Este fue mi primer relato terminado, lo escribí a los doce años a pedido de una ex compañera de la escuela, antes de esto había perdido todo un año de trabajo en un desafortunado accidente y como escritora estuve a punto de rendirme.

Heizel, donde quiera que estés, gracias por darme una segunda oportunidad.


1

Han pasado cuarenta años desde ese día y sin embargo, mientras más pasa el tiempo más claro se vuelve el recuerdo del pequeño que encontré cuando era joven y que llego para cambiarme la vida. Mi nombre es Mino de Virella y hoy, por primera vez en cuatro décadas, relatare la historia que marco mi destino.
Era el invierno de 1742, había nevado toda la noche y el aire helaba hasta los huesos, yo caminaba por un sendero del bosque ajustándome el abrigo y apresurando el paso para llegar a mi hogar donde mamá estaría esperándome con una taza humeante de chocolate; había pasado la tarde con mi sobrino de seis años en casa de mi hermana verónica y este solo me permitió irme cuando estuvo seguro de que volvería a hacerle otra visita, labor que suele tomarme horas.
De cualquier manera lo único que pasaba por mi cabeza en aquel momento era el placer de sentarme a descansar frente a la chimenea luego de tan larga caminata; empecé a buscar mi reloj de bolcillo mientras seguía con la marcha, el frio hacia que me temblaran las manos y termine por dejarlo caer, me detuve para recogerlo y entonces escuche claramente el llanto de un niño.
Dirigí mi vista a un lado del sendero y entre los arboles pude ver la figura de un hombre con una criatura en brazos, el hombre puso al niño sobre la nieve y se interno en el bosque.
-¡Señor espere!- alcance a gritar pero ya era muy tarde.
Tome al bebe, no debía tener más de un año, mire hasta donde las huellas del hombre se perdían y me di cuenta de que no sería capaz de alcanzarlo; envolví al niño con mi abrigo y reanude la marcha, yo no lo sabía en aquel momento pero el pequeño que llevaba conmigo estaba a punto de alterar no solo mi vida sino la de todos los que tuvieran la suerte de conocerlo.

2

Mi madre no pudo dar crédito a sus ojos cuando me vio llegar con un niño en brazos pero en cuanto supo que había sido abandonado lo acogió como a un hijo más.
Antes de avisar a cualquier otra persona sobre el bebe llame al médico del pueblo, el doctor Leizi, para que revisara a la criatura. El doctor escucho con asombro la historia de cómo había encontrado al bebe y luego empezó a examinarlo de pies a cabeza; todo parecía bien hasta que vio sus ojos, paso la mano frente a ellos y luego la luz de su encendedor.
-Mino…-dijo finalmente- este niño está ciego.
-¿Ciego?, dios, entonces fue por eso- todo me pareció tan claro- por eso lo abandonaron.
-Podría ser, aun así no debes adelantarte a los hechos, nadie te asegura que el hombre al que viste sea el padre de la criatura.
-¿Qué debo hacer entonces?-
-De momento lo mejor será que avises a las autoridades para que encuentren a sus padres, saben que tu familia tiene buena posición y de seguro dejaran que el niño se quede aquí mientras tanto; en cuanto a se ceguera, me temo que no existe una cura, pero estará bien, cuando un sentido falta los otros siempre se agudizan.
Esa tarde fui a la comisaría donde, en efecto, me permitieron cuidar del bebe mientras se realizaba la búsqueda y me dijeron que si dentro de seis meses no aparecían los padre yo podría adoptar legalmente al pequeño.

3

En un pueblo pequeño las grandes noticias pueden extenderse de manera increíble y fue así como en menos de tres meses todos se enteraron del pequeño abandonado, no recuerdo cuantas veces conté a los curiosos la historia de cómo había hallada al bebe antes de que terminara aquel invierno.
Mamá no dejaba de mimarlo un momento y Verónica lo considero como el sobrino que según ella yo jamás iba a darle, pero a Malón, mi sobrino, el nuevo integrante no le causo tanta gracia ya que pensaba que solo había llegado para robarse mi atención y cariño. Decidimos bautizarlo con el nombre de mi difunto padre, Josua, idea que hizo llorar de alegría a mamá; también lloro el viejo párroco de la iglesia al saber de la ceguera del niño ya que el mismo hacía años que iba por ese camino y sabia que una vida rodeada de tinieblas era algo aterrador.
Sin duda Josua había llegado para ganarse el afecto de todos y Verónica no podía evitar decir que el cielo nos había mandado un "trocito de noche". Lo único que me preocupo fue el evidente rencor de Malón, el cual conservo por mucho tiempo hasta que el mismo Josua encontró la manera de limpiar su corazón.

