— Cap3. Los juegos de las guardianas

Averak se concentraba en la lucha contra los Drakonianos con una fuerza que el resto de sus compañeros admiraban. Los Drakonianos, por su parte conocían de sobra al líder de aquellos Dixs, una especie de hada sin alas, descendientes de la muy famosa Haberot, aquella vieja hada que hilaba cadenas de hechizos.

El regalo de Haberot tal y como los Dixs llamaban a la habilidad especial e su líder, era el talo de Aquiles de los atacantes, era realmente un problema serio: cadenas de hechizos, sin importar el elemento, se producían constantemente en manos del guerrero, dejando desarmados a muchos de ellos, incapacitados a más y muertos a los pocos que se animaban a hacer frente a la pequeña criatura.

Romulus, líder de los Drakonianos, al notar la presencia del pequeño en el campo de batalla, se encaminó hacia el, espada en manó, dispuesto a cortar en dos a su oponente, y así con sus propios hechizos, que materializaba gracias a su espada, comenzó una batalla tan intrincada como nunca Relianse, desde su escondrijo, había observado ni siquiera en las batallas que había participado junto a Yin y sus antiguos compañeros de aventura.

Ambos combatientes arecían haberse fusionado en una multitud de luces que cubría gran parte del campo de batalla, alejando a los guerreros de ambos bandos, pues aquella pelea amenazaba con destruir a propios y extraños.

Sin percatarse de lo que ocurría en el exterior, Averak se concentró en convocar el elemento contrario a su enemigo mientras buscaba una breca para dañarlo, si Romulus convocaba el hielo, Averak al fuego, si Averak convocaba al aire, Romulus la tierra, y así sucesivamente.

La batalla, increíblemente pareja, no parecía desgastar a ninguno de los dos, hasta un extraño momento, un segundo en que pasaron cerca al árbol donde Relianse se había escondido, un pequeño momento que pareció anular la magia de ambos combatientes, y que pareció activar una especie de alarma en Romulus, el cual, sin mayor explicación, lanzó un conjuro cegador, el cual Averak no pudo esquivar gracias a la extraña sensación que había sentido en cuanto cruzó por el árbol. Pero, siendo aún más extraño, el drakoniano lanzó la retirada, orden que sus compañeros acataron de inmediato

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¿Qué demonios? — se dijo Averak en cuanto recobró la vista, planteándose seriamente revisar los alrededores, pero sobre todo el árbol que había distraído su atención.

Lo que ninguno sabía, excepto Sabash y la guardiana, era que la llegada de Relianse había puesto en marcha, así como lo había hecho la poción de Yin en el pasado, una serie de acontecimientos que definirían el destino de aquel continente.

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Averak se había quedado sorprendido al encontrar, escondida dentro de un árbol, a aquella criatura que no podía catalogarse más que como un hada. Aquello era sin duda extraño pues como bien se sabía, las hadas habían dejado de existir hacia ya siglos en la tierra de Cingari.

¿Y tú quien eres? — Relianse sacó al dix de sus pensamientos — ¿por qué no tienes alas? — preguntó extrañada debatiéndose si debía o no confiar en aquel extraño ser.

Averak, señor de los Dixs — contesto confundido.

¿Dónde estoy exactamente? — Relianse preguntó tímidamente.

Cingari — respondió Averak antes de ser testigo de un suceso increíblemente extraño.

La palabra Cingari, nombre de aquella tierra, pareció retumbar en la mente del hada, despertando un antiguo recuerdo, tan antiguo como su propio origen.

Imágenes variadas pasaron por su mente llevándola siglos atrás en el tiempo, donde sin entender como, o porque parecía ser una simple espectadora de aquellos sueños. En el fondo de su mente la pequeña hada pareció entrever a la guardiana del templo sol, como una invitada más en aquel viaje.

Bienvenida — soltó la guardiana — nuevamente nos encontramos en tu sueño pequeña.

Pues eso creo — respondió aún confundida Relianse —Que hacemos aquí.

Un pequeño viaje — respondió la guardiana —pero antes…— la guardiana pareció incrementar su brillo.

