Esta historia, así como sus personajes, escenarios y hechos son completamente de mi autoría y prohíbo su reproducción, total o parcial, en cualquier otro sitio que no sea éste.


No Estamos Locos

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Las grandes manos de aquellos hombres robustos lo sujetaron con fuerza, clavando por quinta vez sus uñas en los brazos del joven, lastimándolo. Lo llevaron por el largo pasillo claro, sin dejar de vociferar cosas para que él se calmara. El joven a su vez, no dejaba de gritar incoherencias y decir frases incomprendidas mientras iba de un lado a otro, chocando con las paredes, pidiendo por ayuda, clamando que lo liberaran.

Cayó tres veces más al suelo, pero en ninguna oportunidad tuvo tiempo de ver sus magulladas heridas. Aquellos hombres, de un fuerte empujón lo levantaron del suelo y lo siguieron empujando para que caminara y se reuniera con el resto.

—¡Suéltenme!— gritó aquel hombre, que no dejaba de repetir que él no debía estar allí.

En el pasillo se encontraron con dos personas más, ambas mujeres, que los vieron con ojos desorbitados cuando pasaron por sus lados, pero no dijeron nada, no tenían por qué entrometerse, ellas estaban allí para hacer un trabajo similar. Anotaron algo en los papeles que llevaban en sus manos y siguieron caminando por el ancho pasillo, en dirección contraria, hablando de cualquier otra cosa.

El joven rubio, que seguía tratando de soltarse de los grandulones hombres morenos, de fuertes brazos y cuerpos llenos de músculos, golpeó a uno en el brazo para que le dejaran el camino abierto. Pero en respuesta de sus actos, sólo recibió un golpe más en la espalda, que casi terminó por dejarlo inconsciente.

—No deberíamos golpearlo— comentó uno.

—Él me atacó primero.

Siguieron andando por su camino y a empujones hicieron llegar al joven ante una puerta.

—Entra— ordenó uno de los opresores.

Pero el joven comenzó a negar con la cabeza rápidamente, pidiendo ayuda.

—No, no quiero.

—¡Que entres, te dicen!

Aquellos hombres lo sujetaron con fuerza y con gran impulso lo arrojaron dentro del cuarto, gritándole que se comportara, que no volviera a hacer escándalos, amenazándolo nuevamente con que si, no dejaba de gritar y golpear cosas, lo amarrarían, sedarían y en última instancia, le pondrían una camisa de fuerza.

Los grandulones abandonaron la habitación, mirándolo con odio, por ser de las pocas personas que en ese lugar, más los hacían enfadar, todo por no aceptar lo que era.

Cuando el joven se estabilizó nuevamente en tierra, tras ser lanzado como un proyectil en aquella habitación llena de gente, se volteó para ir tras sus agresores y pedirles una vez más que reconsideraran tenerlo allí, aunque aquella decisión no era de esos hombres. Se abalanzó sobre la puerta recién cerrada y comenzó a golpearla, para que alguien llegara a ayudarlo, para que lo sacaran de allí.

—¡No estoy loco!— gritó desesperado—. ¡No lo estoy! ¡¿Me oyen?! ¡No soy un demente!

Pero el mundo creía que sí.

Todos pensaba que se merecía el lugar en el que se encontraba ahora, todos pensaba que Pablo Fuentes había perdido el juicio tras la muerte de su esposa y que ahora inventaba historias para sentirse mejor. La situación era simple: el hombre había perdido el juicio y la única solución era un loquero. Pero Pablo estaba seguro que no era un desequilibrado mental, no como los que estaban allí en ese cuarto con él. Pablo estaba en el lugar equivocado, no había inventado ninguna historia, por muy extraña que sonara ahora su versión de los hechos.

Pablo golpeó la puerta una vez más y la llenó de patadas bien dadas, esperando que del otro lado alguien lo escuchara y vinieran por él. No podía quedarse de brazos cruzados y no hacer nada.

Pero por más que lo intentó, nadie llegó.

El muchacho se volteó, para contemplar con cuantas otras personas lo habían dejado ésta vez. Era un cuarto más grande de lo que había imaginado, lleno de mesas y personas, con juegos y dibujos, la habitación para recrearse. Habían alrededor de quince personas más, todas yendo de un lado a otro, sentadas en los rincones, diciendo palabras que no se entendían, repitiendo una y otra vez más las mismas cosas, todos en su mundo. La atmósfera que allí reinaba era asfixiante y muy aterradora. Por primera vez en la vida, Pablo estaba con verdaderos dementes en el mismo cuarto, y no sabía por cuánto tiempo más debería verlos y estar con ellos y no sabía si podría resistir eso.

Él no estaba loco, pero quizás en ese lugar, acabaría por estarlo.


Otra historia corta que se me ocurrió recién :P Me gusta cuando pasa xD Me levanto temprano, me pongo a escribir y salen cosas buenas xD Esta es una historia de apenas cinco capítulos :) No va a durar mucho, quizás no resultará tan buena, pero quería escribirla y compartirla :D Espero les vaya gustando.

Si quieres decirme qué te ha parecido esta historia, puedes hacerlo apretando el hermoso botoncito verde que está más abajo :) Y dejarme tu opinión, que de verdad, me hará feliz xD ¿Qué esperas?