Tienes miedo. Toda tu vida lo has tenido.

Hay gente que teme al paso del tiempo, a ver su belleza marchita con el tortuoso correr de los años. Temen que una sombría figura se acerque un día, les toque el hombro y les anuncie que su hora ha llegado. Porque saben que llegará, pero no cuándo. Es lo desconocido a lo que temen, al desconocimiento. ¿Morirán mañana, en un accidente de tráfico?, ¿un ladrón les atracará y les matará una vez haya terminado? ¿O tal vez esperarán a la muerte desde la cama, rodeados de sus seres queridos?

Temen al olvido.

¿Quién se acordará de ellos una vez su vida finalice? Sí, sus hijos le recordarán, tal vez sus nietos, ¿pero y sus bisnietos? Nadie acabará recordándoles, nadie rezará una plegaria por ellos. Su nombre se perderá en las ramas del tiempo. Porque ¿acaso han hecho algo por lo que merecen ser recordados? Es tan irónico que se recuerden antiguos imperios por las ruinas que han dejado a su paso, pero no a las personas que vivían en ellos. Y, finalmente, todo se perderá. Tal vez no hoy, ni tampoco mañana, pero sí algún día. Todos serán iguales: nadie será recordado.

Tú comprendes mejor que nadie qué es el verdadero miedo, a lo que hay que tener verdadero pavor: la vida. Sabes que está sobrevalorada, que no es sinónimo de alegría. Un carpe diem. ¿Cómo se puede ser tan necio?

La vida es cruel, mezquina, falsa. Hace que te ilusiones, que te hagas esperanzas. Te pasas tu mísera existencia haciendo castillos en el aire. "Conseguiré ese trabajo", piensan algunos. "Tendré una gran familia", se aseguran otros. Idiotas, nadie puede planificar su vida, pues ella manda sobre ti. Un día te despiertas, llena de sueños, con la idea de que todo sólo puede mejorar. Cuando te acuestas eres más realista, pues ya has visto la realidad: las cosas sólo pueden ir a peor, y debes alegrarte si el mañana es un poco menos malo que el hoy.

Dicen que la vida es la familia: ¿es vida cuándo te dan la espalda?, ¿cuándo tus padres no te respetan?, ¿cuándo no significas nada para ellos? ¿Y los que no tienen una familia? ¿Están muertos ellos? La familia tiene cosas buenas y también cosas malas. Y el deber de esta gloriosa vida es sacar a relucir lo peor de cada cálido hogar.

Dicen que la vida son los amigos: ¿dónde están cuando se les necesita? ¿Acaso hay verdaderos amigos? No, sólo existe el interés. Un día, están; otro día, no. Después de todo, ¿para qué se les necesita? Te proporcionan seguridad, bienestar. Te sientes querido, valorado. ¿Pero cuánto dura?

¿Dónde queda todo eso cuando la vida te lo arranca? Porque los que dicen que la familia siempre estará ahí, mienten. Porque los que dicen que los amigos son para siempre, no te dicen la verdad. La vida no es un camino de rosas, no es motivo de alegres canciones ni de coloridos cuadros. La vida es peor que la muerte, pues con ésta sólo te esperas dolor, olvido. De la vida se desprenden esperanzas. ¿Dicen que la muerte representa lo desconocido? Eres la única que ve la verdad: la vida es mucha más misteriosa. ¿Quién sabe lo que depara el destino?

Temes vivir como lo haces: tus amigos se acabarán yendo, perderás tu trabajo, tu familia te abandonará a tu suerte. Temes cada paso que das, pues no sabes dónde vas a acabar. Temes cada segundo que pasa, pues te acerca a algo nuevo, algo inquietante que puede empeorar tu ya de por si miserable existencia.

La vida son lágrimas.

Tu puño golpea con fuerza el espejo de tu solitario baño. No deseas verte.

La vida es dolor.

Miras asustada la sangre que corre por tus nudillos, pero tragas saliva. Todo acabará muy pronto.

La vida es desesperación.

Coges con tu mano derecha un cristal de filo cortante y cierras los ojos. Un movimiento, y se acabó el miedo.

La vida es desoladora.

Con pulso firme, rasgas la suave piel de tus muñecas. Te sientes desfallecer, pero el miedo va desapareciendo, al igual que tu sangre.

Digan lo que digan, no saben nada. Sólo tú conoces la verdad, y tomas la decisión más importante de tu vida. Acabarás con el miedo, te espera la oscuridad.

Después de todo… La vida es muerte.