Epílogo.

La Tierra.

Mucho tiempo después…

Layla Lua se preparó para ayudar a los heridos de la última batalla. Debido a que bajaría a la Tierra con el Escuadrón de Rescate de la Constelación de Orión, en donde muy probablemente vería a seres humanos, ella tendría que cambiar el uniforme blanco con detalles dorados, el cual portaban todos los sanadores, por la ropa que usaría una adolescente: blusa rosa pálido, falda blanca, suéter color fucsia y botas altas. Layla escondería sus alas en cuanto estuviesen en Tierra, ya que, mientras los ángeles cazadores no hubiesen asegurado el terreno, los sanadores debían mantenerse preparados para huir en caso de un nuevo combate. Justo estaba ella por emprender el vuelo, cuando una suave voz la llamó.

- ¡Layla, espérame!.- alguien gritó.

Layla sabía que no se trataba de su mejor amigo, Azariel Nikopódilis, porque éste ya había bajado a Tierra con su batallón, y además, quien hablaba era una chica. La joven rubia miró hacia atrás, y vio a su nueva amiga, recién llegada a Angelópolis, acercarse a ella. Este ángel femenino, de largo cabello castaño y rizado, y ojos de color gris, se llamaba Ivanna Tapia y era un ángel guardián. Debido a su labor de protección, Ivanna bajaba constantemente a Tierra, y cuando Layla también debía ir, solía pedirle que lo hicieran juntas. A Layla le agradaba mucho su nueva amiga, puesto que Ivanna también era diferente, alguien que tampoco se ve muy comúnmente en el Cielo.

- ¿Vas a Tierra también?.- preguntó Layla, cuando Ivanna llegó a su lado.

- Sí. Mi protegida me necesita.- asintió Ivanna.- Gracias por esperarme. Aún me causa un poco de estrés todo este asunto de ir a ese lugar, aunque he de decir que, a la vez, me emociona. ¡Hay tanto por ver!

- Te entiendo mejor de lo que crees.- Layla rió, recordando su propia curiosidad.- Y no te preocupes, que Azariel está en el grupo de cazadores que están peleando en esta batalla. Él nos protegerá.

Ivanna asintió y se preparó para bajar. El ángel de cabellos castaños agradecía el haber conocido a alguien como Layla, un ángel muy parecido a ella, y tan poco común como ella, alguien que de inmediato se convirtió en su amiga. Layla aún era inexperta en muchas cosas, pero bien podía ayudar a Ivanna a entender algunos asuntos básicos sobre el mundo en el que vivían. Gracias a la peculiar condición de Ivanna, los arcángeles habían autorizado que ella estuviera cerca de Layla, con todo y que ambas estaban bajo el mando de diferentes jefes (Ivanna obedecía a Gabriel y Layla, a Rafael).

Mientras el grupo de ángeles descendía a Tierra, siguiendo, como era lo habitual, el curso de la Cascada, Layla recordaba que, horas atrás, sus padres se habían marchado para cumplir la nueva misión que les había encomendado el arcángel Miguel. Los cuatro Jinetes del Apocalipsis, los espíritus de cada uno de ellos, habían descendido a Tierra para encarnarse en humanos. Como los Jinetes no tenían conciencia sobre el Bien y el Mal, puesto que sólo habían sido creados para destruir al mundo como su único objetivo, cuando los cuerpos humanos elegidos para ser los portadores llegaran a cierta edad, los Jinetes desencadenarían todo su poder y destruirían la Tierra. De acuerdo al arcángel Miguel, aún no llegaba la hora del Apocalipsis, de manera que había que encontrar a los cuatro humanos que eran sus portadores y evitar que desencadenaran sus poderes. Alessandro y Elizabeth habían sido designados para esta peligrosa misión (que podía tomar años en la Tierra, pero muy poco tiempo en el Cielo), de manera que tendrían que mezclarse entre los humanos por un tiempo, y dejar a Layla al cuidado de Irinia y Osmar; estos dos se dedicaban actualmente a entrenar al nuevo grupo de ángeles creados que habían llegado a engrosar las filas del Ejército Celestial, de manera que podrían estar más al pendiente de Layla. La niña había aceptado de buena gana el que sus padres se marcharan, pues sabía lo importante que era la misión que se les había encomendado. Sin embargo, ella sintió una punzada de tristeza al pensar que esa noche no los vería.

