Disclaimer: Los personajes utilizados aquí han sido inspirados en personas reales, pero sus nombres han cambiado para conservar su identidad. Aun así, queda prohibida cualquier reproducción total o parcial de ésta historia sin mi previo consentimiento.

Nota de la autora: Ains, gracias L por dejarme escribir de esto. Espero te guste. Si no es así, dime que te gustó para que no me sienta mal. Y en caso de que en realidad me quieras golpear, pues, uh, no lo hagas. (?) Gracias a Leeh por betearlo, ailobiu.


She Had The World

«Because when I look in her eyes, I just see the sky.»

Había una increíblemente buena razón por la que Kyllian odiaba los programas de televisión. Porque planteaban la vida de manera fácil. Para él nada era fácil. No cuando su madre llegaba tarde todos y cada uno de los días y era él quien tenía que ver por su hermana menor. No cuando había días en los que su madre ni siquiera llegaba y él tenía que sacar a comer a su hermana, con la excusa de que 'mamá estaba trabajando hasta tarde', cuando la realidad era que no tenía interés por ninguno de ellos.

Aquel día, nada era diferente. O bueno, tal vez lo único diferente es que su madre había llegado a casa por primera vez en esa semana. Jueves. Día de educación física en el colegio. Resopló mientras caminaba a la salita de estar, pasándose el brazo de su madre sobre los hombros para llevarla a la cama. Aun olía a alcohol barato y cigarrillos. Su perfume se había evaporado casi en su totalidad y ahora solo quedaban aquellas pruebas de una noche de fiesta. La mujer entre sus brazos no se inmutó cuando la dejó suavemente sobre su cama y besó su frente. Kyllian tensó la mandíbula, cubriéndola con las sabanas hasta el pecho, antes de abandonar la habitación.

Cuando regresó al comedor, su hermana ya estaba vestida, sirviendo un poco de cereal en su plato.

—Te he dicho que no comas tantos Trix, Aurienne; terminarás por parecer el conejo de la cubierta.

La niña volteó el rostro alarmada, encogiéndose de hombros después para empinar el plato hacia sus labios, comiendo muy a su manera. Él había intentado mostrarle cómo comer propiamente, pero ella simplemente no quería hacerlo.

Caminó a su habitación, vistiéndose con el viejo pantalón del uniforme y la playera blanca que usaba cada día. ¿Que si tenía la playera oficial del uniforme? Por supuesto que la tenía. Su padre le había comprado una para cada día de la semana; pero desde que se había ido, se había prometido no usarla. ¿Por qué? Por el simple hecho de que ya tenía suficiente parecido con él como para agregar la playera que él usó por todo su bachillerato. Tomó su mochila del piso, colgándosela al hombro, sin siquiera preocuparse por mirar el espejo antes de irse. No se veía mejor ayer, ni se vería mejor mañana. Era una batalla perdida en la que nunca había luchado.

Después de dejar a su hermana en el colegio de señoritas por el que su padre pagaba, caminó las dos cuadras que separaban su escuela de esa. A medida que se acercaba a la escuela, podía ver los coches lujosos que transportaban a sus compañeros o a uno que otro grupo de chicos caminando juntos entre bromas. Metió las manos en su pantalón, sintiendo cada movimiento que daba con las puntas de los dedos. Subió las escaleras de la entrada de dos en dos, entrando a la explanada de la escuela.

—Hey, Kyllian —le llamaron de lado izquierdo.

Giró automáticamente, para encontrarse con la líder de su equipo en Cálculo. Enarcó las cejas, asintiendo cuando ella llegó.

—Necesito que me envíes tu parte del proyecto por correo electrónico antes del viernes, ¿vale?

—Uh, sí, claro, Anne.

—Dale, excelente.

La chica se alejó corriendo para seguir acosando al resto de sus compañeros. Estaba seguro que faltaban al menos quince minutos antes de que diera en el primer toque de entrada. Suspiró, caminando hacia aquella bardita que quedaba cerca de su salón. No lo suficientemente cerca para tener que hablar con el resto del grupo sobre el nuevo programa de MTV o el nuevo videojuego; pero sí lo suficiente para ver si llegaba el profesor.

Cruzó las piernas, sentándose al estilo hindú en el poco espacio de concreto del que contaba. Chicas corrían hacia arriba, a los edificios, o una que otra pareja caminaba tomados de la mano a clases. Y después de todo; estaba ella.

