Diavolo Nouvo es una serie original de Producciones Gran Torre, se prohíbe su reproducción o uso por terceros salvo para material de Fan Fics, Fan Arts y Juegos de Rol.

Pd

Si alguien hace un Rol de esto que me avisen para entrar XD.

Capitulo 01

Cuando los Mundos Chocan

Serie: Diavolo Nouvo.

Género: Sátira religiosa.

Fecha de inicio: 18/08/10, 8:32 am.

Fecha de término: 18/08/10, 5:45 pm.

Autora: Silvia Vega Gutiérrez, directora jefe de Producciones Gran Torre.

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Jerusalén

A través de las calles estrechas, seguido de una multitud, va caminando un criminal condenado al máximo de los castigos.

Su nombre: Jesús.

Su delito: Llamarse a sí mismo el Hijo de Dios.

Hay va, cargando una pesada cruz de madera, allí va, en medio de gritos, blasfemas, llantos, se diría que carga el peso del mundo, se diría que sufre toda la agonía que pueda dar la humanidad.

Entre la muchedumbre una figura lo sigue, no vemos su rostro, solo dos llameantes ojos rojos.

Tras un tortuoso camino el condenado llega a la cima del Monte Sinai (BUSCAR) y ante el público asombrado es clavado a la cruz que cargaba y levantado en la cima, al lado de dos criminales más, la figura de los ojos de fuego no le quita la vista de encima, su mirada revela pavor cuando Jesús, alzando la mirada a los cielos, exclama:

-Padre…¿Por qué me has abandonado?.

La tierra tiembla, estalla la tormenta…y la figura misteriosa desaparece del lugar.

Jerusalén, 1° de Enero de 2010.

La ciudad santa, la populosa Jerusalén donde tres religiones convergen, donde tres dioses de igual identidad tienen los focos de su fe, tierra de Dios, Ala y Yahve.

Tres sujetos envueltos con turbantes y las prendas tradicionales discuten en un puesto de bebidas, se siente en el lugar y el ambiente el espíritu de un nuevo año que inicia.

-Oigan- dice uno mirando algo afuera- miren allá.

Los otros dos dirigen la vista hacia donde mira su compañero, en la esquina de la calle opuesta estaba parado alguien comiendo un pincho de carne y con la mirada fija hacia su dirección.

¡Pero qué clase de alguien!, difícilmente se podría imaginarse a sujeto más fuera de lugar que aquel, a primera vista resultaba difícil saber si era hombre o mujer, tenía unos estremecedores ojos rojos y los labios pintados de negro, lucia camiseta purpura sin mangas y cruzada de cintas negras, cabello negro montado sobre un alocado e imposible peinado sostenido con un broche de estrella de seis puntas igual a la que le sujetaba un largo cinturón acabado en una punta acerada, pantalones rojos muy largos que tapaban un poco sus pies de modo que no se sabía si traía zapatos o estaba descalzo, complementaban su vestuario y aspecto dos brazaletes de oro, pendientes negros de media luna, un tatuaje de serpiente enroscado en su brazo derecho y una gargantilla con el numero 666.

Si bien el extraño no miraba específicamente a ninguno de ellos su presencia empezaba a ponerlos nerviosos, decidiéndose a hacer algo los tres se levantaron y cruzaron la calle, se posicionaron dos a los lados del sujeto y uno a sus espaldas, el tipo no se movió, se quedo allí quieto con la punta del palito de la carne ya limpio en su boca y al parecer ajeno a lo que se le venía.

-¿Qué tanto nos miras?- dijo el que estaba a su izquierda.

-¿Quieres algo con nosotros, eh?- dijo el de la derecha.

-¡Responde, marica!- dijo el de atrás empujándolo un poco.

Con esto el extraño reacciona, se endereza un poco y con calma saca el palito de su boca, la punta esta afilada y chamuscada.

