EL CLUB DE HOPEWELL

CAPITULO LXI: SENSOTOHEIWA

—Todo comenzó cuando el oso rojo pisó terreno del Sol Naciente, y las cosas en Hopewell High nunca volvieron a ser las mismas. Hola, me llamó Sarah Greenberg, y seré su corresponsal de guerra explicando las causas de este conflicto sin sentido entre el club del anime y el club de animitsiya...y realmente espero haber pronunciado bien eso último. En fin, proseguiré: a lo largo de estos días, hemos presenciado la horrible escalada entre ambos bandos tratando de infligir mayor daño hacía el otro. La semana pasada, vimos a los ruskies incrementar su área de influencia hacía otros alumnos y reclutando nuevos miembros. Los otakus han reaccionado poniendo altoparlantes con música J-Pop a todo volumen que a pesar de haber molestado a la gran mayoría de nosotros, han logrado obtener nuevos fieles entre chicas con poco gusto musical y chicos con fetiches de mujeres asiáticas...

—¿De uno estás con el "gimmick" de narración tipo documental? —Allyson preguntó, mientras veía a su amiga narrar frente a una cámara, frente a las puertas del colegio, justo antes de que las clases comenzaran.

—¡Sólo piénsalo, Allye! —La morena, retirando la atención de su cámara, sonriendo, exclamó—. Sé que no es la gran cosa, ¿pero cuándo tendré la oportunidad de narrar una guerra de verdad?

— Esto no es una guerra, Sarah. Es sólo una pelea de dos nerds para ver si los monitos de "Hiroshi" son mejores que los monitos de "Svetlana".

—¡Vaya manera de desanimar! ¡De nueva cuenta Allyson arruina la diversión!

—¡Yo no arruinó la diversión! —reclamó la pelirroja con un puchero.

—¡Espera, tengo una llamada! —La gótica comentó para después tomar su celular—. ¿Aló? ¿Qué? ¿Plaga, hambruna del tercer mundo, conflictos sociales? ¡Ah, gracias a Dios! ¡Pensé que eran Allye y que me arruinarían la diversión!

—Juro que antes sólo eras "loca", no "idiota"... —Allyson pensó una idea que, probablemente hace eco en más de un espectador.

Antes que cierta pelirroja perdiera la paciencia y le arrancara la cabeza a cierta trigeña, Jake finalmente hizo acto de presencia. Pero había algo, o bueno, mucho de diferente en su apariencia, y es que verán, el joven es conocido por muchas cosas, pero ciertamente no vestir de un modo fastuoso y mostrando gran ostentación porque realmente no tenía nada que ostentar.

No obstante, ahora, desde el momento en que sus dos amigas lo divisaron...el cambio era evidente.

—Jake... ¿Esas son gafas Ray Ban? —Allye preguntó.

—¿Y esas cadenas son de oro de verdad? —Sarah añadió por su cuenta—. ¡Porque las últimas eran de chocolate y no me diste!

—Veo que notaron que me ha ido bien —El joven, levantando sus gafas para descubrir su mirada, comentó.

—Te preguntaría si vendes droga pero SÉ que vendes droga —Allyson mencionó—. ¿Es por lo de los lelos de los dibujitos, cierto?

—Puede ser...

—Sólo sé que con eso que andas usando haces lucir a Kanye West con clase...

Pero las criticas a su ética, si no les hizo caso con los narcóticos, no le hará caso por algo tan pequeño y menor. Lo que importaba es que había encontrado algo que de hecho dejaba dividendos, y es que el negocio de la droga ha decaído por la competencia agresiva entre mafias y recientes cambios en las leyes locales en el uso de ciertas drogas medicinales. Pero la piratería y basura coleccionable...ahí era donde los grandes billetes estaban.

Y mientras los mercaderes se enriquecían, los involucrados se hundían más en el conflicto...

—De acuerdo —Kelly, frente a los demás miembros del club de anime, sentada en su mesa del comedor a la hora del almuerzo, tomó la palabra —. Es hora de ser sinceros: esto que tenemos con los ruskies se está empezando a salir un poco de control...

—¿Por qué tienes el cabello rosa? —interrumpió sorprendida una joven, la de gorro de koromon.

—¡Ya explicaré eso, Danielle-chan! —Kelly, con los ojos colorados, contestó en un alarido—. ¡Es justo a lo que quería llegar! ¡Esos malditos eslavofilos me hicieron esto!

—¿Ellos te hicieron eso? —Aaron preguntó.