Una vez en Tierra, Layla e Ivanna se separaron, la primera marchó con su Escuadrón, y la segunda se fue a vigilar a su protegida. Layla pronto se dio cuenta que tenía mucho por hacer, puesto que la última batalla de los ángeles, si bien no había sido demasiado sangrienta, sí había sido muy larga, y había dejado a muchos guerreros malheridos y agotados. Layla se enfocó en su trabajo, haciéndolo con la mayor rapidez que pudo, ya que era menester que los ángeles se recuperaran lo antes posible para poder continuar peleando.

Mientras tanto, Azariel Nikopódilis, no muy lejos de ahí, vigilaba el área para evitar un ataque sorpresivo. Ya alguien había dado aviso de que había una manada de licántropos en los alrededores, y el ángel deseaba evitar un ataque sorpresivo, con todo y que, en ese momento, los lobos no eran su mayor enemigo (la pelea era contra un grupo de demonios de rango intermedio). Sin embargo, Azariel pronto descubrió a una chica lobo espiando a los ángeles sanadores, al otro extremo en donde se encontraba Layla. La licántropa, de cabello morado y ojos del mismo color, había tomado una forma semi-humana, aparentando ser una chica normal (tan normal como cualquiera que pudiese tener el cabello morado), excepto por las orejas peludas que surgían de su cráneo, y la hermosa y larga cola de loba que salía del extremo inferior de su columna vertebral.

- ¡Alto ahí!.- gritó Azariel, cuando la chica hizo el ademán de lanzarse sobre uno de los sanadores.- ¡No te muevas!

- Ay, por favor.- la chica lobo volteó a ver al ángel.- Angelito, no iba a atacar, sólo quería evitar que maten a uno de tus amigos.

- No caeré con eso.- Azariel desenfundó su espada.- Quédate quieta o lo lamentarás.

- ¿En serio?.- la licántropa de cabello morado elevó sus ojos al cielo.- Qué manera de hacerme perder el tiempo. Si tan sólo me dejaras…

Ella intentó hacer un movimiento rápido para saltar hacia atrás, pero Azariel, presto, se lanzó sobre ella y le puso su espada en el cuello. La loba lo miró con cara de fastidio, y antes que él pudiese reaccionar, ella ya le había quitado la espada, dando después dos o tres saltos hacia atrás, y decapitando con el arma del ángel a un demonio rezagado que había estado a punto de atacar a un ángel sanador.

- De verdad que ustedes son tan tercos.- la chica lobo arrojó la espada a los pies de Azariel.- Y sordos, aparte de todo.

- ¡Svetlana!.- gritó una enérgica voz masculina, de pronto.- ¡Vámonos ya!

La licántropa giró la cabeza, entrando en estado de alerta y tensando sus músculos para echar a correr. Azariel intentó detenerla, pero la chica era muy ágil y rápida.

- Por ahora no, angelito.- dijo Svetlana, mirando a Azariel.- Ya nos veremos las caras de nuevo.

Svetlana Zachár echó a correr a toda velocidad, perdiéndose en los senderos del bosque. Azariel no hizo el intento por alcanzarla, pues conocía de sobra que los licántropos eran los seres más veloces al correr y él estaría en desventaja, y tampoco podría seguirla por aire, ya que la maleza ocultaría cualquier pista que la licántropa pudiese dejar a su paso.

"Nos veremos las caras nuevamente, señorita licántropa", pensó Azariel, algo molesto, sin saber lo cierto que iba a resultar su pensamiento.

Svetlana no era la única que corría por la floresta. Ivanna Tapia se apresuraba para llegar al lado de su protegida, y sabía que la forma más rápida de hacerlo era atravesando el denso y siniestro bosque. En otras circunstancias menos apremiantes, un ángel guardián no se aventuraría solo por una zona tan peligrosa (a menos que su protegido se encontrara en esa área), pero Ivanna tenía prisa y ya había recorrido antes ese sendero que la conducía a áreas más habitadas. La chica había decidido prescindir de sus alas, por si acaso se topaba con algún humano extraviado, por lo que sus extremidades emplumadas habían desaparecido en su espalda, dejando como única señal un par de cicatrices rosadas a la altura de los omóplatos. Ligera y rápida (quizás, no tanto como un licántropo pero sí más que un humano normal), Ivanna había recorrido ya las tres cuartas partes del bosque cuando una presencia maligna la hizo detenerse en seco.

El ángel miró con cautela hacia los cuatro puntos cardinales; el bosque se había vuelto muy oscuro en esa zona, y sintió, más que ver, una enorme presencia que se dirigía hacia ella. Un troll enorme, con un aspecto más de humano que de monstruo, blandía un gran mazo en todas direcciones, olfateando el aire con deleite.

