Cita doble: cine de terror.

Dos compañeras.

Una cita doble.

Noche de verano.

¿Qué podría salir mal?

¡¡Tengo miedo!!

Un chico extraño y una joven miedosa ven cruzarse sus caminos por una cita doble. ¿Qué desencadenará todo esto?

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Cáp. 1: cita doble: cine de terror.

-¡¿qué?!

-¡no grites así!

- ¡¿cómo no quieres que grite después de que me sumaras a tu cita doble sin avisarme?!- Mi compañera me observaba con ojos suplicantes.- Sabes que no tengo pareja para llevar y menos si me avisas una hora antes.- la fulminé con la mirada.

- ¡y eso es perfecto! Yo voy a salir con Marcos –tenía una gran sonrisa mientras soltaba un pequeño suspiro al decir su nombre- y tu saldrás con su amigo.

- ahhh, ¿ya arreglaron todo entre ustedes? ¡Genial! Pero la próxima recuerda que me gusta participar en las decisiones sobre mi vida- respondí sarcástica. Estaba que tiraba rayos por los ojos.

¿Cómo piensa que arreglándome en su cita doble estaría feliz y coleando? Tenía que estar bromeando aunque… con mi compañera las cosas más descabelladas suelen ser posibles.

-no te pongas en esa posición. Sabes que quiero que salgas con alguien,… por lo menos para pasar el rato. Nunca más te vi con nadie después de tu ex. Ya pasaron dos años.- su tono era reprobador- Ya tuviste bastante de aguardar.

-no es por... él.- agaché la cabeza.

Ya había pasado mucho tiempo desde que mi ex se fue a vivir a Inglaterra. Soy una chica joven de veinte años, se espera que este con algún novio o con algo semi estable. No es que sea fea, para nada. Soy rubia, de ojos pardos, de estatura mediana (un metro sesenta para ser exactos), con un cuerpo normal aunque sin muchos atributos delanteros, creo que eso es algo que me resta puntos pero… bueno. El caso es que no soy fea y que podría tener un novio decente sin embargo, por cosas mías, no me abro a la gente, en especial a los chicos, y…

El timbre del departamento sonó estrepitosamente haciéndome perder el hilo de mis pensamientos.

-¡esos deben ser ellos!- gritó emocionada.

-¡¿qué?! ¡¿Y recién me dices todo esto?! ¡Pensé que iban a venir más tarde! Yo no pienso ir así. – recordé mi vestimenta.

-tonta. No vamos a ir a un restaurante de lujo. Vamos a ir al cine.

La observé con desconfianza.

-Vamos. Te gusta el cine. Es algo a lo que no te puedes resistir- me jalaba del brazo mientras yo la observaba entrecerrando los ojos.- ¡vamos! Te pago la entrada.

Mi rostro se iluminó.

-¿de verdad?

-¡si, vamos, vamos!

- bueno.- respondí todavía no muy persuadida.

Mi compañera sabia de mi afición a las salas de cine. No importa la película, siempre me ha gustado ir. Empero el problema reside en que somos chicas universitarias que vivimos en un departamento sostenido con nuestros mediocres sueldos que nos da el trabajo de meseras en un restaurante que se encuentra en el centro. Las dos somos chicas de pueblo las cuales vinimos a la gran ciudad a estudiar e intentar salir de la vida de campo para procurarnos un futuro mejor. Aunque ninguna se esperaba que fuera tan difícil. Día tras día comiendo las sobras que nos daban en el restaurante y juntando las monedas cuando llegamos a fin de mes para pagar el alquiler por despilfarrar nuestros pequeños sueldos comprando ropa o entradas para el cine (mi caso es este último).

-pero no me da tiempo de vestirme.

-¡tonta! Estás linda así vestida. Quizá si te pones un poco de desodorante…

-¡no tengo olor!

Había vuelto de la universidad así que estaba bien vestida. Llevaba una musculosa de color verde musgo con cuello y algunas letras chinas. Debajo un Jean negro elastizado. Al cabello lo tenía atado en un rodete improvisado hecho en clases.

-bueno… si es sólo al cine.-comencé a decir no muy convencida.

-¡buenísimo! Voy a abrirles.

Mi compañera de departamento fue corriendo hasta la puerta, a abrirle a nuestras "citas". Genial, tendría que bancarme a un jugador de fútbol ultra narcisista y sin mucho cerebro (no son prejuicios… la mayoría que conocí eran así). Todo por una entrada gratis. Que mal que estamos.