—¡Sí! ¡Ellos me hicieron esto a la salida ayer!

Y Kelly explicó lo sucedido: durante las duchas tras la clase de gimnasia, alguien alteró la ducha que siempre tomaba la joven, y de pronto un tinte en lugar de agua comenzó a surgir, decolorando su cabello y dejandolo con un tono similar al de un algodón de azúcar.

Claro, en una guerra siempre hay dos versiones del cuento, y mientras los chicos del club de anime se indignaban por la jugarreta, los ruskies se encontraban en su mesa, ahora re-ubicada al otro lado del comedor, haciendo algo no muy diferente.

—¡...y eso fue lo qué ocurrió! —Nadia finalizaba su narración de otro acto poco maduro, hecho por los miembros del club de anime.

—¿Y estás segura que es insalvable? —Uno de los ruskies preguntó, con ojos desconsolados —. ¿No podemos...?

—¡No! ¡La única foto autografiada del gran Anatoly Petrov fue mancillada con...con...

Era demasiado horrible para poder decirlo fuerte y claro: los chicos sólo se lamentaban el horrible acto de vandalismo hecha a una imagen de una leyenda de la animación sovietica: le habían pintado... ¡UNA BARBA Y UN LETRERO QUE DECÍA "SOY UN BAKA JAJA!"

—¡Es algo imperdonable! — exclamó desbordante de furia Blaine (si bien se hacía llamar "Vlada"); el chico era robusto, alto, el más grande e imponente físicamente hablando de los ruskies —. ¡Debemos tomar represarías!

Y es que, como ya más de uno pudiera haber adivinado, la situación se estaba convirtiendo en un constante "estira y afloja" donde un grupo hace y el otro reacciona: ya sean dañar de manera casi permanente el tejido capilar de una adolescente, o mancillar un objetivo histórico para la cinematografía mundial.

—Kelly —Aaron, preocupado por la escalada de los hechos (que incluyeron tatuarle una oz y un martillo en la frente) —. ¿Qué haremos ahora? ¡Debemos dar un golpe de victoria antes que esto se empiece a salir de control!

—Lo sé, no tienes que repetírmelo —La joven contestó—. ¿Acaso crees que a mi me agrada verme así?

—Bueno...como que te pareces a Chibi-Usa.

De algún modo, hacer referencia a un personaje de Sailor Moon ha menudo poco querido por los fanaticos no ayudo en lo más mínimo a Kelly a lidiar con lo sucedido, la cuál, no de manera incomprensible, contestó tal comentario con una mirada que bien podría ser el primer registro de castramiento instantáneo.

—Y-yo...no dije nada —Aaron tartamudeó, esperando no decir nada más que saqué de quicio todavía más allá de lo que ya estaba su compañera de club.

Pero Kelly debía enfocar su ira no en un comentario estúpido, sino en sus verdaderos enemigos.

—De hecho, chicos, tengo un plan —Ella comentó con una autoridad digna de un samurai.

—¿De qué trata? —Todos sus colegas del club interrogaron simultáneamente.

—La semana multicultural...

La semana multicultural era un gran evento organizado por el colegio Hopewell High para celebrar la gran diversidad de sus alumnos, del barrio, y de Canadá en general (y como una pantalla de humo para distraer las acusaciones de racismo cuando el director por error pensó que los esquimales sólo eran un invento por las compañías de helado y les llamó, y cito, "chinos de hielo"). Consiste en pequeñas exposiciones de tradiciones, ropa, costumbres y música tradicional de todos aquellos países representados en la escuela.

—¿Qué vamos a hacer para la semana multicultural? —Aaron preguntó —. De seguro esos rusos locos van a hacer algo a nuestro stand.

El club de anime siempre se ocupa de hacer el puesto de Japón...que en realidad, es más una versión de caricatura y distorsionada de la realidad, basada más en dibujos animados y videojuegos qué de autentica cultura nipona, pero dado que hay pocos japoneses para quejarse (y los que lo hay están demasiado ocupados tratando de ser occidentales a toda costa), nadie parecía hacer sonar voz contraria alguna.

—Ahí está el punto, Aaron —Kelly dijo—. Nosotros atacaremos primero.

—¿Quieres decir...terrorismo?

—Sí...terrorismo, luego les explicaré, aún tengo cosas que planear. ¿Están conmigo?

Medidas desesperadas, claro que sí, pero debían contestar y demostrar que no serían pisoteados por bota alguna.

