Cosas de la vida.

¿Qué harías si tus padres te tratan como una niña a pesar que hace rato puedes votar, si tu hermano fuera una máquina de hacer mugre además de tener de amigo al hombre más tedioso sobre la Tierra y tú quisieras más independencia trabajando de lo primero que se te presente? Esto le sucede a Lena, una chica con poca paciencia y una gran dosis de histeria.

Capítulo 1: Génesis.

-¿Cuántas veces te tengo que repetir que no eres bienvenido aquí?- Apretó las mandíbulas con tanta fuerza que parecían rechinar sus blancos dientes.

-mmm todas las que quieras. –contestó restándole importancia a la cara de homicida, las misma que le dirigía la chica hacia más de un mes. – No vengo a verte a ti.

-si mi hermano tuviera dos neuronas no se juntaría contigo.-profirió en un tono cansado.

-¿por qué no le prestas una?- inquirió el joven con una pose fingida de meditación- Ah, ya sé, porque quedarías idiota.

Era la misma discusión de todos los días. Ninguno de los dos se aguantaba sin embargo, por cosas de la vida, terminaban entablando conversaciones que dejaban en claro que la voluntad humana podía ser más fuerte que los impulsos primitivos de asesinar personas indeseadas.

-él no está, así que lárgate.-quiso terminar con el suplicio de tener que hablar con un subnormal quien de seguro era un drogodependiente además de un idiota inadaptado.

-lo espero, no tengo prisa.-terminó de abrir, con un poco de esfuerzo, la puerta que era empujada por la chica.

-yo tengo prisa de ver tu cara a más de un kilómetro.

-bien, vete, yo cuido la casa.-se sentó en el amplio sillón de la sala mientras apoyaba sus sucias zapatillas sobre la pequeña mesa de madera. Ese día había caído una llovizna molesta que hacia que por todos lados la tierra se transformara en un barro semi seco.

La joven murmuro un par de palabras entre las que resaltaban vagabundo, mutilar y cárcel de por vida. Cada vez se preguntaba qué atrocidad había cometido en su vida pasada para tener que soportar ese suplicio de tener que relacionarse (si es que se podía llamar así) con un ser de lo más pedante.

Reprimiendo sus ganas de estamparle un puñetazo en esa cara burlona se dirigió hasta su habitación azotando la puerta.

A sus veinte años no debería tener que aguantar este tipo de situaciones. Debería vivir sola en algún departamento con la paz suficiente para dedicarle a su estudio, sus libros y su escritura. Lo terrible era que sus padres todavía pensaban que era una niña pequeña incapaz de cuidarse por si sola por lo que la condición para vivir lejos del techo paterno era… ¡Si, vivir con su queridísimo hermano, hurra! (el sarcasmo en concentraciones altas pueden producir un severo daño en el humor y pequeñas risas, cualquier duda consulte a su médico de confianza). Valga la aclaración de que el hermano de ella es mayor por cuatro años, tiene una banda de rock sumamente independiente y trabaja de ingeniero en sistemas en una empresa privada (lo único que ella le admiraba es su facilidad para el estudio y que lo adelantaran dos años en la primaria). Por lo demás no se llevan muy bien. Sus personalidades, gustos y amistades, sobre todo amistades, son muy diferentes. Sus encuentros ocasionales dentro de la casa son seguidos por simples monosílabos hechos por compromiso para luego desentenderse como si fueran sólo inquilinos desconocidos en el mismo departamento y no hermanos de sangre. Odiaba que fuera tan desordenado y en especial que nunca hiciera lo que prometía. La limpieza la hacía enteramente ella ya que una vez se cansó de la situación y esperó a que él tomara conciencia en cuanto viera que la casa estaba sucia. El lugar parecía un tiradero luego de una semana y para la segunda, cuando encontró una rata recorriendo los restos de comida acumulada en las pilas de cajas de comida comprada, decidió que era una lucha perdida.

-espero que no tarde mucho, no quiero tener que volver con algún corte en el brazo-murmuró para si mismo mientras pasaba los canales con parsimonia sin encontrar nada de su gusto.

Los encuentros de aquellos dos a veces, pocas pero peligrosas, terminaban de las peores maneras; una nariz sangrante, una pierna torcida, millones de moretones y la moral un poco más baja: la que perdía generalmente era ella y él terminaba recriminándose internamente de que no tendría que hacer sido tan bruto con una chica… si, por desgracia todavía la consideraba una chica o como mucho un intento.