Sin mayor explicación, en aquel extraño lugar pareció materializarse Averak, quien confundido asumió la posición de combate.

¿Dónde estoy? — Averak miró a sus interlocutoras solicitando una explicación, en su mente, Averak se dijo que no debía confiar en un ser que sabía era inexistentes.

Relianse — El hada respondió casi cantando, la pequeña recuperaba poco a poco su temperamento — del Reino de Khim — añadió recordando sus modales.

Y yo soy Kashia — Soltó la Guadiana revelando finalmente su identidad.

Averak las miró confundido, estaba ante un imposible: las hadas habían desaparecido hacia siglos mientras que Kashia, mítica guardiana del templo sol existía tan solo en los cuentos de los más ancianos dix.

Imposible — Afirmó el dix.

Los imposibles han dejado de serlo — Kashia contestó al asombrado Dix.

En cuanto Kashia contestó al Dix y ante los asombrados ojos de Relianse y Averak materializaba un inmenso océano con dos pequeñas islas, en cada isla se erguía un magnífico tempo.

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Tras la materialización de Averak en la visión de Relianse ocurrió algo preocupante para los compañeros de este, su líder simplemente se desplomo sin conciencia en el suelo, pues como sabrían más tarde, tan solo su alma había viajado. Alarmados, los dix tan solo atinaron a recoger el cuerpo de su líder, y del extraño ser que parecía ser un dix con alas para llevarlos ante la gran madre, quien como sacerdotisa de su tierra, de seguro podría dar una respuesta, o proporcionar una cura.

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Como saben, la voz de Kashia rompió el silencio ocasionado por el asombro en ambos espectadores, iniciando un relato. Hace siglos la tierra de Cingari era protegida de todo mal por las guardianas de dos templos, dos magníficos centros de cultura que cuidaban de cada uno de los habitantes de esta tierra, El templo Sol permitía que todos los seres se encontraran con sus más profundos sueños y esperanzas, brindando consuelo a los temerosos y valor a los aventureros. La guardiana del templo permitía dicho autoconocimiento, más la guardiana también podría entrar, gracias a las puertas de este templo en los sueños de sus visitantes guiándolos hacia sus destinos.

El templo luna, protegido por la hermana de la guardiana del templo sol, permitía otro tipo de viaje, un viaje entre mundos, o más bien, entre almas. La guardiana, o sus elegidos, podrían navegar no entre los sueños de los habitantes de Cingari, sino a través de sus almas, sondeando la valía de todos los seres vivos, y brindándoles un destino, que fortalecido por la magia del templo sol generaba grandes líderes y caudillos que protegían sus tierras.

Las guardianas, Kashia del templo sol y Retzi del templo luna, a quienes el gran Ekanzo había otorgado la inmortalidad, comenzaron aburrirse en sus tareas, y con el aburrimiento surgieron grandes riesgos: las guardianas escogían al azar lo que ellas llamaban campeones de Cingari para someterlos a titánicas luchas internas, alma contra sueños, destino contra valía, luz contra sombras.

Los juegos, si bien en un inicio era inocuos, pronto acapararon la atención total de las guardianas y de los grandes reyes de Cingari que comenzaron a enviar sus más importantes guerreros a estos torneos, Más, sin que las guardianas lo supieran, surgió un señor oscuro, un peligroso mago, quien había recibido el nombre de Tandrak el nigromante. Este señor oscuro decidió aprovechar el letargo en que Cingari se había sumido gracias a los juegos de las guardianas, y sin que estas lo supieran comenzó a juntar una serie de peligrosos adeptos, quienes pronto adquirieron el nombre de los cinco oscuros: Delphine la cazadora, una peligrosa guerrera Nehim quien había sido desterrada de su tribu en la estepas desoladas. Drakari el peligroso Dragón rey de los Drakonianos quien había jurado dominar, en algún momento las tierras de Cingari. Nimbus, el otrora gran general de los ejércitos de Ekanzo, ahora desertor de los ejércitos celestiales pues buscaba su propio reino y su propio poder. Réquiem señor de los lobos pensantes, peligrosas criaturas de la noche, fieras bestias sedientas de sed y de poder, pero sobre todo sedientas de venganza contra todos los seres de Cingari, pues a diferencia de sus eventuales aliados, nunca los había considerado varaderos pobladores de aquellas tierras, sino simplemente bestias y por último Sabalek Indra peligrosa reina demonio de los trasgos, quien simplemente se divertía dispersando la muerte entre sus enemigos. Tras aquella profana unión, y aún resguardados por las sombras, muchos cuentan que incluso estos guerreros realizaron un pacto con el gran demonio Sabash, quien como Ekanzo, mantenía parte de su conciencia despierta aún en su largo sueño.

