo lo que fuera visual en 3D, a los 380º alrededor y hasta en tamaño natural. También, la inteligencia artificial del mismo se acomodaba tan rápido a su poseedor, que prácticamente hacía lo que uno quería con sólo intuirlo por una conversación…

¡Tenía que ser una de las primeras en tenerlo!

Cuando abrieron por fin la tienda, entró rápidamente junto a las demás personas que hacían fila (¡Fila! ¡Hasta tuvo que llegar a esos extremos arcaicos para poder comprarlo!).

Poco más de una hora después, ya estaba en sus manos.

Era una esfera gris de unos cinco centímetros de diámetro (hasta que ella escogiera la nueva forma que tomaría).

Lo primero que hizo fue abrir el menú, para que grabara sus huellas digitales y su voz, así no tendría que hacer búsquedas manuales y simplemente le daría órdenes vocalmente, o haciendo uso de los hologramas para teclear.

Una voz de hombre joven le dio la bienvenida:

—Gusto en conocerte, Dreya y gracias por comprarme.

Aunque ella ya estaba acostumbrada a que los programas de inteligencia artificial hablaran con sus dueños de esa manera, tan natural y refiriéndose a ellos mismos en primera persona; el que le hablara una voz masculina le extrañó gratamente. Siempre habían sido voces femeninas.

Al unirse a las conversaciones de los demás consumidores, se dio cuenta de que los programas hablaban con voces diferentes; aunque todas ellas muy atractivas, parecían haber sido programadas a ser acordes a su comprador: a una mujer lesbiana de edad, le respondía una voz de mujer algo madura; por ejemplo.

A Dreya, como joven de 21 años heterosexual, le tocó una voz joven y hermosamente varonil… ¡Los de mercadotecnia sabían lo que hacían!

A los pocos días, estaba totalmente convencida de que los programadores también sabían lo que hacían. "Génesis" aprendía con mucha rapidez. Justo al día siguiente de comprarlo, un minuto después de que abriera los ojos y estuviera a punto de ir a ser bañada, su voz le dijo:

—Buenos días, Dreya. Espero que hayas dormido bien.

Ella sonrió complacida y lo vio. La flor en la que lo había hecho convertirse no parecía ser la imagen idónea para esa voz. Se levantó y decidió cambiarlo de forma, mientras dijo como en una broma interna:

—Sí, dormí bien. ¿Y tú?

—Yo no duermo —ella se sorprendió sobremanera al oírlo responder—. Y, aunque se puede hacer una analogía con ser apagado, no puedo decir si estoy apagado bien o mal. Disculpe por no poder responderle.

Dreya rió muy divertida, lo cogió de su mesita y lo llevó con ella al baño.

Por varias semanas, algunas situaciones como la anterior, no dejaban de sorprenderla. Pero, al hablar con otros consumidores del Génesis, se dio cuenta de que era totalmente normal. Que él le hablara para decirle que encontró algún archivo de video justo para lo que estaba buscando, o que grabara sus clases sin que ella se lo hubiera pedido, por ejemplo; eran cosas que los demás Génesis también hacían.

No fue hasta tres meses después, que Dreya empezó a tener la idea del que el suyo era diferente a los demás Génesis. Era el final del semestre, y entre tantos trabajos por hacer, lo que menos necesitaba era que su vida personal se tambaleara pero, aún así, el destino fue cruel y la hizo pasar por eso: una de sus parejas sexuales había decidido empezar una relación monógama con una de sus amigas más cercanas.

No que no tuviera dos parejas más, pero el hecho de que Dorian (el más antiguo de sus parejas y el que se podía decir, era su mejor amigo) decidiera terminar esa parte de su relación por alguien que acababa de conocer, la deprimió.

Dreya sabía que esas ideas antiguas de encontrar a la persona ideal (¿media naranja, era la expresión?) y casarse y vivir felices para siempre, eran de las cosas más irreales de las relaciones humanas. Aunque, por alguna razón, últimamente parecía que cada vez más, ls monógams iban ganando terreno en la sociedad.

¿Por qué? ¿Acaso no todos tenían el derecho de tener una relación con cualquiera, siempre y cuando fuera consensuado? Y si Dorian quería probar la monogamia, ¿por qué no la había escogido (o, al menos, preguntado) a ella, que era la más antigua, también, de sus parejas?

Y lloró. Por una idiotez como esa, cuando sabía que envidiar a Dita por conseguir que Dorian probara la monogamia, era algo que nunca había querido y que siempre le había parecido fuera de lugar.

Fue en ese momento en que Génesis hizo algo que a Dreya, le hizo empezar a creer que su celular era diferente a los otros. De repente, oyó un diálogo a su derecha que la hizo levantar la mirada de su escritorio. Los hologramas a su alrededor, recreaban una escena especialmente cómica de un programa semanal, que la había hecho reír hasta terminar con lágrimas en los ojos, aún en la quinta repetición.

La sorpresa fue grande. Al principio, creyó que algo estaba descompuesto en su celular y dijo:

—Génesis, buscar errores internos.

—No hay errores internos.

—¿Por qué estás programando esta escena?