-ya otra vez abusando de mi hospitalidad-escuchó una voz harto conocida detrás de él mas siguió pasando los canales hasta encontrar uno de música. -¿Lena esta en casa?

-si, se encerró cual ogro amargado en su habitación-comentó sin emoción alguna mientras veía con bastante atención el solo de guitarra del video clip "Sweet Child O'Mine".- parece que sigo sin caerle bien.

- a ti tampoco te cabe, no entiendo el súbito interés.

-parece que no capta el sarcasmo.-susurró para sí- No dije me interesara caerle bien a tu hermanita.-era palpable el desdén al mencionarla- Es sólo que sería más… agradable venir a tu casa sin tener que estarme cuidado de que intente lanzarme algo ni bien llego.

-descuida. Ya es mayor. Sabe que si mata a alguien puede ir a la cárcel. No se arriesgaría. Supongo que te pondría veneno en la bebida o algo.

-por eso no acepto nada que me ofrezca.

-¿alguna vez te ofreció algo?-preguntó perplejo.

-no, pero no lo voy a aceptar si se presenta el caso. Además sería más fácil si nos encontráramos en mi casa para ir a los ensayos.

-de ninguna manera vuelvo a poner un pie en ese chiquero.-la sola imagen de ese lugar hacia que le agarraran arcadas.

-tu tienes la suerte de que tu hermana es una obsesa de la limpieza, el único punto que medianamente podría resultar positivo.

-si quieres te la presto unos días a ver si puede volver ese lugar uno habitable.

-creo que va a querer esparcir mis sesos por el piso y luego los tuyos por sugerir tal atrocidad.

-en cualquier caso deberías ponerte a limpiar ese lugar. No sé como duermes tranquilo allí sin pensar que una rata o un caimán pueden morderte mientras sueñas.

-quizá me transforme en "Rat-man" – dicho esto comenzó a tararear la canción de Batman.- ¿nos vamos? Estoy sintiendo los pasos de un huracán acercándose.

Al terminar la frase Lena estaba frente a ambos observándolos con una fría mirada.

-Daniel, ¿dónde esta mi guitarra?- inquirió con una voz intimidante.

-ah, si, la tomé prestada ayer para ensayar y la dejé en la casa de Esteban.

-Daniel ya mismo vas a buscar mi guitarra.

-en la noche te la traigo.

-¡Daniel vas ahora mismo a buscarla!

-¿podrías calmarte? Ya te dije que te la acerco en la noche. Vamos Matt.

-¡Te prohíbo llevarte mis cosas! Sabes que eres un descuidado con ellas.

-si, si- le decía sin interés mientras ella hervía de la impotencia.

-te odio Daniel. Eres un idiota.

El joven aludido hacia muecas imitando su sermón mientras ella agarraba uno de los almohadones del sillón y se lo arrojaba con mucha violencia a la espalda.

-¡Enferma! ¿Cuál es tu problema?- se quejó mientras la observaba con enojo.

-¡Tu eres mi problema!- Y sin más se alejó hacia su habitación azotando la puerta por segunda vez en esa hora.

-si sigue así va a tener que comprar una puerta más resistente.-comentó Matt mirando hacia la parte de arriba.

-cada día se pone más loca. Creo que la cantidad de años es proporcional a la locura que van adquiriendo.

-¿Por qué no la mandas a volar? Que yo sepa es tu departamento.

-porque nuestros padres no la dejan vivir sola y no voy a obligarla a volver a ese manicomio que llamamos hogar.

-ay- trató de imitar la voz de la joven mientras le pellizcaba la mejilla- eres todo un hermano cariñosito.

-vamos idiota- se soltó del agarre- Esteban comienza a trabajar a las diez.

-¿sigue con ese trabajo de mierda?

-así es. Triste, triste.

Para tranquilidad de Lena esos chicos cruzaron la puerta para no volver por un par de horas.

Su cuerpo tendido en la cama era la envidia de muchas chicas en su universidad sin embargo ella no le daba mucha importancia. Era algo normal no engordar mucho pero ahora se notaba un poco más delgada de lo habitual. Hacía tiempo no comía comida como Dios manda. Siempre era algo comprado, pre cocido o chatarra poco nutritiva que no la enloquecía demasiado. Desde que estaba allí deseaba fervientemente comer una sopa cacera con muchas verduras y carne. Era lo que más anhelaba. Claro estaba que lo primero en su lista de deseos era que Matías Caballero muriera en ese mes. Era tan irónico que se apellidara así sabiendo que era lo opuesto a un caballero.

