Sinopsis:

Agnes Evans niñera de medio tiempo consigue un empleo de verano soñado con la familia Richards; fines de semana libres, bien pagado y además incluido su amor platónico Brandon de quien llevaba enamorada y tal vez un poco obsesionada demasiado tiempo, ¿Qué más podía pedir?

Tal vez el primo súper hot de Brandon, el cual a pesar de ser todo lo contrario de él, parecía estar un poco interesado en ella…


Capítulo 1

Me encontraba cantando alegremente mi canción preferida, "Let it be" mientras revisaba una vez más la dirección. Estaba orgullosa de ser considerada una de las mejores niñeras en Norman Oklahoma y como tal nunca había tenido que buscar el trabajo, el trabajo venía a mí.

Mi nombre había llegado a oídos de la Sra. Richards, así que cuando la nana de sus hijos murió hace un mes me contactó para trabajar con ella durante el verano mientras ella encontraba a alguien que se quedara tiempo completo con sus "queridísimos querubines" como ella los había llamado. Debido a su desesperación había acordado pagarme casi el doble de lo que normalmente cobraba, además de darme los fines de semana libres, así que había renunciado a mi antiguo trabajo sin dudarlo. Siempre me habían gustado los niños y sabía cómo controlarlos, aunque por supuesto que en mi carrera como niñera me había encontrado con "pequeños monstruos" como mi mamá llamada a todo aquel niño que no fuera suficiente listo como para comportarse frente a ella. No es que fuera mala, simplemente no nació con la paciencia que esto requiere. Fue un milagro (bueno más bien la insistencia de mi padre) que me tuviera, no quiero decir que me trate mal, pero tuve que crecer rápidamente ya que no aguantaba mis "niñerías".

Según la Sra. Richards sus querubines Rose y James de cuatro y seis años respectivamente, eran unas ternuritas y los iba a amar inmediatamente nos conociéramos. Después de la entrevista telefónica que había durado más de una hora habíamos quedado en que me presentaría a trabajar a la semana siguiente.

Giré de Chautauqua Ave. hacia Canadian Trails Dr. buscando la calle que venía anotada en la hoja con tinta rosa que sostenía en mi mano. Continué por Riviera Dr. hasta que di por fin con Pinehurst, avance esta vez más lento en mi Renault Clio del '95 buscando el número 1225, después de unas casas más al fin di con la buscada. Aparqué mi auto a un lado de un Honda Civic negro y una Toyota plateada.

Salí del coche y me dirigí hacia la puerta. Era una casa muy grande, fácilmente tres veces la mía, de ladrillos con estilo contemporáneo. Me alisé mi blusa blanca y me acomode mi short color caqui (Tal vez piensen que no es una elección muy adecuada debido a que era mi primer día de trabajo y todo eso, pero si vivieran en Norman entenderían mi punto, con 43 grados centígrados era toda una proeza no salir a la calle en ropa interior. Aquí vestir así en verano era muy común). Estaba a punto de tocar el timbre cuando la que supuse sería la Sra. Richards me abrió la puerta.

—Debes de ser Agnes, ¿no? Te estaba esperando desde hace 15 minutos, estoy atrasada para ir al trabajo. Vamos entra, no te quedes ahí parada. Te enseñare rápidamente la casa y a mis querubines —dijo apresuradamente. Me sonrojé.

—Hola. Disculpe la tardanza, lo que pasa es que no daba con la casa —murmuré apenada. ¡Qué vergüenza! Primer día de trabajo y llegaba tarde.

La señora Richards hizo un gesto de la mano como quitándole importancia al asunto.

—¡Rose, James! Vengan a conocer a Agnes —gritó—. Vamos querida.

Mientras la seguía saqué de mi bolso la carpeta que contenía los papeles que me había pedido; referencias, documentos, etc. Le extendí la carpeta y ella la miró extrañada.

—La documentación —le informé.

—Oh —murmuró. La abrió y comenzó a revisarlos.

