Capítulo Trigésimo

"Aunque este sea el último dolor que ella me causa, y éstos sean los últimos versos que yo le escribo"

Fernando mira atento una pila de libros que arde delante de sus ojos con ferocidad. La voluntad no le flaqueó ni un poco cuando tomó sus cuadernos, repletos de los poemas que le dedicó a Alicia, y los amontonó para luego arrojarles bencina encima. Su mano tampoco mostró signos de debilidad cuando encendió un fósforo y se lo tiró encima con gesto implacable. Y, no, sus ojos tampoco se empañaron por la emoción cuando se empezaron a quemar con avidez. Aunque ahí estaban plasmados sus sentimientos de los últimos tres años, no era momento de dudar.

Las chispas crepitan mientras los cuadernos se queman bajo los ojos avizores de Fernando. En su semblante no hay ninguna muestra de debilidad por lo que acaba de hacer, no muerde su labio inferior ni tampoco retira la vista del infierno que se ha desplegado delante de sí. El dolor contenido dentro de su corazón es la razón que lo impulsa a acabar con todo antes que el sufrimiento termine por matarlo a él.

Las cosas marcharon sobre ruedas por algún tiempo. Exactamente un mes. Luego, Alicia volvió a sus noches de fiestas, donde el alcohol era el único dueño de todas sus facultades. Cuando Fernando le había preguntado por qué bebía, ella se negó a responder de inmediato, pero al fin cedió y confesó que había empezado a hacerlo cuando su padre murió, hace dos años. El beber era su mecanismo de defensa frente a un mundo donde ya no le quedaba nada, pues un dios egoísta le había quitado lo que más amaba. La vida perdió sentido y jamás volvería a tenerlo.

Y, entonces, noche a noche, Alicia se entregaba por completo a un elixir que Fernando aborrecía, pero que a ella la hacía olvidar que tenía una vida de porquería. Él jamás la comprendió, ni siquiera las pocas veces que la acompañó con la idea de protegerla de sus malditos vicios. Detestaba verla en aquellas condiciones, tan vulnerable, tan ausente de este mundo. Sin embargo, ella sonreía mientras se llevaba a la boca vasos y vasos de vino, cerveza, ron, lo que fuera que le ofrecieran. Reía como nunca lo había hecho, liberada, como si no hubiera un mañana, como si nada más importara.

Pero importaba; para Fernando, todo importaba.

Algunas veces creyó que su amor podría salvarla de su calvario, pero luego desechó esa idea con resignación y decidió que la relación no podría salir adelante si era sólo él quien intentaba mantenerla a flote. Alicia tenía una personalidad compleja, un carácter cambiante y se comportaba de una forma que nadie comprendía; para él nada de eso importaba, no era un problema, ¡podrían haberlo superado! Sin embargo, ella se negaba a aceptar que se estaba haciendo daño, no quería ayuda de nadie, ni siquiera de Fernando.

Terminaron su relación mientras atardecía, en la misma costanera donde se besaron en Año Nuevo. Alicia no compartía la decisión, pero la aceptó entre lágrimas. Fernando se aferró a su creencia de estarse haciendo un bien a sí mismo, algo que más tarde se agradecería. Era egoísta, pero nada más podría haberlo forzado a alejarse de ella.

El chico observa arder las hojas de sus cuadernos, llenos de los versos que le dedicó a su musa, la misma que lo hizo vivir como nunca pensó hacerlo, la que derribó sus muros y lo ayudó a crecer. Sin duda siempre le agradecería eso, y esperaba que algún día ella también encontrara a alguna persona que la ayudara a salir de su propio País de las Pesadillas. Pero ése no sería Fernando, por más que así lo hubiera deseado.

FIN


¡Se acabó! :D Pensar que va mucho tiempo desde que lo escribí y ahora recién puedo subirlo xD Dada mi fama de malvada y el hecho de haber escrito una sobredosis de azúcar para el anterior, no podía no darles un final tristón. Básicamente porque Alicia era una persona complicada, a la que le costaba mucho poner en orden sus sentimientos y, todavía más, expresarlos del modo correcto y sin hacer daño a terceros. Mientras que Fernando era un tipo serio que podría haberla ayudado, pero no si ella no reconocía que tenía un problema. La moraleja de esta historia, si se quiere, es que el amor no siempre alcanza para salvar nuestras relaciones. Ambos se amaban, cada uno a su modo, pero había obstáculos que Alicia no quería ver y que Fernando no podía superar si ella no se dejaba ayudar.

Espero que les haya gustado. Gracias a todos quienes leyeron aunque sea un capítulo y agradecimientos infinitos a las que se molestaron en dejar un comentario, sobre todo a las que eran constantes. Gracias principalmente a Pina, Beelu, Mabel, Cin, Andrea, Midril, Less Coco, Cinthia, Noe, florenciasanabria y sophiek. No saben cuánto valen sus palabras para mí :) No está más decir que me haría muy feliz que me dejaran un último RR con su opinión, porque esto llega hasta acá :)

Para las viudas de LVDN les presento "Las Horas Perdidas", una historia mucho más ambiciosa que encontrarán en mi profile :)