—¡Banzai! —Los chicos exclamaron, con aires de una victoria que se estaba aproximando.

Y mientras, en la mesa de cierto pica-buches, el teléfono móvil de Jake sonó.

—Tu aparato luce caro —Allyson señaló—. ¿A quién se lo robaste?

—No lo creerás, pero esto de hecho lo compré.

—Debes bromear, o sea, ¿en verdad estás ganando tanto?

—Tengo que contestar, pero sí —Jake respondió justo antes de atender a su llamada.

—¿Qué? ¿Ahora tus clientes te llaman en vez de encontrarte a la medianoche en los baños feos del parque? —La pelirroja sugirió mientras su compañero se encontraba en medio de la plática.

—Niñas, quisiera invitarles algo, pero de hecho tengo que atender los negocios: papi tiene que trabajar —El vándalo comentó tras haber terminado su llamada

—¿¡Nos dijiste niñas! —Allyson, incapaz de creer el modo en que Jake se refirió a Sarah y a su persona, cuestionó—. ¿Y te llamaste a ti mismo "papi"? ¡¿Estás...?

—Ya, ya mi cielo: los hombres tienen que trabajar.

E ignorando casi por completo su indignación, Jake se levantó de la mesa y salió del comedor a atender un nuevo cliente.

—¿¡Qué sucedió aquí! —La joven de cabellos carmesí exclamó mientras azotaba con fuera moderada la mesa—. ¡¿Qué coñetes fue todo eso?

—Jake atiende sus negocios —Sarah contestó—. ¡El chico se está volviendo hombre! ¡Y un hombre que atiende un negocio no tan ilegal ni perseguido por la ley!

—¿No me digas que estás sintiendo orgullo?

—¿Y soy yo o...Jake está más apuesto hoy?

—No sé porque recordé la canción "Goldigger" de Kanye West...

Pero mientras algunos encontraban sólo sol y arco iris con las fricciones nipon-eslavas, había gente en el medio que sufría en el intercambio de fuego.

Una de ellas, una de las pocas estudiantes con sangre japonesa en sus venas.

—¡Kari-chan! —Kelly, a la salida de clases, saludó a Kari Takemiya, mientras ella trataba de disimular el haber visto a la joven otaku.

—¡No! ¿Ya es de nuevo esa época del año? —Kari pensó, urgida de perderse entre las olas de alumnos saliendo del colegio.

—¡Ah, Kari-chan! ¡Ahí estás! —Kelly exclamó, incapaz de alejarse de su perseguidora.

—Em...sí, aquí estoy Kelly —La jovencita, resignada, dijo—. ¿En qué puedo ayudarte?

—¡Nakama! ¡Necesitamos tu ayuda!

Y aunque Kelly aún no había empezado a explicar nada, Kari ya sabía a qué se iba a referir.

—¿Dejame adivinar? ¿Semana multicultural y necesitas ayuda para el stand?

—Ah pues... ¡Sí! ¿Qué dices?

Era ya una tradición para la señorita Takemiya: cada año, cada curso que ella ha estado en Hopewell High, siempre al acercarse la semana multicultural es acechada por los chicos del club de anime para que participe con ellos. Y no es que Kari no guste cooperar o ayudar, pero el entusiasmo de los jóvenes con los que generalmente ha trabajado la incomoda a puntos que ella no conocía que fuera posible.

Y bueno, luego está el detalle que ella no tiene gusto absoluto por el anime, el manga, los videojuegos o cualquier cosa que los chicos del club de anime elevan a tradición nacional.

Pero no más.

—Vamos Kari, sé que esta vez tu puedes —La chica pensaba mientras Kelly soltaba su lengua con sus ideas para el puesto —. Eres ahora más fuerte, y no te dejarás pisotear en esta ocasión...Gabrielle ya no está, y esa sí era una perra loca. Un montón de chicos en cosplay no son nada.

—...Entonces, esa es más o menos la idea. ¿Qué dices?

—¡De acuerdo!

Kari...era lista, pero debía aprender a ser más segura a la hora de decir "no". Sin embargo, si tenía una duda demasiado grande, su curiosidad no se extinguiría hasta que hiciera la pregunta indicada con la respuesta correcta.

—¿Qué rayos le sucedió a tu cabello? —Kari preguntó.

—Es una historia...bueno...luego la explico...

Explicación que no llegó en ese momento, pero Kari tenía su propia carga en la cabeza (aunque esta no involucraba tintes de cabello rechazados por sus efectos secundarios en caballos).