-Uno- dijo con voz neutra, tan andrógina como él y en un movimiento relámpago enterró el palo de madera en la frente del primer sujeto- no los estaba viendo, Dos- y antes de que el de la derecha reaccionara saco el palo del primero y lo blandió con rapidez cortando el cuello del segundo- no quiero nada con ustedes y Tres…

El sujeto a sus espaldas retrocede lívido de horror y sale corriendo, nuestro extraño realiza una veloz floritura con el palito y lo arroja certero derribando al tercero que cae con este en la nuca, el misterioso sujeto se le aproxima y termina su trabajo enterrando el palito con una pata que parece una pesuña.

-…esa no es forma de tratar a nadie- concluyo, saco el palito manchado de sangre y se lo paso por la boca probándolo- mmm, racistas homofóbicos, de esos ya tenemos demasiados en el infierno.

Y dicho esto abandona la escena, nadie vio nada.

Inmune al hecho de acabar de asesinar a tres hombres camina por las atestadas calles de Jerusalén, va ligeramente inclinado, olfateando el aire como si pudiera percibir algo más que los aromas, la identidad misma de la gente.

-…Un despilfarrador- murmura al pasar junto a un hombre de atuendo ostentoso y ancha barriga- le podríamos sumar gula a eso…hola linda- dice en baja voz cuando pasa junto a una mujer toda ella cubierta en los pesados velos musulmanes- Que tu esposo no sepa lo que haces o te harán pedazos…- se pierde en un grupo ancho pero todavía lo oímos insistente- pecador, pecador, pecador… ¿Y eso?, ah, es joven, ya aprenderá, pecador, y este también y aquellos dos y aquellos y ese de allá- saliendo del grupo- de veinte no se hace uno la verdad.

Saco una agenda electrónica de su bolcillo y con el lápiz empezó a organizar cosas sin dejar de hablar a media voz y sin dejar de caminar, sorprendentemente nadie chocaba con él.

-Esos son tres más a la cuota pero me quitaron tiempo, parece que ya no puede uno ni pasar tranquilo la hora de almuerzo…quizás si muevo mi cita con Fidel… pareciera que nunca voy a ir a recoger a ese desgraciado, siempre se me presenta algo, o me faltan manos o me faltan demonios, ¿y de quien es la culpa?, ¡Mía! –Y se dio un golpecito en la frente con el lápiz- mía y de mi estúpida fe en la humanidad, según yo se iban a volver más decente con el nuevo milenio pero nada, la franca verdad son todos unos completos…

Pero no acabamos de saber que eran porque de pronto se detuvo sorprendido, levanto la cabeza percibiendo un nuevo y desconcertante aroma.

-No…no es posible…¿o sí?.

Muy cerca de nuestro extraño sujeto se diría que había un festival.

Un grupo de ayuda, misioneros de Médicos sin Fronteras, repartían alimentos entre la gente, había toda una multitud pero uno destacaba, curiosamente, por su sencillez, un muchacho, quizás de 15, quizás de 20, era difícil saberlo pues todo en su aspecto, desde su traje de enfermero hasta su cabello perfectamente cortado y liso hasta medio cuello, inspiraban al anonimato, tal vez lo único especial fuesen las vendas en sus muñecas y pies.

-¡Vengan!, ¡Dejad que los niños vengan a mí! – Y rio de sus propias palabras- ¡Tenemos para todos, adelante!, aquí tienen- Y repartió panes entre un grupo de niños- pero recuerden: No solo de pan vive el hombre- sonriendo con simpatía- de modo que vayan para halla y les darán un vaso de leche.

-¡Esto es un milagro!- llego diciendo una de las voluntarias con una cesta vacía- creí que no tendríamos bastante hasta que llegaste, Jesús, gracias.

-No me lo agradezcas a mí, agradécele a Dios, permíteme- y tomo la cesta vacía- traeré más.

Se aparto del grupo y coloco una manta corta sobre la cesta, si alguien lo hubiera estado viendo se abría asombrado al ver como la manta se elevaba bajo una fuerza interna, el muchacho sonrió, miro a su alrededor y se dispuso a rodear el lugar cuando se cruzo de frente con nuestro sujeto del inicio.

