Capítulo 21

TODO ESTABA OSCURO.

A mí alrededor todo lo que se podía sentir era el silencio que se hizo por una fracción de segundos. Me refiero, a si hubiese sido humano. Y no lo era.

El apagón había conseguido asustar a todos en el lugar… Y yo no era la excepción.

Sabía lo que se venía y sabía también que no era bueno. Mel había perdido su protección en el preciso momento en que todo se oscureció… y a pesar de lo literal, esto también constituía una metáfora. Metáfora que odiaba y que hubiese deseado nunca hubiese sido real. John era el culpable, esa sabandija asesina era él único y gran culpable de todos mis males. Todos.

Cuando recuerdo lo ocurrido y me recrimino lo torpe e inútil que era—y sí, lo confieso, lloro todas y cada una de las veces que lo recuerdo— sólo encuentro consuelo en el hecho de que hice todo lo que estaba en mi mano para que John no se la llevase. Me moví lo más rápido posible pero fue en vano… ¿podría haber adivinado y previsto antes de aceptar ir al paseo que algo así podía pasar? La respuesta era no. Mel estaba a salvo con su crucifijo ¿Cómo podía saber que justo ese día un estúpido ebrio se lo arrebataría cuando mi enemigo vigilaba?

Quizá esa era mi parte de culpa. Me había prometido no bajar la guardia hasta acabar con él… y una vez más no lo había cumplido.

Entonces ya era tarde. El vampiro se la había llevado, pero su corazón aún latía.

De nada me importó que hubiese más de mil personas a mí alrededor. Después de todo: estaba oscuro. Sus ojos humanos no podrían verme… Aunque quizá debería haber pensado en que sí podían oírme.

Menos de un segundo y ya era un lobo de tomo y lomo. Mi gruñido de ira, espanto y extremo sentimiento de urgencia, hicieron que la multitud enloqueciera, pero no me molesté con ello, sólo tenía una cosa en la mente. Seguir a esa sabandija y salvar a mi amada.

Salté sobre la muralla de tierra que se formaba como un muro justo al tiempo que escuchaba a Nate darle a la Dani las indicaciones para mantenerse a salvo y salir corriendo tras nosotros. ¿Qué estaba loco? ¿Cómo pensaba que iba a ser capaz de alcanzarnos o de ser de ayuda con su fuerza y velocidad humana? No podía creer que mi amigo estuviese arriesgando su vida de esa forma por mí y por Mel.

Mel.

Apuré el paso lo más que pude, pero aún así era insuficiente.

El lado bueno del asunto, es que no había bebido alcohol esa noche. De haber sido así… las cosas habrían salido aún peor.

Sin embargo, a pesar de todo lo bueno y lo malo, había una sola cosa que se me hacía por sobre todas las cosas, de lo más extraño del mundo. No, miento, eran dos las cosas.

La primera era lo esencial, llevábamos aproximadamente un minuto de persecución y el corazón de Mel seguía latiendo sin que siquiera una gota de sangre abandonara su sistema. Aunque sus gritos de espanto me desgarraban el alma, decidí que lo importante y, por sobre todo, el motivo porque debía de agradecer era porque aún estaba en una pieza.

Al pensar en esto, fue que reparé en un hecho que habría hecho a mi mamá saltar de gozo. Mi fe se estaba poniendo a prueba en esos momentos y no se notaba para nada apagada como había hecho por largo tiempo. En el pasado, había pasado muchos años renegando de la fe y hasta burlándome de la supuestas posibilidades de seres absolutos y todopoderosos. Pero entonces, que sabía perfectamente que los resultados de la noche no podrían ser—de ninguna forma—responsabilidad de criaturas de este mundo, y que las posibilidades de distribuían en una balanza que no se inclinaba hacia mi lado, era que me prometí, no sólo a mí, sino que también al ser superior de arriba, que si lograba a hacer que Mel sobreviviese a la penumbra, me confesaría… sí, confesaría todos mis pecados.

Al menos los humanos.

Pero la segunda, y que no me ayudaba mucho a pensar con claridad era que además de las cuatro esencias, tres corazones y pasos, se añadía un elemento extra a nuestra tragedia.

Cinco esencia, cuatro corazones y cuatros pasos.

Podía escuchar a Nate muy por detrás de nosotros, pero no le acompañaba a él. Tenía en la mira a John llevando a Melissa por delante de mí, pero el nuevo actor tampoco le acompañaba a él… No, podía sentirlo por uno de mis costados, a bastante distancia y ligeramente más atrás mío.

