Disclaimer: La historia original, así como los personajes, hechos y todo lo demás, son de mi propiedad. Cualquier reproducción, total o parcial, sin mi autorización será considerada plagio y haré caer las penas del Infierno sobre el/la infeliz que sea responsable. ¿Se entendió? ¬¬ Cabe destacar que esta serie de relatos constituye una crítica a la sociedad de aquella época y a la forma en que la propaganda nazi influía en las convicciones de las personas. Los descalificativos usados para referirse a los judíos NO representan, de ningún modo, mi opinión acerca de ellos. NO apoyo la causa nazi bajo ninguna circunstancia.


Memorias de Franz Luther Eberhardt

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XI

"Denme diez años y no conocerán a Alemania"

(Adolf Hitler, militar y político alemán)

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-1945-

Las terribles pesadillas que suelen atormentarte mientras duermes, aquellas en donde el horror no conoce límites, donde la degradación humana alcanza su grado máximo; en las que la locura se funde perfectamente con la crueldad, aquella completa aberración a todo un mundo autodenominado civilizado; las mismas que noche a noche te perturban hasta las entrañas con las escenas incesantes de las torturas que les practicaste a los prisioneros; las responsables de que cada vez que despiertes lo hagas gritando con frenética desesperación; ellas, que dejan un amargo sabor en tu boca y te repugnan todavía más por saber que alguna vez fueron verdad y no sólo un invento despiadado de tu mente enferma; esas mismas que tanto aborreces por impedirte olvidar al menos un segundo tus recuerdos más sangrientos, han optado por dejarte en paz un instante.

Por primera vez en mucho tiempo has tenido una noche tranquila y agradeces con devoción por ello. Sin embargo, sabes que no durará demasiado. El peso que cargas en la conciencia es demasiado para soportarlo por el resto de tu vida, hasta retenerlo un minuto más parece tarea de titanes. Esas pesadillas volverán mañana, porque ya son parte de ti, un miembro gangrenoso imposible de extirpar.

Tomas con tu mano derecha la aldaba de la puerta que tienes enfrente de ti. No sabes si golpear o entrar directamente, de hecho, ni siquiera sabes si cruzar el umbral es buena idea. Pero ya estás ahí, al fin, después de tanto tiempo y tantas dificultades. Hubo momentos en los que pensaste que jamás volverías a ver aquella puerta de madera ni a las personas que quedaron detrás de ella, aguardando por ti en la casa que te vio crecer. Esos fueron los instantes en los que el corazón se te apretaba y deseabas más que nunca poder arrancarlo de tu cuerpo y arrojarlo en un rincón.

Has hecho cosas impensadas e inhumanas para volver a plantarte frente a esa ajada construcción en que los bombardeos convirtieron tu querido hogar. Y aunque dudas si entrar o quedarte fuera, lo cierto es que debes ingresar. Pronto. La guerra todavía no ha finalizado y tú eres un soldado desertor.

No sientes que le has fallado a tu patria, al menos, no más de lo que ya lo hiciste. Todo perdió sentido, el nazismo, la guerra y hasta la vida misma. El único objetivo que tenías cuando abandonaste a la SS era volver a ver tu casa a través de tus propios ojos. No importaba qué pasaría después contigo, qué castigos aplicarían contra ti, lo único que merecía valor era el deseo desesperado de volver a contemplar el último vestigio de tu vida anterior.

Lentamente sueltas la aldaba y empujas la puerta con cuidado. Ésta se abre al instante, sin ofrecer la más mínima resistencia. Cruzas el umbral y miras con detenimiento la escena que se presenta frente a ti. Nada de lo que hay ahí guarda relación con el recuerdo que de ella tenías. Alguien ha entrado aquí antes que tú, alguien para quien aquella construcción no era más que una oportunidad para encontrar algo de valor y robarlo.

La inquietud se apodera de ti y pierdas la poca tranquilidad que tenías. Sin detenerte a pensarlo, recorres la casa de arriba a abajo, de un lado a otro, buscándola a ella. Los muebles yacen arrumbados en posiciones increíbles, las fotografías y los cuadros que tu padre tanto amaba han sido destruidos, la platería de tu madre ha desaparecido y hasta se han robado la bandera alemana que se alzaba con presunción en la sala de estar. Dando zancadas subes y bajas escaleras, abres todas las puertas con ímpetu y atraviesas los cuartos en dos segundos, cada vez más desesperado por no dar con ella.

