De acuerdo, este es el capítulo final. Me costó un poco, tuve que re-escribirlo, pero estoy conforme. Gracias a todas las personas que estuvieron presentes durante esta historia, a quienes me tuvieron paciencia cuando pasaba mucho tiempo sin actualizar, a quienes me hicieron tan felices con sus comentarios. Espero que con este capítulo todos esos lectores fantasmas aparezcan para decirme su opinión. ¿Una vez que sea?

Nos leemos en el 2012, vendré con dos nuevas novelas así que estén atentas el día lunes dos de enero (cuando vuelva a tener internet). Hasta entonces, que tengas un hermoso fin de año. Mis mejores deseos para todas las que leen esta historia.

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32

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Harry se quedó en el suelo de la habitación de Daniel hasta que la puerta se abrió. Él miró curioso y vio a Amanda entrando otra vez con la expresión fría y distante. Se acercó a él y se arrodilló a su lado para pasarle un brazo por la espalda y tirar de él.

—Vamos, te llevo al hospital —dijo ella como si le hubiera hablado a cualquier desconocido. A él no le gustó ese tono.

—¿Al final decidiste cuidar de mí? —Inquirió él con un tono burlón sólo para arrancarle la máscara de indiferencia.

—No, simplemente me estoy apiadando de ti. Vamos —instó ella.

Harry se puso de pie y caminó lentamente con Amanda a su lado. Ella lo guió hasta su propio auto donde lo ayudó a subirse para llevarlo al hospital más cercano.

—Después de llevarme al hospital me dejarás solo, triste y abandonado, ¿verdad? —Aventuró él mirándola mientras ella conducía.

—Tienes a muchas para ese trabajo. Llama a alguna con las que te has acostado y listo.

—¿Y si digo que sólo quiero que tú me cuides? —Inquirió él y vio como ella se tensó—. ¿Qué pasa si digo que quiero que seas tú la que esté a mi lado?

—Se congelaría el infierno antes que te creyera —sentenció ella mirándolo por unos segundos antes de volver su vista al camino e ignorarlo.

Harry podía ver que aunque ella quisiera negarlo y ocultarlo, sus palabras no les eran indiferentes. Él ya tenía claro que Amanda sentía algo por él también. Lo que le pasaba no era unilateral y él había sabido desde un principio que no sería fácil conseguirla, pero ya había tomado la decisión y seguiría adelante, porque la quería a ella.

—Entonces el pobre Satanás pasará mucho frío, porque voy a hacer que me creas.

—¿Es una amenaza? —Le preguntó ella mirándolo justo cuando paraban en un semáforo.

—Es una promesa, Mandy —respondió con una sonrisa que sabía la irritaría. Pero era bueno, porque era él quien hacía que sus sentimientos afloraran, era él quien le arrancaba su máscara, lo quisiera o no. Y seguiría así hasta que ella se convenciera de que él iba en serio.

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Daniel estaba sentado sobre el colchón de frente a Olive acariciándole el rostro suavemente. Ella al fin se había calmado y lo miraba con sus ojos rojos, sus manos entrelazadas sobre su regazo. Llevaban en silencio varios minutos, simplemente contemplándose el uno al otro.

Dan la observó detalladamente. El ver como sus inseguridades la habían herido lo había golpeado más fuerte que cualquier luchador profesional y se odiaba por lo que había hecho. No podía repetirse, no podía permitirse volver a perder el control sin escuchar su versión de la historia antes, no podía permitir que un arrebato de celos lo cegara de la verdad. Si él amaba a Liv tanto como decía, jamás podría hacerle algo como eso otra vez. Tenía que hacer todo en su poder para protegerla, porque si no era capaz de controlarse a sí mismo, ¿cómo esperaba conservarla a ella? Al final sería él quien la alejaría de sí, nadie más.

Se acercó a ella y juntó sus frentes mientras seguía acariciándole las mejillas con los pulgares. Ella cerró los ojos y respiró profundamente dejándose relajar por el momento que compartían. Dan se preguntó si ella también estaría ordenando sus pensamientos y prioridades.

—Lo siento. Sé que lo he dicho mil veces hasta ahora, pero de verdad lo siento. No sólo por lo que te dije, sino por lo estúpido que he sido todo este tiempo. Tenía miedo que alguien te alejara de mí pero era yo el que estaba arruinando las cosas. Lo siento.

—Yo también lo siento —susurró ella—. Nunca debí involucrarme con esto de ayudar a Harry. Yo te conozco, sé de tus inseguridades y aún así lo hice. Pero quiero que te quede claro, Dan, que tú eres el único con el que quiero estar, nadie más. ¿Me entiendes?

Daniel asintió cerrando sus ojos y disfrutando de la respiración de ella sobre sus labios y el calor de su piel llegando hasta él. La única persona con la que quería estar era con ella y habría dado todo de sí para que las cosas resultaran. Lucharía contra sus propios monstruos, esas inseguridades que lo volvían un idiota.

—Te prometo —susurró ella otra vez y él abrió sus ojos para mirar directamente a los de ella—. Te prometo que seré más fuerte, que te haré ver la razón aún cuando estés vuelto un loco. No te dejaré solo y no me haré la víctima de la situación. Estamos juntos en esto.

Él sonrió. Esas palabras lo hacían sentirse mejor porque sabía que si ella estaba a su lado la batalla contra sus inseguridades sería más fácil. Si ella estaba ahí para recordarle que no había razón para temer, él podría hacerlo.

—Estamos juntos —repitió él saboreando las palabras y sintiéndose pleno, feliz—. No dejaré que estupideces se interpongan entre nosotros. Eso te lo prometo yo a ti —agregó acercando su rostro más al de ella hasta que encontró sus labios y la besó lentamente.