El tiempo pasó, y aunque hubo quien dijo que aún existía bondad en Nimbus y Réquiem, estos oscuros personajes reunieron fieros ejércitos y atacaron con fuerza sin que nadie en Cingari pudiera oponerse. Los reinos cayeron, sus mejores guerreros se habían perdido en los juegos de las guardianas, Tras meses de sangrientas batallas, todo Cingari cayó en manos de sus atacantes, quedando tan solo un puñado de hadas oscuras, quienes se habían negado a unir sus fuerzas a los señores oscuros como se habían negado anteriormente a participar en los juegos de las guardianas. Las hadas pelearon con bravura y muchas perdieron la vida en aquella batalla, las guardianas, quienes antes habían despreciado a estas criaturas por negarse a jugar su juego, las apreciaron más y lloraron con dolor cuando estas cayeron.

Diezmadas las fuerzas de las guardianas y rodeadas tan solo de sus hadas oscuras, estas decidieron salvar a las pequeñas de morir en una batalla sin sentido, Juntando toda su fuerza, y gracias al poder de un ángel enviado por Ekanzo, Abaquiel el viajero, lograron abrir un portal que permitiría a varias hadas migraran hacia tierras desconocidas, pero sin dudad, más seguras; el nombre de la tierra nunca antes escuchado era Gulabi, Se dice que allí las hadas oscuras prosperaron, más nunca olvidaron que su destino sería, algún día, regresar a Cingari.

No obstante a ello, algunas hadas se negaron a escapar, decidieron no cruzar el portal y luchar al lado de las guardianas. Y aunque aquel era su anhelo, las guardianas no lo permitieron, pues usando lo poco de poder que les había quedado, las transportaron a una muy lejana tierra, y aunque aún se encontraban en Cingari, se encontraban, a juico de las guardianas a salvo.

Aquellas hadas, al mando de Haberot, comprendieron que nunca habrían podido vencer a las hordas de los atacantes, por lo que, cual hicieron los oscuros, Haberot y sus seguidores realizaron un pacto con Ekanzo, este las fortaleció y les otorgó grandes regalos, pero las transformó en una nueva criatura, una que a partir del momento se dedicaría solo al combate y adquiría el nombre de Dix, una especie de hada guerrera. Los dix dedicaron, desde ese día sus fuerzas para pelear contra las fuerzas de los oscuros.

Los oscuros, por su parte, reclamaron para si los poderes de los templos adquiriendo la inmortalidad, desterraron a las guardianas a planos diferentes de existencia y robaron los tesoros de los templos. Sin su poder estos santos lugares se desvanecieron en el aire como si nunca hubieran existido… Tras ello transcurrieron doscientos años de oscuridad bajo el dominio de aquellos seres. Doscientos años en los cuales los templos sanaron y recobraron algo de su poder, doscientos años para que las fuerzas de la luz adquieran una segunda oportunidad, y finalmente, doscientos años en que las guardianas parecieron encontrar el regreso a su amada Cingari.

Y pronto el templo sol habrá resurgido — Kashia concluyó su relato.

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La gran madre observó ambos cuerpos, sintiendo la presencia de ambos seres en los mismos. Sin embargo la anciana Dix notó algo más, una especie de unión que compartían ambos seres gracias a una tercera presencia, antigua y poderosa.

¿Quién eres? — se pregunto en silencio a tiempo que invocaba una antigua magia, pues un presentimiento surcaba su mente — probablemente —añadió pensativa.