NA: Esta es una historia original, cada uno de los personajes ha sido creado por mí. Cualquier uso de la historia o los personajes sin mi autorización será considerada plagio.

Esta novela es de categoría M, lo que implica que contiene escenas (no toda la historia) con contenido explícito. La advertencia queda hecha para todos. Yo cumplo con avisar, ustedes saber si leer.


1

Lucía Madiedo caminaba con la frente en alto, erguida y sosteniendo con fuerza contra su regazo la carpeta con los papeles que le habían dicho que entregara. Vestida con su elegante traje de dos piezas negro. Una falda ceñida desde la cintura hasta las rodillas que la hacía ver más alta, ayudada, claro, de unos infaltables tacones aguja de diez centímetros. La chaquetita tenía un corte que estilizaba su figura y la hacía sensual. Lucy no era de las que usara mucho los colores oscuros, pero en su primer día quería dar una primera impresión seria y responsable, y ese traje negro gritaba a voces esas dos características.

Iba de camino a la oficina de su nueva jefa, aún emocionada por su nuevo trabajo. Lo había estado desde el día que había postulado junto con otros aspirantes al empleo, pero la habían llamado a ella y ese día, literalmente, se había puesto a saltar en un pie de la emoción. ¡Había conseguido el empleo como Asistente de Editor en Watson & Books! W&B era la mejor editorial de todo Nueva York. De todo USA, inclusive. Sí, bien, no era el gran empleo, pero era un paso más cerca para ser editora, para poder descubrir nuevos talentos, llevar nuevos libros a las manos de los ávidos lectores.

Había llegado a Nueva York hacía más de ocho meses. Había trabajado como mesera, recibidora en un restaurante, operadora y cantando en algunos bares pequeños sus canciones. Le había tomado tiempo, pero al fin había entrado de lleno al mundo de la literatura, rodeada por aquellos que amaban los libros tanto como ella. Quizás, si un día tenía suerte, hasta podían publicar alguno de sus libros.

Para conseguir el empleo, no había tenido necesidad de hablar con la editora. Se había entrevistado con la encargada de contratos. De seguro los había impresionado con su entrevista, porque su curriculum no era la gran cosa. Lo que fuera, estaba más que agradecida, pero aún así sabía que pendía de un hilo. Si la editora no la aprobaba, ella quedaría patitas en la calle otra vez.

Llegó hasta la puerta que daba a la oficina de la editora y tomó una gran bocanada de aire para darse ánimos. Era su primer día y esperaba hacerlo bien.

Tocó tres veces y esperó a que le dijeran que entrara. A los pocos segundos escuchó una fuerte y clara voz que gritaba «entre». Volviendo a tomar aire de manera exagerada, abrió la gran puerta de vidrio cristalizado y entró a una oficina. Miró todo y quedó impresionada. Era enorme, realmente enrome y la pared del frente era toda de cristal con una impresionante vista de la ciudad. La pared a su derecha estaba cubierta desde el techo al piso de diversos libros, todos con la firma de la editorial. Al oro lado en la pared color crema habían cuadros de fotos, marcos con diplomas y cuadros artísticos. Frente al ventanal estaba un gran escritorio de madera oscura con un ordenador personal MAC a un lado, papeles apilados al otro y todos los utensilios de escritorios básicos en cualquier oficina. Frente al escritorio había una silla de metal y plástico translúcido, muy moderna. Más al centro de la oficina, un gran sofá negro de cuero bajo los cuadros y frente a éste una mesita de centro del mismo estilo que la silla frente al escritorio. Tras el escritorio, en una silla con un alto respaldo negro, estaba sentada una mujer de no más de veintisiete años, cabello castaño de distintos tonos en un moño desordenado. Se podía ver a leguas que era una de esas cabelleras rebeldes que te daba más problemas que satisfacciones. Su piel era clara, llevaba maquillaje oscuro, sus rasgos eran redondeados, de ojos grandes, nariz en proporción con sus rasgos. Llevaba unos lentes de marco negro grueso sobre el tabique de su nariz, misma nariz que tenía sumergida en unas páginas.

Lucy había esperado una vieja estirada muy similar a la de la película El Diablo viste a la Moda en vez de esa mujer joven, despreocupada y con ropas oscuras e informales que sería su jefa.