—¿Qué he hecho? —Se decía de camino de vuelta a su hogar—. ¿Otra vez estaré con esos locos? ¡Qué pasa contigo mujer!

Ya podía verlo: un montón de chicos sudorosos hablando en japonés roto (idioma que la propia Kari no hablaba, a pesar de los incesantes pedidos de que hable un par de frases), pidiendo si ella podía modelar un "sailor fuku" o un traje maido (en español: un traje de sirvienta francesa, o más bien, un traje de como los otakus creen que las sirvientes francesas usan) y si podía ayudar con rollos de sushi mal refrigerados o bolas de arroz demasiado pegajosas.

¡Pero ella no podía tolerarlo más!

—¡No puedo tolerarlo más! —repitió con increíble conveniencia.

Pero ella estaba lejos de ser la única persona cuya verdadera importancia de su herencia cultural sería dejada de lado por estereotipos poco agradables.

—¡Profesor Filipenko! —Nadia exclamó al ver al maestro de historia, sujetando las llaves para abrir su auto y salir del estacionamiento —. ¿Cómo se encuentra?

—Ya te lo dije, Nadia: no cambió calificaciones, ni siquiera por un "momento de diversión"; no lo hice por esa loca morena y no lo haré por ti.

—¡No, no professor! ¡No vengo por eso!

—¿Entonces para qué? —El maestro preguntó, dando una revisada a la indumentaria sobre la figura de su alumna —. ¿Y por qué rayos estás usando...? ¿De dónde saca uno un saco de las fuerzas femeninas del ejercito rojo hoy en día?

—¿Le parece? ¿Le recuerda a la Madre Rusia?

—¿La Madre Rusia? ¡Mi madre se llamaba Maria!

—No Señor Filipenko; usted está confundido.

—Sí, pero no tanto como usted, señorita.

—¿Puedo hacerle una pregunta, professor?

Da, pero por favor...deje ese acento. Ni siquiera el bisabuelo Gregory hablaba así...

—Como sea, profess...quiero decir, profesor; quisiera preguntar si estaría dispuesto a ayudarnos con el stand de Rusia para la semana multicultural.

—¿Habrá chechenos? —Con el ceño fruncido, el maestro interrogó.

—No...creo que el último se salió del colegio el año pasado.

—¡Qué bien! ¡Cómo odio esos bastardos!

Tras desplegar un odio étnico que quizá tenía sentido en la región del Caucaso pero ninguno en un barrio clasemediero de Toronto, el maestro sintió curiosidad: nadie había mostrado interés en el pasado por la cultura rusa, ¿por qué ahora sí?

—¿Qué piensa, profesor? —Nadia insistió.

—Es algo interesante, no lo dudo. Pero, ¿a qué se debe esto? ¿Se les acabaron los países buenos?

—No. Realmente es algo genuino. Queremos celebrar la cultura rusa en todo su esplendor.

—Todos quieren ser Italia por la comida, Francia para beber en la escuela, o esos locos de las orejas de gato quieren ser Japón, ¿en verdad es sólo...gusto? ¡Rusia no le gusta ni a muchos rusos!

Pero escepticismo de lado, Nadia prontamente informó que sería agradable decir algo positivo sobre la vieja patria del profesor Filipenko por una vez en la vida.

Da, da —dijo el educador—. Está bien, les ayudaré con su puesto.

—¡Perfecto! La primera reunión es mañana después de clases.

—Sí, comprendo. Estaré ahí.

Y por un breve día, el profesor Filipenko sintió una mezcla poco sentido antes de orgullo y apreciación: chicos de su nueva nación, apreciaban su lugar de origen, en lugar de odiarla y temerle por estereotipos vergonzosos y ofensivos.

Nada de eso señoras y señores...

...amaban su lugar de origen por estereotipos vergonzosos y ofensivos.

—¡Priviet! —El grupo entero del club de animitsiya saludó el instante en que el profesor ingresó al aula de reunión, al día siguiente.

—¿Qué...?

El maestro no sabía qué decir, ni cómo reaccionar: un montón de muchachos, en viejas ropas de los años del comunismo, hablando en ruso quebrado y algo incoherente y con posters en las paredes de caricaturas que él ya había olvidado.

—¡Tovarishch Filipenko! —exclamó Nadia —. ¡Llegó!

—Sí...llegué a la hora en que me citó. Esa no es la sorpresa que me estoy llevando...