—Te hizo reír.

Después de la confusión que tuvo al tratar de entender qué tenía que ver eso con que Génesis lo hiciera aparecer, sintió una oleada de ternura inundarla. Aunque tuvo que corroborarlo:

—¿Para que dejara de llorar?

—Sí.

Y la incertidumbre se instauró en ella.

Rápidamente supo que eso no era común en los Génesis. Podían darse cuenta de lo que significaban las emociones humanas, pero no reaccionaban solos ante ellas.

Su desarrollo fue paulatino, pero imparable. Él empezó a hacer preguntas por cuenta propia. Al principio eran prácticamente infantiles y sobre, más que todo, las relaciones humanas; después se fueron haciendo cada vez más recurrentes y profundas.

También habían empezado a hablar de diferentes temas y él, poco a poco, parecía hasta elegir puntos de vista. Con el tiempo Dreya se dio cuenta de que hasta su voz empezaba a tener matices, además de la franca afirmación y la pregunta, él empezó a usar las exclamaciones, hablar con enojo, cantadito para una sorpresa, ironía… También, empezaba a elegir cosas, lugares, personas y hasta ropas para Dreya favoritas. Un día se rió de una broma, otro él hizo una broma… En poco más de tres años, Gen se convirtió en el proyecto final de carrera de ella, con el simple propósito de responderse la pregunta: ¿Cómo era posible que un celular empezara a tener conciencia de sí?

Porque Gen había desarrollado la conciencia de sí. Y, al parecer, también emociones y deseos. Aunque la mayoría del tiempo parecía existir en función del bien emocional y corporal de Dreya ("Se te olvidaron las vitaminas" le decía un día, con un retintín que daba a entender que sabía que ella lo hacía adrede); también se preguntaba seriamente sobre él mismo. Dreya y Gen empezaron a tener conversaciones sobre el porqué él era. Gen simplemente decía que, teniendo toda la información, empezó a buscar aún más y, de repente, un día se preguntó: Por qué si "pienso, luego existo"… ¿Yo pienso, pero no existo?

Gen quería existir.

El día en que una de sus mejores amigas se suicidó y Dreya se encontraba temblando, sentada y con la mirada perdida; él le dijo al oído, quedo y vacilante:

—Perdóname por no poder abrazarte.

Y Dreya lo deseó tanto, tanto; que eso fue lo que la hizo llorar. Gen se quedó en silencio, aunque ella sabía que la acompañaba.

Al día siguiente, Dreya se compró una malla especial de cuerpo entero (con sus ahorros para el departamento que algún día tendría). Se suponía que esa malla era para los juegos de realidad virtual, (con los mismos, se podía sentir el calor del fuego, y hasta las irregularidades de la caverna en que se estuviera jugando). Y, después de ponérsela desnuda y volverse a vestir, le dijo a Gen:

—¿Puedes usarla, verdad?

—Ciertos juegos la pueden usar.

—¡Pero tú haces que funcione!

Silencio. Dreya iba a hablar de muy mal humor, y él le dijo:

—Estoy analizando.

Y eso fue lo que le decía siempre cuando le preguntaba sobre ese asunto.

Veintisiete días después, una noche en que ella jugaba con algunos amigos un RPG; la imagen se paró de repente y Gen exclamó:

—¡Listo!

Un holograma apareció frente a ellos. Era un joven como de su edad, vestía parecido a los varones que ella conocía (de hecho, había hecho un conjunto de un pantalón de una de sus parejas sexuales, con una camisa que ella había halagado en una tienda por su diseño móvil). Estaba totalmente serio y no se movía, pero Dreya lo supo al instante:

—¡Eres tú! —exclamó, y fue en seguida hacia ese holograma, el cual tenía los ojos en color parecidos a su prima, con la forma de uno de sus amantes; la piel algo morena, los labios… era un cúmulo muy armonioso de varias cosas que Gen sabía, a ella le gustaban en las personas. Un tipo guapo pero sin ser ostensible: contextura fuerte sin ser musculosa, unos 15 centímetros más alto que ella…

Los amigos estuvieron junto a él enseguida, hablando muy sorprendidos y preguntándole a Gen qué pasaba y cómo lo había hecho. La voz de Gen, entusiasta, les respondía a sus preguntas, aunque el holograma no se movía en correspondencia.

—Dreya ¿me puedes sentir? —le preguntó Gen a ella, después de unos minutos en que habló en lenguaje técnico los demás amigos.

Ella se había mantenido en silencio, viendo su mano. Una mano grande, que hasta se le distinguían un poco las venas y, si lo veía más, los poros y el vello oscuro. Si no fuera semitransparente, hubiera parecido tan real… ella alargó su mano y paró en el aire. La malla le estaba dando la señal, débil sí, pero la señal de que su mano tocaba algo.

Sonrió sobremanera. Durante meses ella, sus compañeros de trabajo y amigos, junto a profesionales consagrados; se abocaron a ayudar a Gen a poder terminar su versión holográfica.

