Una reflexión para mí

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—Mira, Alejandra, cuando iba a las pláticas nos pusieron una dinámica —me dijo, mientras yo la escuchaba con atención. Asentí para que continuara y deje mi cuaderno en la mesa.

—Nos dijeron: Vayan, tomen un osito —. Nunca necesite ser tan inteligente como para darme cuenta de lo que seguiría después de que alguien dejara algo en el aire y, dentro de mi mente, ya se había formado esa ensoñación:


—Era como observar desde una tarjeta de felicitación ó desde una vasija que expide vapor. Ahí estaba la vieja y pequeña Ale, sola, en un rincón, con esos viejos y negros tenis que me encantaba despegar una y otra vez, esa blusa negra...

Llevaba esa coleta de caballo que la había caracterizado en ese tiempo de su vida —mi vida— y el pantalón corto y ajustado, de niña. Yacía cabizbaja, abrazándose a sí misma. Esperando a que alguien la salvara, que fuera por ella. Pobre niñita.

Supuse que tenía mucho tiempo ahí.

Entonces me vi a mí, a la nueva y diferente Ale, caminando hasta ella; un tanto conmovida.

Resultaba increíble pensar que la nueva Ale luciera mayor que la vieja.

Me veía con una apariencia fuerte, distinta, determinante. Su ropa constaba de una blusa negra de tirantes, pantalón negro y corto. Y su cabello largo y castaño parecía lucir un poco rebelde.

La nueva Ale quedo frente a la vieja.


Durante mucho tiempo había creído que alguien tenía que ayudarme, salvarme y por tener esa idea yo había dejado olvidado todo eso en un rincón. Sin superarlo ni entenderlo. Me di cuenta que nadie iba a salvarme, que a veces hay que salvarse a sí mismo.

La vieja Ale dirigió su triste e infantil mirada a ella.

—Entonces tome un osito —prosiguió Vanessa.— Y nos dijeron: Abrásenlo, sus ustedes, ese niño. Abrásense, abracen a su interior que otros han herido.

Y mis lágrimas por fin cayeron.


—Ven, vamos —le pronuncia despacio, con cariño.

La nueva Ale se llevo cargando a la vieja y pequeña Ale. Y ambas sonríen porque están juntas ahora. Y aunque la vieja Ale no puede evitar ver en ocasiones hacia atrás con tristeza Ale se fija a ella y se vuelven al frente con una sonrisa en sus rostros. Porque ya no estarán separadas.

Ya nunca. Ya no más.

Fin


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Saludos