Comienzas a perder la fe, cuando la encuentras, sentada en su mecedora con gesto apacible en medio de su habitación preferida, la pequeña biblioteca con aroma a naftalina. Su sola imagen te tranquiliza al instante. La observas desde el marco de la puerta, descansado en aquella silla que tu padre le regaló para su cuadragésimo cumpleaños, envejecida por la preocupación que le has causado en tu ausencia, con los ojos cerrados y sosteniendo algo en las manos, estrechándolo contra su pecho, aferrándose con todas su fuerzas a eso.

—Madre —dices quedamente, sin moverte—, he regresado.

Sonríes al terminar la frase, esperando que abra los ojos y te descubra de pie bajo el umbral. Pero ella no parece escucharte.

—Madre —repites, perdiendo la sonrisa—, estoy aquí, en casa.

Sin embargo, nuevamente su silencio es la única respuesta.

—¿Madre? —la llamas, asustándote.

Avanzas hacia ella con temor, mientras un escalofrío te recorre la espalda y los peores pensamientos cruzan por tu mente. Cuando has salvado la distancia que los separaba, tocas sus manos y el contacto con su piel fría te sobresalta. Su brazo cae flácido y lo que con tanto ahínco sostenía se desploma sobre el suelo. El vidrio que cubría la fotografía se hace añicos enseguida.

Con los ojos empañados en lágrimas y ya comprendiendo la realidad, tomas su brazo y, luego de besar su mano frígida con cariño, lo devuelves a su posición cuidadosamente. Acaricias su rostro surcado de arrugas y su cabello entrecano pensando en lo preciosa que es esa muñeca de porcelana; en que ninguna mujer pudo ser la más indicada para ser tu madre, en que Dios no se equivocó cuando la escogió para ti; en que hubiera sido mucho mejor decirle "te quiero" cada vez que lo pensabas, en lugar de callarte, pensando que ya lo sabía de antemano.

—Madre —declaras, con la voz quebrada por la emoción—, ¿por qué no despierta para ver a su hijo?

Tu corazón se contrae de dolor al terminar de hablar, incapaz de aceptar la verdad. Ella ha muerto esperándote a ti y al final de la guerra, como tantos otros también lo hicieron. Fueron miles los ojos que se cerraron para siempre, aguardando por la promesa del término de una guerra sin sentido. Mataste cientos de veces a sangre fría y sin embargo nunca una muerte dolió tanto como la de ella.

Sin poder contener más las lágrimas, te echas a llorar sobre su regazo, el que ya no es cálido como antaño, cuando también recibía el llanto de tu niñez. La abrazas y te entregas al lamento más verdadero, al sollozo más atormentado y arrepentido, al gemido que nace del dolor más punzante, del más intenso, de haber perdido a la única persona a la que amaste y la única que amó todo de ti.

Desearías tener el poder para insuflarle un soplo de vida a su cuerpo vacío, quisieras verla abrir los ojos al menos durante un segundo, el tiempo suficiente para que comprenda que su espera eterna no fue en vano, que regresaste, que volviste por ella, que están juntos de nuevo. Mas, no puedes y te ahogas en el gemido que se abre paso violentamente a través de tu garganta cuando tu mente le dice a tu corazón que está muerta. Para ella ya se acabó y no hay nada que puedas hacer para traerla de regreso. Punto final.

—Si tan sólo hubiera llegado antes… —suspiras con el corazón desgarrado—. Si al menos…

No alcanzas a terminar. Un disparo sin sentido cruza el aire y algo en la puerta llama tu atención de inmediato. No sabes cuándo llegó, pero ahí está, sosteniendo un arma cargada y apuntando hacia ti. Te pones de pie, entre él y tu madre, y el soldado ruso dirige su fusil a tu pecho.

—Jodido nazi —alcanzas a comprender que dice antes de enfatizar su frase con un certero disparo. Esta vez, directo a tu corazón.