4

Parece que mientras mayor es la felicidad más rápido trata de fugarse de nuestras manos.
Josua llego a los seis años antes de que yo me percatara y todo el día no hacía más que corretear por la casa, conocía el lugar a la perfección y aun así seguía buscando algo que escapara a sus cuatro sentidos. Aunque nunca le dijimos que lo habían abandonado el parecía estar consciente de ello pues nunca pudo llegar a llamarme papá, nos llamaba a todos por nuestros nombres como si supiera que no pertenecía a la familia, tal vez lo sabía, pero eso es algo que nunca pude saber.
Una tarde Malón, que acababa de terminar la primaria, vino a la casa y se sentó en el mismo sofá largo en el que Josua se encontraba sin prestar atención a nadie, como era su costumbre, y a escondidas escuche esta conversación.
-Malón- le oí decir- Milo dice que es de mala educación ignorar a las personas.
-Tú eres solo un niño, puedo ignorarte si quiero.
-Entonces yo también te ignorare.
-Yo no soy un niño para que hagas eso.
-Pero te comportas como uno.
Malón se quedo consternado con tales palabras y yo estaba sorprendido por las respuestas rápidas y cortantes de Josua.
-¿Sabías que tu padre era un vagabundo que te abandono para que te comieran los lobos?- estuve a punto de salir para callar a Malón pero la sonrisa en el rostro de Josua me paralizo.
-Qué raro- respondió por fin- según yo no había lobos por aquí, a menos que así llames a los conejos.
-Pe… pero- Malón estaba atónito.
-Creo que gane esta contienda.
Josua se levanto y nos dejo a Malón y a mi llenos de confusión, sin duda había ganado esa pelea pero nunca pude saber si en ese momento supo la verdad o si las palabras de Malón le parecieron una burla; aun así el destino le tenía preparada una prueba para la que necesitaría todo su ser.

5

Una mañana lleve a Josua al parque para que tomara aire puro, lo deje solo un momento y cuando regrese lo encontré hablando con una mujer que al momento de verme se marcho sin decir una palabra.
El hecho me deja extrañado y Josua se negó a hablar el resto del día; a la mañana siguiente se presento a la casa la misma mujer, minutos antes Josua se había encerrado en el desván, dijo llamarse Malizi y su expresión demostraba una gran pena, mamá la invito a pasar pero ella se negó.
-No deseo molestarlos- dijo con voz nerviosa- solo quiero ver a Josua.
-Él está en el desván, no creo que quiera hablar con nadie.
-Conmigo si querrá hablar, lo sé.
-¿Por qué cree eso?- empezaba a desconfiar- dígame que quiere con él.
-Es que… él… Josua es…- parecía a punto de estallar- ¡Es mi hijo y he venido por él!
Me quede petrificado, no podía creer que después de tantos años la madre de Josua apareciera para llevárselo como si nada hubiera pasado. El caso se llevo a las autoridades pero yo ya conocía el resultado final, Josua debía irse con su madre y solo en caso de que algo grave sucediera volvería con nosotros. Josua se mantuvo silencioso hasta el día de la despedida, se acerco a mi oído y me dijo que regresaría; su valor era asombroso y decidí mantenerme firme por él, después de todo, yo sabía que volvería.

6

Dos años después de la partida de Josua un hombre corpulento se presento a la casa con una pareja de niños, tres palomas mensajeras y un enorme conejo blanco.
La niña llevaba puesto un vestido de colores y se sujetaba insistentemente a las piernas del hombre, el niño llevaba puesta una máscara blanca que mostraba uno de sus ojos apagados, mamá casi se vuelve loca de alegría al reconocer al pequeño: era Josua.
El hombre que los había traído se hacía llamar Neiri, había sido un prestigioso mago de circo pero el tiempo había disminuido su habilidad; por medio de él nos enteramos que la madre de Josua había muerto, pero antes había pedido al hombre que trajera a la niña, que era media hermana de Josua, y a Josua que se había negado a quedarse. La pequeña se llamaba Malory, tenía cuatro años y se necesito de cuatro semanas enteras para que se dejara de esconder de nosotros. Josua me conto que su madre le había enseñado a actuar y una vez cada mes se subía al escenario e interpretaba el papel de una marioneta enmascarada que se robaba los sueños de la gente malvada. Repitió tantas veces su acto en el pueblo que acabo por ganarse el apodo de Marioneta Inocente.