¿O estaba más adelante?

Como dije, su esencia no me permitía pensar con claridad. Sabía con certeza que nunca había olfateado algo así—al menos desde que había dejado de ser humano, que era desde cuando tenía una especie de registro de cada nuevo aroma—y aún así, tenía la intensa sensación…. Quiero decir… Se me era inmensamente familiar, aunque no tenía cómo saber por qué.

No era humano, el olor a su piel era completamente distinto y además era demasiado rápido para serlo, y aún así, tampoco era vampiro, podía oler la sangre en su cuerpo y, casi, podía sentir—por la forma en que se erizaban y luego relajaban los pelos—su calidez. ¿Podía ser que fuese….?

No.

Tenía que eliminar esa idea de mi cabeza, no podía ser otro licántropo, no podía ser como yo. No podía…

¿Pero por qué no podía? ¿No era lo que había estado esperando desde que me mordieron? ¿Conocer a alguien como yo?

Pero por eso no podía ser… o al menos eso era lo que yo creía. No podía, porque fuese lo que fuese no podía ser bueno. ¿Qué cómo lo sabía? Mis instintos me lo decían. Mis instintos licántropos.

Genial. Mi sarcasmo volvía a situarse cómodamente entre mis neuronas. Ahora tendré algo más de qué preocuparme.

O no….

Decidí que fuese lo que fuese, si llegase a existir una noche después de esa, habría tiempo de sobre para averiguar quién era y qué quería este nuevo partido que no había sido invitado. En esos momentos, todos mis sentidos debían pertenecerle a una sola persona: Melissa.

Pero mis patas no daban más… Por más que les demandase, no conseguían alcanzar más velocidad.

No supe si era para mejor o para peor, pero lo siguiente que ocurrió fue algo que no me esperaba y que sin embargo, como prácticamente todo lo que me ocurría últimamente: me asustaba.

El desconocido que se movía para aquella fracción de segundos paralelo a mí logró, en la fracción siguiente, adelantarse tanto que incluso quedó por delante de John. Éste trató de esquivarle y seguir en su huída, más la presencia de un segundo "enemigo" le tomó tan de sorpresa como a mí la de mi nuevo "aliado", y no alcanzó a zafarse.

Por primera vez en la vida le agradecí a esa sabandija voladora su consideración, pues, en vez de seguir corriendo y probablemente estrellarse contra algo que podía estar casi 100% seguro, sería tan duro como él mismo, o como yo, optó con detenerse y evitar que cualquier impacto terminara reflejándose en la chica que llevaba en sus brazos.

Que deberían haber sido los míos.

-¿Qué es esto?- Preguntó con espanto, el pánico asomándose en cada uno de las distintas tonalidades en sus ojos.

Traté de aprovecharme de la ocasión y ponerle fin a todo el asunto. A deshacerme de la última piedra en mi zapato… de quitarle la cabeza… a mi enemigo: A John el odioso vampiro. Pero mis patas se hicieron más pesadas, era como si fuese magia: magia negra, pensé.

Sin embargo, no fue hasta que el ángulo en que me encontraba me permitió ver qué era lo que acorralaba al chupasangre contra un gran árbol que ya no pude avanzar.

Literalmente, no podía dar un sólo paso más.

Aquello que se encontraba del otro lado del sendero no respondía a ninguna lógica… pero, de nuevo, ni yo mismo respondía a algún tipo de lógica. Frente a John, en posición lista para el ataque, se encontraba un gran lobo plateado. Su torcido hocico se recogía para dejar al descubierto una línea de filosos colmillos, que, ya me los podía imaginar desgarrando el cuello de su presa.

Me tomó un par de segundos darme cuenta de por qué me había quedado como petrificado ante la escena, y hacerlo, no me ayudó en absoluto a cambiar mi situación.

Estaba sorprendido, la figura frente a mí… frente a John y frente a Melissa se me era familiar. Y era obvio, ya lo había visto antes, pero ¿dónde…? No sabía por qué, pero estaba confundido, él, el lobo, era muy distinto a cualquier recuerdo en mi mente, pero sin embargo pertenecía allí. De eso estaba seguro, mi cerebro lograba reconocerle, pero tardé todavía más tiempo—que el que me había tomado en notar mi parálisis—en reconocer el tiempo y lugar.

Y de pronto… Escuché una voz, pero no era la de él, ni la mía, ni la de John, mucho menos la de Mel o la de Nate—que ya se encontraba cada vez más cerca de nosotros—. No, se trataba de la voz de Medwin Watson, el hombre que me había dado la vida. ¿Pero por qué eran sus palabras que se me venían a la mente al ver por primera vez a alguien muy, pero muy parecido a mí?

