Cuentos de un Petirrojo

— ¿Cómo dijo que era su nombre?

—Meriam, M-E-R-I-A-M— dijo una chica pelirroja exasperada, el chico al otro lado de la barra revisó rápidamente una computadora.

—No, señorita, no hay ningún error.

—Bien, gracias.

La pelirroja, de ojos avellana, salió de la oficina de correo con un paquete en la mano, no podía ser para ella, pero aparentemente lo era. Llegó a su casa, se sentó en la mesa, frente al paquete y terminó de abrirlo; para la mayoría su contenido no habría sido gran cosa: un libro escrito a mano y un cuaderno con una pluma blanca.

Suspiró y recordó dónde había visto ese libro: en la biblioteca de un anciano para el cual había sido secretaria; no entendía cómo ese libro había llegado a sus manos.

Leyó la cubierta: Cuentos de un Petirrojo. El libro hablaba de la gente a la que conoció el petirrojo y de cuantos se enamoraban de su cantar.

Siguió leyendo hasta detenerse en uno en particular llamado Canto a un ángel.

"Y así reza la leyenda de un ángel guardián, que cuidaba a un niño mientras éste jugaba en un bosque cercano.

Un día escucharon el hermoso cantar de un petirrojo, el niño lo vio un momento y luego continuó jugando, el ángel sonrió y se mantuvo escuchando.

'¡Qué ángel más bello!—pensó el petirrojo—con gusto vendría todos los días solo para verla'

Y así lo hizo, cada vez que el niño iba a jugar al bosque, ahí estaba el petirrojo. Así pasaron días, semanas, tal vez meses; hasta que un buen día el ángel se acercó a la rama donde cantaba el pajarito.

— ¿Cuál es tu nombre, petirrojo?—preguntó el ángel.

—Liam—dijo el petirrojo con el corazón disparado, había hablado con reyes, magos y toda clase de criaturas, pero nunca con un ángel— ¿Y tú angelita?

—Rachel.

—Que lindo nombre—Liam vio al ángel de cabello castaño claro, con dos alas blancas con destellos dorados. El pajarito quedó embelezado mirando al ángel.

Siguieron los días hasta que Liam preguntó:

—Rachel ¿Qué se siente ser un ángel?

—Realmente, nunca lo había pensado, es bonito poder cuidar de una persona, en especial si es un niño como Ángel

— ¿Se llama Ángel?—dijo el pajarillo riendo, Rachel también rió— ¿Te puedo hacer una pregunta?

—Sí, claro.

—Te puedo…—a Liam se le fue el corazón a la garganta— ¿Te puedo acompañar a ti y a Ángel?

—Supongo que sí—dijo Rachel sonrojada

Desde ese día siempre hubo un petirrojo en la ventana de la habitación del niño.

Pasaron los años hasta que un día el pajarito enfermó.

— ¿Qué tienes Liam?—preguntó Rachel preocupada.

—No te preocupes Rachel, lo que sucede es sencillamente que estoy muriendo.

—No te vayas—dijo el ángel con lágrimas en los ojos, mientras sostenía al pajarillo en sus manos.

—Ya no llores, estaré bien. Pero antes tengo que confesarte algo…

Liam dudó; pensó que no debería ni pensarlo, ella era un ángel y él un simple petirrojo.

—No hables que yo siento lo mismo—dijo Rachel y lo colocó junto a su corazón, y así murió Liam.

Rachel cayó en una profunda tristeza y tuvo que dejar de ser ángel guardián y volver al cielo, más nunca encontró alegría similar a la que le producía el cantar del petirrojo."

Así acababa el cuento en el libro, pero Meriam sabía cuál había sido el final: el ángel había nacido como una humana y así había encontrado nuevamente la felicidad.

En ese momento se abrió la puerta y entró un chico.

—Hola angelita—dijo acercándose y dándole un beso en la frente.

—Hola amor—dijo Meriam pero lo que pensó fue "Hola mi petirrojo".