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ImpresoraI

Muchos han querido saber cómo se me ocurrió la historia de Carioder, la cual plasmé en esa serie de libros (Que la editorial bautizó: "La saga de los Escribas",sin que me terminara de convencer ese título)que tan famoso me han hecho en el género de lo fantasioso. Cuando yo les pregunto, como toda respuesta; ¿Qué tanto les interesa?, simplemente me manifiestan que dentro de toda mi obra, esa serie es con mucho la más destacada porque, en resumen: "la forma de escribirlo es tal, que ese mundo más bien parece ser descrito en un realismo crudo poco típico en usted".

Pues bien: En un arrebato de agradecimiento y despreocupación, he decidido responderles con este relato, parte de un libro de cuentos que publicaré próximamente.

Así, al ser yo el autor de semejante historia, que siempre me he movido en este género donde la mentira es su verdad; no correré el riesgo de que me tachen de loco, y más bien dirán que se trata de otra de las excentricidades de este escritor irreverente.

Baste decir, antes de iniciar en sí la historia, que no me debo llevar todo el crédito por "La saga de los Escribas", como siempre he dejado ver con el hecho de que en los libros, (en lo que ustedes creían que era una de esas innovaciones de este escritor) siempre apareciéramos de autores Carioder de la Isla Archí y yo.

II

Estaba tratando de terminar una novela que iba a enviar a un concurso literario y, sino ganaba algo, a las editoriales; para ver si me hacía con algún otro premio y, porqué no, dinero.

Pero, con la misma intensidad que ella empezó a trabajar conmigo en esa historia, así se alejó de mí la musa, tratándome con la terrible ley del hielo. Aunque, para no ser injusto con mi compañera de tantos viajes a mundos imaginarios, me siento en la necesidad de comentar que no es que no tuviera idea de qué iba la historia, porque la tenía, claro. Sin embargo, por mi particular "proceso creativo", no sólo es eso lo necesario para escribir: debo tener las ganas y la habilidad de que fluyan las ideas mientras lo hago, para así esclarecer la idea general que ya tenía. Justamente fueron las "ganas" y la "habilidad" los que se alejaron junto a mi vieja y a veces ingrata patrona Clío.

Fue cuando decidí imprimir lo que había escrito, para releerlo en mis manos; en carne, hueso y sentimiento. No es lo mismo leer en la computadora que en papel y tinta: ¡Y vaya que tenía razón!

Lo que salió de mi impresora no era lo que había hecho, ni estaba escrito en Times New Roman. La letra era de alguien: muy cursiva, con muchos "rabillos" en todas direcciones y manchas por aquí y allá. Una letra que, a primera vista, me hizo pensar en tinta y pluma, vela y mesita de madera coja bajo un rollo de papel grueso y una mano trigueña que escribía con esmerada lentitud.

Sin darle rienda suelta a mi imaginación, me dispuse a leer lo que sea que había mandado a imprimir, lo cual se los reproduzco textualmente:

III

"Ser que mira la vida, pensamientos, secretos para él mismo de Eduardo: por algo el aire escribió la historia de usted en los papeles de yo. Puede que no y Puede que si para que usted explicar a yo; ¿Por qué yo soy como yo soy y le pasa a yo lo que le pasa?

Tener usted el poder de conocer, entender y explicar a Eduardo: Por qué Eduardo ser como Eduardo. Yo entonces traté de escribir a usted que como ser yo, para que usted explicar a yo Carioder: ¿Por qué Carioder ser como Carioder?

Yo pedir disculpa por como yo escribir. Yo no conocer forma de escribir de usted y forma de hablar. Pero, entender al ver lo que ahí decir. Cada grupo de dibujos juntos decir a Yo que significar él o ella. Yo entonces ver y ver, y luego ver en cerebro, hasta algo entender de la raíz o centro de su escribir, y luego poder escribir a usted.

Yo siempre ver cosas, desde persona pequeña. Visiones de mi casa y tierras, pero también Cosas que no estar. Cosas raras: persona que oír a otra persona en cosa que poner en oreja; máquinas que estar en lo de arriba, en cielo; cosas que hacer terrible fuego, cosas como carretas que rodar solas...