De pronto, la joven mujer que no podía ser un año mayor que ella, alzó la vista y le sonrió cálidamente, como si fueran amigas de toda la vida. Algo que impactó más a Lucy.

—¡Oh! Tú eres la nueva asistente, ¿verdad? —inquirió con una voz grave pero no por ello masculina— Que alegría que llegaras, cariño, necesito mucha ayuda —su sonrisa se hizo más amplia mientras recorría la pila y pila de papeles y manuscritos sobre su escritorio—. Soy un desastre, creo que tendrás mucho trabajo conmigo. ¡Oh! Perdona mis modales, —Se puso de pie y extendió la mano, Lucy se apresuró a acercarse para estrecharla— soy Móniren, editora de esta cosa —le guiñó— y tú eres Lucía, si no me equivoco.

—Lucy —corrigió ella de manera automática. Se encogió mentalmente por tal arrebato.

—¡Oh! Me encanta, un nombre muy dulce. Puedes decirme Moni si quieres, respondo más rápido a ese diminutivo.

—Lo haré, señorita —dijo Lucy con el tono más educado de su repertorio.

—Oh, por favor, trátame de tú que no soy una anciana, sólo tengo veintisiete —Lucy sonrió al darse cuenta que había acertado con la edad— y por lo que leí en tu curriculum, tienes mi misma edad. Así que nada de usted y eso, no me gusta. Para nada.

Lucy sonrió y agradeció que su jefa fuera tan sencilla y, ¿por qué no decirlo? Un poco extraña. En todos sus trabajos, nunca la habían tratado con semejante confianza.

—¿Qué me traes ahí? —inquirió Moni con tono pícaro— Espero que sea una de esas revistas de autos que tanto me gustan.

Lucy amplió la sonrisa. Definitivamente, su jefa era diferente de todas las que había tenido. Y de muchas mujeres también.

—Lamento decepcionarte, pero son unos papeles que debes firmar —Moni de verdad hizo un puchero.

—Oh, bueno, el trabajo es el trabajo. La entretención es para cuando me voy a mi departamento —le guiñó un ojo mientras recibía la carpeta y fruncía el ceño mientras iba mirando los papeles a firmar—. Demonios, tendré que llamar a Ryan. De verdad me aburren todas esas cosas legales y de dinero. Yo trabajo con libros y autores, no cuentas

Lucy carcajeó suave por la cara de martirio de Moni. Ya veía que su trabajo no sería una tortura en ningún aspecto. Estaba segura que se llevaría muy bien con su jefa.

—¿Quieres que llame a Ryan…?

—Oh, claro, claro. Déjame mostrarte donde trabajarás primero. Acompáñame.

Moni salió de detrás del escritorio, Lucy vio que no era una mujer escultural y ultra delgada, pero tenía sus curvas bien puestas y tenía el mismo aire latino que a ella la identificaba. Iba vestida con unos pantalones de tela sencillos y no muy ajustados, zapatillas —sí, zapatillas converses, pero Lucy supuso que ser editor te daba esas libertades— negras y una blusa del mismo color. Iba sencilla pero cómoda. Lucy caminó a su lado y se dio cuenta de que con los tacones, casi igualaba su altura e imaginó que su jefa debería verse muy bien en tacones altos.

—¡Oh por los dioses, mujer! —exclamó Moni de repente. Lucy no supo si le impresionó más lo que había dicho o el tono de alarma— ¿Cómo puedes andar en esos edificios? Yo uso cinco centímetros y me da vértigo… okey, no vértigo pero me duelen un infierno los pies. De verdad, te admiro.

Lucy sonrió. Habían estado pensando en lo mismo: zapatos. Pero de una manera distinta.

—Cuando eres baja, aprendes desde pequeña que los tacones son tu mejor amigo —respondió ella con una sonrisa.

—Cierto, cierto.

Siguieron caminando. Salieron de la oficina y frente a la puerta había un escritorio grande, con plantas alrededor, un ordenador de escritorio MAC también, papeles, artículos de oficina y un teléfono con muchos botones.