Difícilmente se podría pensar en dos sujetos más opuestos, el primero estrambótico, alocado, con ojos como flamas, el segundo anónimo, simple y sus ojos eran castaños a juego con el cabello.

Se miraron con desconcierto por casi un minuto, luego el joven anónimo rompió el silencio.

-Te…¿Te puedo ayudar?.

El otro dio un respingo, se acerco al muchacho más allá del límite del espacio personal, lo rodeo mirándolo por todas partes mientras el joven se limitaba a quedarse quieto como una estatua de expresión atónita, finalmente el extraño volvió a su posición original.

-Dis…culpa…que…-dijo el muchacho, tratando de comprender que ocurría.

-¿Emanuel?.

Al aludido se le cayó la cesta de la impresión, al dar contra el suelo se vio que estaba llena de panes pero no se preocupo por eso, miraba al extraño sin acabar de creérselo.

-¿Demian?.

-¡¿Qué rayos haces tú aquí?!- le increpo este.

-Es Tierra Santa, ¿TU que haces aquí?.

-¿Hace falta que te recuerdo cuánta sangre se derramo para hacerla santa?.

-Ah…- Emanuel ya iba a replicar pero se lo pensó mejor y le concedió la razón.

-Oye pero no entiendo-dijo Demian aprovechando el silencio- ¿Qué no se supone que la segunda venida de Jesucristo es para el fin del mundo?-saltando de pronto- ¡¿O se adelanto el apocalipsis?!, ¡A mí nunca me dicen nada!.

-¡No, no!, tranquilo, no se ha adelantado nada.

-Ah.

-Todavía nos quedan dos años-recalco.

-Ok, pero aclárame otra cosa, está claro como yo te reconocí, ese halito de perfección tuya se capta a kilómetros.

Emanuel lo miro confuso, casi se lleva una mano a la cara para olerse pero se contuvo.

-¿Pero tú como supiste quien era yo?.

-Demian- dijo Emanuel con una sonrisita triste- eres el único al que conozco que no me dice Jesús.

-Es que eso está más trillado.

-Y volviendo al inicio, ¿Qué haces por Jerusalén?.

-¿Qué?, ¿Ahora es delito que el diablo se pasee por Jerusalén?, aquí no son tan santitos como quieren que creamos.

-Ya, no te pongas a la defensiva, solo es una pregunta.

-¿Y tú qué haces acá con los de Green Peace?.

-No, estos son…

-¡Me da igual!, contesta la pregunta.

-¡Pero yo te pregunte primero!.

-Y yo te pregunte después- alego Demian con descaro.

-¿Me responderás si te respondo?.

-Te responderé si me respondes lo que quiero que me respondas.

-¿Cómo voy a responderte lo que quieres que te responda si tu primero no me respondes para saber que te debo responder?.

-Por…espera, ¿Qué?.

Emanuel se echo a reír, Demian hacia cábalas tratando de entender en qué punto había perdido el control de aquel juego de palabras, cuando vio que el otro se reía lo secundo.

-Ah pillo, siempre fuiste bueno para perderme, ¿pero porque creo que intentas evadirme?.

-¿Evadirte?, no hago nada malo, aunque eso te encantaría, solo estoy por aquí, ayudando al rebaño de mi padre.

-¿Y que el hijo de Dios no tiene cosas más importantes que hacer?.

-Esto es importante.

-¿Para ti o para el viejo mandamás de los cielos?.

-No voy a empezar una discusión teológica contigo.

-Ni que Él lo quisiera, yo siempre he dicho que solo hay dos cosas de las que nunca se debe charlar: Religión y Política, invariablemente las dos te llevan a pleito.

-Muy cierto.

Ambos guardaron silencio, al parecer esperando a que el otro dijera algo, Demian para distraerse se puso a contar los panes tirados en el suelo pero en silencio, enumerándolos con la mano, eso hizo que Emanuel se acordara de ellos de modo que se puso a recogerlos.