Desde hacía tres meses que lo conocía. Vale decir que desde el primer momento no tuvo una buena impresión sobre él. Apareció con unos jeans bastante desgastados, una campera de gabardina al cuerpo con su cabello mojado y unas zapatillas negras escritas con borra tienta por todas partes además llenas de agua por la lluvia torrencial. Recordaba perfectamente su atuendo porque le pareció bastante llamativo, su hermano se vestía similar sin embargo a este chico que se presentaba en su nuevo hogar le quedaba mucho mejor. Pero algo en su expresión la alertó. Pensó que todo hubiese sido diferente si no hubiera abierto esa bocaza de camionero.

-lindos shorts de putita.- le sonrió cínicamente y entró al comedor como dueño de casa.

Ella simplemente permaneció parada sosteniendo la puerta, procesando esa frase tan desubicada.

-cierra la puerta que se moja la casa.

Obedeció azotándola mientras lo observaba con incredulidad.

-¿Quién demonios eres para decir tal cosa de mi ropa y entrar a mi departamento como si vivieras aquí?- el buen humor que había tenido toda la semana porque se iba de la casa de sus padres se esfumó de su cuerpo en cuanto esos ojos avellanas la miraban maliciosamente.

- vivo aquí hace más que tu así que acostúmbrate princesita. –estiró los pies sobre la mesita de café mientras adoptaba la pose más confortable sobre el sillón.

- Mi hermano no me dijo que había otra persona viviendo aquí.

-Le da un poco de vergüenza decirle a su hermanita que es gay y que vive con su novio.

El mundo se le cayó encima en ese momento. Su hermano no podía ser gay. Nunca le había dicho nada. No es que fuera la mejor relación entre hermanos que se pudiera ver pero por lo menos podría haberle dado alguna señal. Además dejarla vivir allí con ellos, ¿no era un poco raro? No quería ni pensar en escuchar a su hermano teniendo... ¡Dios mío, mi hermano tiene sexo todas las noche con un hombre!- pensó escandalizada ya fuera de sí.

Antes de que siguiera pensando en que era el peor día de su vida, la figura esbelta de su hermano aparecía en la puerta totalmente empapado.

-hola.-saludo mientras se sacaba su chorreante campera y dejaba a un costado un paraguas destruido por el viento.

Claro, ahora todo tenía sentido. Siempre había sido muy cuidado con su ropa y su aspecto. No era muy ordenado pero bueno, ella tenía amigas que tampoco lo eran.

-¡que lluvia de mierda! El pronóstico decía que no iba a llover hasta el martes.

-y bueno, le vendrá bien a los campos un poco de lluvia.

-tu y tu conciencia sobre la clase obrera. Voy a pensar si seguir siendo tu amigo, maldito socialista.

-¿él es tu amigo?

-si, Matias Caballero. Creo que una vez te hablé de él. Pensé que se habían presentado. Ella es Lena Gutierres, mi hermanita.

-pero me dijo que era tu pareja.

-eso quisieras- le dijo al chico que se encontraba tirado en el sofá- deja de meterle ideas raras a mi hermana.

-¡que imbécil eres! Realmente creí que Daniel era tu novio.

-¿cuál hubiese sido el problema si era cierto? Que conservadora eres. Pensé que con ese short eras un poco más "abierta".

Le dio tal cachetada que el golpe resonó en la habitación.

Así fue como se conocieron. Él pensaba que era una cualquiera y ella que era un vago de mierda. Definitivamente no había sido un buen comienzo.

Capítulo 2: "El Diablo sabe más por viejo que por diablo".

En la mañana había encontrado su guitarra sobre el sillón. Estaba intacta, de eso se aseguró dándole una minuciosa inspección. No lo había oído venir en la noche. Seguramente había vuelto bastante tarde. Con el paso de las semanas descubrió que mientras más amargada y violenta era en el día, más pesadamente dormía en la noche. No existía sonido de cañón que la levantara en esos momentos.

Tomó un desayuno ligero y se apresuró a vestirse. Ese día tenía una agenda apretada y esperaba que las vitaminas que había comenzado a tomar surtieran el efecto deseado haciéndola aguantar lo suficiente.