Me condujo por un recibidor y después atravesamos una sala enorme, enseguida giramos a la derecha y entramos a la cocina. Recorrí con la vista el lugar, tenían una televisión y un antecomedor, pero lo más impresionante era lo que había detrás de unas puertas corredizas que se ubicaban del otro lado: una enorme alberca, con un trampolín en un extremo. El único problema era que en la alberca no había agua.

—La están arreglando, una ardilla termino en uno de los filtros, no me preguntes como —Hice una mueca. Pobre ardilla—. Así que la drenamos y estamos esperando a que la arreglen, solo que es una temporada ajetreada y no han podido venir aun —volvió a echar un vistazo a los documentos.

—Bueno, todo parece en orden —dijo mientras depositaba en un cajón la carpeta—. Mabel me hablo maravillas de ti, dice que los niños te adoran.

Sonreí.

—Son unos niños muy tranquilos y agradables, nos la pasábamos muy bien —suspiré—. Pero ya sabe, crecen y no necesitan más niñeras.

Había trabajado con la familia solo unas cuantas noches en fines de semana, pero los niños y yo habíamos congeniado muy bien ya que no nos llevábamos muchos años de diferencia.

—Así es, veras que mis niños te van a encantar. ¿Dónde estarán? —hizo ademán de asomarse a la puerta pero se volvió para preguntarme.

—¿Me dijiste que sabes hacer de comer verdad? —asentí.

—Solo por hoy vas a tener que preparar algo a los niños, hoy es el día de descanso de Glenda —me explicó—. Aquí está todo lo necesario, nada de dulces después de las 5 y los números de emergencia están en esa hoja en el refrigerador —dijo señalando una larga lista de números de teléfono que bien pudo ser su agenda completa—. Pero por favor solo llámame si es urgente, si necesitas saber algo puedes hablar con mi hijo Brandon, su teléfono esta anotado también porque casi nunca está en casa —giró la muñeca para ver la hora en su reloj Bvlgari—. Oh no, es muy tarde, ya me tengo que ir. Por favor siéntete como en casa, si tienes hambre puedes comer lo que encuentres en la cocina y también puedes ver la televisión en la sala. Dejé dinero en la mesa para emergencias. ¿Está todo bien? ¿Necesitas saber algo más antes de que me valla? —me preguntó, pero ya estaba caminando hacia la puerta antes de que le hubiera respondido.

—No, no se preocupe, yo me encargo de todo Sra. Richards —Le di mi sonrisa más encantadora.

—Oh por favor, me haces sentir vieja con eso de señora, llámame Emma —dijo agitando una mano mientras que con la otra tomaba su bolso y sacaba unas llaves.

—Está bien Emma, tendré todo bajo control —ella sonrió y añadió:

—Bueno me parece que tendrás que ser tu quien valla a presentarse con Rose y James, sus cuartos están subiendo las escaleras al fondo del pasillo hacia la izquierda. Bueno me voy cariño, ya sabes cuál es mi número. Cuida mucho a mis pequeños.

—Claro —dije y le di otra sonrisa aunque ella ni me vio ya que había salido disparada por la puerta. Me asome por la ventana y vi como la Toyota plateada desaparecía calle abajo.

Decidí primero husmear la casa un poco antes de ir con los niños. Fui primero a la sala, la cual estaba decorada con muy buen gusto, con algunas pinturas colgadas en las paredes, caminé hacia una puerta que estaba a un lado de la entrada de la cocina, la abrí y me asomé, era un comedor muy elegante pero por lo visto muy poco usado. Salí de ahí y abrí otra puerta, era un baño.

