Para: another_pilgrim en LJ, por el meme de las tres opciones, al cual le mejoré un poquito esto para que no fuera tan terrible, aunque él fue muy amable cuando lo "recibió"… ¡Espero que ahora esté sólo lo necesariamente inquietante!

Consulta profesional

"Recuerdo muy bien ese día…

Después que la computadora escaneara mis ojos, huellas dactilares y rasgos faciales, por fin se había abierto la entrada del ascensor y pude ingresar al laboratorio. Con más de cinco años trabajando en ese mismo lugar, desde el inicio sentí ese escaneo como una ofensa a mi lealtad y buen nombre, aunque poco a poco me estaba haciendo a la idea de éste. Desde hacía casi ocho meses a ese momento, los experimentos que el profesor estaba haciendo no eran… para que alguien no fiel a ellos, supiera siquiera que existían.

Ni yo quería conocerlos, sinceramente.

Pero entendía porqué lo estaba haciendo y ustedes también lo hacen aunque ahora me condenen por ello...

—Gloria, llegas tarde. —la dulce voz del profesor me había regañado como bienvenida. Su costumbre desde que los síntomas secundarios empeoraban.

Curioso, la verdad. Siempre encontraba una amonestación legítima para hacerlo. Como si pasara toda la noche en el laboratorio buscando algo que no hice perfectamente, para poderlo reclamar después. Desde que no podía dormir y tenía que quedarse ahí, para que no vieran sus malformaciones, tenía que pensar en algo para no volverse loco. Al menos eso me decía a cada instante para no perder la paciencia con él. Yo era lo único que le quedaba.

—Lo siento señor —le había dicho, mientras sacaba de los contenedores al vacío los instrumentos para iniciar las pruebas de rutina.

Le puse los electrodos por todo el cuerpo y cogí muestras de orina, heces, sangre y líquido cefalorraquídeo. Había hecho eso todos los días desde hacía semanas, cuando el doctor decidió trasplantarse parte de la corteza frontal del cuerpo en animación suspendida de la doctora, después claro, de mutar algunas de ésas en híbridas con células madre, para minimizar el rechazo.

La cabeza del profesor nunca sanó del todo. Seguía con el cráneo abierto para que no hubiera presión intracraneal, por eso usaba el casco. También tenía problemas neurológicos, motores más que todo, percepción sensorial confusa y, de tanto en tanto y lo que más nos importaba, lucidez.

—Deja de verme así —me dijo en ese instante, porque se dio cuenta de que estaba viendo el temblor de su cabeza y la posición rígida de sus manos.

—No es nada señor, trato de medir a ojo como es su condición este día.

—Para eso están las máquinas, ¡Vamos, rápido!

Sabía que él sabía que me estaba dando cuenta, de que su condición cada vez era peor. Que con su experimento, se había matado también a él más que volver a la vida a la doctora. Pero, por eso, los dos estábamos de acuerdo en hacer las cosas lo más rápido y mejor posible.

No crean que no sentía horror, o algunos accesos de horror cuando lo veía. Por instantes, me daban ganas de repetir lo que le dije al principio, cuando me lo encontré ese día después del fin de semana. Era un cuerpo desnudo conectado a varios cables, entre sensores y agujas para diferentes drogas, sangrando copiosamente por la cabeza y con los ojos abiertos, consientes, hacia mí. Vi en sus manos el control de la máquina operadora y, frente a él, un holograma con la imagen de su cerebro…

Nunca olvidaré esa imagen. Tampoco olvido la forma en que le grité, con desesperación y horror, que era un loco e inconsciente. Pero, como no podía hacer nada más que ayudarlo a finalizar la operación o verlo morir, preferí la primera opción.

Terminamos el trasplante de cerebro, el más grande hecho hasta la fecha, y firmé mi sentencia.

Recordando ese momento de hacía siete meses y 13 días, cerré la boca y me senté al lado de él, frente a los hologramas, para analizar los resultados.

Aunque todo eso era una locura ética, suicida y… locura en toda regla, la investigación lo merecía. Después de ver que podría con otra carga más química-eléctrica a su injerto, hice funcionar la máquina y él y la doctora siguieron pensando, juntos, como lo hicieron por más de 30 años de investigación, sobre el caso.

Él murió cinco horas y 23 minutos después, pero los tres llegamos a la cura de la enfermedad neonatal, como se le llamaba a las malformaciones post tercera guerra nuclear que hacía abortar a más del 77% de los fetos humanos.

La doctora había muerto de un paro cardiaco, trabajando sola y de noche. No pudimos hacer algo para evitarlo. Pero el profesor había encontrado la forma de seguir usando su conocimiento.

Tal vez ahora se me llame una abominación de la ciencia médica, pero todos sabemos que los tres salvamos a la raza humana y que su tecnología, a la que él llamaba "Visitando en el cielo", abre muchas posibilidades científicas.

OoOoO

Y eso fue. Un poco más para la lista de SciFi por estos lares! ¿Les gustó?

¡Chau!