-¿Todavía sigues haciendo esos viejos trucos?.

-Son viejos pero útiles.

-¿Pescado no hay?.

-Esto no es china y no trajimos horno, no puedo aparecer pescado crudo.

-Entonces aparécelo ya cocido.

Emanuel se levanto ya con la cesta llena y le dirigió una mirada que parecía decir "Por favor, no te burles", Demian contuvo una risilla.

-Ya, en plan serio- dijo Emanuel, la sonrisa de Demian se esfumo- ¿Qué haces por estos lados?.

-¡Mira la hora!- exclamo Demian mirándose la muñeca donde no llevaba otra cosa que un brazalete, luego empezó a hablar muy rápido- oye, créeme que me encantaría quedarme a charlar, recordar viejas épocas y todo eso pero tengo que completar una cuota, ver si me queda tiempo de al fin ir por Fidel; me encanto verte, hay que hacerlo más seguido pero antes…

De pronto le dio un manotazo a la cesta de Emanuel tirándola de nuevo al suelo y salió corriendo, Emanuel lanzo una exclamación y dio una paso siguiéndolo, casi en el acto salto para atrás…sus panes se habían convertido en serpientes.

Ciudad del Vaticano 4 de Enero de 2010.

La ciudad de San Pedro, el centro neurálgico de la fe cristiana y el país más pequeño del mundo…el último sitio donde se esperaría cruzarse con el diablo.

Cuatro días después de aquel particular encuentro vemos a Demian tranquilamente parado frente a un café de doble planta, con pinta de no tener nada mejor que hacer.

De pronto un torrente de agua roja le cae encima, Demian se queda con cara de WTF!?, todo empapado.

-¡Que sea sangre, que sea sangre!- exclama y llevándose un dedo a la boca prueba- ¿Vino?- vuelve a ver para arriba- ¿Qué no te sabes otra?.

Arriba del edificio estaba Emanuel con un tinaco de vino puesto de cabezas, con sonrisa inocente y a modo de respuesta golpeo el tinaco que de inmediato empezó a arrojar una legitima cascada de vino sobre Demian, el demonio se molesto con esto y lanzando una exclamación proyecto sobre si un campo de calor que iba evaporando el vino antes de tocarlo y de paso lo seco, Emanuel, sin cambiar la cara de inocente, soltó el tinaco y este le cayó a Demian en la cabeza.

-¡Oye!- exclamo este viendo para el techo pero descubrió a Emanuel justo a su lado, se puso a ver de un sitio a otro confundido pero prefirió dejarlo así y tirar el tinaco a un lado- Por favor, dime que no me seguiste hasta acá solo para bañarme en vino.

-De hecho te alcance por Irak y ya te iba a decir yo algo cuando ¡Boom!, que un tipo estalla a mitad de la calle, fue horrible…¿tú no tuviste que ver con eso, verdad?.

-Depende, ¿Si te digo que sí que me vas a tirar?.

-Demian…

-No, no tuve que ver con eso, no me gustan los explosivos, demasiado escándalo, además déjame que te haga notar que la mayoría de esos fanáticos actúan en nombre de TU señor padre, ¿ok?.

-Sí, tienes razón, los satanistas al menos te avisan cuando pretenden matarse contigo y hasta fiesta hacen.

-¿Ves?, sabemos ser derechos y concisos, no hace falta reventarle el alma a nadie, y por cierto, ¿ahora qué haces por aquí?.

-Te venía siguiendo, ¿recuerdas?, eso fue por lo de las serpientes.

-De acuerdo, ya te vengaste, no es muy santo de tu parte pero no soy quien para acusarte de nada, ¿me dejas trabajar tranquilo?.

- No hasta que me digas que hacías en Jerusalén.

-¡Y dale!, ¿Qué te interesa?, yo voy a donde se me da la gana.