- Un ángel.- anunció.- Un guardián. Qué delicia.

Ivanna miró, aterrada, a la enorme mole que se dirigía hacia ella. La chica no tenía manera de saber que ese mismo troll había sido interrogado por Elizabeth Wolfgang e Irinia Santé, cuando buscaban información sobre Adyra Vajk, mucho tiempo atrás. Al parecer, al troll no se le había quitado por completo la costumbre de matar y comer criaturas mágicas, con todo y que llevaba años viviendo entre humanos.

- Dulce, dulce carne de ángel.- el troll carnicero se acercó a Ivanna con una enorme y repugnante sonrisa.- Qué gran manjar me acabo de encontrar.

Ivanna resistió la tentación de echarse a correr. Una de las cosas que había aprendido como guardiana era que jamás se debía dar la espalda al enemigo (y mucho menos, a uno que le triplicara el peso y la estatura). Por un momento, ella consideró el echar a volar, pero, en esa parte del bosque, las copas de los árboles se entrelazaban entre sí, haciendo imposible un escape real por aire. Ivanna sabía que no tenía forma de enfrentarse al troll, y muy seguramente habría terminado siendo bocadillo de ese ser grotesco, de no ser por una sombra rápida y audaz que saltó frente a ella, para protegerla del monstruo en el último segundo. Sorprendida, Ivanna parpadeó un par de veces, y vio a un joven de espesos cabellos negros y ojos azul oscuro, que ostentaba un par de orejas peludas en el cráneo y una enorme cola en la base de su espalda.

- ¿No crees que es demasiado bocado para ti, gigantón?.- preguntó el joven, un licántropo sin lugar a dudas.- Ella es demasiado dulce para ti.

- Wilhelm Zachár.- espetó el troll.- Los lobos nunca se han metido en nuestros asuntos. Lárgate, que aunque haya hecho la promesa de no meterme con los lobos del castillo de Vajk, no soy tan tolerante cuando se quieren robar mi alimento.

- Me parece que ésta será la primera vez que me inmiscuya en tus problemas, gigantón.- Wilhelm echó un vistazo a Ivanna.- No puedo permitir que esta niña sea tu almuerzo.

- Como quieras.- replicó el troll.- También me agrada la carne de licántropo.

El monstruo hizo un movimiento con su mazo, con toda la disposición de dejarlo caer sobre Ivanna, pero Wilhelm fue más rápido y le asestó un golpe, con todas sus fuerzas, en las piernas. El troll se tambaleó y erró el trancazo, lo suficiente para que Ivanna pudiera salir ilesa. Monstruo y lobo se enfrascaron en una pelea, en donde si bien el troll tenía la ventaja de la fuerza y la estatura, Wilhelm lo superaba en agilidad y rapidez. En algún punto, éste decidió transformarse a su versión de lobo completo, pues así tenía más fuerza como luchador que en su forma semihumana. Con todo, el troll llevaba las de ganar, y a pesar de la habilidad de Wilhelm, quien lanzaba dentelladas y zarpazos para herir satisfactoriamente las enormes piernas del gigante, el troll consiguió darle un golpe con su mazo en una de sus lobunas patas. Wilhelm aulló de dolor, y el monstruo supo que ésa era su oportunidad, pero justo cuando iba a dejar caer su arma sobre el cráneo del lobo, Ivanna le saltó encima para vaciar en su rostro un saquito lleno de polvos.

Estos polvos eran la especialidad de Ivanna; con ellos, la joven podía penetrar en el sueño de cualquier persona y así influir en su mente (de manera positiva, por supuesto). Los polvos sólo eran efectivos en seres humanos, y como puede suponerse, no funcionaban con trolls; sin embargo, Ivanna los arrojó con tal precisión que fueron a caer en los ojos del monstruo, cegándolo por unos momentos. Wilhelm aprovechó entonces para meterle una zancada al troll, consiguiendo que éste perdiera el equilibrio. El monstruo trastabilló, se golpeó contra la rama baja de un árbol, y quedó tendido en el suelo, momentáneamente inconsciente. Sin perder el tiempo, y agradeciendo a su suerte, Wilhelm le indicó a Ivanna que montara sobre su grupa.

- ¡Rápido, antes que despierte!.- ordenó el lobo.