Cuando subía las escaleras me di cuenta de que a un lado de estas había otra puerta, por curiosidad intenté abrirla, pero no cedió. Me encogí de hombros y fui de nuevo hacia las escaleras. Con lo primero que me encontré fue con una estancia, había dos sillones recargables de cuero café oscuro, una televisión de plasma enorme parecida a la que había en la sala, un librero y unas mesitas con unas lámparas muy elegantes. Seguí por el pasillo y me encontré con otra puerta, la abrí y me asome hacia el interior donde se encontraba un estudio muy grande. Continué mi camino, en la intersección donde el pasillo se dividía se encontraban unas puertas corredizas, parecidas a las que había en la cocina, solo que estas no permitían ver lo que había fuera debido a qué había unas persianas color beige que cubrían la vista. Deslicé la puerta y salí al horno de afuera. Era una terraza, bueno, algo así, estaba techada pero no completamente, el piso era de madera y la barandilla también, tenía lámparas de techo, unos sillones beige con cojines cafés y una mesa de centro. Había también varias plantas, pero mi mente no dio con ningún nombre. Llegue hacia la barandilla y me asomé, debajo podía ver la alberca.

Regresé hacia el pasillo donde estaban los cuartos de los niños, ahí solo había dos puertas. Toqué en la primera y una vocecita me contesto enseguida.

—Pasa.

Abrí y me encontré con un espacioso cuarto de color azul celeste. Tenía una enorme ventana al lado izquierdo de la habitación con una cortina de un azul más oscuro y a la derecha una enorme cama. Seguí con la mirada buscando a quien supuse seria James.

Entré a la habitación que estaba un poco desordenada con juguetes regados por todos lados hasta que vi que del otro lado de la cama había un niño jugando con unos muñecos. Tenía el pelo color negro azabache y la piel muy clara, el levantó su carita llena de pecas para verme y me asombre de los ojos verde intenso que me observaban desde abajo.

—¡Hola! Tú debes de ser James, ¿cierto? Valla, me dijeron que tenía que cuidar a un niño, pero yo veo a un hombrecito.

Él se sonrojo y bajó la cabeza.

—Soy Agnes —dije extendiendo mi mano hacia él. El giró su cabeza alejándola de mí y cruzó sus brazos en un gesto de testarudez. Ladeé la cabeza hacia un lado y fruncí el ceño.

Bueno creo que tenemos a un pequeño problemático aquí. Decidí que tenía que llevarme esto con calma.

—Así que, estás jugando con... ¿muñecos? ¿Quieres que juegue contigo? —pregunté. El pareció enojado con mi comentario.

—No son muñecos, son juguetes de acción —me corrigió.

Intente disimular mi sonrisa— Lo sé. Solo quería tener tu atención —mentí. Se levantó de un tirón, levanto su cabeza y me hablo con voz seria.

—No creas que vas a ocupar el lugar de Nani, mamá me dijo que nos vas a cuidar a Rose y a mí, pero no te voy a querer como a ella, aunque ahorita este en el cielo yo no voy a lastimarla queriendo a otra persona —en este punto lagrimas empezaban a salir de sus ojitos, sentí como mi corazón se partió al ver su cara tan triste. Me arrodille y lo abracé, él se resistió al principio removiéndose para que lo dejara ir pero después de un rato se quedó quieto.

—No estoy aquí para reemplazar a nadie James, estoy aquí para ser tu amiga — le susurre en su oído—, Nani está en el cielo, seguramente desde el día en que murió se convirtió en tu ángel de la guarda, pero también necesita un poco de ayuda, para esto estoy aquí, para ayudarla. No te pido que me quieras igual que a Nani, yo sé que eso es imposible, pero te pido que me des una oportunidad. ¿Está bien?-

Me moví para poder verlo a los ojos, el me vio y asintió. Lo volví a abrazar y esta vez me devolvió el abrazo.

Después de unos minutos de hablar con él me levanté y le dije que iba a ir a conocer a su hermana y le pedí que me acompañara, juntos nos dirigimos al cuarto de al lado. Toqué la puerta y después de que Rose me gritara un "¡Pasa!" me adentre a la habitación de princesa con James detrás de mí. Me recordó a mi dormitorio.