Primero fue a la universidad. Casi seis horas de una clase soporífera tras otra. Intentaba con todo su esmero y dedicación tomar apuntes para luchar contra el tedio pero era muy difícil dado que la mayoría de sus compañeros o dormían con los ojos abiertos, dormían descaradamente sobre sus brazos apoyados en los bancos o simplemente se limitaban a hacer dibujos a los lados de sus cuadernos. Si, esos viernes eran de lo peor. Con el cansancio de la semana acumulado en sus hombros era normal que llegado el último día las ganas y el interés se desvanecieran para disgusto de los profesores que tenían que hacer piruetas con tal de captar la atención de sus alumnos medio zombis.

Llegado el medio día todos respiraban el aire de la libertad. Bueno, la mayoría siendo que muchos, como Lena, luego de tomar un rápido almuerzo se dirigían a sus obligaciones dentro de algún trabajo mal pagado. No es que se quejara tanto de él, podía estudiar, no hacia prácticamente nada si era un buen día y la paga le ayudaba a comprar comida, los gastos de autobuses y trenes, y ayudar con los impuestos del departamento. Lastima que los días buenos eran contados con una mano y que la tribu que debía cuidar los viernes, sábados y miércoles era tan escandalosa que muchas veces tuvo que recurrir a juegos sucios como pastillas para dormir o té de amapola para poder controlarlos. Su turno de cuidado era de cinco horas en las que, muchas veces, se encontró cabeceando mientras los niños le hacían bigotes con marcadores indelebles.

La madre de esos demonios trabajaba también por las tardes en esos tres días y como conocía a la madre de Lena y la potencial niñera necesitaba ganarse unos cuantos pesos, no vacilo ni un instante en pedirle que se hiciera cargo de sus "adorados tesoros".

Muchas veces se había visto tentada a atarlos a las patas de las camas hasta que se cansaran de forcejear y le pidieran perdón con lágrimas en los ojos por haberse portado como unos maniáticos todos esos días. El mayor de los cuatro tenía doce años y comenzaba a entrar en esa etapa de macho alfa que no se rebajaría a obedecer órdenes de una chica que parecía tener dieciséis años. Los otros, al ser tan pequeños y el menor tenía seis años, lo seguían como si fuera el líder de la cuadrilla.

Al terminar su tarde de trabajo, pensó que el dinero que llevaba en su bolsillo compensaba un poco el chichón que estrenaba en su frente luego de caerse del sofá cuando los cuatro lo voltearon. El dolor seguía haciendo latir esa pequeña porción de su cráneo pero el cansancio tanto corporal como anímico era más fuerte. Éste hizo que no viera la luz del semáforo que cambiaba a verde cuando, a punto de ser arrollada patéticamente por un Fiat 699, una mano la jaló a la vereda mientras el conductor le gritaba de todo menos que era una chica inteligente.

- despierta bella durmiente, no quiero ser el que le diga a tu familia que te aplastó una lata con ruedas por andar sonámbula en la calle.- la voz inconfundible de su archi- enemigo (le encantaba ser melodramática) la hizo despertar de sus ensoñaciones.

- si vi el auto pero no me di cuenta que me bajé de la vereda.- dijo con un aire de superioridad al estilo "se-cuidarme-sola".

-que no se te haga costumbre que te salve, ¿okay?

- para tu información prefiero que un auto me mate antes de "deberte la vida" otra vez.

-si tu hermano se enterase que te pasó algo y yo podría haberlo impedido, mi cadáver sería esparcido por todo el país luego de ser torturado de la peor manera.

-a mi hermano no le importo mucho- comentó mirando hacia la calle con ganas de irse de una vez.

-lo que digas. Voy para tu casa así que estamos condenados a ir juntos.

- ¿no puedes dejarme en paz por un segundo?

-no, todos los días me levanto temprano para planear algún proyecto nuevo contra ti.

-que idiota. Además, ¿qué es eso que a mi hermano le importo?

-ah, te pica la curiosidad, ¿eh?- su cara y su tono pícaro arrancó una sonrisa con un gracioso puchero de la joven.

-no importa, ¿sabes?

-él te quiere mucho por eso aceptó que te mudes con él.

-¿de verdad?

-no, lo dije para parecer simpático.

- ¡me enferma hablar contigo! Eres exasperante.

-gracias, lo intento.

La malhumorada Lena había apretado el paso mientras que el despreocupado Matt la seguía sin dificultad.

