Gracias

Gracias por darme ese dolor. Gracias por regalarme aquellas palabras. Gracias por dedicarte a analizarme con tal profundidad. ¿Te sorprende? Yo no. Todo aquello que me diste, me ayuda a levantarme, a mirar adelante, a surgir del lodo en que estaba.

Por eso te doy las gracias y, sinceramente, no te imaginas el agradecimiento que siento.

¿Sarcasmo? ¡Oh, claro que no! No te mereces tanto en realidad. Basta con las gracias. Es más que suficiente para personas de tu calaña.

¿Qué no te olvidaré? ¡Claro que no! ¡Ni siquiera pienses que lo intentaré hacer! No es mi intención, aunque si lo fuera, no pongas en duda que una vez que te dé la espalda ya no te recuerde. Pero no lo haré, porque si lo hago, perderé aquella fuerza que me impulsa hacia adelante, lo que me da razones para seguir, lo que hace sentir ganas de superarme.

Fuiste un gran dolor de cabeza, pero ahora es que me doy cuenta de lo irónico que ha sido todo esto. Intentaste mandarme al vacío, al pozo sin fondo, al olvido, a la lejanía absoluta, hundirme y menospreciarme. Mas, ocurrió todo lo contrario, porque como el fénix que renace, me alzo frente a tu resentimiento. Mostrándote a ti y al mundo, que nada ni nadie volverá a opacar mi luz. Porque soy yo, y sólo yo, quien decide cuándo acabar con todo.

Me levanto y levantaré cuantas veces sea necesario, porque así soy, porque no dejaré que me humillen, porque no permitiré que me empujen al abismo del que hoy, con grandeza y superación, salgo gracias a tus palabras.

Disculpa si me río en tu cara, pero no eres más que alguien del montón, otro que nada hacia la corriente establecida, que se pierde entre las manchas grises que pasan apresuradas en las calles. No te enojes, tú dijiste tu verdad, ahora es mi turno.

¿Somos iguales? ¡Claro que sí! Eso no se niega, somos humanos, seres pensantes, respiramos el mismo aire. Pero yo soy un ser único, irrepetible e incomparable. Lamento no poder decir lo mismo por ti.

¿Te duele lo que te digo? No debería, ya que sólo son palabras de alguien a quien intentaste pisotear y, que lamentablemente por ti, se alza y defiende dándote un sorbo de tu propio veneno.

Gracias por todo, no te olvidaré. Disculpa que te dé la espalda y me ría de tu llanto y berrinche injustificado, pero la vida es dura y debemos ser fuertes. No mereces más de mí, no me busques, porque no me encontrarás. Iré con quien me valore y que me hable con la misma sinceridad que me caracteriza.

Gracias, nuevamente. Y de todo corazón espero que la vida no te castigue por ser como eres: una mala persona.