Oguchi/Koguchi es una serie original de Producciones Gran Torre, se prohíbe su reproducción o uso por terceros salvo para material de Fan Fics, Fan Arts y Juegos de Rol.

Pd

Si alguien hace un Rol de esto que me avisen para entrar XD.

Capitulo 01

Desequilibrio Perfecto

Serie: Oguchi/Koguchi.

Género: Magia, Manga y Psicología.

Fecha de inicio: 11/11/2010, 10:08 am.

Fecha de término: 02/01/2011, 6:34 pm.

Autora: Silvia Vega Gutiérrez, directora jefe de Producciones Gran Torre.

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Esta historia comienza en la antigua China imperial, con la llegada de un ser de terrible poder que sembró de caos y destrucción aquel país: Koguchi, El Demonio de la Locura.

Nadie sabe qué motivo siniestro trajo a este demonio de su natal Japón a llevar la pesadilla de sus poderes a China, su talento eran desencadenar las más terribles pasiones humanas, a su paso la locura invadía pueblos y regiones convirtiendo la pena en desesperación, la dicha en euforia, el enfado en ira, el miedo en pánico, ejércitos completos cayeron ante su poder y entonces, cuando todo parecía perdido, un nuevo guerrero apareció para hacerle frente al demonio.

Este guerrero no enfrento al demonio con armas si no con astucia, retándole a un duelo de intelectos, si él ganaba el demonio debía dejarse aprisionar, si perdía entregaría su alma a este, Koguchi acepto con una sola condición, en caso de perder el elegiría su prisión, tras un fiero enfrentamiento el destino del demonio quedo sellado, asombrosamente perdió y tuvo que cumplir con su parte pero no se marcharía sin un último acto de maldad…

-¡AAaaaaaaaaaaaah!

-¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!

-¡No!

Oguchi se despertó sobresaltado, llevándose una mano al ojo izquierdo, noto entonces que esta estaba pegajosa y viéndose la otra mano la descubrió cubierta en sangre, de hecho todo él estaba ensangrentado aunque no estaba herido, al mirar alrededor descubrió que estaba en un campo sembrado de cuerpos.

-Ay no- dijo descubriéndose el ojo izquierdo, un ojo rojo con una marca particular- otra vez.

Han pasado 15 años desde que el demonio de la locura fuese vencido y el muchacho que en tan terrorífico escenario despierta es su custodio, en su último instante el demonio eligió como prisión el cuerpo de una mujer en cinta, la madre de Oguchi, y al nacer el niño humano y demonio quedaron por siempre ligados.

Oguchi era un joven bastante normal, de cabello negro atado en una trenza tradicional, su ojo derecho era también negro pero el izquierdo revelaba su secreto, era rojo encendido, allí estaba metido el demonio al cual por habito también llamaba Oguchi, compartiendo de este modo cuerpo y nombre.

Repaso el campo, estaba en medio de un pequeño poblado al que había bajado por provisiones pero las cosas se habían salido de control, encontró una pala y paso todo el día cavando tumbas, infatigable hasta que empezó a anochecer y coloco flores sobre la última.

-Me parece que ya son todos…

-¡Al fin!- salto una voz algo más dura desde su propia boca- ya me estaba yo aburriendo.

-Esto no tendría que a ver pasado.

-Yo te dije que no bajáramos.

-Necesitábamos provisiones.

-¿Y te hacía falta decir quién eras?, ya deberías saber que las personas no nos reciben bien.

-Merecían la verdad…

-¿Y también merecían una muerte horripilante?

-…Vamos por Yao para irnos.

-Yo quisiera una buena ducha, si te parece.

Oguchi se puso de pie ignorando la última línea, él y el demonio solían hablar alternadamente, para un observador casual era como hablar solo con un ligerísimo cambio de tono, una leve inclinación de cabeza había el lado de turno, ya lo tenían por habito.


En el pórtico de una casita, colgado de un clavo con un cordel, se mecía al viento un enorme y maduro nabo.

Abajo del nabo y mirándolo con avidez había un diminuto conejo blanco y negro.

El conejo dio salto poderosos pero no lo alcanzo, luego otro y nada, puso cara de fastidio pero entonces tuvo una idea, se cuadro y en lugar de saltar hacia arriba salto hacia una caja y de la caja reboto en dirección al nabo prensándolo con las patas, se quedo allí arriba y entonces, debido al peso extra, el cordel se rompió y nabo y conejo cayeron al suelo.

