Capítulo 28

CONFORME CAMINABA POR LA ACERA la cabeza se me partía en dos. Los cambios de humor de Nate definitivamente me dejarían con tortícolis.

El acaecimiento de aquel lunes no era más que eso, un acaecimiento. Dígase de una eventualidad imprevista que ocurre en un periodo específico de tiempo. Y nada más que eso. En ese específico periodo de tiempo. Durante esa noche, casi pude sentir que tenía a mi mejor amigo de vuelta. Hablamos y bromeamos como solíamos hacerlo, y a pesar de lo extraño que era hacerlo a través de esa especie de línea privada que unía nuestros cerebros, podía decir, que me agradaba la familiaridad que traía. Cuidamos a las chicas a través de la ventana hasta que sonó el despertador de Mel en el interior, entonces mi amigo se esfumó por donde había llegado, no sin antes haberme dado un mensaje para la Dani.

Y hablando de mensajes, con todo el alivio de tenerlo de vuelta, me había olvidado de contarle lo del mensaje de John. Inconscientemente amuñé con más fuerza el papel que yacía en mi bolsillo. Calmé mi culpa diciéndome que se lo diría luego en clases, pero no podía no podía haber estado más equivocado.

Durante los siguientes días solo lo vi a ratos. Y en esos ratos, no tenía la oportunidad de contarle absolutamente nada. De hecho, simplemente no tenía la oportunidad de hablarle, y punto. Llegaba a clases y se sentaba a mi lado, pero siempre—siempre—se retiraba a la mitad de la clase. A veces más pronto que tarde, pero siempre era más o menos eso, como si estuviese huyendo de algo. Nunca se quedaría la clase completa, ni mucho menos se aparecería en las horas libres. Y comenzaba a creer que ese algo del que estaba huyendo era yo.

Y además estaba el hecho de que su salud parecía deteriorarse con cada día que pasaba. Su tez se hacía imperceptiblemente más pálida cada día—aunque yo sabía se haría notorio dentro de poco—y perturbadores círculos morados comenzaban a dibujarse bajo sus ojos. Realmente, su condición me tenía alarmado.

Sabía por la Dani que a veces, cuando yo no las vigilaba, él la visitaba, pero incluso ella se quejaba del poco tiempo que duraban las visitas y lo nervioso que parecía estar todo el tiempo.

-¡Es como si lo estuviesen controlando!- exclamó mi amiga un día durante la segunda semana cuando caminábamos a su casa mientras, observando los tiernos brotecitos verdes que comenzaban a salir en las ramas de los árboles, me ponía a pensar en lo lindo que sería que pudiésemos disfrutar de la primavera que venía llegando sin que nadie estuviese en campaña por matarnos.

Me paré en seco y todo el mundo se hizo más claro en esa fracción de segundo, cuando por fin comprendí todo. ¿Cómo no me había dado cuenta antes? Los hechos, las señales, las ausencias… todo tenía un poco más de sentido. Era como si dos ideas que aparentemente no tenían relación alguna se uniesen por un lazo mágico y, de pronto, fuese la idea más obvia del mundo. No. Corrección, no era como eso, era justamente eso.

Nate estaba siendo controlado.

Mi mente volvió a aquel día en el bosque cuando los perros y los peritos ya se habían ido. Estaba solo junto al árbol y el olor a orina me había obligado a recoger mi rabo entre las patas. Recuerdo haber querido correr, huir, y esconderme bajo la cama. Pero esos sentimientos no habían sido míos. Ya había sentido lo extraño que eran, pero ahora, por fín, tenía la respuesta a mis preguntas: no habían sido propios. Mi pecho comenzó a subir y bajar con fuerza ante el nuevo reconocimiento. Jean era el alfa, y como tal, ejercía su poder sobre los otros lobos. Nate, incluido.

Yo, incluido.

Todo este tiempo, desde mi conversación con el Padre Francisco, había creído que el poder del alfa se llevaba a cabo de esa manera, como una mera influencia en todo en cuanto eran los sentimientos. Pero otra cosa era la mente... Ya había experimentado, yo, lo fuerte que afectaba a mis emociones, pero en ningún momento había sentido flaquear mis resoluciones. En ningún momento… había perdido mis objetivos, mis pensamientos, mi visión de las cosas. En ningún momento había dejado de diferenciar lo bueno de lo malo—el bien del mal—y por tanto, había asumido que así debía ser para todos. Por eso que había llegado a preguntarme ¿qué clase de persona se dejaba caer ante su voluntad?—considerando todo lo retorcido que yo era, de por sí, y aún así, no había caído en su juego—¿en qué otro nivel de posible corrupción podían estar las personas, como para asumir sus roles de minions? Tragué saliva, pues me costaba trabajo creer que algo así fuese posible, con cada latido de mi corazón, me daba cuenta de que mi incredulidad inicial se debía al hecho de, que verdaderamente, una situación como esa, era imposible de darse en forma natural. Ninguno de ellos se había esclavizado por voluntad propia, sino que habían sido obligados.

Y ahora mi amigo era obligado también.

Eso explica en parte por qué anda tan raro si es más bueno que el Pan con Chancho. Ahora todo tenía sentido.