Ivanna no se hizo del rogar y subió al lomo de su inesperado salvador. Wilhelm echó a correr por el bosque a todo lo que daban sus patas, dando rodeos para despistar al troll, y al poco rato logró salir, llegando hasta una pequeña pradera ubicada a pocos metros de un grupo de casas, a las orillas de un poblado turístico.

- Ahora, ve y piérdete entre los humanos.- dijo Wilhelm, mientras Ivanna se bajaba de su lomo.- No vuelvas a viajar sola por el bosque; usa los caminos humanos, y de preferencia, sigue a alguien que vaya por tu mismo rumbo. El troll no volverá a atacarte si te encuentras entre la gente, pero si te ve sola, te matará sin dudarlo. Y aunque me encantaría volver a rescatarte, no estoy seguro de llegar a tiempo la próxima vez.

- Nunca podré agradecerte lo suficiente.- Ivanna acarició el espeso pelaje negro del lobo.- No era tu deber, y aún así, me ayudaste. ¡Muchas gracias!

La chica ángel se colgó del cuello del licántropo, y éste cerró los ojos, conmovido. Antes que ella pudiese decir algo sobre sus heridas, Wilhelm se dio la vuelta y escapó a todo correr, perdiéndose entre los caminos del bosque. Ivanna se preguntó si algún día volvería a ver a su inesperado protector, rogando con todo su corazón que así fuese.

Layla, por su parte, había acabado de curar a los ángeles más heridos; el resto de los guerreros ya estaban siendo atendidos por sus compañeros, de manera que la chica tenía la oportunidad de descansar un momento. La joven se alejó un poco por el bosque, disfrutando de la naturaleza y de los animalitos que por ahí habitaban, cuando vio pasar a un lobo negro a pocos metros de ella. Era bastante peculiar encontrar a un lobo solo, alejado de su manada, y a esas horas del día, pero más peculiar era el hecho que él iba cojeando.

- Pobrecito, está herido.- musitó Layla, acongojada.

Ella, siendo una gran amante de los animales, se preocupó por el lobo, y comenzó a seguirlo para tratar de curarlo. El animal se dio cuenta de su presencia y corrió lo más rápido que pudo para alejarse de la chica. Ésta, al notar la reacción del lobo, lo llamó a grandes voces, pidiendo que se tranquilizara, pues sólo quería ayudarlo.

- Sólo quiero curar tus heridas.- manifestó Layla, sin notar que se estaba alejando de la zona protegida por los cazadores.

- Déjalo en paz.- gritó entonces una voz, desde la copa de los árboles.

Layla, sorprendida, alzó la cabeza, y vio, trepado en la rama de un árbol, a un joven vestido de negro, quien la miraba con actitud amenazadora. El joven tenía el cabello de dos colores, café con puntas rojas, y los ojos de color violeta. De su espalda surgían un par de correosas alas negras con puntas doradas, y su traje era elegante y muy costoso.

- No te metas con él, porque te pesará.- dijo el chico, sin cambiar su actitud, mientras el lobo llegaba al lado de una loba de pelaje morado.- Nosotros vamos a curarlo.

- ¿Derek?.- preguntó Layla, más asombrada que antes, pero también muy alegre.- ¿Derek, eres tú?

El joven se sorprendió también al escuchar a esa chica pronunciar su nombre. Fue en ese entonces cuando él puso atención a su cabello rubio y al característico mechón de pelo rojo de su frente.

- ¿Layla?.- espetó él, atónito.

La chica no lo podía creer: ¡Frente a ella se encontraba su antiguo y querido amigo!

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Derek Vajk nunca pensó que ese día conocería lo que es el amor entre dos seres destinados a estar juntos. La jornada prometía ser como cualquier otra: entrenamiento, vigilancia, cacería, es decir, actividades que se habían establecido como una rutina en el castillo de Vajk. Nada podría haberle advertido al íncubo vampiro sobre la sorpresa que estaba por recibir.