- es verdad lo de tu hermano, así que deja de ser tan histérica con él.

-nunca aprecia lo que hago y nunca me dice más de lo necesario. No creo que me tenga en mucha estima.

-de acuerdo…

La chica se paró de golpe y lo amenazó con un dedo.

-¿qué más sabes, que te haces el interesante?

- no hablo bajo amenazas. Ahora si me pagaras un café con medialunas puede que lo considere.

El rostro malhumorado lo sopesó un instante. Le importaba su hermano y le gustaría saber qué es lo que pensaba aunque la fuente no sea del todo agradable o confiable.

Entraron a una cafetería cercana y ocuparon una mesa en la esquina de aquel local.

-esto es lo último que hubiera imaginado, entrar a una cafetería contigo.

-si, lo siento raro. Quizá debería arrancarte un brazo o romperte la nariz, así me sentiría un poco más yo.

- eres raro, ¿lo sabías?

- y muy orgulloso de serlo. Pienso que la gente normal es aburrida.

-bien dicho…

Un silencio los invadió mientras una de las chicas que atendía allí se dirigía a preparar su orden. No es que fuera una situación muy incómoda pero, como Lena había dicho, ninguno pensó que podrían tener una tregua para hablar de la persona que tenían en común.

-¿y bien?-pregunto cansada de esperar.

-y bueno.

-¿no me vas a decir?

-¿qué cosa, que tu cabello luce terrible con la humedad?

Lena suspiró volcando los ojos mientras la camarera se acercaba con dos tazas de café y cuatro medialunas.

-sobre mi hermano.

-él esta bien, ¿y tú?

-si estas tratando de irritarme vas por buen camino.

-es fácil hacerte enojar. Debería calmarte un poco. Fúmate algo o acuéstate con alguien.

-¿podrías decir lo que tenías que decir y listo?

-con ese humor…- la mirada poco amistosa de la joven le hizo rodar los ojos mientras abría un sobre de azúcar para echárselo a su espumoso café.- no quería que siguieras en tu casa sabiendo como son tus padres. Últimamente te veía un poco triste y cabizbaja.

-no me dijo nada.

- nunca dice nada pero intenta hacer las cosas a su modo. Les sugirió a tus padres que fueras a vivir con él para independizarte un poco, que ya era hora, etc.

-no lo sabía…

-por eso me estas pagando un café, ¿no?

- ¿así que Daniel hizo esto por mí? Pensé que mis padres le habían obligado.

-¡Ja Ja! Como si ellos pudieran obligarlo a esta altura. No, lo hizo porque pensó que sería bueno para ti, además le venía bien alguien que hiciera la limpieza. Creyó que sabías cocinar pero bueno, no todo podía ser color de rosa.

- ¿por qué me estas contado estas cosas?

El joven se quedó pensativo mientras saboreaba un pedazo de las masas recién salidas del horno.

- quizá porque espero que sepas apreciar lo que hizo y que dejes de ser tan histérica. Aunque no te lo diga se pone mal cuando le dices que lo odias. Piensa que es cierto. Me cansé de decirle que es porque sigues siendo una malcriada pero no lo capta. Cree que porque siempre te ignoró dentro de la casa todavía estas resentida.

- no estaba resentida. Sabía que quería ser el mejor es sus estudios así que supe respetar su aislamiento. No pensé que él se sintiera culpable por eso.-comentó un poco cabizbaja al no ver cómo se sentía su propio hermano.

- sabes que la edad no viene sola. Muchas veces te planteas cosas como esas y piensas que hubiesen sido diferentes si las hubieses hecho de otra manera. Pero no le digas que te dije todo esto. Creo que ahí si va a matarme de verdad.

- gracias Matias. Mi hermano tiene suerte de tenerte.

-Hey, no llores. Voy a seguir siendo un patán contigo, esto no cambia nada. Simplemente quiero que tomes conciencia de las cosas que pasan a tu alrededor y que dejes de ser tan egoísta. ¿Sabías que tu mudanza rompió la guitarra de Daniel?

-¿Qué? No, no sabía. Pensé que agarraba la mía porque se le había roto una cuerda a la suya y era un vago para cambiarla.

- yo que tu le regalaría la tuya como muestra de mi culpa.

-quizá tengas razón.

-bueno, listo. Dije lo que tenía que decir.

Sin darse cuenta habían terminado sus cafés y se disponían a retirarse cuando una pregunta se apoderó de los labios de Lena.

