PARTE 1

I

La enorme verruga de la señorita Ellen captó mi atención. Normalmente siempre la fijo en su gran cabeza ovalada y en el extraño peinado que la hace ver aún más ovalada, pero no todos los días aquella verruga tiene ese rojo color rojo intenso color manzana. Cada vez que hablaba el movimiento de su mandíbula hacia que esa verruga se moviese. ¡Quería tocarla! Y cada que lo intentaba…

– ¡Señorita Carrington, concéntrese! – me gritó haciendo que me cayera de la silla.

– ¡Ay! – le dije mientras inútilmente esperaba que me ayudase a levantar.

– ¡Esto es increíble! Su capacidad de concentración es terrible. Le diré a su padre…

– Señorita Ellen, ¿podría darme una mano…

– ¡Señorita Winterborough, le he dicho que debe llamarme Señorita Winterborough! – me gritó nuevamente haciendo imposible levantarme. Es demasiado injusto utilizar estos vestidos tan anchos y pesados.

– Lo siento, señorita Winter, pero necesito un poco de ayuda…

– ¡Señorita Winter tampoco! Usted no tiene modales, ¿acaso no ha oído lo que hablan de usted en otros lugares?

– Desearía escucharla, pero por favor, este vestido es muy ancho y… ¡Amber! – exclamé con alegría al ver a mi doncella, naturalmente bella, aparecer por la puerta.

– ¡Señorita! ¡Levántese! – dijo muy preocupada al verme .

– ¡Amber, retírese!–le gruñó la vieja odiosa.

– Lo siento mucho, señorita Winterborough – le dijo con esa voz avergonzada que la solía caracterizar – Le he traído la merienda… s-sólo ayudaré a la señorita a levantarse.

– C-claro, levántala – dijo la señorita Ellen con total indiferencia.

¡Qué mujer tan aburrida! Desearía que se pareciera a Amber un poco. Deberían de verla, es mi doncella, mejor amiga y la niña más linda de todo el universo. Siempre me trae la merienda en el mismo horario y así logro zafarme de la señorita Ellen. Pero deberían de ver lo que nos trajo ¡Pastelillos de frambuesa! Pastelillos, pastelillos, ¡cómo los disfruto!... ¡Diablos! La señorita Ellen nuevamente me observa con disgusto, me pregunto por qué. Claro, claro, no le gusta que los coma con la mano. ¡Qué odiosa! Ahora entiendo porque no se casó nunca y… ¡Salió con un gran portazo!

– Señorita Carrington, no debió ser tan grosera e ignorar a la señorita Winterborough. Todo lo que ella hace es por su bien…

– Sólo me quiere convertir en una amargada como ella… Oye, no me digas señorita Carrington, sólo Dalila… Recuerda D-A-L-I-L-A.

– Lo siento señorita Carrin… Dalila, me cuesta acostumbrarme a llamarla por su nombre.

– ¡Pero qué dices! Antes lo solías hacer… Olvídalo, salgamos a divertirnos… Vamos al jardín secreto…

– Pero señorita, ¿qué tiene de secreto ese jardín? Debe dejar de leer esos libros… El señor Carrington tiene razón, no sirven para nada… Pero, señorita tengo deberes que hacer, ¿por qué no toma una siesta?

– Pero qué dices Amber… Sabes que es imposible que duerma durante el día, pero olvídalo, vamos al jardín…

Así, bajamos al jardín. Es el único lugar que me gusta de mi casa, el aroma que extiende es exquisito. Pero lo mejor de todo, son las plantaciones de frambuesas… Nos encanta estar a solas aquí, por eso solemos venir con frecuencia. Sin embargo… ¡mi vestido! Es tan ancho y siempre se enreda con las espinas…

– Señorita, no debería venir usando ese vestido, lo puede estropear…

– Pero, no tengo más. ¡Todos mis vestidos son anchos! Desearía utilizar tu ropa…

– Pero ¡qué dice! Esta ropa es de criada, no, no, no lo piense… Una señorita como usted no debería usarla…

– ¡Qué aburrida te pones a veces! Eres como la señorita Ellen…

– Debería escucharnos a veces, la gente habla muy mal de usted señorita. Dicen que no tiene modales ni clase… Eso me preocupa

– Querida, me pareces tan dulce cuando te preocupas por mí… Pero no importa, nada me importa mientras las dos siempre estemos juntas

Siempre creo lo mismo. Amber y yo somos las personas más unidas del universo, siento que nada ni nadie podrán romper esto. Ella es para mí como la bella doncella pobre que se convertirá en princesa algún día y, naturalmente, yo su hada madrina que le cumplirá todos sus deseos.

Bajamos y llegamos a un riachuelo que alimentaba el jardín, pero se había vuelto aún más espeso que el barro. Amber traía una cubeta y yo, sin pensarlo, se la pedí para llenarla con el barro. Le prepararía una broma a la señorita Ellen; quizás así lograría que sacarle una sonrisa. Ya conocía todo el recorrido que ella solía hacer: segunda habitación, derecha, derecha, balcón, izquierda, cocina, pasillo, dobla a la derecha, cuarto principal, derecha y… ¡zas! Cubeta sobre su cabeza. A Amber no le gustó la idea e intentó persuadirme, pero no lo logró. Sin darse cuenta, la cubeta ya estaba sobre la puerta y ahora debía hacer la cuenta regresiva.