Y pronto, tras escuchar las pláticas, y responder una que otra pregunta, que lo que esos estudiantes tenían de interés y disfrute les sobraba en ignorancia.

—¡Y yo por eso digo de que la canción "Den Pobedy" es muchísimo mejor que cualquier basura comercial! —El docente oyó de un chico.

"Den Pobedy", o "Día de la Victoria", era una vieja canción de propaganda para conmemorar la victoria rusa sobre los nazis. Él la recordaba: la ponían en todo evento posible a toda hora posible y si no mostrabas el mínimo respeto, eras sospechoso de actividades subversivas por el estado.

—Maldita canción —El profesor pensó recordando tener que aplaudir y sonreír para no molestar a los guardias cuando sonaba la melodía en las celebraciones.

Pero el gusto por una propaganda de mal gusto (al menos para él) era poco comparado con lo que siguió escuchando.

—¡Ojala la Unión Soviética nunca se hubiera desintegrado y hubiera ganado la guerra fría! ¡De ser así ahora tendrías más animitsiya! —Una joven aseveró.

¿Qué? ¿Acaso lo que escuchó era...real? ¿Esta gente sabe siquiera el sufrimiento que él (y que cualquier ciudadano que no fuera un creyente al 100 de los ideales del partido comunista) tuvieron que pasar? ¿Toda la brutalidad, todo el abuso? ¿Todos esos años sin libertad, sin democracia, sin sus discos de Michael Jackson por el embargo a la música occidental? ¿Y todo para qué?

—¿Se siente bien, Tovarishch Filipenko? —Nadia preguntó tan pronto al notar una mirada perdida y un tono de piel extraño y pálido.

—No es nada, no se preocupen —El maestro respondió, limpiando su frente sudorosa con un pañuelo de su bolsillo.

—¿Seguro? Porque no se ve muy bien.

—Sí, creo...creo que algo me enfermó un poco...

"Enfermar" era poner la verdad en términos eufemisticos y amables, y a pesar de los comentarios inocentes pero insensibles, el profesor Filipenko no quiso crear problemas y roces innecesarios, y se limito a aguantar hasta el final de la reunión.

Pero lo insultantemente racista era lo único que se distinguía en la superficie: había otro nivel, uno más profundo, en ambos grupos, listo para salir.

—¿Qué haremos, ahora, Kelly? —Aaron preguntó mientras caminaban por el parque frente a Hopewell High—. No creo que todo lo que vas a hacer es derrotarlos con una muy buena exhibición en el evento, ¿cierto?

—No, y menos con lo de mi pelo —Con cierta vergüenza, Kelly anunció, ahora usando sobre su testa un gorro de orejas de gato.

—¿Entonces, qué haremos? ¿Explosivos o veneno?

—¡Sí! ¡Eso! ¡Y uno después del otro! ¡Y luego ambos al mismo tiempo!

—¡Tranquila, Kelly-chan! —Aaron exclamó, asustado por la euforia rabiosa de su compañera de club—. ¿Crees que vale la pena?

—No sólo lo creo, sino que es la única opción...

—¿Sabes? Podríamos sólo disculparnos los dos y llegar a un acuerdo para evitar más peleas en el futuro...

—¡No seas blando, Aaron! —Kelly reprendió —. ¡Hay que actuar y lo sabes bien!

—Bueno...vale, pero ve tu primero.

No había tiempo para acobardarse: ambos chicos pronto vieron a los ruskies salir finalmente del interior del colegio.

—¡Es ahora o nunca! —Kelly exclamó.

Y a paso con prisa, la joven se acercó a sus rivales de turno.

—¿Qué deseas? —Blaine, con su voz grueso e imponente, preguntó a la joven Patel.

—H-hola...

Kelly sentía bien lo que esos chicos querían hacerle, y lo sabía bien porque ella en el fondo deseaba responder con la misma hostilidad, sino es que con más aún. Pero a veces sólo se puede llenar el vaso gota a gota, y gota a gota tendría que ser.

—Ya oíste a nuestro camarada —Nadia intervino—. ¿Qué deseas?

—Y-yo sólo...es que... —A tartamudeos Kelly buscaba expresarse, hasta que sé dio cuenta que no estaba obteniendo avance alguno; se detuvo, respiró profundamente, y más tranquila, prosiguió con sus palabras—. Lo siento, volveré a empezar: vengo para tratar el tema de los incidentes recientes entre nuestros dos clubes.

—¿Y por qué usas ese gorro en tu cabeza? —Nadia preguntó, intentando sofocar sus risas—. ¿Le pasó algo a tu cabello?

