Una caricia inconciente. Sus dedos tibios sobre mi hombro frío por el agua helada. Un contacto eterno mientras nos observamos, mientras nos conectamos con el otro.

-¿estas bien?

-si, no fue nada. Sólo me dio un calambre.

-tienes que tener cuidado, deberías calentar antes de nadar- sólo veo sus labios moverse, exhalando aire caliente mientras son sutilmente mojados con saliva.

-si, tienes razón. Lo tendré en cuenta la próxima.

-ve a ducharte y después de la clase espérame. Quiero hablar contigo.

Sus ojos esmeraldas clavados en los míos. Su cuerpo se me muestra fragmentado. Amo todo de él y cada fracción es igual de importante, empero sus ojos y labios me son irresistibles. Ya casi ni recuerdo su color de cabello. No, exagero. ¿Cómo podría olvidar ese chocolate que tantas veces olfatee?

-Está bien. Lamento haberlo preocupado, profesor.

-lo importante es que estés bien.

Hubo noches en las que despertaba luego de soñar lo que ocurrió hoy. Él me salvaba de ahogarme. Sus labios me daban el aliento de la vida mientras sus manos en mi pecho hacían funcionar mis pulmones. La preocupación impresa en sus ojos. El temblor de su mentón producto de la angustia. Todo observado desde mi visión borrosa, volviendo a respirar escupiendo agua.

La verdad es que cuando lo repaso como una narración me resulta muy tonto. Mi fantasía sexual es de lo más extraña. Sin embargo es lo suficientemente buena para mis momentos de soledad como éste, en la ducha de los vestidores. Solamente yo y el agua caliente, lavando mi cuerpo entero de ese apestoso cloro. Supongo que de haber sido profesor de zumo seguramente me hubiese inscripto. Sólo por él intento ser la más rápida, la que más aguanta la respiración, quien ayuda a juntar los instrumentos después de la práctica, la que ayuda con la asistencia, quien llega más temprano para quitar la lona que cubre la pileta. Seguramente ya lo sabe e intenta que me de cuenta de que no hay ninguna esperanza para nosotros. Que no existe futuro posible y me enseña que él, al ser un hombre maduro y responsable, me sigue tratando igual, como su alumnita, a sabiendas de que cada segundo de la clase mis ojos se encuentran atentos a sus acciones, a sus palabras, a sus muecas, sus parpadeos.

A estas alturas la ropa me resulta incomoda.

-¿estas bien?

-si, sólo perdí la noción del tiempo.

-todas se fueron. Pensé que te habías ido.

-¿todas se fueron?

-si- su sonrisa me demuestra lo que piensa… una chica mas que despistada no merece su atención.

-disculpe. ¿Ya va a cerrar?

-antes quería hablar contigo.

-ah, cierto.

-te he notado un poco desconcentrada últimamente. ¿Estás bien?

-cada vez que me habla me lo pregunta.

-si, disculpa. Es que me preocupa por todo el empeño que le has puesto estas últimas semanas. Lo que quería proponerte era que entraras al campeonato del mes próximo. Creo que estas en condiciones para hacerlo. Quería decírtelo la semana pasada pero quise evaluar un poco tus habilidades. Lamento si te incomodé por las miradas constantes que te dirigía.

-descuide, no lo noté.

Realmente no lo noté. Siempre lo observo y siempre… no siempre, en el agua no puedo. Es allí donde él lo hace. Cuando ya no puedo verlo ni nadie más.

- ¿y bien? ¿Qué te parece la idea? Eso sí, ten en cuenta que serán más horas de entrenamiento y mayor dedicación.

-¿usted me preparará?

-¿Quién más?

Su sonrisa, sus dientes perfectos.

- si entro en el torneo, ¿Qué premio hay?

-la copa, la medalla y creo que este año hay un cheque para gastarlo en una casa de deportes.

- yo digo por su parte. ¿Qué me dará a cambio de que ingrese en el torneo?

-¿Qué quieres? ¿Una calificación alta en deportes? ¿Una beca…?

-eso sería con respecto a la escuela. Lo que quiero es algo que usted me dé.

-¿Qué quieres?

-un beso.

Parece un pez abriendo y cerrando la boca sin poder articular nada. Siento como si fuese otra persona la que hubiese dicho todo eso. Que mi yo se hubiese escurrido por el desagüe mientras me bañaba y algún ser tomó mi cuerpo expresando mis pecaminosos pensamientos.

-si aceptas entrar al campeonato, te lo daré.

-entonces acepto.

Sólo tenía que estirar sus manos hacia mí. Sus labios siempre húmedos de esa exquisita saliva. Sus ojos observando los míos, hundiéndome en un arrecife. Su boca en mi boca fue como si mi estómago saltara y fuera hasta mi cabeza y mi corazón, desbocado, corriera por todo mi cuerpo resonando en mis oídos.

- sabes a lo que más amo en el mundo.

-¿a qué?

-al mar.

Las manos de ese hombre ahora rodeaban mi cuerpo tembloroso, haciendo que apoyara mi cabeza en su pecho. No sabía si había sido real. Mi cuerpo daba sacudidas esporádicas como si de repente un frío helado hubiese caído sobre mí.

- ¿no era lo que esperabas hace tiempo?

-si pero… no puedo contener esta extraña reacción.

-¿puedo besarte de nuevo?

-… si…