Para Cherry, porque se que ama a estos dos tanto como yo y es graciosa y oh, si eso… De cualquier manera ¿Quién necesita razones para darle algo a un amigo?


Un cigarrillo menos


« There's something special happening here,

I feel it coming in the air »


Cuando era niño, Jared vivía con sus padres.

Su mamá era una mujer guapa, inteligente y educada, que trabajaba como abogada en un bufete de esos que son muy importantes. En cambio su padre, o Richard –como el siempre lo ha llamado- era y sigue siendo un pobre diablo con nada mejor que hacer que sentarse día si y día también a mirar películas malas en el plasma, tomando cerveza Noruega importada.

O bueno, eso último era antes. Porque fue precisamente por la inutilidad de su marido que un buen día y sin previo aviso, Heather Clint le hizo las maletas a él y a su hijo, mandándolos a la calle, para que aprendieran a valerse por si mismos.

Ahora que Jared lo piensa, su madre también era muy ilusa.

Y es que desde aquel día hasta la fecha, él y Richard están en la quiebra. Tanto así que en la nevera solo hay tres latas de cerveza barata y una rebanada de queso que ya esta en descomposición. Jared sabe que están tan quebrados, que ya solo espera el día en que lleguen y les embarguen el camper para entonces si no tener ni en donde caer muertos.

Están tan en la ruina, que él tiene que recurrir a la caridad de sus amigos y de vez en cuando algún extraño, para poder comprarse un poco de tabaco.

Y es por eso mismo que no se explica porque, aún sabiendo de su precario estado financiero Taylor llega cada lunes a las siete treinta en punto a robarle uno de sus preciados cigarros.

— Eh rubia —murmura Jared, sin quitarse las Ray-Ban para que ella no vea la envidia que lo carcome al verla sentada tan campante junto a él, fumándose el cigarro que hasta hace un segundo él apenas se estaba llevando a la boca.

— ¿Qué pasa? — pregunta Taylor, volviéndose para mirarlo con sus grandes ojos grises. Ojos de ratón, como suele decirle para molestarla.

— ¿Por qué esa manía tuya de quitarme mis cigarros? — le cuestiona él, remarcando las últimas dos palabras, demostrándole su enfado. Entonces ella sonríe, de manera traviesa, como si hubiera esperado por mucho tiempo a que Jared se atreviera a preguntarle aquello.

— Es para que lleves contigo el sabor de mis labios— contesta, con una risa antes de devolverle lo poco que queda del cigarro, como es su costumbre desde hace dos años.

Jared no dice nada, se limita a darle las últimas caladas mientras la observa marcharse, dando saltos y tarareando, asustando a los demás estudiantes que pasan a su lado. Y contrario a lo que todos pensarían, él sonríe.

Porque sabe que es una estupidez, y que Taylor es una lunática –por más que en ese momento casi llegue a pensar que es adorable-. Y porque ya se ve dentro de una semana, cuando se encuentre con los bolsillos vacíos para mantenerse el vicio, despotricando contra esa rubia que esta más loca que una cabra y lamentándose por haber dejado que se echara casi un cigarrillo completo.

Pero en ese momento, con una sonrisa y el sabor del lipstick de frambuesa de Taylor en su labios, le importa un comino estar quebrado. Porque si se lo piensa bien, y valorando las circunstancias, un cigarro de menos tampoco es tan malo.

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