—Espero seas buena con las plantas, lo que es yo: lo que toco perece —comentó Moni con un tono culpable que le valió una sonrisa a Lucy—. Bien, acá estarás la mayor parte del tiempo y si no estás acá, estarás conmigo en mi oficina u otro lugar. ¿Sabes cómo funcionan estas cosas? —preguntó apuntando el teléfono. Lucy asintió, había trabajado como operadora de una línea de de servicio técnico un par de meses— Bien. Al lado tienes una agenda con los números a los que más llamo y los anexos. ¿Empezamos?

—Claro.

—Bien, llama a Ryan Watson, mi hermano. Su anexo es el… el… Argh, juro que algún día me aprenderé el jodido anexo de él, por mientras lo puedes buscar, ¿verdad? —Lucy asintió— Bien, dile que lo necesito, emergencia financiera y esas cosas.

—Enseguida.

Moni le sonrió una vez más antes de darse media vuelta y marcharse a su oficina. Lucy se acomodó en su escritorio, colgó su bolso en el respaldo de la silla y contempló todo lo que era suyo. Quizás más adelante pusiera una foto de su familia y alguno que otro detalle, pero lo haría con el tiempo. Por mientras, tenía que hacer una llamada.

Tomó la agenda y buscó el número del anexo de Ryan Watson. Le llamó la atención que tuviera el mismo apellido que la editorial y dado que era hermana de la joven editora, se preguntó si quizás eran los dueños o algo así como un negocio familiar. Bueno, ella podría averiguarlo más tarde.

Encontró el anexo, lo marcó y esperó hasta que una voz femenina atendió.

—Hola, oficina del Sr. Watson. ¿En qué puedo ayudarlo?

—Hola. Hablo de parte de la señorita Watson. Me pidió que le dijera que necesita ver a su hermano. Emergencia financiera.

Escuchó la suave carcajada, como si fuera algo muy común ese tipo de llamadas.

—¿Eres la nueva, verdad? Bienvenida, cariño. Te encantará trabajar acá. Soy Jane, por cierto. El Sr. Ryan irá pronto.

Lucy dio las gracias y cortó la llamada. Avisó a Moni que su hermano iba en camino y luego se dedicó a revisar todos los papeles y sobre su escritorio. También trató de memorizar los anexos con los nombres. Supuso que con el tiempo iría conociéndolos a todos. Rogó por permanecer el tiempo suficiente en el trabajo como para conocerlos a todos. Por lo mismo, se prometió a sí misma que sería muy profesional, que no se permitiría distracciones de ningún tipo.

—Hola —llamó una profunda voz masculina.

Lucy levantó la vista y se encontró con un hombre, un verdadero hombre, arrebatadoramente atractivo que la miraba con ojos inquisitivos. Él era absolutamente deslumbrante. Su cabello castaño claro perfectamente recortado, sus rasgos eran alargados pero rudos, labios finos, ojos achocolatados y almendrados, su piel pálida perfectamente afeitada. Hombros anchos, caderas estrechas, piernas largas y tonificadas. Vestía un traje de un marrón claro y corbata más oscura encima de una camisa blanca. Tenía una sonrisa seductora dibujada en los labios mientras la miraba de pies a cabeza, como examinándola.

El interior de Lucy se revolvió, sintió su corazón latir más fuerte y la boca seca.

—¿Está mi hermana? —preguntó después y Lucy se quedó congelada.

Así que él era el hermano de su jefa. No se parecían mucho, cierta similitud en la nariz, los ojos y el color de pelo, aunque el de su jefa era un tono más oscuro en la gran mayoría. Pero más allá no podía encontrar similitud entre ellos dos.

—S-sí, lo está esperando —se obligó a decir, tratando de controlar las reacciones de su cuerpo ante tal hombre.

—Gracias… —dejó la frase incompleta.

—Lucy… digo, Lucía, señor.

—Lucy… ¿eres la nueva asistente de mi hermana, no? —ella sintió—. Bien, espero dures más que la última. Mi hermana no ha tenido mucha suerte que digamos en ese ámbito.

Dicho eso, le dedicó una sonrisa cordial y se dio media vuelta para entrar a la oficina de su jefa. Lucy no le quitó los ojos de encima mientras se alejaba, fascinada con su andar seguro y fuerte. Pero mientras lo veía alejarse, un nuevo nudo se formó en su estómago.

¿Por qué no le duraban a Moni los asistentes?

* * *