Fiesta

"¿Sabes que traes a Daniel loquito por ti?" le dijo Jimena a Valentina, su mejor amiga desde que tenían memoria.

"Son solo rumores" respondió la aludida.

"Pues hace 10 minutos, dejaron de serlo"

"Explícate"

"Pues hace rato estaba en el baño de hombres, no me preguntes por qué, y escuché claramente cuando Daniel le decía a Guillermo, que esta que se muere por ti, y que hoy en la noche se te va a declarar"

Valentina no lo podía creer, Daniel era el único muchacho que había llamado su atención en mucho tiempo, y es que como no hacerlo si él era alto, delgado, de tez clara, cabello negro y algo ondulado, ojos azules y una sonrisa que ponía a temblar a todo el colegio. Desde que lo conoció se habían gustado, pero Daniel se sentía terriblemente intimidado por la personalidad de Valentina, que era extrovertida, inteligente, alegre, no había nada que la detuviera, siempre de un lado a otro y además de eso era increíblemente linda; alta, delgada, con curvas de muerte pero sin ser vulgar, cabello castaño claro, y ligeramente ondulado en las puntas, que le llegaba a media espalda y enmarcaba su rostro de una forma increíble. Su piel era blanca, tenía unos grandes ojos azules que le iluminaban el rostro y sus rasgos eran finos como los de las princesas de cuentos de hadas. Era lógico sentirse atraído e intimidado por alguien así.

"¿Estás segura?"

"Claro, hoy en la noche en la fiesta de disfraces de Lore y Leo, prepárate, después de mañana la noticia será que por fin Valentina Bernat, tiene novio." Dijo Jimena con total seguridad, mientras se arreglaba su ondulado cabello color miel, ella era un poco más pequeña en estatura que su amiga, y con un tono de piel un poco más claro, además de unos bellos ojos verdes, su cuerpo era realmente bello para una jovencita que estaba por cumplir la mayoría de edad, lo que sabía perectamente y solía valerse de ello.


"No puedo creer que Paulina te haya puesto el cuerno" le dijo Quique a Antón.

"Créelo, yo mismo la vi con el imbécil de Gael, estaban en su auto y ella se lo…"

"Para hermano, no quiero saber más, sólo de imaginármelos se me pone el pelo de punta. Quien los viera tan calladitos que se veían" Quique vio a su amigo muy lastimado, eran de esas cosas que como amigo nunca quieres ver y es que se conocían desde la preparatoria y se trataban como hermanos. Aunque físicamente eran muy diferentes, esas diferencias no aplicaban a sus gustos, incluso habían elegido estudiar ingeniería civil en la misma universidad y eso hizo que su amistad creciera aún más.

Quique era alto, fornido, pelo castaño claro y quebrado, trigueño, ojos color miel y siempre alegre y explosivo. Por el contrario Antón era más alto que su amigo, delgado, cabello negro, ligeramente quebrado, tez blanca, ojos azules cubiertos por unos lentes que le daban ese toque intelectual único, sonrisa sincera pero tímida; siempre serio y reservado, fiel seguidor de las reglas y órdenes que le daban.

"No sé que voy a hacer ahora" Antón estaba sentado en el piso con las piernas recogidas y se veía muy mal.

"Hey, nada de ponerte sentimental. Es más vamos a ir a una fiesta, nada como una buena noche para olvidar estos tragos amargos" su amigo le sonrió, brindándole algo de confianza.

"No tengo ganas"

"No te pregunte, si tenías ganas. Es más vamos a ir, mira ya hasta te tengo un disfraz"

"No juegues, ¿esto?" señaló al ver el traje que su amigo había puesto sobre su cama.

"Cállate y cámbiate que se nos va a hacer tarde"


Para la fiesta Valentina había comprado un disfraz de diosa griega, se veía increíblemente atractiva, el escote era clásico halter, resaltando los dos atributos que su anatomía le concedía; la cintura del vestido ceñida a su increíblemente reducido contorno y claro haciendo notar más esas caderas que se movían tan seductoramente; y la demás tela cubría esas largas y bien formadas piernas que tenía.