Muchas cosas habían sucedido desde que Derek fue descubierto burlando la vigilancia de los licántropos. Rosier había intentado atacar un par de veces en ese tiempo, y cada vez que aparecía mostraba ser más fuerte. Era obvio que la reina de los Súcubos se estaba preparando para poder derrotar a su hija y a su yerno, y así llevarse a Derek consigo. La última vez, Rosier consiguió penetrar hasta el castillo, pero para su desgracia, Neal y Derek se encontraban de cacería, de manera que sólo se topó con su hija, quien le dio una aguerrida pelea. Neal había llegado a tiempo para ayudarla, pero la sorpresa de la noche se la llevaron los tres, cuando él pudo retirarle el Ojo del Infierno a Adyra por unos breves instantes, logrando así que ella pudiera transformarse en su faceta de demonio completo, algo que no había conseguido hacer en más de un siglo. Usando toda su energía, Adyra consiguió ahuyentar a Rosier del castillo, pero Neal tuvo que colocarle el dije inmediatamente después, pues la súcubo estuvo a punto de perecer por usar en exceso su energía; de hecho, el vampiro pasó gran parte de la noche curando a su duquesa y restaurando sus fuerzas. Desde ese entonces, los entrenamientos con Derek se redoblaron; era menester que él se volviese más fuerte e implacable, puesto que Rosier iba haciéndose más poderosa con cada ataque que realizaba.

Las noticias acerca de las batallas contra la reina de los Súcubos y de la existencia de Derek se corrieron como reguero de pólvora entre los seres oscuros. No pasó mucho tiempo antes que varios clanes de vampiros llegaran al castillo de Vajk, a pedirle a Neal que se convirtiera en el líder de una revolución contra los demonios. Muchos otros tantos seres oscuros sólo querían que el vampiro los gobernara. Sin embargo, Neal los rechazó a todos, pues su único deseo era ser la cabeza de la familia conformada por él, su esposa, su hijo y sus fieles licántropos, y nada más. Ante la negativa del duque, los vampiros más rebeldes profetizaban que Derek Vajk, algún día, los comandaría a todos. Por suerte, ninguno de ellos era un Oráculo certificado, de manera que tanto Neal como Adyra (e incluso, el propio Derek), ignoraron esta profecía.

Así pues, Derek había crecido hasta convertirse en un joven fuerte y poderoso. Diariamente, era él quien dirigía las patrullas de vigilancia y el entrenamiento de los licántropos recién incorporados a la manada. El futuro duque de Vajk era querido y respetado por todos, pues a pesar de su naturaleza, no había perdido su carácter tranquilo y pacífico. Ese día, ese gran día, Derek supo que había seres de luz batallando muy cerca de los límites de los terrenos del castillo, y Svetlana y Wilhelm, los lobeznos más fuertes y ágiles de la manada, se habían ofrecido voluntariamente a investigar. Derek los dejó marcharse, aunque los siguió a una distancia prudente, preparado para actuar en cualquier momento, de ser necesario. Él había visto a Svetlana acercarse demasiado a los ángeles, y había sido él quien la llamó cuando la loba estaba hablando con Azariel. Con Wilhelm, sin embargo, fue diferente: ni Svetlana ni Derek sabían para dónde se había marchado, el tiempo pasaba y el lobo no aparecía. El íncubo vampiro estaba a punto de organizar una partida de búsqueda, cuando divisó al lobo, desde lo alto del árbol en el que estaba trepado, acudir a toda prisa hacia los terrenos del castillo, cojeando de una pata. Derek frunció el ceño al ver que Wilhelm estaba herido, pero lo frunció aún más cuando vio que un ángel comenzaba a seguirlo. Derek estaba casi seguro que la chica ángel seguía a su amigo para atraparlo, por lo que se sorprendió mucho cuando ella manifestó que sólo quería sanarlo.

- Nosotros vamos a curarlo.- manifestó Derek, intentando intimidar al ángel.

- ¿Derek?.- preguntó ella, entonces.- ¿Derek, eres tú?

El joven se sorprendió también al escuchar a esa chica pronunciar su nombre. Fue en ese entonces cuando él puso atención a su cabello rubio y al característico mechón de pelo rojo de su frente.

- ¿Layla?.- espetó él, atónito.

- ¡Sí, soy Layla, Derek!.- respondió ella, entusiasmada.- ¡Te acordaste de mí!

Derek, de un salto, llegó al suelo y quedó frente a ella. Por un momento, recordó la clara advertencia que le había hecho Adyra mil veces: "Los ángeles son nuestros enemigos", pero pronto, esa sensación de querer alejarse se desvaneció de un plumazo cuando Layla le echó los brazos al cuello y lo envolvió en un caluroso abrazo. Derek experimentó un sentimiento intenso de felicidad, al percibir la cálida aura de la chica ángel y oler su suave aroma. A pesar de eso, él se hizo hacia atrás, aturdido por volver a ver a la que se suponía que era su enemiga mortal.

- ¡Cuánto tiempo sin verte!.- exclamó Layla, sin inmutarse.- Te he extrañado mucho, no sabes cuánto.