Siempre creí que Nate era el más fuerte de los dos—fuerte en cuánto a carácter, por supuesto—pero ahora me daba cuenta, que esa fortaleza, podía ser también una gran debilidad. Debilidad que yo no poseía pues nunca me había importado lo que dijera el resto, ni mucho menos tendía a seguir las órdenes que se me imponían. Pero mi amigo no era así, siempre había sido bien portado, siempre estaba dentro de los rangos de la ley, el problema era que ahora esas leyes habían cambiado para él y con ello todo su paradigma se vino abajo. ¡Con razón parecía Dr. Jenkin y Mr. Hyde, si el pobre hombre ya no sabía ni donde estaba parado! Me preguntaba cuánto más cambiaría su paradigma si descubriese la amenaza de John…

-¿Matt?- por fin la voz de Mel consiguió romper mi epifanía.

-Tenemos que encontrar a Nate- sancioné haciendo que ambas chicas se volviesen a mirarme con curiosidad-Tenemos que hacerlo volver en sí.-

Con cuidado expliqué mi teoría y como era que consideraba de alta importancia que lo acorralásemos, atásemos e hiciéramos todo lo que fuese necesario para traerlo de vuelta. A ser el mismo Nate de siempre, al Nate que amábamos y respetábamos. Así de crudo como sonaba, pero era lo que teníamos que hacer. De todas formas, era lo que él hubiese querido que hiciéramos de estar en sus cabales y poder pensar por sí mismo.

-Pero no vendrá si me detecta cerca-

Algo de lo que había estado pensando antes me daba vueltas en la cabeza y, segundo a segundo, cobraba cada vez más sentido. Con todos sus cambios de humor había llegado a creer—aunque en son de burla—que a quién quería evitar era a mí. Pero ahora que me ponía a pensarlo mejor, y que unía, una a una, todas y cada una de las palabras que había enviado en mi dirección, me daba cuenta de que en realidad no era ni tan en burla. Sí, me estaba evitando, pero ahora la cosa era que no por voluntad propia—no era personal—sino que era algo que le habían mandado. De alguna u otra forma, Jean me consideraba una amenaza, y Nate consideraba una amenaza lo que Jean le pudiese hacer.

A él y a todos lo que se interpusieran en su camino. Y no lo culpaba.

Si se suponía que tenía que sentir una chispita de orgullo por ser considerado una amenaza, tendía que confesar que sería una gran desilusión. Nada de orgullo machista, ni de macho alfa—aunque la elección de palabras pareciera súper desafortunada—ni nada por el estilo. Solo un gran e incipiente pánico que comenzaba a apoderarse de todo mi cuerpo. No importaba qué tan fuerte fuese, estaba seguro de que Jean y su pandilla serían cien veces peor.

Tendríamos que tener cuidado.

Si nuestro plan fallaba y no conseguíamos traer a Nate de vuelta al lado claro de la Fuerza, nos iríamos a la grandísima cresta. Eso si conseguíamos volver con vida después de todo…

-No vendrá-volví a insistir.

-¿Por qué lo dices?- Preguntó la Dani redescubriendo el habla con desconfianza.

-Porque no nos está evitando. ME está evitando, y por mandato.-

La Dani levantó una ceja aún con desconfianza. Desde el día en que se enteró que su novio era un hombre lobo y que una de las más grandes razones que lo hacía posible era mi licantropía irresponsable—ni que se tratase sexo—que el ceño en su entrecejo y el exceso de sarcasmo se habían hecho algo habitual.

Aún así estaba lejos de acostumbrarme.

De hecho, gran parte de mí le temía tanto a esta nueva versión de la Dani como le temía al Señor Poblete cuando me lo encontraba en casa de Mel. Y el pánico que le tenía al cuando me miraba a los ojos era aún peor que el que le tenía a John y a Jean—quiero decir—a los dos juntos. Así que el pánico que le tenía a la Dani en estos momentos era ya fuera de este planeta, definitivamente algo digno de lo que cuidarse.

Nerviosamente desvié mi mirada hacia Mel, cuya expresión—para mi desgracia—parecía ser un reflejo de la mía. Una cosa era cierta: ninguno de los dos sabía cómo lidiar con esto.

-Mira, no te puedo dar todos los detalles aquí y ahora…-inconscientemente recorrí todos nuestros alrededores con la mirada. Existía una alta probabilidad de que los minions de Jean nos estuviesen escuchando—no hubiese sido raro, después de todo, con la cantidad de aromas que se mezclaban en la calle en esos momentos, hubiese sido un milagro distinguir al menos 5. Bien podría haber tenido muerto el sentido.-¿Tienes algún cuaderno o algo?-

Rápidamente me entregó una croquera que traía en su bolso junto a un pequeño portaminas rosado. Vaya, sí que me iba a ver machote. Encogiéndome de hombros comencé a escribir—no, más bien a garabatear—con esfuerzo sobre la hoja blanca.

"Hagan lo que hagan no digan ni una palabra. Ni siquiera comenten lo que estoy por escribir." Fue lo primero que redacté.

Y luego de borrar con una goma que salió de la nada me puse a detallar mi plan.