-Matt, en la vida hay cosas que sobrepasan nuestras capacidades. Siempre has todo lo que esté en tus manos, pero debes saber que la última palabra la tiene Dios…-

¡Entonces lo recordaba a la perfección! Aquel licántropo frente a mí era el mismo que había visto a la edad de 3, sólo que su estado físico no era para nada lo glamoroso que había sido por esa época.

Su pelaje, aunque tan brillante como antes se aglomeraban en una especie de dreslos por aquí y por allá, dando la impresión de que, después de todo, la vida no lo había tratado tan bien. Me preguntaba qué le habría ocurrido, pero mis pensamientos se atoraron donde estaban—muy profundos en mi mente—y nunca llegaron a ver la luz del sol.

Su presencia era intensa, cada pelo de mi cuerpo se erizaba ante él, pero era extraño pues, podía estar seguro, en un 100% que no le tenía ni una pizca de miedo. Pero sí, una parte de mi cabeza sentía desconfianza… aunque era la porción más pequeña.

Contra todas las respuestas que John pudo encontrar a su pregunta consiguió tan sólo un gruñido—un feroz y desgarrador gruñido, que sin tener muchos fundamentos, me hicieron agachar las orejas y esconder mi cola en el lugar más seguro que encontré: entre mis patas—que yo entendí a la perfección. Claro¸ ¿cómo no se me había ocurrido antes? ¡Pero si era tan lógico! Siendo ambos de la misma especie era dado a esperar que hablásemos el mismo idioma.

-Yo soy quien te matará- dijo el lobo al que todavía no conocía el nombre.

-No- fue todo lo que alcancé a pensar, pero aparentemente también fue todo lo que alcancé a… ¿gruñir?

El lobo se volteó hacia mí como diciendo ¿Estás bromeando? ¿No es lo que querías? Y tenía razón… ¿No era lo que quería? ¿Ver a esa sabandija muerta?

-No, lo que quiero es que muera entre mis fauces- ahora la frase salía de mí en forma de un ladrido.

Mel se estremeció aún en las manos de mi enemigo. ¿Qué era lo que le asustaba? ¿Que aún no la rescatásemos? ¿Que aún siguiese en el limbo con la muerte? ¿Que pudiesen hacerme algo? ¿O el que la asustó había sido yo?

Al verse acorralado, mi enemigo y ante el miedo de perder su oportunidad de venganza hacia mí, no hizo otra cosa más que afirmar su agarre hacia mi novia.

Mis instintos por salvarla predominaban ante todos los demás: miedo, pánico, desconfianza, respeto, etc… Ahora que tenía ojos sólo para ella, no me lo pensé ni por medio segundo antes de saltar contra mi enemigo.

No pensé en las consecuencias, lo único que quería era que la dejaran ir, él y el lobo que lo acorralaba. Mel no tenía nada que ver en asunto. Sólo la quería libre… ¿era mucho pedir?

Entonces un mordisco en el cuello me detuvo, pero no me hizo daño, de hecho, entendí de inmediato que no era un ataque sino más bien una advertencia. No me dejarían pasar más allá.

-Matt…- sollozó Mel haciendo que sintiese como si una jabalina invisible atravesara mi corazón.

Me sentía tan impotente ante la idea de no poder hacer nada. Solo… no había sido capaz de alcanzar a John y librarla… Y quien había hecho mi trabajo ahora no me dejaría liberarla.

-Ahh…- exclamó el único ser que en esos momentos hablaba mi lengua -¿Y quién es esta señorita?-

Había algo en su voz… algo, que no me gustaba. Tarde unos segundos, pero finalmente logré reconocer qué era específicamente lo que no me gustaba. Su tono tranquilo me recordaba al de John cuando me amenazaba con quitarme la única razón de existencia.

-No la toques…- Le amenacé.

-¿Yo? ¿Pero que podría yo hacerle si somos del mismo bando cachorrito?-

Ahí estaba de nuevo, esa extraña similitud en la forma de hablar de mi enemigo. ¿Cómo se suponía entonces que creyera que estábamos del mismo bando? ¿Cómo podía confiarle lo más preciado a alguien desconocido?

-No te creo…- sentencié. No quería enfrascarme en una conversación, temía que de no estar atento, John huyese… o peor, terminara con su cometido.