-Y ahora estas en el Vaticano, no son tus territorios…

Esta última palabra tuvo un curioso efecto en Demian, pareció enfurecerse y agrandarse, despedía vapor pero solo porque aun tenía algo de vino en la ropa y el cabello, camino dos pasos hacia Emanuel, este retrocedió lo propio.

-¡¿Mis Territorios?!.

-Oye, calma, yo solo trato…

-¡Yo te voy a decir lo que tratas de hacer!, seguramente el viejo estúpido te mando para acosarme, ¿tienes idea de la presión por la que paso en estos momentos?, ¡Tengo dos años para organizar el Armagedón y hay tanto pecador que recoger todavía que no me alcanzan los demonios y me toca subir hasta este basurero que llaman tierra para llevarme yo a los que pueda!, ¡Debería de estar abajo preparando un ejército y no aquí perdiendo mi tiempo contigo!, ¿pero algo de eso te importa?, ¡NO!, ¡Tengo que lidiar yo solo con todo esto y me estoy hartando de modo que regrésate arriba y dile a Padre que me deje tranquilo!.

-¿Ya?- dijo sencillamente Emanuel, Demian pareció desinflarse y ya no echaba humo.

-Sí, necesitaba desahogarme…

Emanuel le puso una mano comprensiva en el hombro, a Demian se le llenaron los ojos de lagrimas y se tapo la cara con las manos.

-Ya, ya, está bien- dijo Emanuel, consolador.

-¡Te juro que no se cuanto más voy a aguantar!- dijo Demian, acongojado- yo no me meto en sus cosas, solo hago mi trabajo, ¿Por qué no me puede dejar en paz?.

-Ya, Padre no me mando a perseguirte, en serio.

-No te creo.

-¿Cómo que no me crees?, ¡Soy Jesucristo!, ni modo que me ponga de mentiroso ahora y justo contigo.

Demian soltó una risilla, se enjuago el rostro y se aparto un poco de Emanuel.

-Oye- dijo Emanuel, que ya puesto en eso quería terminar de consolar a Demian- eso del campo de calor estuvo tremendo, no lo había visto nunca.

-Oh- dijo Demian, alagado- déjalo, ¿Qué me dices de ti?, sabía que convertías el agua en vino, no que lo hacías aparecer de la nada.

-Y no has visto nada, no te imaginas las cosas que puedo hacer.

-¿Estas presumiendo?, Tú no sabes lo que yo puedo hacer, claro que con eso de la No Interferencia pues…

-¿Si?

Demian no contesto, lo miraba con creciente asombro, de repente en su rostro se dibujo una perversa sonrisa.

-¿Te digo algo muy curioso, Emanuel?.

-¿Por qué presiento que algo aquí no está bien?.

-Oh no, está todo bien, es que de pronto recordé que hace un tiempo Padre y yo acordamos una pequeña tregua, ya sabes, solo influencias, nada de acción directa, era una pauta mutua con motivo de bueno…ya sabes, ESO- dirigió una mirada rápida a las manos vendadas de Emanuel.

Emanuel oculto las manos, no le agradaba ese tema y aquello le gustaba cada vez menos.

-La cosa es que dicho acuerdo duraba hasta tu segunda venida- la sonrisa perversa se ensancho.

-Oye espera- Emanuel empezó a sudar frio, ya veía para donde iba aquello- yo no creo…

-Estas aquí, por segunda vez…se termina la tregua.

-¡Pero…!-Exclamo Emanuel, con autentico pánico.

-¡Pero nada!, ¡Me harte de manifestarme con mi ausencia!, es tiempo de que este mundo tenga un motivo para reformarse…o destruirse, a mi la verdad.

-¡No te dejare!.

-Hagámoslo divertido.

Y Demian lanzo una patada contra Emanuel, este se hecho para atrás y pareció esquivarla cuando de pronto se sintió golpeado no por la pezuña de Demian sino por la ráfaga de aire que esta había provocado, fue lanzado hacia atrás, atravesó la ventana del café y choco con varias mesas, los pocos comensales que hasta entonces no habían notado nada raro fueron sorprendidos, alguien ayudo a Emanuel a levantarse, afuera no había nadie.