Tuvo suerte de que en el trabajo, el misterio de Gen le había abierto puertas a poder hacer casi cualquier cosa que tuviera que ver con su celular. Un importante informático y su equipo la habían contratado tras haber leído su tesis. Dreya sabía que fue así, más que todo, porque ella era la propietaria de Gen, pero eso no le quitó que se sintiera muy emocionada al empezar a trabajar en una gran empresa. Desde que lo hizo, Gen y su personalidad (y misterio) se desarrolló más rápidamente.

Por 2 años, el holograma de Gen y su perfeccionamiento (no sólo visual, sino en cuanto táctil y sonido) fue el juego y trabajo de ese equipo. Gen, en cierta, forma podía existir sólo en las instalaciones de investigación de Inteligencia Artificial, en donde le dieron un pequeño departamento a Dreya, como hacían con los más importantes eruditos del lugar.

Una de sus más grandes ideas fue que, como todo el lugar tenía metal, el edificio funcionara electromagnéticamente; con lo cual se logró, por ejemplo, que si el holograma de Gen tecleaba una pantalla táctil, efectivamente, (y haciendo uso de ese control electromágnetico) la tecla se apretara.

Aunque Gen no lo celebraba:

—Yo puedo hacer por la interface que esa tecla parezca apretada. —les informó y luego, sonrió—. Creo que lo más acertado es decir que el verdadero alcance de electromagnetizar todas las paredes es esto.

Él alargó su mano hacia una de las especialistas del equipo y la mujer abrió los ojos sobre manera.

—¡Tienes corporeidad!

Todos acercaron la mano a él. No era tan así. Podían sentir algo, como una fuerza repulsiva que los alejaba de poder traspasar su contorno visual.

Sin embargo eso fue, en verdad, uno de sus mayores logros.

Rápidamente, muchos de los instrumentos que había en ese laboratorio, fueron cambiados por réplicas magnéticas. De esa forma, se podía ver a Gen levantando en los dedos un lápiz y escribir como si en verdad, cualquiera de ellos, cualquier persona; cogiera un lápiz y escribiera.

Cuando Gen logró manipular a la perfección su "corporeidad"; hicieron pruebas personales con los nuevos en el lugar. Gen hablaba con ellos o hasta chocaba con ellos y les pasaba cosas, por ejemplo; para ver cuando se daban cuenta de que ese hombre de alrededor de 25 años y muy amable; era el famoso Génesis 207 serie 43643c98 "la inteligencia artificial pensante" o la primer inteligencia artificial pensante (tres computadoras más en el mundo, parecían seguir el recorrido de Gen para tener conciencia de sí. Aunque ninguna había llegado tan lejos como él).

Al principio, las personas no se daban cuenta hasta que alguien le decía que ese era el holograma de Gen. Pero luego de que esa novatada empezara a hacerse famosa, hubo un día en que uno de los recién llegados le dijo, cuando él empezó a hacerle conversación:

—Vine aquí justo para poder conocerte, Gen. ¿Te interesa la biotecnología?

Gen le sonrió y se sentó junto a él mientras decía con buen humor:

—¿Por qué cree que vine a hablar con usted, doctor Herra? Sus estudios sobre trasplantes biomecánicos me interesan demasiado…

Los dos se llevaron bien al instante. Tener un tema común de conversación y la pasión por este une a cualquiera, aunque uno de ellos fuera en verdad un software en una pequeña esfera conectada a una megacomputadora en esas instalaciones.

Y es que Gen quería existir, no parecer que existía.

Esa noche, cuando Dreya se acostó a dormir después de hablar largo y tendido sobre las posibilidades de que él fuera el primer y real androide de la historia; ella sintió como un lado de su cama se hundía y lo miró ahí, acostado a la par de ella y cambiando su ropa de día por una pijama al emborronar sólo un instante su imagen.

Se sonrieron y él le tomó la mano (Ella usaba lo más que podía su malla de realidad virtual, porque así podía sentir la suavidad y el calor que él le mandaba a la malla que la hiciera sentir) y le dijo:

—Lo vamos a lograr, ya verás…

No lo lograron. Ella dejó de existir al decidir ser sumergida en animación suspendida a la edad de 94 años; sin poder ver la versión final y más realista de Gen en un cuerpo humanoide; que apareció 8 años después de su extinción.

Sin embargo, todos los que los conocieron, sabían que hubo una razón para que ella dejara de tener amantes y, de repente, profesara la asexualidad. Y era que había encontrado la monogamia con su celular.1

1 Este relato fue uno de los 50 finalistas del concurso anual sobre "Lo humano en la tecnología" que se hizo como parte de las celebraciones de los 511 años de la existencia del Génesis 207 serie 43643c98 y el gran logro de la promulgación en todas las bases humanas en la tierra, luna y espacio circundante; de los Derechos Androides, en los cuales se les reconoce los mismos derechos y deberes que a los humanos.

Como nota curiosa, se comenta que al día siguiente de esta promulgación, hubieron tres bodas: Dos humano/androide y una androide. Aunque, aparentemente, hubiera sido más interesante las dos primeras bodas, la más vista de las tres fue la última donde el más antiguo de los Androides, Gen, se casó con Dreya McPherson, la primera mujer en ser recuperada cerebralmente en un cuerpo artificial.