Alguien se rio con estrepito.

-¡Mira nada más!- dijo el demonio que desde hace rato miraba- hasta tu liebre tiene más chiste que tú.

-Te lo he dicho mil veces, no es una liebre, es un conejo.

-Me da igual, recógela y vámonos.

-Que impaciente.

Oguchi recogió al conejo, era tan chiquito que podía esconderlo en sus manos, Yao era su mejor amigo y compañero inseparable, el cierre final para la jaula del demonio.

El pequeño pueblo era dominado por una colina cubierta de arboles y desde allí ojos avizores vigilaban el lugar, un grupo de cuatro, una ninja, un guerrero, un ladrón y su líder, un peligroso hechicero, por años habían seguido y luchado contra el demonio y era su meta llevarlo a su fin.

-Otro pueblo que cae bajo las garras del demonio.

-¿Cuántos más morirán por su causa?

-Si tenemos éxito este día…ni uno más.

El de la última línea fue el hechicero, apretando los puños miro con rabia al pueblo muerto, recordando…

Muchos años antes, siendo solo un niño en su natal Japón, el demonio en todo su terrible poder ataco su propio pueblo masacrando a su familia y a todos los que conocía, él solo tenía 4 años y había quedado marcado para siempre por aquella experiencia, de allí su odio, de allí su juramente de perseguir a aquel ser maldito, aun ahora que estaba refugiado en el cuerpo de un sujeto cualquiera, sujeto que debía ser un maldito aun mayor si aceptaba cargar con ese engendro demoniaco encima sin…

-¡Hiochi!- le gritaron, sacándole de sus pensamientos de venganza.

-¡¿Qué?!

-¡Se va!

Le señalaron hacia abajo, su presa salía a toda velocidad a lomos de un caballo, era claro, una de las habilidades del demonio era sentir las emociones fuertes y el llevaba los últimos cinco minutos liberando ráfagas de ira.

-¡Maldición, lo hice otra vez!, ¡A los caballos, no lo perderemos de nuevo!


-¿Hace cuanto crees que nos siga Hiochi?

-Como desde hace dos años, ¿eso importa?

-Me refería…

-¡Se a lo que te referías!, ¡concéntrate en la rienda!

Oguchi huía a lomos de un caballo tomado del pueblo y sus enemigos ya le alcanzaban, Hiochi era su constante pesadilla desde que hacía dos años le había descubierto como el guardián del demonio, él sabía que matarle significaría liberarlo pero Hiochi no entendía su papel, le creía un cómplice en todo aquello y siempre tenía que estar moviéndose y huyendo de él y sus matones.

Atravesó laderas y pastizales rápidamente oyendo tras de sí los cascos y relinchos de sus perseguidores, apretado contra la grupa de su caballo a la medida de lo que le permitía su saco de viaje adornado con una fila de amuletos, Yao iba escondido bajo su capa y se asomaba de tanto en tanto olfateando el aire.

De súbito el camino se acabo, un cauce poderoso frenaba su avance, el caballo se encabrito al frenar y antes de poder doblar ya estaba rodeado, bajo del caballo y sus perseguidores igual.

-Maldita sea- dijo su lado demoniaco- ¿Quién fue el imbécil que puso aquí el Rio Amarillo?- su lado humano intervino- creo que estamos en problemas… ¡No!, ¡¿En serio?!...no hace falta ponerse sarcástico… ¡Salme con otro de tus comentarios brillantes!

-Miren a esos dos- rio Hiochi- parecen un matrimonio.

-¡Retira eso!

-Oblígame, demonio.

-Si insistes- dijo Oguchi con una sonrisa perversa, propia de su lado oscuro.

Hiochi indico con un movimiento a su cuadrilla que no interfirieran y desenfundo su espada, eso era lo que quería, enfrentarse a su mortal enemigo él solo, Oguchi quizás por confiado no se molesto siquiera en quitarse el bolso de viaje, los amuletos tintinearon cuando se lanzo al ataque esgrimiendo su propia espada y ambos trabaron batalla feroz.

La espada de Hiochi era de metal, la de Oguchi era de bambú per reforzada por algún tipo de magia, eso sí, para matar no servía (No mata pero marea) y el chico se limitaba a contener a su atacante y repelerle, ante todo debía mantener el control y no dejar que la furia ciega de Hiochi le alterara en lo más mínimo.