"La Dani tiene razón, Nate está siendo controlado" Ambas dejaron escapar sonidos de sorpresa conforme iban leyendo, y ya iba creyendo yo que sería prácticamente imposible mantenerlas calladas. Niñas… Rodé los ojos. Pero para su favor, ninguna dijo una sola palabra. "Creo que Jean lo tiene controlado para que no se acerque a mí porque—por alguna razón—soy el único de la "jauría" que no ha caído bajo su poder. Yo—"

En un hábil movimiento la Dani me arrebató el lápiz y se puso a trazar con una caligrafía cien veces mejor que la mía. "¿Por qué contigo no funciona y con Nate sí?" A pesar de que las palabras se encontraban expresadas en papel, podía imaginarme a la perfección la voz de mi amiga en mi cabeza. Y no me calmaba en lo más absoluto.

-No lo sé Dani, sólo puedo imaginar varias teorías, pero si te hace sentir mejor, en todas soy yo el malo de la película y Nate el santo como siempre.- No podía negar que su falta de confianza ya me estaba llegando a la cabeza y mi voz así lo evidenciaba. ¡Ok! ¡Siempre era yo el culpable de todo! ¿Pero era necesario que me lo sacara en cara en cada oportunidad que tenía?

Mel acarició mi brazo dulcemente a través del chaleco con una mano haciéndome sentir mejor de inmediato—¡Vaya, sí que la amaba!—mientras con la otra le pedía el lápiz a la otra chica.

"¿Cuál es tu plan? ¿Cómo lo haremos volver en sí si no se acercará a ti?"

Como un idiota, me quedé observando cada curva que iba escribiendo. El yo del pasado me habría golpeado brutalmente por la línea que estaban siguiendo mis fantasías —probablemente hasta noquearme. ¿Qué tan perfecta podría ser una carta de amor escrita por esa mano? ¿Por qué hasta la fecha no había recibido ninguna? Basta, Matt. Sacudí mis pensamientos con fuerza tratando de empujarlos a un lado. No es lo importante ahora.

NO es lo importante ahora, me repetí una y otra vez.

Para camuflar todas las niñerías que pasaban por mi cabeza, retiré los materiales de sus manos, no sin luego, acariciar suavemente su mejilla. No me resistí.

"Una de las primeras veces que te vi caí patéticamente bajo una trampa del Destino" Con mis ojos fijos en los de mi amada sonreí ante el recuerdo.

-Lo que consiguió que casi muriese de un infarto, y varias burlas de parte de Nate. Por cierto- Intenté fingir desatamiento, pero no me resultó-Nunca podré olvidar ese día.-

Y no lo hacía.

-Sí, sí, todos sabemos lo increíblemente tiernos y mamones que son cuando están juntos- comentó la Dani rodando los ojos, posiblemente, buscando molestarnos un poco. Lástima que lo único que consiguió fue que me sonrojase como nunca. Sí, que mamón me ponía a veces, era algo de lo que tenía que avergonzarme.

Carraspeando para distraer la atención me dispuse a contar mi idea. No podía dejar de reír en mi fuero interno conforme explicaba cómo había sido que aquella vez, absorbido por el hedor del pedazo de pizza de Nate, no había conseguido prever la aparición de estas dos chicas que ahora tenía frente a mí y que protegía con mi vida. ¡Qué ironía! Con cariño recordé cómo era que había entrado en tal estado de pánico que rápidamente había buscado la excusa más estúpida de la vida para huir. Y luego había organizado un carrete que había terminado por ser el comienzo de todos mis problemas y preocupaciones. Pero gracias a eso ahora estaba donde estaba con la mujer que amaba. Gracioso como una cosa lleva a la otra.

Con la cabeza inclinada y entre mis pestañas eché una mirada furtiva a Mel mientras escribía, intentando, probablemente en vano, esconder el segundo impulso de mis mejillas a arder como Troya.

"Entonces eso es lo que hay que hacer" escribió Mel con decisión justo después de enviarme una mirada que no supe interpretar. ¿Quién hubiese imaginado que seríamos del tipo de parejas que se comunicaban haciéndose ojitos?

Entonces estaba decidido. Usaríamos la misma situación que me había espantado tanto en el pasado, solo que esta vez, sería dirigida a mi amigo y los que caeríamos de sorpresa seríamos mi novia y yo.

AÚN A PUNTA DE MENSAJITOS estúpidos en una hoja de croquera terminamos por acordar que lo mejor sería si la Dani se nos adelantaba en el camino luego de haber elegido nuestro objeto pestilente que, para hacer que la ironía fuese aún más grande, terminó siendo nada más y nada menos que una pizza muy condimentada—lástima que no fuese a estar en el mismo nivel de descomposición que la de mi amigo. Me hubiese gustado ver su reacción considerando sus nuevos poderes olfativos y todo eso.

Mientras le dábamos tiempo de llegar a su casa y llamar a su novio, Mel y yo caminamos el resto del trayecto en vez de tomar el autobús. A pesar de todas las cosas que estaban pasando se sentía tan bien poder tener ese pequeño minuto sólo para nosotros dos y poder caminar de la mano. Aunque, por supuesto, yo siempre quería algo más. Gruñí en mi fuero interno.

-¿Qué?- preguntó mi acompañante con cautela como si esperase que zombis saltaran sobre nosotros por las ventanas de las casas que daban a la calle—considerando la vida que teníamos, supongo que no era una idea tan alocada después de todo—haciendo que me diera cuenta de que en realidad había gruñido en voz alta.