¿Y Demian?.

Tras sacar a Emanuel del camino había salido corriendo hacia la plaza de San Pedro, tenía un objetivo muy claro en mente, pero antes deseaba divertirse.

Como era costumbre la plaza estaba atiborrada de gente, turistas, clérigos, peregrinos, con una voz que se imponía donde fuera Demian se hizo oír.

-¡Damas y Caballero!, ¡Pecadores en general!, ¡En esta esplendorosa mañana muy a discorde con mi persona les daré pruebas patentes de la existencia del mal!, para que sea más claro: Hola, soy Lucifer, Satanás, el Malo o como prefieran llamarme siempre que no me digan Belcebú, ese es otro demonio que trabaja para mí, o Hitler, ese es un engendro peor que yo, y hoy voy a exterminarlos a todos, ¡Vamos a bailar!.

Con una mirada de loca emoción empezó a zapatear con sus pezuñas en el suelo, la tierra empezó a temblar a su ritmo, el pánico se desato cuando el demonio salto provocando una sacudida tremenda, un autentico terremoto que derribaba edificios y reventaba cristales, se disponía a dar otro salto demoledor cuando un poco de agua roja le cayó encima parando su efecto, se volvió furioso.

-¡Ya para de tirarme vino!- grito.

Emanuel estaba allí, con una insólita expresión de ira en sus hasta entonces tranquilos ojos, tras él había una fuente que se había reventado por el sismo y arrojaba agua roja y espesa.

-Eso no era vino- dijo, levanto la mano derecha formando un puño con ella.

El agua roja de la fuente se elevo emulando la forma del brazo de Emanuel, en la plaza la gente había salió corriendo en todas direcciones, Emanuel llevo el brazo hacia atrás y lanzo el golpe, el agua como una pared gigante se encargo de asestarlo arrojando a Demian hasta el otro lado, tan lejos como pudo hasta que el demonio repitió su pared de calor esta vez con mayor potencia evaporando el agua, la plaza se cubrió de una capa de vapor por breves momentos.

En medio del vapor Emanuel vio alzarse una oscura y siniestra silueta de enormes proporciones, con ojos llameantes y dos masivas alas…afortunadamente se trataba de un efecto visual, al diluirse el vapor allí solo estaba Demian, empapado y con los brazos extendidos con los que había sostenido el puño de agua, aun sonreía.

-Bien, bien, bien, por lo visto no presumías.

-Para esto Demian, antes de que lastimes a alguien.

-¿Parar?, pero si apenas empiezo, me interesa realmente ver hasta dónde llegan tus dones.

Al lado tenía un auto aparcado, lo tomo del parachoques frontal con una mano y lo levanto con la facilidad de levantar una almohada, Emanuel se cuadro en espera de lo que viniera, Demian le arrojo el auto, Emanuel levanto un muro de tierra frente a él parando el impacto pero cuando el muro bajo fue Demian quien se le fue encima, elevado con unas autenticas y estilizadas alas de demonio, Emanuel cruzo ambos brazos sobre el pecho para recibir la patada y fue arrastrado varios metros hacia atrás mientras Demian le daba una patada tras otra en el mismo punto.

El demonio se hecho para atrás y juntando las manos arrojo una ráfaga de fuego que Emanuel detuvo con una nueva pared de tierra, al retirar esta no fue Demian a quien vio venirse contra él…fue un camión.

El cajón le cayó encima, silencio.

-Vaya- dijo Demian acercándose- esperaba un poco más, ¿habrá quedado muy aplastado?- soltando una risa- me lo voy a tener que llevar a casa en un carretillo.

Levanto un poco el camión, no había nada abajo.

-¿Qué dem…?

-¿A quién te vas a llevar en un carretillo?- dijo una voz, arriba del camión estaba Emanuel, ileso.