7

Neiri se quedo en casa por voluntad de mi madre que no encontraba como agradecer que hubiera traído a Josua de vuelta, el por su parte aportaba algo de dinero con sus viejos trucos de magia; recuerdo que Verónica acabo por tomarle cariño a Dingo, el conejo blanco que era casi tan viejo como su dueño.
En cuanto a Malory, que fue un dolor de cabeza por un tiempo, acaba por aceptar su nuevo hogar y por raro que parezca fue Malón que más la quiso y a quien más quiso ella.
Josua por su parte le había cedido la habitación a su hermana y se había preparado para él un cómodo espacio en el desván, dos veces por semana tomaba una de las palomas y la dejaba volar y dos veces por semana esta volvía con un mensaje que Neiri le leía en secreto.
No fue sino años después que pude saber con quién se comunicaba Josua por medio de sus tres palomas pintadas.

8

Dos años después de su llegada Neiri falleció, Malory lloro todo el día en brazos de su hermano que la consolaba en silencio.
Mamá nos dejo al año siguiente y esta vez fui yo quien encontró consuelo cerca de Josua que me escucho lamentarme aquella tarde sin soltar una lagrima. Me di cuenta de repente de que aquel niño que había recogido de entre la nieve y que se aproximaba a la adolescencia se había convertido en un universo indescifrable desde el día que ataco a Malón con sus respuestas feroces.
Al mes siguiente una jovencita de la misma edad de Josua vino a verle, su nombre era Irene y pronto supe que era con ella con quien Josua se había estado comunicando todo ese tiempo; había venido con sus padres desde la ciudad, se instalaron en la casa de al lado y pronto se ganaron la aceptación del pueblo.
Irene pasaba tardes enteras con Josua en el corredor conversando de cualquier cosa, pero él parecía deprimido, una vez les oí hablar.
-Irene, ¿Cómo es la luz?
-¿La luz?- ella parecía confundida- pues… es algo… diferente…
-¿Diferente?
-Sí, cuando tus ojos están abiertos hay algo frente a ti.
-Eso es cierto, aunque aún no sé lo que es.
-Bien, si alguna vez encuentras algo distinto, sería una luz.
-Si algún día encuentro una, jamás la dejare ir.

9

Como olvidar aquel día, el invierno de 1754; me levante temprano y lo primero que escuche fue la risa de Josua, me pareció tan extraño oírlo reír después de todo aquel tiempo en silencio.
-Algo va a pasar hoy- fue su única respuesta- no sé que es pero me tiene muy emocionado.
Ese día Josua me acompaño a comprar una cosas, lo descuide un momento y cuando regrese ya no estaba; lo busque por todas partes pero era como si la tierra se lo hubiera tragado, al caer la tarde regrese al lugar donde se había perdido. Escuche dos disparos y corrí temiendo lo peor, hay estaba Josua, tendido en el suelo, con los ojos fijos al cielo y el pecho bañado en sangre, dos personas corrían lejos de allí. Estaba aterrado, tome a Josua entre mis brazos y vi que aun respiraba pero no dejaba de sangrar, lo llame varias veces y no respondió.
-¡Ayuda!- comencé a gritar- ¡Alguien que me ayude por Dios!.
-¿Qué es eso?- le oí decir de repente- ¿Qué es?.
-¡Josua!, cálmate- en el fondo trataba de calmarme a mí mismo- todo está bien, ya verás.
-Eso es- dijo mientras alzaba una mano al cielo- es… diferente…es, ¡una luz!.
-¡Josua no!, ¡Aléjate de ella!- me estaba desesperando- ¡Aléjate!.
-No… no quiero, no la dejare ir… jamás la dejare ir…
Su brazo cayo y sus ojos se cerraron pero ahora estaba en la luz; ese día perdí un trozo de mi alma, perdí a mi amada marioneta, los culpables jamás fueron hallados, todo el pueblo estuvo presente en aquel funeral.
La razón por la que decidí contar esta historia después de cuarenta años radica en un hecho que olvide mencionar: mi reloj. La noche que encontré a Josua mí reloj había caído al suelo, al recogerlo ya no funcionaba, estuve los siguientes años buscando como arreglarlo pero todo fue inútil, mi reloj siguió varado hasta el día en que Josua murió, entonces volvió a funcionar.
Hoy, cuarenta años después de que encontré a Josua entre la nieve siendo solo el bebe, hoy mi reloj ha vuelto a detenerse y quién sabe, quizá en este preciso momento otro hombre se haya salido de sus cabales y haya decidido dejar a una criatura a su suerte, tal vez justo ahora otro cansado caminante salve a esa criatura de una muerte segura, tal vez, esta noche, el cielo haya enviado otro "trocito de noche" para cambiar la vida de todos cuantos tengan la suerte de conocerlo.

FIN