-Lo siento- me disculpé torpemente arremolinándome el pelo como hacía cada vez que estaba nervioso o avergonzado. ¡Qué difícil se me hacía actuar como humano! Muy a pesar de todo.-Sólo pensaba…-

-¿En qué pensabas?- su expresión cambió de pronto y sus ojos brillaron con una intensidad que parecía fuera de lugar—en ella. ¿Era un impulso travieso lo que detectaban mis ojitos?-Digo, que fuese tan potente como para desatar ese instinto animal tuyo-

Sí. Definitivamente era un impulso travieso. Parte de mí se sintió medianamente ofendido por su comentario, pero era claro por la sonrisa maliciosa que ahora se dibujaba en esos labios que me provocaban tanto, que Mel había encontrado el momento indicado para hacerme una broma. Y no pude evitar reír con ganas al ver su sonrisa y compartir la idea que la divertía.

-¡Oye!- exclamé al tiempo que decidí atacarla con cosquillas en el estómago.

Ella rompió en carcajadas y en esos momentos me di cuenta de que nunca antes la había escuchado reír con tantas ganas. Así mismo, no había nada más perfecto. Mi alma se llenaba y recargaba, como a una batería, y de pronto, me sentía tan lleno de energía que sentía que podía desbordarse por los poros de mi piel. Reí con ella y entonces sus haces de luces se transformaron en verdaderos torbellinos que nos envolvían a ambos. Su aura, me corrigió una vocecita en la cabeza, ya va siendo tiempo de llamar las cosas por su nombre. Pero en esos momentos, esa vocecita, no podía importarme menos. Era tan feliz con su cuerpo retorciéndose de risas bajo mis dedos, sintiendo cómo sus músculos se contraían de felicidad al ritmo de su respiración, que era algo que me sacaba de este planeta. Si hubiese podido compararlo con algo, lo más cercano habría sido esa vez en Santiago cuando habíamos estado a punto de…. Tragué saliva con dificultad ante el recuerdo, pero mi garganta estaba seca. Todavía había tantas cosas que quería hacer con ella…

Pero lo que teníamos en ese instante era diferente... Y sin embargo, igualmente bueno.

Con toda la velocidad propia de mi persona la giré sobre sí, desde su posición en que me daba de costado para arrancarse de mí, y con una mano en su cabello y la otra sujetando fuertemente de su cintura la traje contra mi cuerpo.

-Para que quede en el registro- informé tratando con todas mis fuerzas de sonar lo más serio posible y de no evidenciar de manera tan obvia que en realidad me estaba aguantando la risa-Lo que hizo "desatar mi instinto animal"—como tú le dices-me esforcé por hacer una mala imitación de su dulce tono de voz-Fue el pensar en todo lo que quiero hacer contigo pero que, dada la situación y nuestra momentánea mala suerte, no puedo- Sonreí con la picardía que sabía que derretía a todas las mujeres esperando que, en este caso, Mel no fuese la excepción a la regla.

-Oh- alcanzó a exclamar sorprendida casi en un susurro justo antes de que yo, dejando de lado toda mi fuerza de voluntad, me abalanzara a robarle un largo y placentero beso.

Sus brazos subieron hasta mi cuello donde descansaron cálidamente tan pronto como hubo acabado la sorpresa inicial, y en cuanto lo hizo, ya era difícil determinar quién atraía a quién. Eché una miradita a hurtadillas con el rabillo de un ojo sin que mis labios abandonaran los suyos para corroborar algo que me tenía en la duda.

Siempre había tenido la sensación de que los colores de su aura tenían que ver con sus emociones, pero ahora que sabía con certeza que mis hipótesis eran correctas, quería conocer cada diminuto cambio en la tonalidad, y saber, con exactitud, a qué emoción pertenecía. Cuando mi mano comenzó a jugar con el rabillo de su polera y, sin querer, con el dorso pasé a acariciar suavemente el diminuto pedazo de piel que quedaba expuesta cerca de su abdomen, los haces cambiaron de fucsia a un color increíblemente más intenso. Podía haber dicho que era rojo—que sabía, era la respuesta que se esperaba de prácticamente cualquier hombre—pero para mí, como aspirante a publicista—aunque tampoco era mucho que decir—el rojo se me hacía un color tremendamente imparcial, carente de personalidad—a pesar de ser el color de la emoción y la pasión—y de sexos. El rojo, es un color que puede ser vestido por hombres y mujeres, indistintamente, y obtener el mismo resultado. Y por eso no era rojo, porque lo que respectaba a Mel y la intensidad que irradiaba, era pura femineidad, y también, pasión. No, no podía ser rojo.

Me dejé llevar en ese apasionado beso hasta que detalles en mi cuerpo me indicaron que estábamos a un paso de adentrarnos en agua peligrosas. ¡Vaya! Me había olvidado por completo que nos encontrábamos en medio de la calle. Menos mal, a pesar de todo, me había logrado comportar.

Mel, dejando escapar un leve, pero dulce suspiro al apartarnos, tomó aire profundamente, haciendo que una risita se escapara por mis labios. Ella rió conmigo, y al hacerlo, tomó de mis manos firmemente, pero ese pequeño contacto no era suficiente para mí, era tan escaso que casi podría haberse considerado impersonal—a menos que hubiese sido otro hombre tomando de esas delicadas manos, entonces sí, habría sido muy personal—no, yo quería, apenas, y un poquitito más. Con mi brazo, rodeé su cuello y la traje hacia mí, haciendo que su cabeza descanzase bajo mi cuello y yo pudiese, con toda tranquilidad, depositar mi mejilla sobre las ondas de su cabello y besarlo a gusto. Al hacerlo, ella enrolló sus abrazos alrededor de mi cintura, haciendo de ese, un momento perfecto.