El primero en atravesar la puerta fue Marcos. Lo podría distinguir a una legua ya que Clarissa (mi compañera) no se cansaba de señalarlo en los descansos o cuando salía en alguna página de fotos de las discotecas de la ciudad. Era alto, tal vez de un metro noventa, con un cuerpo bastante trabajado. Tenía una melena lacia y castaña, sus ojos eran de un amable color miel con un brillo especial. Debo admitir que es bastante guapo a pesar de que el tipo musculoso nunca fue mi estilo.

El segundo cuerpo que pasó por la puerta me hizo palidecer. Un chico con piel bastante blanca hipnotizado por la pantalla de su celular. Mi primer instinto fue correr hacia la cocina.

-Bien, Marcos ella es…

Escuché a mi amiga presentar mi cuerpo esfumado a un confuso futbolista. Sentí el taconeo molesto y apresurado de sus zapatos y vi como su esbelta figura se colocaba frente a mi cuerpo enrollado en el piso de la cocina.

- ¿de qué te estas escondiendo?- preguntó con un tono molesto.

-¡shhh! Diles que no estoy, que me sentía descompuesta, que… ¡no sé! Invéntate algo.- se lo decía mientras me tapaba con un sartén que encontré en el suelo.

-No, ¡me lo prometiste!

- yo no te prometí nada.- renegué en voz alta para luego bajarla rogando porque no me hubiesen oído- además no pienso salir con ese lunático.

-¿lunático, Marcos?

-no Marcos, su amigo.

- ¿lo conoces?- preguntó confundida.

-desgraciadamente si. Va a mi comisión. No sé que hace estudiando psicología. Es un tipo muy raro. No me extrañaría que fuera un psicópata intentando comprender como zafar de los hospitales psiquiátricos.

- no seas tan exagerada.

-eso es porque tú estudias diseño, sólo tienes que aguantar a los hipies que se creen que estar una semana sin bañarse es trasgresor. Yo tengo varios casos de locura en mi carrera. Pero este tipo es el más raro.

-no seas paranoica- mi cuerpo no daba señales de moverse de ese lugar. Suspiró fuertemente- si me haces este favor, te prometo que lavaré los platos toda la semana.

- ¿en serio?

-si, en serio.

¿Por qué ella sabía con que cosas desarmarme? Odiaba lavar los platos, no hay peor tortura que eso… pero… pasarme la noche con un lunático… no sé si lo valía… aunque también estaban las entradas gratis… Gruñí para mis adentros. ¿Qué hago?

Me extendió una mano la cual observé con desconfianza. Lo pensé por un segundo más hasta que Clari rodó los ojos. Me agarró de la mano y me jaló hacia ella.

-¿vamos?-preguntó levantando una ceja.

-Bueno…-solté resignada- pero va a ser tu culpa si mi cuerpo aparece destrozado en algún basural.-advertí a la ahora sonriente castaña.

-si, si. Voy a ser la primera en avisar a tus papás.

Al llegar a la sala vimos como Marcos observaba un par de fotografías colocadas en una repisa y como el lunático… digo, su amigo seguía con su celular. El castaño se percató de nuestra presencia y nos sonrió cortés.

-¿estaban jugando a las escondidas?-preguntó burlón.

-no, es sólo que Marina tuvo un problema con sus sandalias. Ya lo arreglamos.

-ah, que bueno. Un gusto Marina. Soy Marcos.- me dirigió un saludo con la cabeza.

-igualmente.- saludé con la mano.

Dio una mirada hacia su costado divisando a su amigo- y "esto" es Alex.

El nombrado estaba absorto escribiendo a una velocidad supersónica en su celular.

-¡Hey, deja de joder con el teléfono!- le reprochaba mientras le tapaba la visión del celular. Lo observó impasible. Cerró el aparato y nos miró por primera vez.

Sus ojos atravesaban los míos hasta el punto de llegar a mi mente. Tragué en seco mientras los vellos del cuello se me erizaban.

-Hola. Soy Alex.- se presentó neutral extendiéndome una mano.

El silencio que siguió a ese saludo fue realmente abrumador. Yo sólo observaba su mano extendida sin poder reaccionar. Sentía como si alrededor de él hubiera menos luz.

Su mano seguía extendida por lo que mi amiga decidió intervenir.

-Hola Alex. Mi nombre es Clarissa. Que gusto conocerte. ¿Vamos ya?