Por otro lado sus secuaces observaban con ganas de riña, aquellos tres le seguían el juego a Hiochi desde hacia tiempo y eran entre asistentes y amigos; eran Amah (Enfermera o Sirvienta China), la inusitada ninja que había tenido que huir de la legión tras dar muerte a su maestro por razones desconocidas, Tzu Wei (La estrella del Norte) el guerrero independiente, casi un precedente para los gamberros del futuro y Tsai ("Alimento" y "Dinero") el ladrón de castillos y terror de las bóvedas, Hiochi les había contratado uno a uno y ahora formaban un equipo unido y singular muy leal a su jefe.

En una que va y otra que viene, Oguchi tomo la ventaja y obligo al hechicero a retroceder, Amah se adelanto dispuesta a meterse cuando un gruñido la hizo retroceder, se puso pálida, allí estaba ese maldito conejo mirándolos con cara de pocos amigos, ya más de una vez el animalejo aquel les había dado una humillante paliza.

-Oh no, esta vez no vas a patearnos- aseguro molesta.

-Grrrrr- gruño, era raro pero Yao podía gruñir como un perro furioso.

-Oye Amah- musito Tsai- no le provoques que salimos rascando también.

-¡Cobardes!, ¡Hiochi nos necesita!- se adelanto y…

-¡YYYYYYYYYYYYYYYYYYYYYYYH!!

-O_______0!

Chichar es un sonido horripilante que un conejo si puede hacer, normalmente cuando esta chiquito y se espanta, lamentablemente, y como bien sabían los tres asistentes, aquello no era un chillido de susto…era un grito de guerra, Yao les salto encima con una fuerza y rapidez impensable en un conejo normal.

Oguchi arranco la espada de la mano de Hiochi con un golpe certero pero se acerco demasiado, quien sabe de dónde saco este una aguja y la blandió frente a él cortándole el rostro del lado de su ojo rojo, Oguchi retrocedió y se llevo una mano a la majilla, la aparto manchada de sangre con un sentimiento de rabia naciente y miro a su rival, Hiochi sonría de manera sospechosa.

-¿¡Dos estúpidos años acuciándome y solo esto consigues!?- reclamo indignado su demonio interno- ¿es todo lo que puedes hacer?

-Error, demonio- dijo Hiochi aun con esa sonrisa de euforia- es todo lo que debo hacer.

Hiochi le arrojo la aguja sangrienta directo al corazón, como empezaba a molestarse Oguchi pudo hacer uso de las habilidades de su demonio y desplego un campo defensivo, la aguja pareció detenerse pero entonces y asombrosamente quebró la barrera yendo hacia él, los eventos se precipitaron.

Súbitamente la fila de amuletos mágicos que Oguchi llevaban sobre la cinta del saco empezaron a agitarse como movidos por un viento misterioso y a brillar, la aguja impacto sobre ellos parándose en seco y provocando una estallido, un vórtice azul y alargado como un remolido, Hiochi se cubrió con las manos, Yao vio lo que pasaba y dejando a los ya golpeados secuaces se tiro de un salto dentro del tubo antes de que este se deshiciera sin dejar rastro.

-¿Lo…logre…?- murmuro Hiochi mirando, Oguchi había desaparecido.

-¡Lo hiciste!- Exclamo Tzu Wei-¡El demonio a muerto!

-No puede ser tan simple…

-Vamos Hiochi- dijo Tsai- Se acabo, ¡Por fin se acabo!

-¿Pero y su cuerpo?- alego el hechicero.

-El conjuro a de haber sido más fuerte de lo que creías- sugirió Amah.

Pero Hiochi no estaba convencido, tras tantos años de lucha no le parecía que todo acabara solo así, reviso el suelo y encontró dos cosas, su aguja y un lazo con varios amuletos enrollados, lo levanto con creciente desconcierto, analizando cada figura por separado.

-¡Maldición!

-¿Qué sucede?- pregunto Tsai.

-¡No lo mate!, ¡Solo lo mande a otra parte!

Sus tres ayudantes lo miraron atónitos y sin entender de qué rayos hablaba, Hiochi seguía moviendo los amuletos, si a su magia sumaba la de aquellos objetos y el vórtice creado solo podía a ver una explicación plausible…

-Ahora mismo podría estar en cualquier parte…o incluso en cualquier época…


Beijing, China.

Año 2001.