Por unos segundos sólo fuimos los dos escuchando nuestras respiraciones.

Pero sólo duró unos segundos.

-Matt, tenemos que irnos- La voz de mi novia sonó amortiguada contra mi ropa, pero no impidió que la escuchase con lujo de detalle. Intensifiqué mi abrazo antes de suspirar con pesadumbre y soltarla despacio. Tenía razón.

EL RESTO DEL CAMINO se hizo en exceso corto, en gran parte debido a que ambos íbamos demasiado entretenidos conversando de esto y lo otro, pero pronto nos vimos obligados a volver a lo importante, y ser tragados una vez más por la realidad. No había forma de explicar cuánto deseaba que esto terminara pronto y pudiésemos, por una vez, tener una vida normal. Pero, latente estaba el miedo a que ese día no llegase nunca… No importa, Mett. Fuese como fuese, lo importante era que—al menos en estos momentos—lo que hacíamos, lo hacíamos por alguien importante para todos. Y eso hacía que todo sacrificio valiese la pena.

A pocos metros de la casa de la Dani, Mel se paró en seco. Su aura, tan morada que me recordó a dolor. Me volteé a observarla con preocupación, pero no nos podíamos detener.

-Mel, no podemos parar amor, estamos muy cerca y todo se puede arruinar en cuestión de segundos.- Acariciando su mejilla la guié hacia adelante.

-Lo sé. Lo siento es solo que…-

-Te diré qué- la animé ahora acariciando su cabello mientras aún la incitaba a seguir la casa de la Dani encontraremos la manera de hablar de esto, pero ahora por favor amor…. Sigamos caminando.-

Con seguridad que me sorprendió asintió con firmeza al tiempo que recorrimos los escasos metros que nos separaban de nuestro destino.

UNA VEZ ADENTRO y habiendo saltado por una de las ventanas como lo habíamos planeado con anterioridad, nos apuramos a recorrer los pasillos y escondernos en el baño, sin antes, no haber tenido cuidado de evitar ser vistos por las ventanas.

Como lo había prometido, la Dani había conseguido hacerse con una pizza súper condimentada y pasosa que, en esos momentos, parecía estar pegada, por dentro, de mis fosas nasales—con mucho esfuerzo conseguía oler a Mel y eso que la tenía aferrada a mi cuerpo. Y, sin rodeos había encendido su estéreo a todo lo que daba el volumen, de modo que lo único que conseguía escuchar en toda la casa era la canción híper pop e híper niña que sonaba en esos momentos. Y yo que había creído que Hillary Duff había pasado de moda…

-¿Estás bien?- Me preguntó Mel tomando de mi mano.

-Sí- le susurré al oído mientras con mi pulgar acariciaba el dorso de su mano distraídamente-Es sólo que estoy un poco nervioso y… no te voy a mentir el boche y el olor me tienen mal. Un poco más y me voy a agarrar una jaqueca- consideré un poco mejor mis opciones-Eso, si no me descompenso antes-

Suavemente acarició mi mejilla con la mano que tenía libre.

-Pero sobreviviré- intenté sonreír -¿Y tú?-

-Muy nerviosa-

Esta vez fue mi turno acariciarla. No sé qué habrá visto en mis ojos porque enseguida los de ella brillaron con intensidad y su corazón se aceleró a ritmos inimaginables. Y para qué voy a hablar del caos que se desató con su aura…

-Mel, escucháme- no podía parar de mirarla con intensidad-Pase lo que pase no dejaré que te pase nada. Lo sabes. ¿verdad? Daría la vida antes que algo te pasara a ti-

-No digas eso Matt… si te pasara algo yo….- no pudo terminar la oración porque la interrumpí con un beso fugaz.

-Lo sé. Pero tú eres lo más importante en mi vida. No sé lo que haría sin ti, y definitivamente, no podría seguir viviendo si te pasara algo.-

Menos mal que estábamos solos y en un baño, invisibles a los ojos del mundo, pues aquellas palabras eran por mucho lo más cursi que había dicho en la vida. De hecho, hasta ese momento no podría haberle creído a nadie que hubiese hecho una afirmación como esa. ¿Sentir hasta ese punto? Sólo era algo que pasaba en los libros de ficción.

Pero supongo que de nuestra historia bien podría haberse escrito un libro…

-Me asustaste el otro día…- se tomó un tiempo en confesar. Podía jurar que era algo que le había estado dando vueltas en la cabeza, pero no lo supe comprender hasta que se halló en la obligación de aclarar-¿Cuando te encontramos en el pasto? Te hablamos por tanto rato, pero no reaccionabas y… creí que te había dado un ataque o algo-

-Fue un ataque de pánico Mel…- intenté defenderme, pero ella no había dejado de hablar.

-Y luego todo lo que dijiste, sobre haber alucinado…. Cuando finalmente nos contaste… De verdad creí que algo andaba mal. Es decir, no habías alucinado, todo lo que contaste eran recuerdos reales ¿verdad?, pero estabas convencido y yo…-

Me envaré recordándolo todo de un segundo a otro.

