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Finalmente llegamos a Ganimedes. Ese lugar de que tanto han dicho.

Lo confirmé, todo era verdad.

Pasé los siguientes cinco años trabajando, aceptando cualquier empleo y acumulando capital para hacer mi propio negocio y sacar a mi hermana de la tierra.

Si bien no volví a ver a los "tres ases" escuché todas sus aventuras y todos los rumores que salieron de boca de los maquinistas de trenes estelares, aventureros y demás integrantes del gremio de viajeros espaciales.

Ahora, podía pensar de hacerme de una esposa e hijos, estar tranquilo junto a ellos y mi querida hermana.

Pero nunca olvidé mis raíces, solo tuve que hacerme a la idea de que no había razones para regresar a aquel lugar, ese al que una vez llamé hogar. No negué de donde vine solo hacerme a la idea de que no volvería por mucha nostalgia que me diera.

Una tarde, medio floja ya que casi no había clientes, llegaron tres personas. Y que alivio había sentido al verlos pasar por la puerta y sentarse en una mesa.

— ¿Este es el famoso establecimiento "Barril Miller"?

Preguntó una figura de piernas arqueadas y baja estatura.

—El mismo, atendido por su propio dueño.

—Entonces, esperamos que recuerde que los "tres ases" son buenos clientes.

Agregó la figura alta, de porte elegante y voz gruesa.

— ¿Cómo olvidar eso?

Ahí estaban ellos, muy cambiados, pero los mismos que conocí en el expreso.

Se les preparó una buena comida y se les colocó buena música.

Al momento, nos reconocimos y nos saludamos.

Christopher llevaba un parche en el ojo izquierdo, Lorena y Yukio estaban casados.

—Aunque no lo admitan muchos, gracias a ustedes se ha renovado el espíritu de aventura, así como han bajado los actos de piratería.

—Gracias amigo. Y ¿Qué nos tienes reservados?

Me preguntó Lorena.

—Buena comida y bebida así como una cuenta para ustedes.

— ¿Qué estamos esperando?-dijo Yukio- ¡A beber y comer!

Christopher me detiene antes de irme a preparar su orden.

—Vienen días oscuros, una amenaza vendrá y por nuestra culpa. Es por eso que venimos a verte.

—Y en caso que no nos volvamos a ver, te traemos este regalo.

Agrega Lorena.

—Es un arma muy singular. Es una pistola Esparta calibre 45. Desarrollada por mí.

Comenta Yukio.

—Entonces dejemos las caras largas y celebremos, solo por hoy.

Así pasaron el día en mi negocio los "tres ases" inmortalizados en esa foto en la pared. Así pasaron mis días en ese lugar llamado Ganimedes.

Fin


Nota del Autor: La historia ya esta concluida y creo que por un tiempo estaré ausente en la producción de obras, así que disfruten esta y las demás historias.