Antes ya aparecer cosas en mi casa, que yo poder tocar, pero no una como su cosa que ayudar a Carioder: ya que cosa ser como escribir, como decir de su personas: ser comunicación en medio de lado de yo y lado de usted. ¿Creer que yo ver también tu lado? Ayudar a Carioder, por favor."

IV

Ante lo anterior, y cuando por fin pude salir de mi confusión mental, obviamente pensé que era una broma o algo parecido. Pero me tuve que responder, ¿de quién, si sólo yo tocaba esa computadora?

Unos minutos después de más caos aturdido en la cabeza, volví a poder razonar y releí la carta.

Lo primero que me llamó la atención es que Carioder habló del personaje principal de mi novela: Eduardo. Y como la escribía en narrador omnisciente, se entiende porqué él (porque creí, en mi socialización patriarcal, que era hombre) me creía capaz de entender su situación también.

Entonces, todavía en ese momento de aturdimiento en que a uno no le parece necesario sentir nada por algo (y que parece que en mí es muy permanente); me senté y le escribí a Carioder una respuesta, como si fuera otro de los juegos conmigo mismo que a veces me gusta inventarme.

Le escribí, en resumen, que yo no era una especie de dios; pero que sí, lo que él veía era normal en donde yo vivía. Le expliqué, entonces, lo que él veía: los celulares, los aviones, los autos, etc. le hablé un poco de mí y, finalmente, le pregunté sobre él.

Entonces, como ley de las ceremonias paranormales, pensé en hacer todo igual a como había hecho antes: copié lo que le escribí en otro archivo y, luego, imprimí el original.

Nada. Salió lo que había escrito.

Entonces, ya que nunca he sido muy cuerdo que digamos y se me ocurren ideas raras: pensé que justo un ciclo lunar después, intentando que fuera en el mismo minuto de la noche (de luna llena, por cierto) en que imprimí por primera vez; sí volvería a tener comunicación.

Muy emocionado, escribí: "Carioder" en el calendario de la cocina.

Increíblemente, tenía razón. En la siguiente carta supe más de ella, de su vida, mundo y personas cercanas; terminando con muchas preguntas sobre mi mundo.

Entonces, para no aburrirlos más con el cuento, nos narramos nuestras peripecias, convirtiéndonos en lo más amigos que podíamos ser en nuestras circunstancias (un día, hasta tuvo una visión mía: me reconoció porque le dije que siempre andaría ese abrigo y ese enorme collar que tanto ha sido comidilla de ustedes, como parte de las locuras de este "genio" de lo fantástico). Unos años después, le pedí permiso para que pudiera escribir su vida, ella también lo hizo para con la mía. Y tuvimos la que puede ser la más extraña relación por e-mail que haya existido jamás.

Así nació esa serie de pequeños libros, de la cantora nómada y visionario que se mezcla con los otros héroes itinerantes en sus aventuras. Y que, al final de su vida, se retira a vivir en los jardines del monarca, como uno de las escribas y divertidoras de la familia real, ya en su ancianidad.

Y prefiero terminar aquí para que puedan seguir con los demás cuentos en santa paz.1

1 Después de la muerte de Antonio María y Montenegro, dejando incompleto este libro de cuentos; se encontró, entre los objetos personales que su hermana vendió a los coleccionistas, muchas hojas que parecen ser la última broma del excéntrico e irreverente (como él mismo se describe) escritor. Son lo que se podría llamar, los e-mail que Carioder le mandara a su amigo. En el último de ellos, dice así:

"Amigo mío, al no haber aparecido escrito tuyo supe en mi emoción que habías muerto. Pero no te preocupes, aquí serás inmortal, porque tu presencia está aunque nunca hayas estado, como la de tu mundo. Te extrañaré, mi sombra amiga, pero mi esperanza es que, adónde vallamos, por fin podamos darnos un abrazo y compartir un mismo entorno y, tal vez, darte el beso que tanto has deseado de mi."

Curiosamente, fueron estas 23782 hojas las que se vendieron por más dinero en la subasta, siendo sólo superada por la antigua y tantas veces arreglada impresora que Antonio María y Montenegro nunca reemplazó.