Resaca

—¿Estás bien?

Alexa estaba pegada a la puerta del baño. Sam vomitaba por quinta vez en menos de una hora. El rubio prácticamente ya no estaba vomitando casi nada, pero las arcadas seguían.

Finalmente, ella abrió la puerta. Sam estaba recargado en el inodoro, pálido como la cera.

—Creo que me pincharon.

—¿Que te qué? —Preguntó ella, alcanzando una toalla para secarle el rostro.

—Echaron algo en la bebida.

Alexa no dijo nada y se limitó a ayudarlo a ponerse de pie.

—Dime… ¿cómo llegué a la cama anoche? —Preguntó el rubio, mientras se recostaba otra vez.

—Bill me ayudó.

—Así que el portero te ayudó —razonó después de unos minutos—. No recuerdo ni como salimos del club.

Alexa se limitó a llamar a alguien por su celular.

—Con Chris Daniels, por favor —impaciente caminó por la habitación—. ¿Chris? Hola, soy Alexa —hizo una breve pausa—. Necesito un favor, mi novio está algo mal, ha vomitado demasiado y temo que sea algo grave, ¿puedes venir? —Suspiró aliviada— Está bien, pregunta por Bill en la recepción.

—¿A quién le hablaste?

—A un amigo mío que es doctor. Él nos dirá si realmente fue una droga o te cayó fuerte la resaca.

—No tiene sentido —rezongó Sam—. Había cenado bien, tomé un par de tragos no te miento… pero a eso de estar vomitando y acabar perdiendo la conciencia… O ese trago no era para mí o el alcohol estaba adulterado. —Se tapó el rostro con una de las almohadas.

Sintió como el colchón cedía al peso de Alexa.

—Lo más importante es que te mejores, ya sabremos qué fue lo que pasó.

El rubio ni se molestó en contestar. Se quedó con el rostro cubierto. Después de un rato, no supo exactamente que tanto tiempo, escuchó voces en la sala.

—Buenos días —saludó un hombre alto de ojos azules y cabellera negra—, ¿cómo se siente?

—Destrozado.

—Anoche fuimos al Pacha y se le pasó la mano con las copas. —Comentó Alexa en tono cauteloso.

—Me imagino —contestó mientras sacaba un par de cosas de su maletín—, supe lo del compromiso —el ojiazul la miró fijamente—. Charlie me llamó, pero no pude asistir —comentó con desgana—. ¿Recuerda cuánto bebió anoche? —Sam negó con la cabeza— Muy bien, voy a proceder a ponerle una intravenosa, debido al vómito y a la resaca, está deshidratado.

—¿No podría ser que hayan puesto algo en la bebida? —Preguntó Sam al ver como el doctor sacaba una bolsa de suero y una aguja.

—En ese caso tomaré una muestra de sangre y la mandaremos analizar.

Después de revisar su presión sanguínea, revisar sus pupilas y tomar la muestra de sangre, le puso el suero.

—Volveré más tarde con los resultados. —Anunció después de recoger sus cosas.

—Gracias Chris.

—De nada Alexa —por primera vez sonrió mientras la miraba a los ojos—. Felicidades por lo del compromiso, nos vemos en un rato.

El rubio frunció el entrecejo levemente, algo ahí no le gustaba. No sabía si se debía a que el tipo era bien parecido y vestía de traje, o la manera en que ellos dos se veían. No dijo nada, cuando Alexa regresó y se recostó a su lado. Le dolía demasiado la cabeza como para seguir pensando en si ellos dos habían tenido algo… o lo seguían teniendo. Entonces una punzada le dio de lleno en la frente, recordándole los besos de Emily, la noche anterior.

¿A santo de qué, había pasado eso?

Cerró los ojos un momento, y entonces escuchó que Alexa pronunciaba su nombre muy quedamente.

—Ya regresó Chris.

Abrió y cerró los ojos un par de veces para aclararse la vista. El dolor de cabeza, había menguado un poco. Entonces, Alexa entró a la habitación, seguida de Chris.

