¡Hola, Gente!

Este cuanto lo hice como parte de una actividad para Kahia… espero que les guste en algo!

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Mejores amigas por siempre

No recordaba cuando había iniciado su amistad, pero sus padres sí. Decían que habían llegado a vivir a ese lugar apenas cuatro días antes y que, quién sabe cómo, ella se les había perdido de la vista solo un minuto que se convirtieron en horas.

Dado que apenas tenía tres años y medio, sus padres casi entraron en crisis de pánico: vivían en la casa más alejada del pueblo, rodeados de los árboles… ¡Y se les acaba de perder su niña!

Sin embargo, la habían encontrado poco antes del atardecer en un claro a unos metros de la casa que ya había revisado varias veces. Estaba riendo y aplaudiendo, viendo hacia los árboles de dónde salió la otra niña, apenas un par de años mayor, con el cabello desgreñado, un vestido floreado sucio y una sonrisa brillante en el rostro.

Ella se las presentó enseguida como Flor. Era la vecina más próxima. Vivía aún más adentro en el bosque con su abuelo, un viejo ermitaño que sólo tenía ojos para el bosque y corazón para su nieta. Para sus padres y ella, ese hombre llegaba a ser casi como un mito: muy contadas veces lo habían visto y nunca lo habían tratado, pero como Flor era feliz con él y se veía que él se preocupaba a su manera por la niña, lo dejaron ser.

Desde ese día, Flor fue su mejor amiga. Ella le enseñó a hablar (parecía casi muda y no conocía muchas palabras y objetos comunes) y a jugar con muñecas, cuando parecía que nunca había visto alguna… Flor le enseñó los árboles, las flores, los hongos corriendo entre el bosque, jugando a "no me atrapas". Flor siempre ganaba. Era tan rápida, que en ciertos momentos, parecía como si su risa contagiosa le llegara desde todos los lugares, desde todo el bosque, alrededor de ella. También le enseñó algunos bichos y hasta los zorros, aunque ella nunca se lo dijo a sus padres, que siempre insistían que no se acercara a los animales y por eso, Flor no le enseñó animales que decía que eran sus amigos.

Flor siempre estuvo ahí, con su sonrisa y su mirada brillante, una hermosa niña que, después de que su madre logró convencerla de bañarse a conciencia, apareció con su espeso cabello, en vez de café, rubio miel; su piel blanca sonrosada, en vez de morena; sus ojos de un negro muy oscuro pero cariñoso, aún más brillantes.

Su amiga estuvo ahí para ayudarla a levantarse y llevarla, haciendo uso de una gran fuerza que su cuerpecito no parecía deber tener, a su casa después de que se cayera y se golpeara muy fuerte el tobillo. Y con ella ahí, tranquilizándola, pudo dejar de llorar y hasta sintió menos dolor. Luego, aunque sabía que estaría muy aburrida, porque Flor parecía necesitar estar en el bosque corriendo, subiéndose en arboles y jugando con los bichos del lugar como si fuera igual de importante que respirar; esos días que estuvo en casa recuperándose de la lesión siempre estuvo ahí, subiéndole el humor.

Estuvo ahí cuando fue a la escuela por primera vez, con nervios (porque además de Flor, prácticamente no había visto a otros niños) y la vio por la ventana de su clase por varios días, en el parque o los alrededores del aula detrás de los juegos, pero siempre viéndola, sonriente. Era tan feliz de verla cerca, que lograba tranquilizarse y nunca se preguntó como habría hecho para llegar si su abuelo no tenía auto.

Estuvo ahí, siempre ahí, oyendo sus historias, llegando a su ventana algunas noches, metiéndose con facilidad por la ventana y haciéndole compañía, cuando la tormenta era grande y ella tenía miedo, o simplemente para seguir jugando o… estar ahí, en una pijamada especial.

Estaba ahí, menos los sábados. Nunca se aparecía los sábados y siempre, ese día, era el más aburrido de la semana…

Sin embargo, en algún momento, tal vez después de haber pasado por la pubertad y de tener más amigas en el nuevo colegio, se dio cuenta de que, aunque sus padres y algunas de sus amigas se lo habían insinuado desde hacía mucho, había algo diferente con Flor.

Casi no había crecido y, aunque ella sabía que era menor que Flor, ahora parecía mayor, pues su amiga no había desarrollado en ese tiempo y, cuando le habló de la menstruación, parecía hasta horrorizada con la idea. También, por fin se extrañó de saber que nunca iba a la escuela y hasta de que no llegara los sábados, ningún sábado.

Muchas veces había querido preguntar pero no podía, simplemente no podía y así pasaron sus años de adolescencia, con Flor como primera confidente de cuanta cosa le pasara, de sus más grandes deseos y secretos, porque sentía que a ella le podía decir cualquier cosa, porque sabía que de antes sabía qué pasaba por su cabeza. También, aunque había logrado que fuera a una que otra fiesta, a bailar (a ella le encantaba bailar, lo que fuera) y era muy codiciada por los chicos (cuando, en menos de dos meses, pareció crecer varios centímetros y desarrollarse como la adolescente que era), nunca logró que Flor saliera con alguno de ellos. No parecía sentir atracción romántica por nadie, aunque pareciera ser muy sabia en cuanto darle consejos a ella al respecto.

… Tampoco logró que sus amistades del colegio se hicieran amigas de Flor, aunque no parecía que eso le importara mucho a ésta en última instancia. ¿Los chicos, las notas, los problemas familiares? ¿Vestirse mejor? ¿Peinarse mejor? ¿Moda, maquillaje…? Esas cosas no le importaban a menos de que hicieran sentir mal a alguna de ellas. Flor era simplemente feliz yendo en los paseos al bosque con su amiga a la par, ahora sin correr, simplemente hablando mientras le enseñaba cosas nuevas todo el tiempo, y los pies descalzos de la baja y delgada muchachita caminaban por el suelo irregular con una gracia que nunca le pudo emular.

Pero, después de tantos y tantos años de estar juntas, de ser las mejores amigas, había pasado. Tenía que irse, la universidad la esperaba y ella no pudo sentir otra cosa, con el corazón en verdad preocupado, de que dejaba sola a Flor, que ahora… ¿quién la acompañaría a sus paseos?

En la estación del autobús, pareciendo un ser de otro mundo, con su cuerpito como de una adolescente de 14 años y su mirada de sabiduría, descalza y con su vestido floreado y el larguísimo cabello sedoso cayéndole por la espalda, Flor simplemente la abrazó y rió, tratando de calmarla.

—Flor, juro que te llamaré todos los días. ¿Entendido?

Ella le asintió y, antes de soltarla del gran abrazo, con una voz curiosamente débil que nunca le había escuchado, le dijo al oído:

—Envíame un poco de corteza y hojas del árbol más grueso que encuentres en tu campus, así te podré visitar.

Y la soltó, para verla lo más sonriente posible, aunque sus ojos parecieran acuosos.

Estuvo a punto de preguntarle, a punto de hacerlo: ¿Cuál es tu verdadero nombre Flor? Porque puede que no recordara cuando y cómo la conoció, pero estaba segura que ella le había puesto ese nombre…

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Y eso fue… sobra decir que se agradecen mucho los comentarios!