-Mel- intenté interrumpirla, pero la voz no me salió lo suficientemente fuerte y posiblemente no me escuchó.

La lluvia.

Mis mejillas ardieron con fuerza ante el recuerdo y mi cuerpo parecía estar, al mismo tiempo, en estado de pánico e idiotamente feliz. Dos emociones que se contraponían. Dos emociones que no sabía de dónde venían…

-No había querido decirte nada antes porque estaba la Dani, y no hemos tenido ni un solo minuto de privacidad desde entonces-

Justo ahí, yo ya no lo pude aguantar más. Mel tenía razón, no habíamos tenido ni un sólo minuto solos los dos, desde el día en que Súper-Licántropo-Nate hizo su primera aparición. Y si bien, había pensado en preguntarle antes cuando estuviésemos solos, siempre que aparecía la idea, así mismo se iba volando, pues así como llegaba, también aparecían otras cosas, como por ejemplo el miedo y la vergüenza. Sobre todo la vergüenza.

-Mel, hay algo que tengo que decirte- Era ahora o nunca- Todavía creo que tengo que haber alucinado. Yo… no les conté todo lo que pasó…

"Hay un flashazo que no les quise contar porque no fue real y no sé qué significa o si tiene qué significar algo…

-¿Es algo muy grave?- Su mirada buscó la mía con preocupación. No sé qué se habrá estado imaginando, pero dudo que se acercase a lo que en realidad se trataba.

-No, la verdad es que bien podrías haberse tratado de un sueño. Es sólo que… todas las otras imágenes tenían tanta importancia en mi vida que la aparición de esta me desconcertó. Digo, importantes en el sentido de que cada uno de esos recuerdos eran momentos en los que, de una u otra manera, para bien o para mal, mi vida había cambiado de rumbo, por un camino del que no hay regreso.-

-Al grano Matt.- Me interrumpió, haciéndome notar que había estado redundando. Me reproché internamente por eso.-¿Qué fue lo que viste?-

-Que estábamos los dos en una calle, de noche, besándonos bajo la lluvia-

Mis mejillas volvieron a arder, pero al levantar la mirada me di cuenta de que no hacían ni competencia a las de Mel. La pobre chica parecía un tomate bien maduro. Aunque claro, el tomate más lindo y tierno de la vida.

No fue lo que vi en sus mejillas, sino lo que vi en sus ojos lo que hizo que mi corazón se saltara un latido. No eran los ojos de una mujer a la cual el novio le acaba de contar que tuvo un tierno sueño con ella—porque podría haber sido peor ¿cierto?— ni siquiera el de alguien que acaba de enterarse que su pareja ha sufrido de alucinaciones, sino más bien, los ojos de un niño pequeño cuyos padres acaban de descubrir su más sagrado secreto.

-¿Mel?- Pregunté medio asustado, pues ahora sí que me empezaba a sentir mal conmigo mismo. Pero ¿Cómo podía ser?

-No fue un sueño- sancionó ella con la voz tan débil que por un momento llegué a creer que había escuchado mal. Pero luego pensé: Tengo un súper sentido de audición y a pesar de todo el boche que me rodea… está a menos de diez centímetros de distancia. No, definitivamente no había forma de que la hubiese escuchado mal.

-¿No fue un sueño?- pregunté atontado y por sobre todo, confundido de que ella no recordase cuándo había sido nuestro primer beso, digo, porque hasta yo me acordaba y yo era un imbécil cuando se trataba de relaciones amorosas.– Pero Mel, no puede ser. Nuestro primer beso fue—¡Y me acuerdo bien!- sentía que tenía que hacer énfasis al hecho de que, si me acordaba, era porque era algo realmente importante para mí-Cuando estábamos en mi casa, justo después que te enseñé mi otra forma…-

-No Matt, ese fue el segundo- Antes de que pudiese decir cualquier cosa en mi defensa, levantó sus manos rápidamente para detenerme y continuar-Nunca consideré la posibilidad de que lo recordaras, por eso nunca dije nada. Porque yo…-

Levanté una ceja. Por dentro era todo un muñado de nervios y de incomodidad que, por la salud mental de ambos, debía balancear mostrándome ligero en el exterior. La única forma Brillantemente-Matt que se me ocurría de seguir adelante con la conversación era bajándole el perfil.

Pero la verdad era que estaba muy incómodo…

-¿O sea que te aprovechaste de mí, Melissa Poblete?- Por mucho que fuese broma, con mi fingido tono de picardía no podía esconder la sonrisa juguetona que se me escapaba ante la idea.

-¡No! ¡Juro que no! Lo que pasó fue…-

Al ver la tristeza que se apoderó de pronto en su expresión, comprendí algunas cosas de golpe. Sólo había una forma en que Mel y yo nos hubiésemos besado y que yo no fuese a recordarlo.

-¿Estaba ebrio?-

Acaricié su mejilla con preocupación al tiempo que buscaba su mirada. Sólo Dios sabía lo que era capaz de hacer estando curado y por lo general, eran cosas de las que me arrepentía luego. Como caminar por el bosque, solo y en medio de la noche, por ejemplo…

Ella asintió aún sin levantar la mirada, lo que liberó toda una serie de inseguridades por parte mía. ¿Cómo había conseguido besarla en ese estado? Mel era más inteligente que eso.