—¿Mejor? —Preguntó Chris, Sam asintió como respuesta— Bien, pues los resultados no están arrojando presencia de drogas. Buscamos las más comunes para estos casos de pinchar bebidas; como son Ketamina, Rophynol, GHB, pero no hay nada. Más bien parece una congestión alcohólica. Bebió demasiado en un período corto de tiempo, sin darle oportunidad al organismo de procesarlo. —Agregó como explicación.

—Bebiste tragos de tequila y cerveza. Una mezcla nada buena. —Concedió Alexa, ganándose una mirada asesina de Sam.

—No es exactamente la combinación —intervino Chris—, pero el grado de alcohol en el tequila es de treinta y siete; y el de una cerveza, ocho —ni Sam ni Alexa dijeron nada—. Bien, esta es la otra unidad de solución salina que se le va a poner —le entregó una bolsa con líquido cristalino a Alexa—. Ésta que tiene, se le va a terminar en unos diez minutos más. Se la cambias así —hizo un par de movimientos y la castaña lo miró atenta—. En cuanto se le termine, le retiras la intravenosa. Tomas un poco de algodón con alcohol y le despegas esto —señalando el pegamento que tenía Sam en el dorso de la mano—, jalas esta parte y haces presión unos minutos. Trata de que coma un poco, después de eso. Muchos líquidos el resto del día; yo espero que para las cuatro de la tarde, ya esté completamente recuperado. Te dejo una receta para las nauseas y el dolor de cabeza.

—Esas pruebas que realizó, solo buscan una droga en específico, ¿no es así? —Interrumpió el rubio.

—Eso es verdad —lo miró fijamente—, pero hay ocasiones en que el organismo no está en la mejor disposición para tomar ciertas bebidas o alimentos. Me retiro.

—Te acompaño.

A los pocos minutos regresó a la habitación. Sam parecía impaciente.

—Es muy amigo tuyo, ¿verdad?

—Sí, algo.

—Dijiste que no tenías muchas amistades. —El tono de reproche, era casi imposible pasar por desapercibido.

—Y es verdad. Tú mismo escuchaste que le avisaron de la cena, pero no pudo ir.

—No era tu amigo nada más. —El tono sugería una afirmación, no una pregunta.

—¿Que no te sientes muy mal? ¿O para discutir si estás de ánimo?

—Estoy con resaca, no ciego ni idiota.

—Y al parecer con mal humor, también —lanzó un suspiro—. Si, tuvimos algo, no exactamente una relación. Él no tenía tiempo, y yo no sentí que valiera la pena el esfuerzo.

—¡Ah mira! ¿Y te pareció bien traerlo acá para que me atendiera?

—Es de confianza.

—Si ya veo, de bastante confianza diría yo. Estoy seguro que se metería el juramento hipocrático por el trasero con tal de cagarme la existencia.

—Mira Sam, lo admito, cometí un error en llamarle. Pero entiende esto: Estoy contigo, y él sabe que me voy a casar contigo.

—Se ha de estar burlando más bien. 'El futuro marido de Alexa tiene problemas con el alcohol, y todavía tiene la desfachatez de decir que le pusieron algo en la bebida.' —Recitó con voz aguda.

—¿Acaso te he echado bronca por tu pasado? No, ¿verdad? —Endureció el rostro al verlo poner los ojos en blanco— A mí, reclámame desde el día en que nos acostamos hasta ahora. Lo de Chris fue meses antes de que te conociera. ¡Ah! Pero tú, como buen detective, quieres los pormenores del asunto. Pero desgraciadamente no hay mucho que te pueda decir; nos conocimos, salimos, nos acostamos y terminamos. Fin de la historia. Ahora, voy a prepararme algo de desayunar.

Antes de que Sam pudiera siquiera hilar una frase para defenderse, ella ya había salido de ahí. Caminó furiosa hacia la cocina, sin apetito alguno, cuando escuchó que llamaban a la puerta.