– 10…9…8…7

– ¿Está segura señorita? – me dijo Amber

– 5…4...

– ¡Zas! Es imaginación o la señora Winterborough se parece a su padre… ¡Dios mío!

– 2… 1… ¡Eh! ¡Papá! ¿Por qué apareciste dos segundos antes que la señora Ellen?

– ¿Qué es esto? – dijo mi padre, mientras se limpiaba la ropa.

– ¡Señor Carrington! ¡Qué le ha ocurrido! – dijo la señorita Ellen despavorida – Oh… Esas dos,... Señor, su hija y su criada deben estar detrás de todo…

– ¡Señor Carrington! Yo lo limpiaré… - le dijo Amber mientras corría hacia él.

– ¿Quién hizo todo esto? – preguntó mi padre furioso, mientras se me erizaban los pelos de punta…

– Fui yo, señor – dijo Amber un tanto avergonzada…

– ¡No, papá fui yo! Créeme, ella no hizo nada… - le dije al ver como Amber se culpaba

– Señorita Winterborough, saque a esta criada de mi vista – dijo mi padre aún irritado y observándome – Dalila, ven para acá, tengo que hablar contigo. Vamos a la sala principal.

Lancé un pequeño suspiro, pensé que nos castigaría duramente, pero supongo que sólo me dará una charla. Sólo me preocupaba Amber, no quiero que la castiguen por culpa mía nuevamente. Es demasiado frágil aunque no lo parezca, ¡porque soy tan idiota! Pero, al menos fue divertido, debo decirlo… ¡Diablos! Mi padre me vio riendo. Espero que esto no acentúe mi reprimenda. Sinceramente no puedo evitar preocuparme… este viejo odioso no me ha hablado en todo el trayecto. Y ahí está… ¡La puerta! Bien, debo prepararme para mi sermón y… ¡Qué diablos! Mi madre también está acá.

– ¡Mamá!... Ustedes dos me darán el sermón

– ¿Sermón? ¿De qué…? Eric ¿qué te pasó?

– Cariño, lo siento – le dijo mi padre – Cuando salí a buscar a Dalila, me atrapó una de sus bromas. ¡Te das cuenta porque no puedo cambiar de opinión!

– ¿Opinión de qué? - pregunté al darme cuenta que no me citaban para un sermón. Todo esto me da mala espina - ¿Qué quieren hablar conmigo?

– Hija – dijo mi madre dulcemente – Yo no estoy de acuerdo con esto, pero…

– Te hemos arreglado un matrimonio - interrumpió mi padre, mientras yo comenzaba a palidecer ante sus palabras.

– ¡Matrimonio! ¡Q-qué! P-pero se volvieron locos ¡No! No me casaré con nadie.

– Tienes que hacerlo para madurar de una maldita vez – me dijo mi padre enfurecido – Ya está decidido, te casarás con el príncipe de Asturia…

– ¡Q-qué! ¡No! … C-con ese no, la gente dice que es raro…

– ¡No te das cuenta! ¿Cuántas oportunidades más tendrás de casarte con un príncipe? Tenemos que agradecer la mala reputación que tiene él, ya que de otro modo difícilmente hubiese arreglado este matrimonio con nosotros…

– ¡Papá! No me puedes hacer esto. N-no me puedes obligar a casar con un tipo sólo para arreglarle su reputación… ¡No me interesa su reputación! ¡Ni siquiera lo conozco!

– Hija – intervino mi mamá después de muchos momentos de silencio – Lo siento, No tenemos más opciones. Era él, o el empresario hindú Aahan.

– ¿Por qué son así? Sólo les interesa casarme con personas importantes o ricas, ¿Nunca han pensado en mi felicidad?

– Tú sólo eres una mocosa ¿qué sabes de lo que es la felicidad? – dijo mi padre fríamente - Esa mentalidad la sacas de todos esos libros de escritores románticos ¿Verdad? En el mundo hay cosas más importantes que los sentimientos y las pasiones, tales como mantener nuestros negocios, de los cuales dependen muchos trabajadores para alimentar a sus familias ¿Te importa eso? ¿Te importa que muchas familias pasen hambre, mientras tú buscas tu "felicidad"?

– P-pero…

– Ya está decidido, ahora retírate.

¿Casarme con un príncipe raro? Mi padre perdió la compostura. ¡Maldito sea aquel rarito! No me casaré jamás… No puedo sin antes haber vivido la aventura que siempre he querido experimentar. Tengo que viajar junto a Amber por el mundo, conocer gente, visitar óperas… ¡Tantas cosas! No, no quiero casarme aún… No lo haré…

Lo dejo ahora por escrito: "Nadie me separará de Amber. Ambas nos fugaremos."