-¿Te hice daño? Por favor Mel, dime que no te hice daño.- O la culpa me comerá el resto de mi vida, pero eso no lo reproduje en voz alta. Al sonido desesperado que acarreaba mi voz, ella levantó la cabeza de golpe, como si la hubiese abofeteado. Su expresión, una vez más, era imposible de leer.

-Por favor dímelo todo. Amor, si ese fue nuestro primer beso, significa que no fue cuando estábamos de novios y….- dejé escapar un leve gruñido de impotencia-¡Agh! No entiendo nada, por favor Mel…- volví a suplicar.

-¿Qué es lo que realmente te preocupa?- preguntó la aludida.

-Que si esa fue, realmente, la primera vez que nos besamos me gustaría recordarlo… ¿Y a ti? ¿Qué es lo que te preocupa?- Porque, claramente, algo le preocupaba si se daba tantos rodeos en contarme.

-Que ese beso no fuese dirigido a mí…- respondió penosamente y sus palabras hicieron que cada una de mis células respondieran con violencia. Ahora no… pensé con firmeza, Nate llegará en cualquier momento, ahora no…

-Por favor cuéntame…-Mi voz era, una vez más, apenas y un susurro-La verdad es que no creo que haya estado pensando en alguien más que tú Mel. Si eso es lo que te preocupa… Desde que te conocí no he pensado en ninguna otra cosa- me revolví el pelo torpemente- Pero eso tu ya lo sabes…-

-Fue un par de días después del Museo, cuando, bueno… Tu sabes… - Continuó como si yo no hubiese dicho ía a casa luego de haber estado hablando con Nate. Ese día, él… me había, finalmente, obligado a confesar lo que sentía por ti, ese Nate cul—

Esas no eran palabras propias de una señorita, pero podía entender a lo que se refería—y parte de mí se reía en mi fuero interno—Nate podía ser irritantemente insistente cuando se trataba de sacar a flote sentimientos escondidos.

Con ternura hice a un lado un mechó de cabello que caía a un costado de su rostro, y luego de enrollarlo lentamente tras su oreja besé su frente. Lamentaba enormemente que ella hubiese tenido que pasar por todo eso que, de alguna manera, parecía tan lejano, pero al mismo tiempo era como una herida tan reciente que aún escocía.

-La noche estaba oscura, hacía frío y no había ni un alma en la calle.-

-¿Por qué ibas sola?- No me agradaba la idea, podía haberla encontrado alguien que no fuese yo… Era demasiado peligroso.

-Nate se ofreció a acompañarme, pero quería estar sola, además… era evidente que quería ver a la Dani, ellos dos, son definitivamente fuera de este mundo cuando se trata de su relación-

En eso tenía razón.

-No quería hablar con nadie, me sentía humillada—casi tanto como me siento ahora contándote esto—y deprimida. No entendía nada, y por más que lo intentara, mi mente no respondía a mis órdenes y redundaba siempre en lo que ella quería. El problema es que no era lo mismo que quería yo…-

-Amor…- susurré atrayéndola aún más hacia mi cuerpo-No tienes por qué sentirte humillada. ¿Ok? Escúchame. No tienes por qué, si es que tuviese que ser alguien, el único que se ha humillado aquí soy yo.-

No iba a decir que era un imbécil o un idiota, porque eso ya estaba claro, y mi objetivo no era la autocompasión, sino que llegar al fondo de todo esto. ¿Cómo podía haber olvidado, posiblemente, lo más importante que me había pasado en la vida hasta ese momento?

-¡Ay Matt!- suspiró mi acompañante, pero no pude descifrar la emoción en sus palabras, y su aura, de un morado claro, bastante parecido al gris, me indicaba que en esos momentos se sentía vulnerable.

-¿Y qué pasó?- La animé a seguir con su relato.

-Apareciste tú.-

-¿Así de la nada?-

-Me tomaste por la cadera desde mi espalda ¡y casi hiciste que me diera un infarto! De hecho casi te golpeé.- su expresión llevaba el mensaje implícito de: "de la que te salvaste", y entonces supe que ella, también, estaba intentando bajarle el perfil al asunto…. Aunque no le estaba dando muy buenos resultados que digamos.

-¿Por qué no me golpeaste?-

-Porque alcancé a ver que eras tú-

Levanté una ceja en señal de pregunta. Eso no tenía ningún sentido.

-No quiere decir que no me lo mereciera…- sugerí poniendo mis ojos a la altura de los suyos.

Ahora fue turno de ella de levantar las cejas, pero su gesto, a diferencia del mío, se debía a la sorpresa.

-Eso fue justo lo que dijiste luego. Que te golpeara, que te lo merecías.-

-¡Y me lo merecía! De hecho, aún estás a tiempo.-

-¿Lo estás haciendo a propósito? ¿Esto de fingir amnesia?-

-¿Qué? ¡No! ¿Por qué lo dices?-

-Porque es exactamente lo que me dijiste entonces-

-Supongo que es porque los borrachos no mienten Mel- Rodó lo ojos.

-Como sea.

"Te pregunté qué hacías ahí, pero tú insistías en que debía golpearte. Cuando finalmente logré hacer valer mi punto de vista, volviste a tomarme por la cadera. Te pedí que me soltaras pero no hubo caso-Me envaré de inmediato, no me gustaba la escena que estaba relatando. No así, no en esas condiciones-Cuando parecía que ibas a hacerme caso volvías a insistir que te golpeara. Finalmente logré hacerte confesar que si te golpeaba al menos tendrías una razón para mantener tu distancia.