—Lo que me faltaba —soltó sin disimulo al abrir la puerta y ver a su visitante—. María Perotti —pronunció con desprecio y burla—, ¿qué quieres?

—¿Puedo pasar?

—No, estoy ocupada. —Alexa no se movió para darle el paso.

—Supe por Virginia que planeas casarte con ese hombre.

—Ahórrate el discurso, porque no me interesa. Ahora, si no te importa… —Hizo ademán de cerrar la puerta.

—Venía a traerte algo. —De su bolsa sacó una pequeña cajita envuelta en papel rosa.

—No me interesa nada que venga de ti.

—Era de tu madre, es tuyo por derecho —se le entregó y Alexa de mala gana lo tomó—. Espero que entiendas que Zarco, hizo parecer las cosas terribles.

—No trates de minimizar el asunto. Entiendo que amaras a mi padre y que por esto estuvieras ahí todo el tiempo, disponible para él. También entiendo que no me quisieras, porque yo no era tu hija; lo que no entiendo es porque me trataste así. Hubiese sido más inteligente tratarme como tu propia hija, te habrías ganado mi corazón y tal vez el de él.

—Así fue como me educaron a mí —respondió bajando la vista—, para tu abuela Elena, yo siempre fue la huérfana...

—Agradezco que hayas traído esto de mi madre, pero de verdad, estoy muy ocupada. —Cerró la puerta suavemente sin esperar respuesta.

Fue hasta la cocina, y tomó un poco de agua. Miró con recelo la pequeña caja, que había dejado sobre la mesa. Rompió el envoltorio y la abrió con mucho cuidado, como si de ahí pudiera salir un fiero león lista para atacarla. Contuvo un suspiro al ver que se trataba del mismo collar que lucía en la foto de su sala.

Tomó asiento y contempló el collar con fascinación, las caprichosas formas y el brillante color de la plata.

—¡Ay mamá! —Sollozó, tapándose el rostro con las manos.


Al fin, Alexa le había quitado el suero. No estaban muy conversadores, más que para lo esencial, pero al menos se hablaban. Después de probar un poco de sopa, el rubio decidió tomar un baño.

Sin tan solo el agua caliente que caía por su cuerpo desnudo, pudiera llevarse consigo todo su pasado; las cosas serían más fáciles. Sin reproches, sin cicatrices, ni tanta mierda. Pero después de todo, la castaña tenía cierta razón al decir que ella nunca le había echado en cara su pasado. Pudo verla celosa cuando mencionó a Edith, pero nunca quiso saber más detalles.

Después de vestirse rápidamente, salió de la habitación y encontró a Alexa en la sala, escribiendo enérgicamente en su laptop.

—¿Podemos hablar?

La castaña no respondió inmediatamente, dio un par de tecleadas más, y bajó la tapa de la laptop.

—¿Te sientes mejor? —El tono era bastante frío, distante.

—Sí, gracias —Respondió tomando asiento junto a ella tratando de sonar jovial—. ¿Por qué nunca hemos hablado de nuestros amores pasados?

La castaña soltó una carcajada involuntaria.

—Porque no tiene caso. A mí, no me interesa saber con quién follabas, ni por qué. Es una pérdida de tiempo.

—Espero que ese Chris Daniels, no sea como Franco y tenga que estarlo viendo en cuanta reunión o salida, tengamos.

—Nada de eso —dijo la castaña entre dientes—. A mí no me importa tu pasado, no es algo que me quite el sueño, y no quiero saber nada de tu antigua vida amorosa, porque así es como empiezan las puñetas mentales.

El rubio soltó una carcajada.

—¿Puñetas mentales?

—¡Ah! Te impresioné, ¿verdad? Me la debías por eso de "me pincharon la bebida".

Ella soltó esa risa limpia y fresca, la misma que le escuchó cuando se conocieron. ¿En que estaba pensando? Era linda, decidida y emprendedora. Claro que iban a existir otros antes que él. Pero ahora, ella era suya.