Oguchi se vio súbitamente rodeado pero no de enemigos, estaba en medio de un mar de personas en un lugar donde la oscuridad total se alternaba con luces cegadoras y por doquier se oía una cacofonía de sonidos sin sentido, la gente le empujaba y él solo atinaba a cubrirse, presa del pánico, ¿A qué infierno de locura le había enviado Hiochi?, podía oír el ruido golpeando dentro de su cabeza como un tambor disonante.

-¡Basta!, ¡Alto!- suplico pero nadie le oía- ¡¿Qué es todo esto?!, ¡Deténganse antes que…!- lo sintió venir, la pérdida de control- ¡No, no!, ¡NOOOOOOOOOOOOOOOOO!

El demonio se libero con un estallido y en un instante las voces fueron remplazadas por gritos de terror.


-"Atención, tenemos reportes de un disturbio en la Discoteca Kao Yim, repito, hay un disturbio en la Discoteca Kao Yim"

Jin-Lin había bajado de su patrulla por una botana pero volvió al oír la radio, eran más de las diez de la noche y ya estaba pensando en terminar su turno tras una noche tranquila pero como de costumbre algo tenía que arruinarle los planes.

-Estoy cerca- dijo a la radio- voy para allá, Jin-Lin fuera.

Como una de las pocas mujeres oficiales del departamento de policía de Beijing, atribuía su falta de compañero al hecho de que ningún hombre la quería de jefe y ella no se rebajaba a ser segundo lugar, tenía un fuerte carácter gracias al cual había ganado su puesto y una patrulla para ella solita.

Llego hasta el lugar de los hechos, ya conocía la disco y no era raro que a veces llamaran por exceso de ruido pero en aquellos momentos el lugar estaba en penumbras y absoluto silencio, Lin frunció el ceño y tomo su arma antes de entrar, el guardia de la puerta principal no estaba pero hallo la puerta abierta, amartillo el arma por si acaso y de una patada empujo la puerta para entrar, el arma se le cayó de las manos.

Las pocas luces revelaron un cuadro de pesadilla, había cuerpos por todos lados, Lin salió a la carrera hasta su patrulla y allí respiro a bocanadas, pálida del susto y con manos temblorosas tomo su radio.

-Oficial…Jin-Lin, necesito refuerzos y asistencia médica afuera de Kao Yim, ¡Es urgente!...fuera- se apoyo al auto recobrando el aplomo, respiro profundo y se dispuso a entrar otra vez.

Siempre había sido una chica e nervios fuertes pero nada lo prepara a uno para algo así, entro llevando una linterna y uno a uno fue revisando a las víctimas, buscando señales de vida, casi todos eran adolescentes, algunos tenían señales de golpes y cortadas, otros parecían ilesos…todos estaban muertos.

Ya iba por el medio de la pista de baile, sorteando cuerpos apiñados y casi insensibilizada por el Shock cuando vio a otro chico que se destacaba por usar una vestimenta que nunca había visto, se agacho sobre él y le puso una mano en el cuello, su propio corazón volvió a latir de alivio al notarle el pulso y justo entonces oyó sirenas afuera.

-¡Aquí!- grito con fuerza- ¡Tengo un sobreviviente!- le quito el extraño sombrero de viaje para verle el rostro, debía tener unos 15 años y por su expresión parecía solo estar dormido, se fijo en la particular marca en su ojo izquierdo- no puede ser…-dijo con un hilo de voz.


¡Rim-Rim!

En uno de esos departamentos multifamiliares de Beijing, un teléfono celular suena a deshoras y quien primero se acerca a curiosear es la gata negra y blanca de la familia que le da un golpecito al llavero del aparato.

-Déjalo Miji- dice su dueña tomando el teléfono, la gata se deslizo por una puerta entreabierta- ¿Hola?

-¿Hablo con Jin-Mey, la chica más alocada de Beijing?

-n.n ¿Y yo con Hiro, el inadaptado más lindo del mundo?

-¿Kao Yim esta noche?

-Pasa por mí en diez minutos, va a estar de locos.

-No hasta que lleguemos.

Mey colgó y termino de arreglarse tapando con maquillaje la marca de su ojo izquierdo, era una jovencita de 15 años entusiasta y algo libertina, hermana menor de Jin-Lin con quien vivía sola desde que sus padres murieran, siempre estaba en busca de diversión y fiesta junto a su amigo Hiro; justo a los diez minutos bajo y allí estaba el chico Japonés de las gafas y gabardina gris esperándole en su escúter.