-Y la habría tenido- la interrumpí.

-Pero yo no iba a golpearte.

"Eso no evitó que sintiera una profunda rabia hacia ti. No entendía por qué querías mantener la distancia, no te había hecho nada. Incluso a la Pili que prácticamente te detesta le hablabas más. ¿Quién te creías para juzgarme de esa manera? Ahora lo entiendo—por supuesto—pero en esos momentos ¡me confundía tanto!

"Me dijiste que tenía la culpa de todo ¿que qué te había hecho? Todo, respondiste. Y luego dijiste algo más dentro de la misma línea y me besaste. La lluvia empezó a caer de manera súper cliché. Y después de eso desapareciste.

"Sabí—

Lo que sea que quería agregar a continuación fue interrumpido, por el vibrador de mi teléfono. Gruñí de rabia. No había tiempo que perder, pero quería terminar mi conversación con Mel. Le lancé una mirada de excusa.

-Luego terminaremos esta conversación. ¿Está bien preciosa?- besé su frente- Te amo. No entres hasta que sea seguro ¿está bien?-

Y sin esperar respuesta me lancé por la puerta, no sin sentirme, como se diría en buen chileno, como el hoyo.

A PESAR DE TODO, mis instintos estaban a su máxima capacidad cuando me lancé con toda mi fuerza y mi velocidad contra el suelo, arrastrando a Nate conmigo. No podía descuidarme ni por una fracción de segundo en esta operación, así que no me quedó otra que empujar toda la culpabilidad que sentía hacia Mel a un lado. Era consciente de que desde su posición mi amigo era mucho más fuerte y veloz que yo, si le daba un segundo para pensar en lo que estaba ocurriendo, sería mi perdición y la de Mel—y a estas alturas, no estaba muy seguro de lo que sería de la Dani.

-Hermano, ¡detente!- Le ordené apelando a su conciencia, pero la falta de brillo en sus ojos me advertía que ya hacía tiempo la había perdido.- Por favor Nate, somos amigos…. ¡Dani! Sal de aquí.- Me apresuré en interrumpir el hilo de mi oración al ver lo potencialmente peligrosa que se ponía la situación y que mi amiga seguía parada relativamente cerca-¡Ve con Mel!-

-¡No!-

¿Pero qué mierda? Esa chica tenía un deseo de muerte, eso era seguro. ¿Qué acaso no sabía que si la cosa se ponía fea no la podría defender?

-Vamos hermano….- volví a intentar, pero ya notaba los primeros síntomas de que mi fuerza iba a flaquear en algún momento.

-¡No soy tu hermano!- Las palabras me golpearon como un balde de agua fría y estuve a punto de perder mi agarre sobre él por culpa de eso-¿Un hermano haría nada más que causar problemas?-

-¡No lo escuches Matt!- El grito histérico de la Dani interrumpió la línea depresiva de mis pensamientos que estaba por dejar escapar mis sentimientos, porque sí, lo único que causaba eran problemas. ¡Y vaya problemas, en los que nos había metido! Si hubiese estado solo en esos momentos, mi depresión habría pasado a congénita.

-¡Te voy a matar!-volvía a gritar mi amigo—o ex-amigo, ya no podía estar seguro—desde el suelo-Maldito hijo de Puta…-

-¡No es él hablando Matt! Nate nunca diría algo así…- seguía intentando la Dani.

Y la verdad era que no sabía qué era lo que realmente estaba escuchando y qué no. No sabía dónde estaba el piso, ni donde estaba el techo. Mis emociones me absorbían, y sabía perfectamente que en fracción de segundo tres cosas podían suceder. Y ninguna de ellas era una buena opción. O yo me transformaba y perdía el control; o Nate lo hacía; o me vencía en nuestro juego de fuerza y acababa conmigo y con todo lo que nos rodeaba. No quedaba tiempo para seguir pensando.

Me dediqué a hablar sin procesar mis palabras. Me bastó apenas y un par de intentos de disuadirlo por la lógica—incluso me ofrecí como bocadillo, en caso de ser necesario—para darme cuenta que esto había sido una terrible idea. No íbamos a llegar a puerto.

-¡Te está controlando Nate!- Le grité en uno de mis últimos intentos desesperados. –Grenier te está controlando ¡eres su juguete!-

-¡No me importa!-

-¿Qué crees que hará contigo al final? ¡Te va a matar!-

No importaba lo que dijera, nada resultaba.

-¡No lo voy a permitir hermano!-

-No me importa- volvió a insistir.

Cuando estaba a punto de rendirme una frase iluminada se me escapó de la nada. Y fue probablemente esa frase—que había prometido no decir frente a las chicas—la que nos salvó la vida a todos.

-¿En serio? ¡¿NI SIQUIERA TE IMPORTA QUE HAYA MANDADO UNA CARTA DIRECTA AMENAZANDO LA VIDA DE LA DANI?!-

Y eso fue. Por un par de segundo, todo lo que pudimos escuchar fue la maldita canción de Lady Gaga sonando, porque lo que era de nosotros, nos habíamos quedado completamente mudos.