Original para Retos Ilustrados

Retratos.
Nº14: Herida.

Advertencias: Muerte de personaje, leve gore.


La noche es terriblemente fría. Incluso dentro de la casa se puede sentir la brisa polar ingresando por cada resquicio que encuentra en las aberturas. Los vidrios se tiñen de blanco por el lado que da al exterior, a causa de la escarcha. Una noche tan tétrica que parece augurar desgracias.

Y allí se encuentra ella, contra esa ventana. Una mano se apoya en el vidrio, temblando por la baja temperatura a la que ella no hace caso. Su perfecto maquillaje está completamente arruinado. Interminables minutos repasándolo desde todos los ángulos para asegurarse de que quedara bien han sido obviados por las amargas lágrimas que, en cuestión de unos pocos segundos, se cargaron su trabajo.

Su pecho se convulsiona en un intento de reprimir los gritos y el llanto pues sabe que si no los controla será su final, aunque algo le dice que en esta ocasión todo será diferente. Es la primera vez que lo ve así de salido. El miedo la corroe por dentro, provocándole un terrible ardor en el pecho.

No.

No es el miedo.

Esta vez… no lo es.

Su mirada fija en la ventana no se centra en nada fuera de la casa, sino en la silueta que refleja justo detrás de sí. Una sonrisa complacida que ella nunca había visto antes se destaca en el rostro de la persona a la que más amó en su vida.

Baja la mirada y ahí lo nota. La platinada hoja del cuchillo se encuentra teñida de sangre. Su sangre.

No es la primera vez que la hiere. Al principio lo hacía como un juego, y era tan leve que a ella no le molestaba. Él había dicho que necesitaba hacerlo; que le bastaba con algunas cachetadas.

Ella se lo permitió.

Pasado un tiempo la rutina se le hizo insuficiente. Los azotes no se hicieron esperar. Al terminar él acariciaba la zona golpeada, le pasaba un ungüento para que no se hinchara y le repetía cuanto la amaba. Quería seguir haciéndolo.

Ella se lo permitió.

Un día le dijo que sería excitante agregar sangre. Tomó un cuchillo filoso de la cocina e hizo un par de cortes en su cuerpo. Hilillos de sangre escapaban de las heridas, los cuales él limpiaba con la lengua aliviándole el dolor y, al mismo tiempo, demostrándole cuanto la necesitaba.

Ella se lo permitió.

Y ahora, viendo ese mismo cuchillo atravesando su cuerpo justo a escasos milímetros de su corazón, piensa en que todo lo que le está sucediendo es culpa suya. Él se convirtió en ese monstruo porque ella se lo permitió. No supo ponerle un alto a su debido tiempo y ahora ya es tarde para hacerlo.

Usa sus últimas fuerzas para plasmar en el vidrio aquello que la llevó a la situación en que se encuentra:

"Te amo".

Y su brazo cae, inerte.

~Fin~


Espero que les haya gustado. Gracias por leer.