-¡Que comience la fiesta!- exclamo subiendo y poniéndose el casco.

-¿Tu hermana no viene hoy?

-Siempre llama a las diez para avisar y hoy no lo hizo, debe estar ocupada, traducción: ¡Somos libres!

-A lo que vinimos pues =D

Hiro puso en marcha el motor y salieron de allí, recorriendo las calles iluminadas hasta su destino, sin embargo se detuvieron antes, algo ocurría, el Kao Yim estaba rodeado de patrullas y ambulancias.

-¿Qué habrá pasado?-pregunto Mey.

-No se pero mejor volvemos, no vayan a vernos- dijo Hiro.

-Jo, no se vale, yo quería fiesta.

-Hay policías, ponte el casco de nuevo…

-Que aburrido- rezongo Mey, pero entonces noto a alguien…y ese alguien le noto- O___O!? ¡Lin!

-¡¿Mey?!

La oficial se les acerco hecha una fiera, Hiro conocía bastante bien la ira de Lin pero nunca les habían pescado en una situación tan seria, trago saliva esperando el castigo mientras Mey se bajaba de la moto resignada.

-¡Jin-Hanu-Mey!- vocifero Lin- ¡¿Qué rayos haces aquí a estas horas?!

-Yo…

-¡¿Tu qué?!, mira, no me expliques nada que lo empeoras, al auto ahora.

-Pero…

-¡AHORA!

-Si Lin T.T, adiós Hiro- la chica se metió a la patrulla.

-Y tu…- dijo Lin amenazante dirigiéndose a Hiro.

-._____.U

-A tu casa y agradece que estoy ocupada o te iría peor.

Se dio la vuelta y volvió al bar, Hiro suspiro aliviado, luego miro hacia Kao Yim con preocupación y atino a ver como una pequeña espiral luminosa se formaba súbitamente sobre el techo del lugar, algo salió disparado de allí y cayó en un callejón pero nadie se dio cuenta más que él y el vórtice azul desapareció, Hiochi tardo varios minutos en recobrarse de la impresión, tenía que ser él.

-No hay mal que por bien no venga- se dijo con una sonrisa, puso la moto en marcha pero no se fue, solo se oculto lejos de las patrullas, aun debía confirmarlo.

En la patrulla, Mey se enjuago las lagrimas en sus ojos y al hacerlo se le corrió el maquillaje, su marca estaba de nuevo a la vista y como Lin no llegaba se puso a ver con desgana por la ventana, se llevo un sobresalto, unos enfermeros estaban sacando del bar bolsas negras que si ella entendía bien eran para guardar cadáveres, luego vio que sacaban a un chico en una camilla, lo vio del perfil derecho pero algo tenía que le llamo la atención, sin embargo tuvo que dejar de mirar cuando Lin entro a la patrulla.

-Ponte el cinturón- ordeno.

-Hermana… ¿Qué fue lo que…?

-No hables- le corto- mi propia hermana, de haber venido una hora antes tú podrías…estas castigada, ¿oíste?, ni teléfono, ni televisión ni nada hasta nueva orden.

-Si…

-¿Si qué?

-Si, Lin T_T

El convoy de patrullas salió seguido por las ambulancias, Lin presidio la marcha y en todo el camino no hablo, estaba alterada, había sido de las peores noches de su vida y ese chico había sido el único sobreviviente…ese chico que tenia la misma marca que su hermana en el mismo ojo, aquello no tenía sentido, nada de lo que había pasado allí esa noche parecía tenerlo.


En un callejón al lado de Kao Yim hay un bote de basura tirado de lado por algo que le cayó del cielo, ese algo es un conejo pequeño, blanco y negro, que quedo tirado de espaldas y bastante atontado.

Yao sacudió la cabeza y meciéndose un poco logro dase la vuelta y quedar sobre sus patas, estaba adolorido y perdido, ¿Dónde estaba su dueño?, miro alrededor sin hallarse en medio del concreto de dos edificio que nada tenían que ver con las construcciones que conocía, bajo la nariz al piso y olfateo como perro de caza y así salió a la acera, no había nadie pero pudo sentir el rastro de su amo primero fijo y luego leve, como si fuera por encima del suelo, se alejaba y sin perder un minuto Yao salió dando saltos en su busca.

Cerca de allí alguien le había visto, Hiro salió de las sombras y miro como el conejo se alejaba, ahora estaba seguro, su demonio había vuelto.