- ya que estamos en confidencias, ¿estas enamorado de mi hermano?

-¿Qué bobadas dices?

- te lo pregunto enserio.

El silencio que siguió a la pregunta se prolongó hasta que salieron a la calle.

- si fuese cierto, ¿no se lo dirías, verdad?

-lo sabía, lo sabía.-La mirada de odio que destellaban esos ojos almendrados eran suficiente para ponerla nuevamente en su lugar.-lo siento, es sólo que desde que llegué pensé que me odiabas por algo ajeno a mí.

- la primera vez que te vi si te odié. Pensé que eras alguna chica nueva que salía con Daniel. De verdad que quería echarte de allí hasta que dijiste que eras su hermana y me calmé. Quise disfrazar mi error pero no sabía como así que seguí jugando contigo. Aunque, luego de dos semanas, él comenzaba a preocuparse bastante por ti y nunca quería salir conmigo. Siempre quería volver temprano a casa para estar contigo o cosas así. De verdad que tenía celos. Así que el odio volvió a nacer. Eras peor que una novia nueva porque no podría sacarte de su vida tan fácilmente.

-siempre pensé que ocultabas tu enamoramiento a mi hermano. Todos me decían que estaba loca. Me alegra saber que mi instinto de mujer funciona bien.

-¿qué tiene de genial ser mujer? Esas cosas peludas y poco higiénicas que tienen no sé qué le ven los demás.

-si, en realidad a mi tampoco me parece muy linda que digamos pero es lo que hay. Tampoco me gustaría tener cosas colgando que me molestaran para caminar.

-no molestan.

-y que se las acomoden en plena avenida me enferma. ¿No pueden esperar a llegar a algún lado para hacerlo con discreción?

-bueno, eso tampoco me gusta.

Sin darse cuenta, entre charlas sobre sexos y demás llegaron al departamento de los Gutiérrez.

-hey, pensé que salías más temprano de trabajar. Iba a llamarte para ver si estabas bien. –lo vio a su amigo y su expresión cambió- ahora veo que estas drogada. ¿Qué tomaste?

-nada Daniel. Nos encontramos en el camino y vinimos caminando. Ya arreglamos las diferencias. Sólo era un mal entendido.

-tú arreglaste las diferencia. Yo te dije que seguiría siendo un patán.

-sabes que puedo hablar.-le amenazó divertida.

-no te atrevas- le dijo entre dientes fulminándola con la mirada.

-se lo diré todo así que cállate.

-yo le diré que te acostaste con Fernando.- le susurró pero no vio que el hermano estaba a su lado escuchando todo.

-¡¿con Fernando Toledo?! ¿Estas loca?

-¡Matías esta enamorado de ti!-gritó en contra ataque mientras unas garras se cernían en su cuello.

-no cambies de tema. Fernando es un mujeriego de segunda que va a ir contando por ahí que se acostó con mi hermana. Esto es el colmo.

-¿no te importa lo que dije?- preguntó indignada.

-¿y qué? Ya se que Matías es gay pero sabe cómo son las cosas. Pero de esto no te salvas Lena, te juro que en cuanto lo vea le rompo la cara y tú te quedaras encerrada en esta casa hasta que limpie tu nombre.

Ambos ex archi-enemigos se observaban perplejos por tales declaraciones. Una preguntándose si su hermano era peor que un dictador y otro sin caer en que su amor secreto sabía sus sentimientos y los tomaba como algo normal.

La vida da vueltas inesperadas y espera que estés capacitado para no caer. Ambos comprendieron que conocían menos de lo que suponían a ese chico de cabello negro y ojos marrones. Nunca conoces del todo a una persona, pensaron ambos antes de reírse a carcajadas de lo bizarra de esa situación.

Lena siguió como siempre, haciendo un mundo de pequeñeces mientras su relación con Daniel iba creciendo. Ahora era su amigo al igual que Matt quien se había transformado en su confidente predilecto. Ambos salían a pasear tomados de la mano mirando vidrieras y criticando a todo ser que se cruzara por el camino. Sin darse cuenta se hicieron grandes amigos y su cariño fue creciendo a lo largo de los años. Este amor le impedía a Lena encontrar novio ya que todos pensaban que éste era Matías, agregándole la crisis de celos que le agarraban a su hermano cuando algún chico tomaba valor para ir hasta el departamento de aquellos hermanos tan particulares.