Mientras se queman las horas, como quien deshoja margarita.

—¿Me quieres? ¿No me quieres?

Ejercicio inútil en contra de la angustia, el no saber y no querer pensar.

¿Sirve de algo esa vieja revista que nadie leyó? Por supuesto que no. Es sólo parte de la estúpida decoración minimalista del lugar.

Y sólo escribo por hacerlo. Respiro por inercia y pestañeo por costumbre.

Sólo sé que aún te espero, no sé por cuántas primaveras.