Para: sara_f_black (que me pidió de mi historia, la cgis y no pude evitar escribir de ellos)

Al mes y medio de conocerse

El caso había sido difícil desde el principio y Rivers estaba seguro que sin ella trabajando junto a él, nunca hubiera encontrado al violador de las reclutas... el consejero jamás es la primera opción.

Si Ríos no hubiera insistido en hacerlo perder la compostura en un lugar peligroso, no lo hubieran encerrado. Y si él no hubiera llegado a tiempo… él había aprendido a no ser de esos que piensan "Y si", pero sabía que hubo mucha posibilidad de que Ríos se convirtiera en la cuarta víctima.

Apenas ayer habían llegado de nuevo a Boston y todo ese día habían estado inmersos en el reporte escrito, pero era viernes y ese no había sido un caso cualquiera.

—Te invito a bailar y sino sabes bailar, entonces te invito a un trago —ella le robó la idea.

—Soy bueno bailando…

Aunque no tanto como ella. La salsa era su elemento. Estaba seguro, por la forma en que Ríos acarreaba miradas y palmadas de la gente, con ese movimiento de alegría y sensualidad, que ella estaba acostumbrada a ser la reina de la pista.

Y la forma en que lo hacía moverse, le sonreía y reía con sus intentos… por alguna razón, él se sintió como su rey.

A la tercera canción, por fin le dio un respiro a su humillación autoimpuesta y se sentaron a la barra. Pidieron una cerveza, hablaron de todo y nada y, como a la cuarta, ella se le quedó mirando dejó de sonreír y le dijo:

—Ya entiendo lo que hablan de eso de los compañeros… gracias por salvarme, jefe… —y simplemente se le quedó viendo de nuevo, con una sonrisa.

Él se puso en pie y le presentó la mano. El bolero que bailaron, abrazados, sí era su elemento.

—¿No tenías compañero en la CIA?

—En ti sí puedo confiar.

Él sintió como lo abrazó un poco más fuerte y dejó su cabeza en su hombro… y la sintió reír por lo bajo, en todo su cuerpo.

—¡Es bueno no tener que pensar en no hablar aunque tengas alcohol encima!

Rivers se quedó en silencio. Quiso preguntar mucho… pero más que todo, quiso seguir siendo para ella esa persona en la que podía confiar, bailar abrazados y decirle las tonterías que se le venían a la cabeza.