Se acercó hasta ella y la besó. Cuando ella hizo a un lado todo y se abrazó a su cuerpo, supo que todo estaba perdonado. La intensa resaca ya había quedado muy atrás y ahora lo que importaba era tenerla en sus brazos, besar sus labios y recorrer su cuerpo con dedicación. Al fin iban a poder celebrar el compromiso, como él tenía planeado.

Justo cuando comenzaba a quitarse la camisa, su celular sonó. Contestó sin siquiera ver quién llamaba, ganándose una mirada de reproche por parte de la castaña.

—¡Hey! —Era Charlie— Alístate mañana temprano, iremos a jugar golf. Franco quiere que vayas.

—Claro, ¿te llamo más tarde? —dijo mientras se recostaba sobre Alexa— Voy de salida.

—Está bien, estamos pendientes.

Cuando terminó la llamada, agradeció tener la tarde libre.

Para la mañana siguiente, después de haber confirmado con Charlie, que iría con él y Franco, a un lounge de golf; se levantó temprano, y fue a comprar un equipo. No llegaría ahí como un inexperto, además las clases que Mike, su hermano, le dio en Tucson… dudaba mucho que se le hubieran olvidado.

Para cuando llegó Charlie y Franco ya estaban lanzando un par de pelotas, había un par de pantallas que simulaban algunos de los torneos de golf.

—¿Equipo nuevo? —Observó Franco.

—Fue un regalo de mi hermano menor —mintió—. Jugamos un poco cuando fui a visitarlo.

—Perfecto, vamos a ver que tienes.

Después de unos veinte minutos, el rubio decidió que de ahora en adelante ese sería su nuevo lugar favorito. Afortunadamente, en el sitio que ellos estaban ocupando para hacer sus tiros, la pantalla calculaba la velocidad, angulo y otros detalles; mismos que de alguna forma habían impresionado a Franco.

—Estuve pensando —dijo después de tirar tres veces seguidas—, que ya que vas a ser parte de la familia, también sería bueno que fueras parte del negocio.

Sam observaba como Charlie preparaba su tiro.

—No es un negocio que tenga que ver con las joyas —Charlie lo miró un momento y después golpeó la pelota con fuerza—, pero puede hacerte ganar lo suficiente para que hagas reventar las gavetas de Alexa.

—¿Aún más? —La expresión del rubio sugería que él en parte, era culpable de eso.

—Las mujeres nunca tienen suficientes —añadió Franco con una sonrisa burlona—. En fin, tengo un negocio, en la calle Copper. Me gustaría que le echaras un vistazo.

—Bien, pero no creo que ir a ver tu negocio me vaya hacer ganar tanto dinero como tú dices.

—Es que… —miró a su alrededor para comprobar que nadie estaba cerca— depende de lo que me digas al respecto, pienso hacerlo mi centro de operaciones. Me gustaría distribuir algo de nieve por ahí.

Sam se carcajeó del comentario de Franco. El moreno lo miró con expresión endurecida.

—¿Eres de esos moralistas que nos ven a nosotros los mafiosos como lacras de la sociedad?

—Para nada, soy del tipo de persona al que le gusta que le digan a las cosas por su nombre.

—Es que a Franco no le gusta el término de mafioso, le va mejor el de empresario. —Charlie dibujó una media sonrisa en sus labios.

—No es tanto lo de mafioso, sino lo de nieve. No sabía que todavía le llamaran así —río con ganas— ¿Me viste cara de santurrón? —Miró fijamente a Franco con una cena enarcada— ¡Quita esa cara! Vale, le echaré un vistazo a tu negocio.

Franco le palmeó la espalda al rubio y sonrió con satisfacción.

—Bueno, ¿y que te parece ir esta noche?

—Me parece perfecto.

—¿No tendrás problema con tu futura domadora?

Sam negó con la cabeza, y aguanto con dignidad los ruiditos de broma que hacían Franco y Charlie.