—Hola Rose. Soy Agnes. Ella levantó su cabeza llena de rizos color oro la para verme. Estaba sentada en el piso pintando. Tenía un montón de libros de pintar y colores esparcidos a su alrededor pero fuera de eso su habitación estaba impecable. Se levantó de un tirón y en un parpadeo estaba rodeando mis piernas en un abrazo. Me reí y me agache para abrazarla también.

—Hola preciosa— le dije.

—¿Tú vas a ser mi nueva Nani? Ella me dijo que te tenía que tratar bien y quererte mucho —Antes de que pudiera decir algo James le respondió enojado.

—Rose, ella no va a ser Nani, Agnes solo va a ser nuestra amiga ¿ok? —le dijo mientras la miraba como si lo hubiera traicionado. Ella pareció un poco desconcertada y sus ojitos se le comenzaron a nublar de lágrimas.

—Pero Nani me dijo...

—Hey hermosa, yo estoy aquí para cuidarlos y ser su amiga, no puedo ser como Nani porque sé que ustedes la querían mucho y que va a tardar mucho tiempo en que me puedan querer la mitad de lo que la querían a ella —dije intentando tranquilizar la situación. Rose se entristeció un poco pero como quiera asintió.

—¿Así que estabas pintando eh?

—Si estaba pintando a mis princesas, ¿quieres pintar conmigo? —me dijo con su voz cantarina.

—Claro. Porque no traes tus juguetes de acción aquí para estar todos juntos —le dije a James. Rose no parecía muy feliz con eso pero accedió como quiera.

Después de muchos dibujos sentí a mis tripas pidiendo de comer.

—¿Tienen hambre chicos? ¿Les apetece unas suculentas papas fritas? —los dos gritaron a coro un enorme SI. Me reí.

—Voy a prepararlas, cuando esté listo les vengo a avisar —salí de la habitación y cuando me disponía a ir hacia la cocina escuché que Rose le decía algo a James.

—Me agrada Agnes es buena, además sabe pintar bien.

—Si a mí también me cae bien y es muy bonita.

Sonreí ante eso. Estos niños eran muy dulces. Aunque la pérdida de Nani les había afectado mucho por lo que podía ver.

Ya en la cocina busque un sartén y cuando por fin lo localicé entre todos los gabinetes fui hacia el refrigerador por las papas. Estaba inclinada buscando en unos cajones cuando una voz detrás de mi habló.

—Lindo trasero.

Pegué un brinco golpeándome con una parrilla del refrigerador, ya que estaba casi dentro de él, esa voz… la reconocería donde fuera. Me giré con una mano en mi cabeza donde me había pegado y con la otra en mi corazón que estaba latiendo a mil por hora. Esos ojos, esa... perfección.

—Casi haces que me dé un infarto —solté con voz temblorosa.

El soltó una risotada. Con sus perfectos labios en su perfecta boca, esa a la que tantas veces había soñado dar un beso. Vi como sus ojos viajaban por mi cuerpo y parecía que le gustaba lo que veía. De pronto sentí que la elección de mi ropa no fue tan buena. Me giré de nuevo cerrando el refrigerador intentando que pareciera que no me afectaba su comentario. No tenía idea que el Brandon del que la señora Richards hablaba era el mismísimo Brandon alias el mejor estudiante de la Norman North High School, quaterback del equipo de futbol americano, novio de la capitana de porristas Melanie Curtis súper archí enemiga mía. Pero, no tenía sentido. Mi Brandon, bueno, el Brandon de mi escuela se apellidaba Stevenson.

—Así que tú eres Brandon —dije esperando que no supiera que ya sabía quién era.

—Y tú eres la nueva niñera —dijo con su mirada aun clavada en mí, bueno, más bien en mi escote.

Estaba recargado contra la pared, agarró una manzana de la cesta de frutas, le dio una mordida y después agregó:

—¿Qué no deben haber normas de vestimenta o algo así en los trabajos, niñera? —dijo con un tono malicioso de voz. Me sonrojé.

—Trabajo cuidando niños, no en una oficina —dije en un tono de voz que esperaba y sonara firme—. Además mi nombre es Agnes, no niñera.