Mi compañera comenzó a empujarme hacia la salida, mientras los chicos salían también. Caminamos tranquilos hasta el cine que no quedaba a más de veinte cuadras. Aunque el camino se me hizo eterno por tener enfrente a Clari y a Marcos hablando animadamente mientras yo estaba con el chico extraño de mi comisión quien seguía prendido de su celular.

En ese momento me percate de cómo iba vestido. Llevaba un pantalón de jean oscuro y ancho con una cadena larga que colgaba de un costado. Tenía un piercing en la ceja derecha y un aro en la oreja izquierda. Era un chico bastante alto, quizá un metro setenta y cinco ya que no era más alto que Marcos. Tenía su cabello azabache totalmente revuelto, como si se hubiese despertado hace unos minutos. Su cara era bastante blanca con unos ojos de un negro profundo acentuados por unas pequeñas ojeras. Estos adquirían un aspecto espectral a la luz del celular abierto frente a su rostro. Tenía una remera negra un poco holgada decorada con la tapa del CD de alguna banda nórdica.

Se detuvo de golpe frente al cadáver de un pobre pájaro aplastado al lado de la vereda. Una sonrisa macabra adornó su rostro por un segundo mientras examinaba con la mirada el cuerpecillo sin vida del ave. Un escalofrío estremeció mi cuerpo y comencé a caminar sin él. No sé como logró alcanzarme haciendo que me sobresaltara al sentir como las luces volvían a hacerse menos nítidas a su paso. Era algo muy extraño.

¡¡Tenía miedo!!

Al llegar hasta el cine me aferré al brazo de mi amiga. No quería seguir sola a mi suerte al lado del loco extraño.

- ¿qué quieren mirar?-preguntó entusiasmado Marcos.

-¿por qué no vemos "luna nueva"?- sugirió Clari.

No era que no me pareciera entretenida esa película pero mi amiga me obligó a verla cinco veces. Ya estaba harta. Además la actuación… bueno, si se puede llamar actuación a lo que hace la actriz principal, me parece insultante. Aunque lo rescatable es que el tipo italiano que aparece al final, me pareció realmente simpático. No obstante, eso no era sufriente para ver esa película por sexta vez.

-eh…- comenzó a decir Marcos. Al parecer no le gustaba mucho la idea de verla.

- ¿Si vemos "el juego del miedo"?- sugirió Alex señalando un cartel mientras mostraba, una vez más, esa extraña sonrisa macabra que me ponía la piel de gallina.

-¡No! No me gustan ese tipo de película- protestó Clarissa.

- ¿por qué no vemos una comedia? Me parece lo más imparcial.- sugerí en un intento porque nos decidiéramos por una película ese mismo año. Además mientras más rápido eligiéramos, más rápido terminaría esa sensación de terror constante que estaba experimentando al lado del pelinegro.

-por mi esta bien- afirmó Marcos sonriendo.

- mmm… esta parece graciosa- señaló un cartel con una comedia de Jim Carrie. A Clari le fascina ese actor.

-me da igual- Alex miraba hacia otro lado de manera desinteresada. Nuevamente su celular brillo y lo abrió rápidamente. Marcos se percató de esto y, en un ágil movimiento, se lo arrebató de las manos.

- Te lo devuelvo al final de la peli- sentenció mirándolo mal, mientras que, como respuesta, el lunático lo observó levantando una ceja- tienes una cita, ¿recuerdas?- me señaló con un dedo firme. Quizá pensaba que su amigo no tenía idea de qué estaba haciendo allí.

- si… si…-rodó los ojos y se acercó hasta mí. – ¿Quieres comer algo?- comenzó a sacar varias monedas y billetes arrugados.

-eh… unos pochoclos… [N/A: pororó, palomitas, no sé que otro nombre tienen]

El azabache se dirigió con andar cansino hasta el pequeño kiosco del cine. Yo le di alcancé después.

-tu compras los pochoclos y yo las bebidas, ¿te parece?- sugerí con una sonrisa sin mirarlo.

-Mejor. Marcos me avisó que íbamos a venir al cine con ustedes una vez que estuvimos frente a tu departamento. Me saco de casa con la excusa de ir a dar unas vueltas.- confesó sin emoción alguna.

-entiendo tu situación. Me pasó algo similar.- saqué el dinero que llevaba en los bolsillos de mi jean.