- Eh… Layla… Se supone que no debería estar hablando contigo… .- respondió Derek, desviando la mirada.- Debo irme.

- ¿Qué? ¿Por qué?.- preguntó ella, súbitamente desconsolada.- ¿Estás enojado contigo porque no pude acudir a nuestra cita? ¡Perdóname, por favor! Mis padres me descubrieron y no me dejaron bajar otra vez a la Tierra. ¡No te enojes conmigo, por favor! Que no sabes cuánto te he extrañado todo este tiempo.

Derek no sabía qué hacer. Claro que le había encantado el volver a ver a Layla. ¡Si la había extrañado a morir! Pero sus padres habían sido muy claros: Layla era su enemiga, y debía alejarse de ella. Pero el recuerdo y el cariño pesaron más en su corazón, y él no tuvo el valor de dejarla ahí sola, a medio bosque. La chica se había convertido en una joven hermosa, y sus ojos verdes irradiaban felicidad. Derek sabía que algo había cambiado en su destino, en ese justo momento en el que Layla lo abrazó.

- No estoy enojado contigo.- él la miró a los ojos.- Es sólo que… Mis padres me dijeron que debía alejarme de ti, porque somos enemigos.

- Los míos me dijeron lo mismo.- replicó Layla, triste.- Por eso no me dejaron venir a verte. Dicen que eres malo y que sólo querías hacerme daño… Pero yo te conozco, y sé que no serías capaz de traicionarme, así como yo tampoco podría traicionarte a ti.

- Nunca lo haría.- negó él, enérgicamente.- Nunca podría lastimarte.

Ella miró sus ojos color violeta, y sintió su corazón palpitar con violencia; Layla supo entonces que su destino se encontraba justo ahí, y no en otro lado. Derek se sentía tan inesperadamente alegre como ella, y sabía que no sería capaz de dejarla ir una vez más, aunque medio Infierno intentara obligarlo a hacerlo.

- Es muy probable que esto nos vaya a meter en muchos problemas, a los dos.- suspiró Derek, extendiendo una mano hacia Layla.- Pero, ¿quieres dar una vuelta conmigo?

- Por supuesto.- Layla, sin vacilar, tomó la mano enguantada que Derek le tendía.

Y así, continuaba un cuento que había quedado pendiente muchos años atrás. La senda recorrida por los cuatro seres legendarios se perpetuaba en el camino que sus descendientes estaban a punto de trazar.

Pero ésta es otra historia.

Notas:

- La misión de Alessandro y Elizabeth de ir a buscar a los Jinetes del Apocalipsis se desarrolla en la historia "Viento del Mañana", el spin-off de esta saga.

- Los personajes de Alessandro Lua, Adyra Vajk, Layla Lua, Ivanna Tapia, los ángeles de las Legiones, y Rosier fueron creados por Lily de Wakabayashi.

- Los personajes de Neal Vajk, Elizabeth Wolfgang, Derek Vajk, Ludwing Zachár, Katka Veselá, Svetlana Zachár y Wilhelm Zachár fueron creados por Elieth Schneider, y usados con su expreso consentimiento.

- Los personajes de Irinia Santé, Osmar Nikopódilis, Azariel Nikopódilis, los cuatro arcángeles y Lilith fueron desarrollados por Lily de Wakabayashi y Elieth Schneider.

- Por el momento, aquí termina la saga "Alas de Libertad"; originalmente, tenía planeado escribir una cuarta y última parte, dedicada a Derek y Layla, pero por el momento eso no va a ser posible, ya que aún no está bien desarrollada la historia de ellos, y muchos de sus amigos son personajes de muy reciente creación (Wilhelm, Svetlana, Ivana y Azariel no tendrán ni seis meses de haber "nacido"), por lo que apenas se están definiendo las características de estos nuevos seres, además que hay muchos detalles sueltos acerca de sus futuros que no se han podido resolver adecuadamente. De tal manera que alargué esta parte de la saga para que, en caso necesario, funcione como final definitivo (la explicación sobre el origen de Neal iba a aparecer hasta la cuarta parte, así como las escenas de Layla, Derek, Azariel, Svetlana, Wilhelm e Ivanna). Si algún día se consiguen definir y arreglar los detalles que faltan, escribiré la cuarta y última parte (aunque eso no será pronto, ya que tengo otros proyectos pendientes que quiero terminar primero); si no lo hago, agradezco mucho a las personas que se tomaron la molestia de leer las tres historias que conformaron esta saga.