Sientes la bala chocar contra tu chaqueta de las SS, para luego abrirse paso entre tu ropa y tu piel, entre tus músculos y tu carne, y después dar de lleno en tu corazón, deteniéndolo por un milisegundo. El impacto te ha hecho retroceder y pisas con fuerza el suelo para no caer. Al verte en pie todavía, el soldado ruso despacha todas sus municiones en ti, con una mirada fiera y rabiosa, mientras tú sientes cómo cada una de aquellas balas se incrustan en alguna parte de tu cuerpo. Y duele. Duele horriblemente sentir cómo algunas te atraviesan y otras se quedan atrapadas entre tu carne.

La sangre sale a borbotones de las heridas recién abiertas y se asoma en un flujo violento a través de tu boca, cuando tú te desplomas sobre el suelo, lentamente, observando la escena segundo a segundo mientras el ruso no cesa de apretar el gatillo con vehemencia. La caída para de pronto, cuando tu espalda se golpea contra el suelo.

Desde tu posición ves al soldado en el marco de la puerta, a tu madre sentada en su mecedora a tu derecha y aquella fotografía a los pies de su silla. Concentras la vista en ésta y no te sorprendes al notar que en la imagen se los ve a ella, a tu padre y a ti, cuando eras un niño, en un día de campo cualquiera. Es entonces cuando agradeces que haya muerto antes de verte de regreso, pues para tu madre siempre serías aquel niño sonriente que sostenía en sus brazos, en lugar del soldado con las manos llenas de sangre en el que la guerra te convirtió. De haber estado viva a tu vuelta, jamás te hubiera reconocido.

Sin poder voltear la cabeza, te quedas mirando aquella fotografía de tiempos más felices, de esos días que nunca pensaste que valieran tanto, mientras los ojos se te inundan en lágrimas. No es por el angustiante dolor de las heridas, sino porque darías cualquier cosa por regresar al pasado, antes de la guerra, antes de Auchswitz, antes de Hitler.

—Madre —siseas con un último aliento y haciendo un esfuerzo sobrehumano—, desearía no haberme convertido en el hijo que padre siempre quiso que fuera, sino en el hombre que usted esperaba de mí…

El ruso no te deja continuar. Al ver que todavía te queda algo de vida en el cuerpo, aprieta el gatillo y un disparo final va a dar en tu cuerpo bañado en sangre, cesando por fin los últimos latidos de tu corazón.

La guerra no ha terminado, y aunque sabes que algún día lo hará, no serás tú quien vea a la Alemania de Hitler caer frente a la Alianza; ni tampoco verás a los miles de prisioneros, escuálidos y demacrados, recuperar su libertad pero jamás recuperar aquella vida que les arrebataron por el único delito de ser judíos. El Holocausto está cerca de terminar, pero no serás tú quien vea el día en que esta larga guerra llegue a su fin, no lo mereces.

Sin dejar de contemplar la fotografía que tu madre sostenía cuando murió, cierras los ojos y te entregas a la muerte, agradeciendo que nunca más tendrás que soportar esas terribles pesadillas. Es el único consuelo al que aferrarte, ya que sabes que todo tiene castigo, y si no es en esta vida, será en la siguiente.


¡Hola, mundo! :D Lamento la demora, pero ya tienen aquí el final de este proyecto. No quito que quizás más adelante sufra modificaciones, porque no termina de gustarme, pero por ahora se queda así xD ¿Me dejarían un último RR con su opinión? xD Sólo tienen que darle click a 'Review this Story/Chapter' (no es necesario tener una cuenta). Se aceptan todas las hortalizas que quieran tirarme :D Pero sería más feliz con críticas constructivas ;D

Agradezco a todos quienes se dieron el tiempo para leer esta historia y dejar un comentario :) Y también agradezco a las musas por darme un poquito de inspiración para recuperar el talento perdido después de tanto tiempo :D Para los viudos de mis torturas, les recuerdo que puedes pasarse por "Los Versos de Neruda", prometo que no defraudará :) Agradecimientos especiales a: Pina, Beelu, Mabo, Maléfica Mar, Shey1416, Sunsol, Trilli Cin, Xidori y Eme Corintia, que recién se sumó a esta historia :) Gracias por todos los comentarios y por la paciencia de esperar semana a semana un nuevo capítulo :D Prometo que todos sus comentarios serán devueltos :)

¡Nos vemos en una próxima historia! :D