El soltó una carcajada y de pronto lo vi caminando hacia mí. Sentí mis manos sudar. En un abrir y cerrar de ojos lo tenía enfrente de mí con su cara a solo pocos centímetros, si inclinaba un poco más la cabeza podría darle un beso. Sentía mi corazón atronando dentro de mi pecho estando casi segura que él también lo podía oír.

De pronto extendió una mano hacia atrás de mí, recargándola en la puerta del refrigerador. Acerco sus labios a mi oreja y me susurró.

—Si me disculpas Abnes, me estoy muriendo de sed y estorbas la puerta del refrigerador —podía escuchar su sonrisa en su voz.

Sentí como mi rostro se calentaba a niveles preocupantes. De un salto estuve lejos de él, como si me hubiera quemado. Él tenía una sonrisa presumida en su rostro.

Lo odie, tanto o más como lo odiaba cada que ponía esa estúpida sonrisa cuando ganaba un premio como "Alumno destacado" o cuando hacía que el equipo de futbol ganara un partido o más aún cuando tenía sus brazos alrededor de la hermosa Melanie Curtis. Lo odiaba, lo odiaba, pero más por la forma en que me hacía sentir. Si, si es lo que estás pensando, he tenido un enamoramiento hacia Brandon desde 6to grado. Mi defensa es que en ese momento no era tan creído. Fue un día a la salida de la escuela, en ese tiempo tenía problemas con mi peso, los niños siempre me molestaban y se burlaban de mí, era horrible. Ese día yo iba comiendo un cono de nieve y uno de los niños que siempre me insultaban puso el pie para que me cayera y terminé tirada en el piso con nieve embarrada por mi cara y mi blusa. Todos comenzaron a reírse y lanzarme insultos. Brandon era amigo del niño que me había tirado pero a diferencia de todos él no se reía. Se acercó y me ayudo a levantarme, me dio una servilleta y me llevo lejos de los burlones.

—No les hagas caso, te tienen envidia por ser inteligente —me dijo.

—¿De verdad crees que soy inteligente? —dije con voz temblorosa y esperanzada a la vez. No me podía creer que Brandon pensara eso de mí. Siempre habíamos competido por ser el mejor de la clase.

—Claro que lo eres —me dijo sonriendo.

Desde ese momento mi amor hacia él ha crecido, y mi odio también. Después de unos años más cuando comenzó a desarrollarse favorablemente, su ego, súper hinchado debido a que todas las chicas lo buscaban, lo elevó hacia la cima inalcanzable en donde se encontraba ahora, a la cual solo algunas personas VIP tenían el acceso. Claro que después de ese día no me volvió a hablar, pero aun así el saber que él se había preocupado por mí era suficiente. Me puse en régimen, entre al equipo de voleibol y mi mamá me llevo con una nutrióloga. Claro que nada de mi esfuerzo por gustarle valió la pena cuando Melanie Curtis llego a la escuela. Inmediatamente fueron flechados y ya han pasado 3 años de su hermosa relación, giack.

Regresé al presente con una sacudida de mi cabeza.

—Es Agnes, con G —dije con la voz más desinteresada que pude lograr. El solo se encogió de hombros y murmuró un lo que sea mientras salía de la cocina con dos latas de Dr. Pepper en sus manos.

Cuando hubo desaparecido de la vista, me apoyé contra la mesa sintiendo como mis piernas comenzaban a temblar. Intenté recordar la última vez que lo tuve tan cerca. Solo puede recordar la ocasión en la que estando en la escuela, caminando rápidamente por el pasillo con mis libros en mano ya que iba tarde a mi siguiente clase, giré en una esquina y choque contra él que había estado corriendo. No creo siquiera que me haya visto, solo se paró rápidamente murmurando lo siento y volviendo a correr. Claro está que para mí fue lo mejor haberme tropezado con él.

Respire profundamente y me regrese a mi tarea, no era para tanto, me dije a mi misma, aunque claro que si era para tanto... era Brandon.