Demian puso cara de fastidio y empezó a echar humo, esta vez de verdad, un humo negro que lo cubrió elevándose hasta formar una columna gruesa y más grande que el camión donde estaba Emanuel, la nube se comprimió y adapto la forma de Demian, un Demian gigante que agarro a Emanuel completo en una mano.

-Olvida el carretillo, te mandare por vía directa.

Y como un beisbolista le dio varios giros al brazo y arrojo a Emanuel lejísimos, no se preocupo por verlo caer, se dio la vuelta y se dirigió a su objetivo: el palacio Pontifico.

Mientras Emanuel se presepitaba en caída libre y de brazos cruzados a tierra.

-Demian, Demian, Demian…hasta cuando vas a entender que la violencia no resuelve nada…

A un metro del suelo se detuvo a mitad del aire, dio la vuelta para quedar derecho, puso un pie en tierra y de repente salió disparado en medio de una ráfaga sónica que hizo estallar todos los vidrios cercanos y mando a volar lo que no estuviera sujeto.

Alcanzo a Demian a muy poca distancia de su objetivo, lo detuvo en su carrera y empezó a correr en círculos en torno a él creando un remolino a su alrededor y privándole de aire, Demian se llevo las manos al cuello y empezó a deshacerse en humo, cuando Emanuel se detuvo había regresado a su tamaño normal y respiraba agitado.

-¿Tuviste suficiente?- le dijo.

-Yo jamás…créeme.

El tatuaje de serpiente en el brazo de Demian empezó a brillar, de repente la tierra tembló de nuevo bajo los pies de Emanuel, se abrió y una enorme serpiente salió del suelo tragándolo de un bocado, Demian le dedico una orgullosa sonrisa a su serpiente pero esta desapareció en un instante, alguien empujaba las quijadas de la víbora, era Emanuel, abrió la boca de la bestia con considerable esfuerzo, un hilillo de sangre corrió por su frente.

-Ahora si… ya me enfade.

Se transformo en una luz que saliendo de la boca de la serpiente empezó a golpearla a toda velocidad y por todas direcciones acullicándola hasta que cayó de bruces al suelo y se desiso dejando solo su largo esqueleto, la luz salió volando hacia los cielos.

-¡Óyeme no!- grito Demian levantándose- ¡Ahora no me vas a salir huyendo, todavía no he terminado contigo!.

Lo próximo que vio lo dejo mudo.

Algo pasaba en las alturas, el cielo se oscureció y como movido por una fuerza divina se abrió dando paso a una fuerza de la naturaleza, una improbabilidad cósmica, un Meteorito.

-0________0 WTF!!? ¡¡ERES UN MALDITO EXAGERADO!!- alcanzo a gritar Demian antes de recibir de lleno el impacto.

Cuando el polvo se asentó y la tierra volvió a girar, Emanuel tenia agarrada a Demian de la camisa en medio de un enorme cráter.

-Ahora ya vas a comportarte- no era una petición, era una orden.

-Si jefe- dijo Demian sarcástico- pero aclárame algo, ¿ESTO? –Y con los brazos abarco todo el cráter- ¿Cómo se lo explicamos a los fieles?.

Emanuel se quedo de piedra, soltó a Demian, lanzo una mirada horrorizada alrededor y sin decir una palabra se convirtió de nuevo en una luz y salió huyendo, esta vez sí, lejos de allí.

Demian se quedo tendido en el cráter, pensativo y serio hasta que un par de mirones de los que nunca faltan se asomaron por encima del cráter.

-¡¿Y ustedes qué?!, ¡Largo o los pongo en mi lista!.

Los dos mirones desaparecieron, Demian sonrió, le brillaban los ojos.

-Oh Emanuel, presiento que esto no termina aquí, ¿Quién diría que nuestros caminos se cruzarían de nuevo tan pronto?, supongo que era inevitable, después de todo…somos hermanos- rompió a reír- ¡Estoy listo Emanuel y que el mundo se prepare!, ¡El Apocalipsis llego!.