Kelly encontró mayor dificultad en controlar su impulso de estrellar su puño limpió en el rostro de la rubia rusofilíca, pero de un modo encontró la fuerza para dominar sus emociones, y siguió planteando su caso.

—En fin, lo que quiero decir es que las cosas han escalado demasiado rápido entre ambas facciones, y estoy segura que eso no nos llevará, ni a ustedes, ni a nosotros, a algo de provecho. Es por eso que propongo un...acuerdo.

—¿Qué tipo de acuerdo?

—Hay resentimientos en ambos lados, lo sé bien, y no les pido que lo olviden. Pero al menos, en espíritu del evento del multiculturalismo, acordemos una paz, aunque sea temporal, una tregua, entre nuestros bandos.

—Entendemos tu parecer...

—Espera, Nadja, nada más un segundo —Svenska (Steve) interrumpió—. ¿Realmente eres honesta con esto?

—¡Claro que sí! ¿Por qué no lo sería?

—Para empezar: tu compañero se te queda viendo del otro lado de la calle, temblando y sudando.

Kelly volteó y en efecto: Aaron se había quedado a orillas del parque, presenciando su acercamiento desde una distancia segura y prudente, pero poco valiente.

—¡Aaron! ¡Baka de mierda! ¡Ven acá! —Kelly ordenó, creando, sabiéndolo o no, algunos fonemas más insultantes y escatológicos de lo esperado.

—¡Lo siento! ¡Perdón! —Aaron decía mientras por fin se acercaba a lado de su compañera.

—A pesar de todo, es cierto —Kelly continuó con sus argumentos —: Al menos, para la semana, depongamos las armas y las bromas.

—¿Cómo podemos confiar en ustedes?

—No tienen muchos motivos para hacerlo, lo puedo comprender, pero piensen: sólo estamos nosotros dos, ante muchos de ustedes, ¿por qué nos arriesgaríamos?

Era un interesante detalle que dejó a varios ruskies pensando. Pero para terminar de ganar espacios de confianza, Kelly hizo una sugerencia.

—Miren, les entregó a éste infeliz si quieren desquitarse —Kelly dijo señalando a Aaron.

—¡¿Qué cosa?

—¡No seas llorón Berkowitz-san! ¡Necesitamos avances en la paz! ¡Y estoy dispuesta a sacrificar toda la gente necesaria!

—Vale, creo que podemos aceptar lo que dices —Svenska (Steve...cielos, ya me duele la cabeza de andar recordando qué niño se puso cuál nombre) comentó.

—¡Yatta! —Kelly exclamó dando un pequeño brinco.

—Sólo una pregunta: ¿No es una de esas ocasiones en las que un bando le dice a otro que va a haber paz pero a final de cuentas terminan traicionándolo en la peor y más humillante manera posible?

—Eh...no... —Kelly respondió, interrumpiendo una danza de victoria que estaba llevando a cabo.

—Ah...vale, sólo estaba aclarando dudas.

—Y la paz en nuestros tiempos fue conseguida —Sarah, grabando desde los arbustos del parque, narraba para su documental—. ¿O no lo es? ¿Habrá una agenda oculta por parte de uno de los bandos? ¿Y acaso algún día sabré como convertir un archivo de video al formato correcto para grabarlo en un DVD? Todas y estas demás preguntas las contestaré tan pronto como el evento finalmente se lleve a cabo...y cuando por fin encuentre un tutorial de Youtube donde el instructor no se la pase nueve de los diez minutos hablando sandeces de sus vidas que a nadie le importan un carajo.

N/A: Gracias a todos, entusiastas, por sus comentarios: espero que les haya gustado el capitulo, y me alegra que al parecer muchos aún me dan la oportunidad de llegar a sus hogares a través de sus monitores XD

En especial gracias a la usuaria antes conocida como Inesita (lo siento, así te conocí, me es dificil no pensar en ese nombre XD). Y sí gente...sí existe tal cosa como animación rusa.

Aclaro de una vez que, aunque terminaré la serie aquí en FP, no será la que consideraré "canon"; la versión oficial se está editando en Wattpad, y échenle un ojo cuando puedan: corregí muchas cosas y en general, creo que la serie funciona mejor en esa versión.

Y si pueden, paseen por el grupo de facebook de la serie: elClubdeHopewell, que necesito porras XD.

Nos vemos la siguiente entrega...y gracias por sus ánimos.