Liv lo abrazó por el cuello y le devolvió el beso con ternura, enredando sus dedos en los cabellos rizados de él mientras Dan la abrazaba por la cintura tirando de ella contra su cuerpo, sólo para sentirla cerca. El beso terminó de manera natural y ambos se miraron a los ojos fijamente.

Daniel era un hombre protector, sobre todo con su mejor amiga. Haría todo por mantenerla a salvo, por ahorrarle los malos momentos, incluidos aquellos en los que él fuera el culpable. Confiaba en Liv, sabía que ella lo amaba tanto como él a ella y que jamás le mentiría o haría algo para lastimarlo. También confiaba que lo que ellos tenían era más fuerte que cualquier otra cosa. Podía sonar cursi, podía sonar trillado, pero de verdad lo creía. Sabía que mientras los dos se esforzaran y pusieran todo de sí en esa relación, las cosas estarían bien, nadie se metería entre ellos para arruinar las cosas.

Daniel acunó el rostro de Liv con más delicadeza y distribuyó besos suaves y delicados sobre su piel hasta terminar en sus labios una vez más.

—Confío en ti y confío en lo que tenemos —susurró sobre los labios de Liv y volvió a besarla.

Sintió como ella sonreía mientras lo besaba y se aferraba con más fuerza a él, como si eso fuera todo lo que necesitara para sostenerse en el mundo. Mientras la tenía en sus brazos, mientras la besaba y se olvidaba del resto del mundo, Dan sabía que no había nada más que él pudiera necesitar.

No dejaría que nada ni nadie le arrebatar a su Liv.

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—¿Puedo probar? —preguntó Daniel abrazando por detrás a Liv quien se encontraba en la cocina del piso que compartían.

—Aún no está listo, tendrás que esperar un poco —respondió ella posando sus manos sobre las de él que descansaban en el vientre de ella.

Liv se giró en los brazos de Daniel para enfrentarlo y regalarle una hermosa sonrisa, una de esas que él atesoraba y la que le encantaba fotografiar. Liv era su modelo favorita, pero sus fotos jamás las vendería. Eran sólo para ellos.

—¿Pusiste los platos? —Preguntó ella pasándole los brazos por sobre los hombros en un abrazo despreocupado. Él asintió como un buen niño—. ¿Recogiste las fotos que dejaste en la mesa ratona de la sala? —El volvió a asentir—. Perfecto. Muchas gracias, Dan —ella se puso de puntillas y lo besó suavemente en los labios.

Llevaban viviendo juntos casi seis meses y las cosas funcionaban muy bien entre ellos. Su dinámica era sencilla y relajada, distribuían las tareas y pese a que vivían en el mismo piso, no siempre estaban el uno sobre el otro. Cada uno tenía un estudio donde podían trabajar en sus asuntos tranquilamente o donde podían pasar un tiempo a solas.

Esa tarde Liv cocinaba algo especial porque recibirían visitas. Después de haber pasado una buena temporada en Inglaterra, Harry y Amanda volvían. Habían viajado para que los padres del inglés por fin conocieran a la mujer que había atrapado al eterno Casanova de la familia Tucker. Mas a Daniel le gustaba pensar que era Harry quien había atrapado a Amanda. La mujer fría y distante que siempre estaba en control había cambiado por una mucho más cálida y alegre. Liv solía decir que los dos se habían encontrado. Como fuera, Dan estaba feliz por el cambio en ellos dos, por lo felices que se les veía cada vez que estaban juntos. Mientras su hermana fuera feliz, Daniel no podía pedir más.

—¿A qué hora dijiste que llegaban? —Preguntó Daniel robándole otro beso suave en los labios.

—Deberían llegar en cualquier momento —justo como si hubiese estado coordinado, el timbró sonó.

Daniel le dio un último beso a su novia y fue a abrir la puerta para recibir a Harry y Amanda. Los invitados pasaron y tuvieron una encantadora velada. Hablaron de muchas cosas, poniéndose al día con sus vidas durante los meses que Harry se había llevado a Amanda a su país natal. Así, más rápido de lo que se dieron cuenta, fue el tiempo de que el inglés y su novia se retiraron, dejando a Liv y a Dan solos en su hogar. Después de limpiar los trastos, él cogió la mano de su novia y tiró de ella suavemente.

—Ven, tengo algo para ti —dijo él con una sonrisa encantadora que levantó sospechas en la castaña.

De todas maneras, ella lo siguió a la habitación, donde él la sentó en la cama frente a la televisión y después puso un DVD a reproducir. Él se sentó a su lado y la abrazó suavemente mientras esperaba que la película partiera. Estuvo pendiente de Liv todo el tiempo y no pudo evitar sonreír ante la expresión de ella cuando vio que la película en su pantalla era el cortometraje que ellos habían hecho años atrás, el mismo que había sido como una bomba de tiempo que había cambiado todo entre ellos.

Liv lo miró sorprendida sin articular palabra. Él sonrió aún más ampliamente antes de besarla profundamente.

—Son oficialmente las doce y siete minutos. Feliz aniversario, Liv —dijo él acunando el rostro de ella como si se tratara de la más delicada muñeca de porcelana.

Ella sonrió emocionada y luego saltó sobre él para besarlo desesperadamente. Dan soltó una carcajada entre besos y la abrazó a su vez, dejándose recostar sobre la cama con ella sobre su cuerpo.

—Feliz aniversario —susurró ella sonriendo arrebatadoramente justo antes de descender para besarlo una vez más.