La chica que atendía allí por fin había dejado de hablar con un par de chicas bastante ruidosas y nos dirigía esa sonrisa empalagosa que tantas veces me vi obligada a mostrar en mi trabajo.

-dame un balde de pochoclos y dos gaseosas-

-yo quiero un agua mineral- corregí al pelinegro. Este me dirigió una mirada gélida.

- Una gaseosa y un agua.

Pagamos y fuimos hasta la sala. Estaba repleta de gente y no se divisaban lugares para sentarnos los cuatro juntos.

Me acerqué rápidamente a mi amiga aforrándome de su brazo.

-por favor Clari, no quiero sentarme sola con ese. ¡Por favor!- rogué en un susurro a mi amiga mientras esta sonreía nerviosa.

-no pasa nada, vamos a estar cerca-

Un fuerte brazo tomo el que mi amiga tenía libre y la jaló hacia él.

-allí hay un par libre. Nos vemos a la salida chicos- Marcos me sonrió y se fueron hasta la otra punta del cine. En ese momento sentí un escalofrío cuando una fría mano se posó en mi hombro. Al darme vuelta lentamente, divisé a mi acompañante con una expresión espectral acentuada por su largo flequillo.

¡¡M-I-E-D-O!!

-aquí hay dos…

Se dirigió hasta los asientos nombrados y yo comencé a rezar a todos los santos que conocía.

La película empezó y pude distenderme bastante. Me sorprendí riendo animadamente aunque la sensación de frío al lado de mi acompañante no me abandonó en toda la proyección.

Cuando terminó me percaté de que en ningún momento el chico tenebroso se rió. ¿Será verdad eso que dicen que si no tienes alma la risa no te sale? (creo que los Simpsons ya me atrofiaron el cerebro). Pero en toda la película no hizo ninguna mueca, nada… ¿será que la estaba viendo o simplemente sabía como dormir con los ojos abiertos?

- ¡que chistoso!- reía a carcajadas Clari- ¡Lo amo, Jim Carrie es lo más!- daba saltitos agarrada del brazo del futbolista. Parece que hicieron más que ver la película. -pero tengo un poco de hambre. ¿A dónde vamos a ir a comer?-cuestionó. Ella quería seguir con esto pero yo ya estaba cansada de estar con el corazón en la boca.

-yo tengo que levantarme temprano mañana. Tengo que terminar de hace un trabajo y eso.- comencé a caminar hacia atrás.

-ah… bueno… voy contigo Mari… Nos vem-

-no, no. Quédate con Marcos y Alex. Yo voy sola. No te preocupes. No es tan lejos.

-pero es peligroso que vayas sola. Ya es tarde.- Marcos me observaba preocupado.

- tomaré un taxi. No se preocu-

- Estabas sin dinero. ¿Lo recuerdas?- esta vez fue Alex quien dio en el clavo mientras escribía en su celular nuevamente.

-eh…-¡¿por qué tenía que abrir la boca?! Espectro metido.

-Que te acompañe Alex, él sabe karate y esas cosas. – perfecto, me iba a matar con algún movimiento de karate mientras yo rogara por mi vida. Esto se ponía cada vez mejor…

El nombrado se coloco a mi lado mientras seguía escribiendo en el celular.

-nos vemos chicos. Cuídense- saludó Clari mientras se prendía más del musculoso brazo de Marcos.

La pareja se perdió de vista mientras yo sentía las luces de la calle parpadear y la sensación de que la gente ya no pasaba por ahí.

Alex había comenzado a caminar en dirección a mi departamento sin previo aviso. Yo intenté seguirlo a duras penas. A pesar de que me diera miedo ese chico, me daba más miedo que alguien pudiera violarme o robarme las pocas cosas que llevaba.

Una vez que llegamos hasta mi casa, Alex observó lo agitada y transpirada que estaba. Si, hacia calor pero también tuve que correr para alcanzar al espectro viviente que caminaba dando largas zancadas.

-parece que no estas en estado físico.- Sonrió de medio lado viendo como mi expresión era de odio hacia su comentario.

-se suponía que me estabas acompañando, no que corríamos carreras.- solté furiosa mirándolo a los ojos. Él me observó por un minuto mientras seguía con su media sonrisa burlona.

-nos vemos.- dijo finalmente dándose la vuelta y caminando lentamente.

- gracias… -susurré al aire.

El joven tenebroso ya se había ido. ¿Por qué era tan raro ese chico?