Por petición de los anfitriones, todos debían llevar mascara, así que su antifaz era dorado, a juego con los accesorios que llevaba.

Cuando llegaron a la fiesta, todos los invitados la voltearon a ver, pero ella solo tenía ojos para el hombre que vestía de Tuxedo Mask, si esa era Daniel, que para variar dejaba que su amor por el anime lo guiara y eligió ese atuendo. Pasó cerca de una hora, y vio que Daniel no actuaba, si bien no la perdía de vista, no se le acercaba. Ella estaba harta y decidió tomar cartas en el asunto, cruzó la pista y lo tomó de la mano para que pudieran adentrarse y bailar. Él dejó el vaso que tenía en las manos y la siguió sin objeción.

En ese momento sonaba una de las canciones de moda, ella se puso de espaldas a él y la tomó por la cintura, pronto se hundieron en el balanceo que ofrecía el ritmo de la canción. La música siguió y él la volteó para tenerla frente a frente, se sonrieron y poco a poco y aprovechando que todos los invitados se habían parado a bailar, se alejaron de la pista a la parte más oscura de uno de los pasillo que colindaba con las habitaciones de la gente de servicio, ahí nadie se acercaba porque la mayoría de los invitados no conocían esa parte de la casa, pero ellos sí.

Ella le sonrió, y él se perdió en esos ojos que sobresalían en el antifaz. Se inclinó un poco hacía ella y la tomó de la cintura, se acercó peligrosamente a su cara, sintió su aliento, olía un poco a alcohol, pero que importaba el de ella probablemente olía igual, para nadie era un secreto que en esas fiestas corría alcohol sin importar la restricción de la edad.

Esta vez el sonrió y la besó, la besó como nunca en la vida lo habían hecho, le sorprendía que su compañero tuviera tanta pericia, ligeramente recorrió el contorno de su labio inferior con la punta de la lengua y ella abrió los labios para permitirle un acceso total, mientras él la seguía sosteniendo por la cintura con sus grandes manos, ella subió sus manos a sus cabellos, hundir sus dedos en su sedoso cabello, era algo que le gustaba y lo atrajo más hacia ella, exigiendo más del beso, en el que sus lenguas se sentían y se saboreaban. La sensación del alcohol pronto pasó a ser parte del olvido, pues en su boca había algo más, algo dulce, algo delicioso y adictivo. Él sentía exigencia y entre tanta pasión del beso que le brindaba Valentina, reconoció algo más que había ahí, la sombra de la ternura, nunca lo habían besado así.

Cuando necesitaron respirar, él llevó su boca a por su cuello hasta la clavícula, propinándole besos húmedos, él reconoció una esencia familiar en su piel pero no supo que era o mejor dicho no quiso ni pensar en eso. Ella sonrió no podía creer lo que estaba pasando, todas esas sensaciones. Una de las manos de su compañero bajó peligrosamente a sus caderas, Ella enredo una pierna en su cintura y la tela del vestido se movió, dejando expuesta su pierna; él la recorrió con la punta de sus dedos, mientras tanto volvió a subir su cara y la besó de nuevo, esta vez con un poco más de fuerza, exigiendo esa miel a la que en un instante se había hecho adicto. Su otra mano ascendió un poco y con el pulgar tocó ligeramente uno de los pechos de Valentina, y ella ni siquiera se sintió ofendida, le gustaba cómo la tocaba.

Valentina soltó el cabello de su acompañante y le quitó la máscara, ni siquiera lo vio, porque él la siguió besando, cuando él logró tomar su cara con sus manos, le quitó el antifaz a esa diosa griega que lo había hechizado.

"¿Cómo te llamas?" le dijo al oído con voz seductora, después de morder el lóbulo de su oído. Automáticamente Valentina se congeló, ese hombre no era Daniel. Su acompañante se puso de frente a ella y al verse los dos pusieron los ojos como platos.

"Val…entina" dijo sorprendido.

"An…tón" agregó la otra al reconocer a su propio primo en frente de ella.


On the floor - JLo