I

El viaje ya me estaba pareciendo tedioso y, probablemente, Amber pensaba de la misma forma. No soportaba a esa mujer que me dejó sin joyas, no soportaba a aquel príncipe y muchísimo menos a las Horer que nuevamente venían hacia acá.
— Dalila, ¡Ha pasado algo terrible! — dijeron Sandra y Emelina al unísono — Dalila, muy terrible.
— Puedes decirme — le respondí ignorando por completo sus palabrerías ya que recordé que mi verdecillo aún no había comido... más razones para terminar este viaje. Una vez que llegue a las costas africanas todo cambiará, ya que finalmente, podré dejar atrás todas estas cosas desagradables y...
— Bien, ¿la has visto? — repetía Sandra.
— ¿A quién? — dije intentando concentrarme en lo que decía.
— A Virginia. La hemos estado buscando y no aparece.
¿Virginia? ¿Desaparecida? Reí ante eso. Probablemente dormía y estaban armando un gran revuelo por eso.
— No la he visto, niñas — respondí esperando que se retiraran, cosa que sin duda hicieron, pero junto a Amber.
Que vista más desagradable tiene el paisaje. Es desanimante, sólo queda esperar la hora de la cena.

II

Una jarra de agua. Era la imagen que constantemente llegaba a mi mente. Una bendita jarra de agua.
No era el objeto en sí, sino la razón. Aquella señorita que tanto idealizaba, en la cual veía grandes sufrimiento que resultaba exquisita ante la vista de cualquier artista, no resultó ser más que una niña inmadura que jugaba con jarras de agua.
Aún cuando intentaba retratarla, no daba ningún resultado. Ya no tenía motivación.
— Disculpe — decía una voz desde el exterior que golpeaba la puerta.
— Diga — respondí sin la más mínima intención de abrirla.
— Somos las hijas de Thomas Horer. Nuestra hermana mayor está desaparecida.
— No he visto a nadie — respondí fríamente.
Horer, nuevamente ese apellido. La dichosa niña que estaba junto a Beatriz y su marido.
Sólo esperé la cena.
Platillos deliciosos en todas partes, mucha gente educada, mientras yo continuaba pensando en ella. Esperaba su aparición, la esperaba, sí la esperaba. Llegó, junto con la señorita Carrington disfrazada de su marido, como era habitual.
El ambiente se puso muy tenso, la gente charlaba sobre chantajes y se percibía un nerviosismo sobrecogedor. la señorita Beatriz jugaba con sus cubiertos y no tocaba el platillo. La señorita Carrington era la única que sonreía. Deseaba salir de ahí rápidamente, pero no sabía cuándo sería apropiado.

III

Stewart, Stewart, ¿por qué me ignoras? Cada día que pasa creo que tu distancia se debe a otros motivos y no, al hecho de mi "rechazo". No quiero utilizar esa palabra, pero es así como lo ves, ¿no?

Estás constantemente platicando con aquellos árabes y... ¡Diablos! Ya comprendo.

¿Necesitabas una compañera? ¿Eso era? He ahí la invitación. Aquella conversación te fue irrelevante. Todo era un tema de negocio. Varias veces te he visto sonreír al ver a aquellos hombrecitos.

Sin embargo, ahora vienes hacia acá. ¿Qué me dirás?

— La cena está lista — decía él mientras colocaba su brazo esperando que yo lo tomase, cosa que hice sin preguntar.

¿Cena? Claro, la cena del barco, junto con todas las demás personas.

Esto realmente me parece increible. Frente a las personas él me trata de manera amable, pero fuera de acá es muy distante. Debería haber notado la razón, ¿por qué no lo hice? Estaba tan distraída contemplando estos lujos y pensando si hice lo correcto o no. Al fin y al cabo sí lo hice.

Es un malestar en el pecho. Me molesta que me haya mentido, me molesta la presencia de la señorita Carrington que sonríe como si no ocurriera nada. La dejé sin joyas y continúa sonriendo. Le parecerá divertido disfrazarse de marido. Aquel tipo del teatro no le quita los ojos a dichosa Amber. ¡Dios mío! Están todos nerviosos, ¿por qué será?

— Siempre me he preguntado, ¿que pasará por la conciencia de los chantajistas? — dijo en voz alta Stewart helandome por completo.

— No sabría decirle, querido amigo — dijo de pronto la señorita Carrington con una mirada totalmente burlesca — Opino que son las peores personas del mundo. Ojalá mi querida esposa y yo, jamás nos encontremos con uno de esos.

— Si yo conociera un tipo de aquellos, tengan por seguro que me encargaría de enviarlo a la cárcel.

¡Maldita! Esta tipa le dirá a Stewart y él poco y nada de interés que él tiene hacia mí se desvanecerá. ¿Esa era su alegría? Ver como se invertían los papeles. No lo permitiré, yo soy más inteligente que ella.

— ¡Señorita Emelinda Horer! — dijeron al unísono al ver entrar a la menor de las muchachas por la puerta completamente mojada y con lágrimas en sus ojos.

— M-mi hermana. V-virginia — lloraba — Virginia está muerta.

¿Qué tal? He tenido una ausencia muy larga, pero espero ser un poco más constante a partir de ahora :D