Una chica como cualquier otra, que cursaba sus clases en el salón de enfrente. No recordaba exactamente el grupo, pero sabía que era uno de los últimos. ¿D? ¿E? Tensó la mandíbula, mirando como un par de chicos corría entrando a su salón, a punto de derribarla cuando salía con un libro entre las manos.

Eso era su entretenimiento mientras esperaba las clases. Verla leer. Parecía que todo en su vida se desarrollaba alrededor de las páginas entre sus manos. La observó mientras tomaba asiento en el piso, con las piernas dobladas, y los lentes escurriendo hasta la punta de su nariz. El cabello ondulado cubriendo la tela sobre sus hombros, y una imperceptible línea de concentración en su frente.

Sonrió a medias. Sacó sus audífonos y los conectó a su iPod. Snow Patrol comenzó a sonar, y él recargó el codo en su pierna para apoyar la barbilla en su mano. Un par de chicas pasó frente a él, obstaculizando su vista. Cuando ellas se retiraron, alcanzó a ver los ojos de ella mirándolo, y como si hubiese estado planeado, alzó la mirada a las muchachas que iban pasando para ocultar que él la veía también.

Para su fortuna, eran compañeras del salón de a lado, que lo saludaron con amplias sonrisas. Habló con ellas un par de minutos, sonriendo en los momentos indicados y asintiendo cuando decían algo que para ellas debía ser demasiado interesante. Alzaba las cejas con fingida sorpresa y las volvía a bajar con un asentimiento de cabeza acompañado de un parpadeo que duraba más de lo estipulado.

Rió forzadamente a uno de las bromas que lanzaron y después las miró alejarse con una sonrisa aún bailando en su rostro. Cuando regresó la vista a la chica, ésta tenía el labio inferior ligeramente curvado, perdida en su libro. Estrechó los ojos, y alcanzó a ver "The Lost Hero" en letras grandes y remarcadas, contrastando una portada azul celeste.

Observó el lento subir y bajar de su pecho en cada respiración, y por un momento no se sintió tan solo como todos los días. Era parte de cada día. Pensar que mantenía una conversación con ella, donde le contaba lo que leía; y él se perdiera en sus palabras. Pensar en mirar sus pequeños ojos abrirse en los momentos indicados o cerrarse un tanto para dar énfasis a sus palabras.

Antes de que pudiera desviar la mirada, sus ojos se cruzaron por encima de sus gafas. Inconscientemente, las comisuras de sus labios se elevaron, regalándole una simple sonrisa.

El sonrojo en sus mejillas le hizo bajar la mirada, clavándola en el piso. Negó con la cabeza suavemente, preguntándose si él también estaría sonrojado. La chica había adoptado ese ceño fruncido que tan seguido le veía, volviendo a su libro.

—¡Corinne! —le llamaron desde dentro del salón.

La chica volteó el rostro y un mechón castaño cayó sobre su rostro. Era la primera vez que escuchaba su nombre.

Corinne.

Lo repitió en su mente, disfrutando el poder nombrarla con el pensamiento. Sonrió sin mirarla aún, pretendiendo guardar algo en su mochila de hombro para poder seguir viéndola por el rabillo del ojo. Fue capaz de mirar como se levantaba, sacudiendo su uniforme antes de avanzar hasta el chico que le había llamado.

Hablaron unos momentos en el umbral de la puerta, ante la vista expectante de Kyllian. La chica negó con la cabeza insistentemente, y tras ademanes exagerados del chico, y lo que parecían ser súplicas, Corinne suspiró, adentrándose al salón.

El libro de cubierta azul permanecía inmóvil justo donde se había sentado antes. Pensó en avanzar a recogerlo para entregárselo después; pero su idea se vio interceptada por la dueña del libro. Ella salió del salón a pequeñas zancadas y se inclinó para recogerlo.

Cuando se irguió de nuevo, le dedicó una mirada que no supo interpretar. La sostuvo por un momento, antes de verla desaparecer tras la puerta de su salón. Se levantó a su vez, tomando la mochila del piso, para subir a su salón. El timbre sonó en ese preciso momento; apresurando a la demás comunidad estudiantil.

Sí, el día seguiría siendo un asco como cualquier otro; pero al menos recordaría la mirada tras las gafas y sonreiría recordándola.


Reviews?

-Ellie.