{ La Puerta del Cielo }

They are not long, the weeping and the laughter,

Love and desire and hate:

I think they have no portion in us after

We pass the gate.

They are not long, the days of wine and roses;

Out of a misty dream

Our path emerges for a while, then closes

Ernest Dowson, "Within a dream"

Bueno, bueno, he aquí la historia que vengo prometiendo desde hace un año (si no es que más…); finalmente, aquí está el prologo, que será tan confuso y sin punto que casi estoy segura que nadie leerá el primer capítulo después… Pero no hablemos de eso. No habrá muchas advertencias para esta historia, pero como tocaré ciertos temas sensibles y/o controversiales (muerte, vida después de la muerte, seres fantásticos) pido que todos lean bajo su propio riesgo.

No recuerdo, no en realidad, como empezó; no recuerdo la idea original del todo, pero sí recuerdo qué me dio la idea: el cortometraje de October Le Chat, el cual les recomiendo. Después, todo se erigió por sí sólo, casi como la torre de Babel y me dejo casi como una espectadora, viendo como todo cobraba forma.

Así que, ¿qué es esto? Por una parte, es, sin duda alguna, una historia de fantasmas. Tal vez. Pero también es una historia de personas (o seres que lucen, a veces, como personas) en busca de algo; es una historia de cosas que pudieron haber sido y de cosas que estaba predispuestas a ser. Es una historia llena de gatos, recuerdos, decisiones, buenas y malas, deseos y segundas oportunidades; es un recuento de las doce tareas de Hércules y trata del paso del tiempo, que es tan efímero como es constante.

Esto es acerca de ella, y es acerca de él; esto es acerca de una posibilidad.

En cuanto al resto, tendré que pedirte que confíes en mí.

I - Prologo: Cándida

Long ailments wear out pain, and long hopes, joy.

Stanislaus I

La ciudad, después de todo, no había cambiado mucho; no había pasado tanto tiempo en realidad, pero no deja de sorprenderla el hecho de que el mundo siga, efectivamente, girando, y que todo aquello de lo que se había considerado parte siga moviéndose como piezas bien aceitadas de un engranaje cósmico que es incapaz de comprender. Incluso ahora que tiene la oportunidad de observar como todo funciona en lugar de ser uno de sus componentes.

Su ciudad, sabe, es solo una pequeña parte del todo; y ella solía ser una parte pequeñita de la misma.

Pequeños engranajes dando vueltas alrededor unos de otros, haciendo funcionar a esa gran máquina que elevaba a unos—y despedazaba a otros.

Ella había sido, desafortunadamente, una de las víctimas.

Aunque en realidad no vale la pena contemplar mucho el asunto, está demasiado vieja, aunque eso es una mentira, como para querer darle demasiadas vueltas; una pérdida de tiempo. Y casi quiere reír…

En un momento, en realidad, se está carcajeando, sin importarle que tiempo atrás aquello hubiera causado que el batallón de peones caminando a su alrededor hubieran volteado a mirarla con expresiones de desaprobación; porque realmente no debería estar sentada allí y menos aún riéndose de nada en particular en plena vía pública. El tan solo pensar en ello la hace reír más fuerte, y entonces—un claxon.

Nunca aprendió a manejar, demasiado joven, menor de edad, encima de todo; pero sabe que cuando una persona maneja, a menos que quiera que el carro se vuelque, no debe de frenar de súbito. Ni siquiera aunque se le atreviese algún animal. En un ambiente urbano como este, eso significa usualmente un perro o un gato.

El problema es que, mientras los perros han aprendido a cruzar cuando la gente lo hace (o incluso a hacer buen uso de los puentes peatonales abandonados por los peatones), los gatos, aunque superiores en otros aspectos, jamás han aprendido a hacerlo; su método consiste en básicamente correr lo más rápido posible con la esperanza de no ser golpeados.

Sin embargo, ese no era siempre el caso y cuando un coche, que como dijimos, no podía frenar de golpe se encontraba en frente de uno, los gatos adoptaban esa exacta posición, ojos muy abiertos, congelados en su lugar, las orejas hacia atrás—

Al segundo claxonazo, ya se había bajado del farol sobre el que había estados entada y se encontraba corriendo, a través de la avenida, por entre el transito.

No hubo un grito heroico, o una reflexión previa, simplemente tomó impulso, saltó y, atrapando al animalito entre sus brazos, rodó hasta la acera que se encontraba al otro lado, fuera de peligro. Nadie vio nada fuera de lo común, o, si lo vieron, decidieron ignorarlo. Y ella tan sólo se incorporo como si nada, dejando al gato libre antes de que tuviera la oportunidad de clavarle las uñas, y lo vio trepar a un árbol.

El animalito movió la cola de un lado al otro, luego ladeó la cabeza y maulló una vez.

Aunque el sonido no estaba dirigido a ella; se volteó y, a lado suyo, también mirando al gato se encontraba alguien más.

Hace mucho tiempo le hubiera sonreído; se pregunta, sabiendo perfectamente la respuesta, como cambio todo tanto.

El hombre le dedico una inclinación de cabeza a modo de saludo una vez se dio cuenta de que lo miraba, y luego sacó un descomunal reloj de bolsillo dorado de uno de los bolsillos de su gabardina, le dedicó una rápida mirada y después volvió a centrar su atención en ella.

"Hola, Cailean, es bueno saber que no has descuidado tu trabajo. ¿Cómo va todo?"

"Bien. Quiero decir, no peor… Sólo… bien; del tipo regular de 'bien'."

Su interlocutor emitió un sonido parecido a 'hmmm' y volvió a mirar la hora en su reloj.

Él le agrada, de verdad, pero aún no puede hablarle sin ponerse nerviosa y jamás se acostumbrara al—

Tiempo! Ya se nos ha hecho bastante tarde," en ese momento la miro a los ojos—ojos color amatista clavándose en los suyos. "Tengo un trabajo especial para ti; yo me encargare de los gatos mientras tanto."

Cailean no protesta, ni ofrece resistencia cuando la toma del brazo y la jala sobre un montón de hojas muertas que giran en el viento, utilizándolas como escalera; son cosas como esta a lo que jamás acabara de acostumbrarse, pero está bien.

Mientras van subiendo ella mira hacia abajo, a la ciudad en la que solía vivir; está bien porque esta es la única oportunidad que tiene de componer las cosas, de corregir lo que salió mal, así que hará lo que él le pida. Hicieron un trato, después de todo, y no es cómo si le importara demasiado dejar de ir por allí, asegurándose de que ningún gato sufra un accidente; lo cierto es que agradece ya no tener que estar vigilando las calles y las avenidas.

Después de todo, en realidad no le gustan mucho los automóviles. ¿Qué tenían de bueno? Eran ruidosos, propensos a los accidentes, soltaban gases tóxicos y estaban decididamente sobrevalorados. Además, atropellaban gatos.

Y también personas.


Les dije que estaba confuso... Bueno, ¿a alguien le interesa un poco más de esto?

Oh, y si alguien pudiera decirme si esto esta en la categoría incorrecta, sería muy apreciado... todavía no me decido muy bien sobre lo de fantasía/sobrenatural.