Éxtasis
Por Paulina Suástegui Sicilia

El no poder conciliar el sueño me resulta sumamente frustrante.

He perdido la esperanza de que al menos hoy pueda mantener los ojos cerrados sin que aquella borrosa, pero recurrente imagen, venga a mi mente una y otra vez. Lo único que me permite callar esas voces internas resulta ser aquella mezcla de calor húmedo proveniente del Pacífico combinado con ese olor fétido que impregna mi nariz.

Si tan sólo las cosas hubieran sido diferentes, mi dolor no sería tan grande.

Recordarla con aquel toque rosado en sus mejillas y el viento que soplaba su cabello alborotándolo, alivia un poco mi perpetua ansiedad por tenerle cerca.

Mi plan había funcionado después de todo; le había insistido tanto en que me permitiera conocerle y, a pesar de que ella se encontraba un poco renuente al respecto, accedió.

Mientras aquellos momentos vienen a mí, escucho que alguien toca la puerta del departamento, sacándome de concentración. Preguntan si me encuentro bien, aunque no consigo decir palabra alguna. No puedo, o mejor dicho, no quiero hacerlo. Quiero estar solo, recordando lo que me había hecho feliz. Mi cabeza gira buscando aquel sonido del otro lado de la puerta, escucho los golpes cada vez con mayor intensidad. Parece que terminarán por tirar la puerta. La voz de aquella persona comienza a sonar desesperado.

Me tiene sin cuidado que llame a la policía, así que cierro los ojos para volver a pensarla.

Veo de nuevo aquella mañana en el malecón del puerto: había preparado todo a detalle, iba a ser un día perfecto. Repasé una y otra vez la conversación interna que quería tener con ella para que todo resultara de la mejor manera, y así, poder pasar un día entero mirándola a los ojos, tomándola de la mano al caminar. Nos encontramos a la hora pactada, ella lucía radiante y yo me encontraba más que extasiado simplemente con verla. Caminamos un rato por el paseo mientras hablábamos de nuestras cosas en común, le invité a comer, reímos y en algún punto de la caminata nuestras manos rozaron. Me sentí desfallecer por su simple toque, mi cabeza no puso atención en otra cosa más que en ella a partir de ese momento.

Algo logra sacarme de mi transe, los golpes han cesado. Supongo que ya no les importa lo que hice con mi vida. No sé cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que los escuché, así que regreso a mi cita para vernos a los dos sentados tomando un trago, después de todo el calor nos invitaba a hacerlo. Mientras ella me hablaba solo fingía prestarle atención. Su belleza era tan impactante a mis ojos, me quitaba el aliento.

Una ola de calor inunda el cuarto.

Me olvido un momento de mis recuerdos para aferrarme a lo que se encuentra a mi lado. De nuevo he regresado a la realidad y aquel aroma desagradable se hace cada vez más intenso conforme pasan las horas.

Prefiero no darle explicación lógica a su posible origen, pero eso no evita que me sienta culpable. No debo sentirme mal, ella era la que coqueteaba conmigo de manera experta. Quería lo mismo que yo, no había porqué sentir culpa al respecto. Ella se había aferrado a mí desde el primer instante que pisamos mi casa y yo solo le correspondí. Ambos supimos que era el momento. Nuestro momento. No había por qué negarlo cuando en mi lecho sentía como su cuerpo se estremecía con cada caricia, su respiración entrecortada indicaba que necesitaba que la poseyera.

—"¡Nicolás por favor!" —suplicaba mi amante.

Escuchar mi nombre proveniente de sus labios se había convertido en mi estimulante personal. Me indicaba que no necesitaba de nadie más. Solo a mí.

—"¡Te lo suplico Nicolás!"— repitió una vez más, pero su voz fue diferente.

En un instante, el éxtasis se transforma en horror, y el placer que inundaba a aquellos cuerpos desnudos parecía ahora una realidad incoherente.

Su cuerpo inerte ya no se mueve. Su voz no es la que grita mi nombre. Soy yo mismo, que me pregunto solo una cosa:

¿Qué había pasado?

¿Qué he hecho?

Las respuestas hacen a un lado los recuerdos: yo había sido el que la vigilaba constantemente, creyendo que ella sentía lo mismo por mí. Yo le había presionado para tener una cita a la que ella no pensaba asistir. Yo fui quien la tocó sin su consentimiento cuando ella puso resistencia...

Fui yo quien la mató.

—Sofía...—susurré tomando su mano inerte, buscando un atisbo de vida en donde hacía días no había nada.

No importa el tiempo que haya pasado ya. Ese ha sido el mejor momento de mi vida, recordarlo hace que vuelva a vivirlo junto con ella. Ahora, nada me importa. Todo será como lo había soñado: me quedaría por siempre a su lado.

De pronto, mis párpados me dificultan quedarme despierto, el sueño me ha llegado a buena hora.

Mañana será un nuevo día para los dos...volveremos a estar juntos en aquel malecón.

NOTA IMPORTANTE: Hola!, como estan? Bueno, como se habrán dado cuenta esta no es una historia mia, sino de Pau, mi mejor amiga en este mundisimo. Tuve el honor de leerla primero que nadie y ella me pidió que compartiera esta historia con ustedes. Dejenle saber qué piensan con sus reviews para su primera historia, la cual me puso la piel chinita al final. (En verdad Pau, tienes talento Peque! Te quiero muchisimo y gracias por confiar en mi siempre) Nos vemos y, de parte de ella y mia, gracias de antemano por sus opiniones. Ale