-¿Pero qué razones podría tener para hacerte daño Matt? ¿Después de todo lo que ha pasado…?-

No me extrañó que supiese mi nombre, después de todo, me conoció en mi infancia cuando mi padre debía repetir mi nombre muy a menudo para conseguir mi atención… Después de todo, mi Déficit Atencional era de nacimiento. Sin embargo… me perturbaba enormemente su segunda frase… ¿A qué se refería cuando decía después de todo lo que ha pasado? ¿Acaso se refería al hecho de que junto a papá le habíamos salvado la vida?

-Te salvamos la vida, nos la debes- le cobré.

-Pff…- aún como lobo conseguía un excelente tono de sarcasmo y su capacidad para bufar me dejaba sorprendido – A ti no, a tu padre y esa deuda quedó saldada hace un par de años. ¿Por qué crees que aún estás con vida?-

-¿A qué te refieres?- No entendía… ¿A qué se refería?

Mi mente daba vueltas, sin dudas había aquí mucha información que procesar y no era ni el momento ni el lugar para responder a preguntas, no podía perder mi objetivo. Por una vez en la vida, sencillamente no podía.

A todo lo que me rodeaba y desconcentraba, tuve que agregarle un elemento más… Nate ya estaba prácticamente con nosotros. Volteé un segundo para verle aparecer, venía corriendo, su polera llena en sudor, pero en sus manos, traía una estaca y una cruz.

Por lo menos de John tiene protección, pensé. Algo menos de qué preocuparme.

Pero aún no tenía respuestas… ¿A qué se refería?

-¡Responde!-

-La deuda con tu padre la pagué con creces, no sólo le di inmunidad a su casa la noche que estuve allí, sino que también te perdoné la vida, hace un par de años Matt, has memoria… ¿O siempre has tenido cola y colmillos?-

-¡Tú!- rugí. Y sin pensármelo más me lancé contra él olvidando por completo todo lo demás.

No sabía por qué, pero una ola de ira se apoderó de mí. Siempre había considerado mi licantropía una bendición, pero en esos momentos sólo cabía en mí el resentimiento… ¿Y por qué? ¿No había ya hecho la reflexión que de no haber sido por él no habría podido cobrar la venganza de mi padre y matar a María?

Quizá era porque si no me hubiese transformado Mel no hubiese estado en peligro esa noche y quizá, ni siquiera me hubiese conocido por que yo estaría muerto. Se habría ahorrado tantos malos ratos… Quizá ahora estaría feliz en los brazos de otros—posiblemente Matías—celebrando en un paseo que habría acabado por ser todo un éxito y no el fracaso en que se había vuelto.

Y quizá, si ya estaba muerto, Papá no habría tomado turnos tardes porque habría preferido quedarse acompañando a Mamá y a Kattie luego de mi muerte. Y entonces, sólo quizá aún estaría vivo.

Estarían todos vivos mañana si yo hubiese muerto en esa luna llena.

Mi gran error fue perder los estribos esa noche. Si ya no confiaba en el otro licántropo y no lo hacía ni de broma con mi enemigo, no debería haber dejado a dos de mis personas favoritas en la vida a su merced. Perder mi posición significó lo siguiente, y todo ocurrió demasiado rápido como para que yo pudiese hacer algo al respecto:

John intentó huir aún con Mel vivita y coliando. Nate con su armamento de cruces y estacas y una cadena de ajos que sacó de su bolsillo intentó detenerlo, y de hecho, consiguió desorientarlo y contenerlo por un par de segundos. El par de segundos que me tomó recuperar mi sentido común y atacar a mi verdadero enemigo y liberar a mi amada. Ella, logró rescatar una cabeza de ajo que a Nate se le había escapado, y yo me interpuse entre ella y el vampiro.

Aún protegiendo a Mel con mi cuerpo, me iba a disponer a matar a John, cuando el otro licántropo se recuperó de mi ataque y se lanzó en menos de un segundo sobre mi mejor amigo. La sorpresa hizo que me diera la vuelta como si tuviese la intención de interponerme entre Nate y él también. Pero no había nada que pudiese hacer.

Mi amigo dejó escapar un grito proveniente única y exclusivamente de sus entrañas. No había nada que pudiese hacer. Ya era demasiado tarde.

Un aullido de agonía escapó de mi cuerpo. El otro lobo, ahogó el grito de Nate antes de desaparecer en la oscuridad de la noche llevando el cuerpo inerte del que había sido mi mejor amigo en la vida, mi hermano mi compadre.

Nate se había ido para siempre y una vez más todo era mi culpa.